Introducción
Dado que con esta lección terminamos este primer trimestre, nos
gustaría saltarnos el esquema tradicional de nuestros
comentarios, y ofreceros un texto reflexivo y personal
sobre nuestro discipulado “interior“, y su relación con
la “Iglesia“.
El autor de escuela sabática nos comenta que:
“Creemos y sugerimos claramente que así como las tareas de
hacer discípulos, enseñar, adiestrar, y nutrir estaban en el
centro del ministerio de Jesús, también deberían ser
centrales en la misión de cada iglesia en el siglo XXI”
Miércoles 26 de marzo “La Iglesia”, pág. 101, 2º párrafo
(destacado nuestro)
El autor propone la compasión, el perdón, y la
atención y consideración hacia los desechados,
marginados y discriminados como una función
individual apoyada en otros, que con el mismo espíritu (la
Iglesia), persiguen un mismo objetivo (cumplir la voluntad del
Señor). ¿Comprendemos plenamente lo que esto significa?
La realidad descrita a lo largo de esta semana es innegable en
las Escrituras. No hay más que ver lo que Jesús ha hecho en
nosotros (y en todas las personas que se cruzaron por su camino)
para comprender el verdadero sentido de la compasión, el perdón,
y la atención a los desechados, marginados y discriminados de la
sociedad.
Personalmente creemos que sí COMPRENDEMOS lo que significa. Al
menos racionalmente. ¿Pero qué hay de nuestros sentimiento,
de nuestra fe, de nuestro comportamiento? ¿Qué nos falta?
Todos los que llevamos un tiempo más o menos considerable dentro
de la iglesia sabemos, y debemos reconocerlo públicamente, que
NOS FALTA ALGO. Qué es eso que nos falta, y por qué nos
falta, son preguntas fundamentales para los que pretendemos ser
discípulos de Cristo.
Repasemos los temas de la lección de esta semana, pero
centrándonos en nuestro más profundo ser interior, y a
través de preguntas. Quizá, como ya hemos adelantado,
este comentario sea “poco útil” para enseñar ante
vuestros alumnos de Escuela Sabática, pero esperamos que la
reflexión personal sea fructífera y bendecida.
Reflexionad sobre esto.
1. Lunes: Compasión y perdón
A. ¿Por qué no actuamos compasivamente con quienes cometen
pecados en la iglesia?
B. ¿Por qué en lugar de perdonar, castigamos reiteradamente al
pecador? ¿Por qué nos castigamos a nosotros mismos?
C. ¿Por qué sólo nos compadecemos de nuestros seres queridos y
no tanto del prójimo más “lejano”?
D. ¿Por qué lloramos cuando nos roban un objetivo preciado, pero
no cuando decidimos “borrar” a un hermano de iglesia?
2. Martes: Los desechados y marginados
A. ¿Por qué en lugar de atender a los “desechados” y
“marginados”, somos nosotros quienes desechamos y marginamos a
otros (incluso dentro de la iglesia)?
B. ¿Por qué no aceptamos al otro “tal cual es” o “tal cual viene
a Jesús”?
C. ¿Por qué consideras que los “marginados” y “desechados” son
inferiores?
D. ¿Por qué crees que los “marginados y desechados” necesitan
atención pero no tienen “derechos”?
E. ¿Por qué no atendemos a las “victimas” de nuestras propias
instituciones?
F. ¿Por qué crees que el pastor no puede ser también un
“marginado y desechado”? ¿Por qué crees que no merece también tu
compasión y perdón?
3. Miércoles: Diversidad y discriminación
A. ¿Por qué crees que la “unidad en la diversidad” brilla por su
ausencia en la iglesia?
B. ¿Por qué en lugar de potenciar la diversidad, discriminamos
con nuestras opiniones y actos dentro y fuera de la iglesia?
C. ¿Por qué crees que la Iglesia Adventista es la única “salva”?
D. ¿Por qué discriminas a los que pertenecen a otras religiones?
E. ¿Por qué tienes “miedo” a la diversidad?
4. Jueves y viernes: La Iglesia y el factor de oración
La clave de todas estas preguntas no está en cuestionar por qué
la “iglesia” es así, sino más bien, por qué YO SOY y ACTÚO
ASÍ.
Todo discípulo de Jesús finalmente reconoce que él es la
Iglesia. Que la “Iglesia” no se cambia, no se regula, y no se
administra… el que debe cambiar, regularse o administrarse soy
YO, bajo la directriz única y exclusiva de Jesús.
Un verdadero discípulo, termina orando así:
“Jesús, cambia mi vida y cambiará mi Iglesia. Amén.” (Un
discípulo)