Ing. D. Jarquín López

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La experiencia del discipulado

Lección 8

Para el 23 de febrero de 2008



Lee: Mateo 17:1-13; 18:1-4, 24; Marcos 8:27-30; Juan 6:43-58


Descubre: ¿Qué significa ser discípulo? ¿Qué es el discipulado? ¿Qué significa tener una experiencia personal con Cristo? ¿A qué refiere el titulo de la lección, cuando el autor menciona la experiencia del discipulado?

Memoriza y considera: “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mar. 8:34).


Pensamiento clave: Qué significa comer la carne y beber la sangre de Cristo? ¿Qué lecciones acerca de la fe podemos aprender de la Transfiguración? ¿Por qué Jesús nos dice que debemos llegar a ser como niños pequeños? ¿Qué significa llevar nuestra cruz por Jesús?

El discipulado es una experiencia. Para ser verdaderos seguidores de Cristo, necesitamos tener una experiencia con Jesús. Necesitamos conocer a Jesús; necesitamos haber sido cambiados por Jesús; necesitamos participar de Jesús y de lo que él nos ofrece.

El conocimiento intelectual no es suficiente; ser capaz de recitar textos bíblicos no es suficiente; conocer doctrinas no basta.

 

¿Qué significa ser un discípulo de Cristo?

Es tener una experiencia personal con Cristo. Es experimentar la gracia de Cristo en nuestras vidas. Es aceptar el poder transformador  del Espíritu Santo para hacer cambios en nuestra vida. Es aceptar a Cristo como nuestro Dios y Salvador personal, y permanecer en él,  Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él”. Significa crecer en Cristo, dando testimonios vivientes ante Dios y con los que nos relacionamos. Es negarse así mismo, es someterse a la voluntad de Dios, para que nos otorgue su justicia a saber: la imputada e impartida. 

 

·                   ¿Cuál es el mensaje central de esta lección?

·                   ¿Cómo aplicarías este mensaje en tu vida?

PROPÓSITOS DE LA LECCIÓN DE ESTA SEMANA

·                     Saber reconocer que lo que el alimento es para el cuerpo, Jesús es para el alma.

·                     Sentir un deseo de no permitir que nada ocupe el lugar de Cristo en nuestras vidas.

·                     Hacer la decisión de recibir a Cristo en el corazón, de modo que él pueda vivir su vida por medio de nosotros.

I. EXPERIMENTANDO EL AMOR Y LA GRACIA DE DIOS

El Pan de Vida

·                     ¿Cómo podemos mantener una relación personal con Cristo en este agitado mundo moderno?

·                     ¿Cuál es la diferencia entre hacer una campaña evangelística y hacer discípulos?

1. Lee Juan 6:43-58  y contesta, ¿Quién es el Pan de Vida?  ¿Qué significa comer y beber la sangre de Cristo?

“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente” (Juan 6:43-58).

·                     Mediante la fe en Cristo, el cristiano participa de la vida de Dios. 

·                     Al tener fe ahora, también recibe de esa vida eterna ahora (3 Juan 8: 51; 10: 10; 1 Juan 5: 21; DTG 352).

·                     Jesús declaró -que él que era el pan que descendió del cielo- podía dar vida eterna.

·                     Al hablar de la dádiva de Cristo para el mundo en Juan 6: 32-33 se usa el tiempo presente (“Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo), con lo que resalta que Cristo es una dádiva continua, eterna.  Pero en  Juan 6:51, como en  Juan 6:27(“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre”), se usa el futuro, lo que enfoca el acontecimiento específico de la cruz, cuando Cristo dio su "carne", en un acto culminante, "por la vida del mundo'.

·                     La evidencia textual establece una variante más sencilla en este punto, pero esa variante de ninguna manera cambia el sentido de la sentencia: "Y el pan que yo daré es mi carne, por la vida del mundo".

“El pan que yo daré es mi carne… El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:51,53)

Al tomar sobre sí la humanidad, el Hijo de Dios pudo dar su "carne", es decir, morir y de esa manera hacer que su perfecta humanidad estuviera al alcance de los que participan de él por fe. Cuando Jesús afirmó ser el pan del cielo, los judíos comenzaron a murmurar (Juan 6:41).  Ahora, cuando los invitó a comer de su carne, sus emociones fueron más violentas.  Sin duda, algunos vieron un significado más profundo en sus palabras que otros, pero todos ellos parecen haber estado confundidos al dar un significado demasiado literal a sus expresiones. 

·                     Cuando Jesús dijo el que bebe mi sangre, debe haber escandalizado aún más a los oyentes de Jesús, que interpretaban todo en forma literal (Juan 6: 52), pues la ley prohibía específicamente que se usara sangre como alimento (Gén. 9: 4; Deut. 12: 16).

·                     Si los judíos hubieran recordado la razón de esa prohibición, podrían haber entendido mejor el significado de las palabras de Jesús. 

·                     La razón dada para la prohibición es que la sangre es la vida (Gén. 9: 4).  Así podrían haber comprendido que comer la carne de Cristo y beber su sangre significaba apropiarse de su vida por fe.

·                     "Comer la carne y beber la sangre de Cristo es recibirlo como Salvador personal, creyendo que perdona nuestros pecados, y que somos completos en él" (DTG 353; SC 108). 

·                     Tan sólo porque Cristo dio su vida humana por nosotros, podemos participar de su vida eterna, divina. Por eso es claro que comer su carne y beber su sangre significa creer, tener fe en él.

2. ¿Por qué Jesús usó la analogía de comer su carne y beber su sangre para mostrar la importancia de permanecer en él? (Juan 15:5).

“El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él”

“Comer la carne y beber la sangre de Cristo es recibirlo como Salvador personal, creyendo que perdona nuestros pecados y que somos completos en él. Contemplando su amor, y espaciándonos en él, absorbiéndolo, es como llegamos a participar de su naturaleza. Lo que es el alimento para el cuerpo, debe serlo Cristo para el alma. El alimento no puede beneficiarnos a menos que lo comamos; a menos que llegue a ser parte de nuestro ser. Así también, Cristo no tiene valor para nosotros si no lo conocemos como Salvador personal. Un conocimiento teórico no nos beneficiará. Debemos alimentarnos de él, recibirlo en el corazón, de tal manera que su vida llegue a ser nuestra vida. Debemos asimilarnos su amor y su gracia” (DTG 353).

Así como nuestros cuerpos físicos no pueden sobrevivir sin comida ni agua, no podemos sobrevivir espiritualmente sin Cristo. Sin él, nada podemos hacer. Las características de Jesús deben saturar todo el ser, así como los nutrientes y los minerales de los alimentos y del agua saturan las células de los tejidos del cuerpo. Los discípulos deben alimentarse de Jesús.

“Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre”

Repetidas veces se habla de la Deidad como del "Dios viviente" (Deut. 5: 26; Mat. 16: 16; Hech. 14: 15; 2 Cor. 6: 16).  El es Aquel que vive por sí mismo, sin depender de ningún otro para su vida.  Por lo tanto, también es la fuente de la vida de todos los otros seres del universo.  Lo que es cierto en este respecto acerca del Padre lo es también en cuanto al Hijo, pues "en Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra" (DTG 489; Juan 1).

Aunque Jesús es Dios, sin embargo, mientras estuvo en la tierra en carne humana, Jesús dependía completamente de su Padre.  Vivía "mediante el Padre".  Así el cristiano ha de depender de Cristo y recibir de él la vida divina y la naturaleza divina (DTG 98).  Es de esta vida eterna de la que el cristiano puede participar ahora, y es también esta vida la que se manifestará en él en la resurrección (Juan 5: 26-29; DTG 352).

3. ¿Sabes algo…? ¿Quién es Jesús?

Jesús es el Salvador del mundo, el Mesías. En tiempos del Nuevo Testamento Yeshûâ  era un nombre corriente que se daba a los muchachos judíos. 

Expresaba la fe de los padres en Dios y en su promesa de uno que traería salvación a Israel.  El ángel Gabriel indicó a José que llamara al primogénito de María con este nombre, y la razón que se le dio fue: "Porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mat. 1:21).

·                   "Cristo" no fue un nombre personal por el que la gente lo conoció mientras estuvo sobre la tierra, sino un título usado para identificarlo con aquel en quien las promesas y profecías mesiánicas del Antiguo Testamento encontraban su cumplimiento. 

·                   Para los que creyeron en él como enviado de Dios, él era el Cristo; es decir, el Mesías, el "ungido" por Dios para ser el Salvador del mundo.

El uso de los dos  nombres juntos (Mat. 1:18; 16:20; Mar. 1:1), Jesús y Cristo, constituye una confesión de fe en que Jesús de Nazaret, el hijo de María, es realmente el Mesías (Mat. 1:1; Hech. 2:38). 

·                     También se lo conocía por el título de Emanuel, "Dios con nosotros", un reconocimiento de su divinidad y nacimiento virginal (Mat. 1:23; Isa. 7:14; 9:6, 7).

·                     La designación corriente que usó Jesús para sí mismo fue "el Hijo del Hombre" (Mar. 2:10), una expresión que nunca usaron otros cuando hablaban de él o se dirigían a él.  Con este título, que parece tener implicaciones mesiánicas, Jesús enfatizó su humanidad, sin duda pensando de sí mismo como la simiente prometida (Gén. 3:15; 22:18;Gál. 3:16).

·                     Raramente usó para sí mismo el título "Hijo de Dios", el  cual enfatizaba su divinidad (Juan. 9:35-37; 10:36), aunque a menudo se refería a Dios como su Padre (Mat. 16:17).

·                     Sin embargo, el Padre lo llamó su Hijo (Luc. 3:22; 9:35), y Juan el Bautista (Juan. 1:34) y los Doce (Mat. 14:33; 16:16) lo reconocieron como "Hijo de  Dios". 

·                     La afirmación de Jesús de que Dios era su Padre en un sentido especial, y más tarde, su admisión de ser el Hijo de Dios, le valieron el arresto de los judíos que alegaban que eso era causa suficiente para su condenación y muerte (Luc. 22:70, 71). 

·                     El ángel Gabriel explicó que Jesús debía ser llamado Hijo de Dios en virtud de su nacimiento de María por el poder del Espíritu Santo (Luc. 1:35;Heb. 1:5), y Pablo dice que la resurrección de Jesús de los muertos lo declara "Hijo de Dios" con poder (Rom. 1:4).

·                     Sus discípulos con frecuencia se dirigieron a él como "Maestro"  (Mar. 4:38; 9:38), y también, en reconocimiento de su deidad, como "Señor" (Juan. 14:5, 8; 20:28).

·                     La gente y los gobernantes por igual usaron el término "Hijo de David" como una designación popular para el Mesías (Mat. 12:23; 22:42; Mar. 12:35), y como una expresión de la esperanza de liberación de la opresión política.

 

4. ¿Por qué razones debemos creer o tener fe en  Cristo Jesús?

Diez razones por las cuáles debemos de creer o tener fe en Cristo Jesús

1. La divinidad de Cristo.  La Divinidad o Trinidad consiste de tres personas: el Padre eterno, el Señor Jesucristo, Hijo del Padre eterno y el Espíritu Santo (Mat. 28: 19; Juan 1: 1-2; 6: 27; 14: 16-17, 26; Hech. 5: 3-4; Efe. 4: 4-6; Heb. 1: 1-3, 8; Juan 1: 1-3, 14).

·                     Hay tres personas vivientes en el trío celestial: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Cristo y el Padre son uno solo en naturaleza, en carácter y en propósitos, pero no en persona.  El Espíritu Santo es una persona así como Dios es persona.

2. La Deidad y la preexistencia de Cristo. Cristo es Dios en el sentido supremo y absoluto del término: en naturaleza, en sabiduría, en autoridad y en poder (Isa. 9: 6; Miq. 5: 2; Juan 1: 1-3; 8: 58; 14: 8-11; Col. 1: 15-17; 2: 9; Heb. 1: 8; Miq. 5: 2; Mat. 1: 1, 23; Luc. 1: 35; Juan 1: 1-3; 16: 28; Fil. 2: 6-8; Col. 2: 9). 

·                     Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo. Nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno.

·                     Era igual a Dios, infinito y omnipotente.

·                     Cristo era esencialmente Dios, y en el sentido más excelso.  Estuvo con Dios desde toda la eternidad; Dios sobre todo, bendito para siempre. 

·                     El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad, como persona diferente, y sin embargo una con el Padre.

3. La humanidad de Cristo.  El Señor Jesucristo fue un ser humano verdadero y completo, en todo respecto como los otros hombres, excepto que "no conoció pecado" (2 Cor. 5: 21;Luc. 24: 39; Juan 1: 14; Rom. 1: 3-4; 5: 15; Gál. 4: 4; Fil. 2: 7; 1 Tim. 2: 5; Heb. 2: 14, 17; 1 Juan 1: 1; 4: 2; 2 Juan 7; Mat. 1: 23; Juan 1: 14; Fil. 2: 6-8).

·                   Cristo fue un verdadero hombre, plenamente humano, participante de nuestra naturaleza.  Vino como un nene desvalido revestido de la humanidad de que nosotros estamos revestidos, y como miembro de la familia humana, era mortal. 

·                   Oraba por sus discípulos y por sí mismo, identificándose así con nuestras necesidades, nuestras debilidades y nuestras flaquezas.

4. La encarnación de Cristo. La encarnación fue una unión verdadera, completa e indisoluble de las naturalezas divina y humana en una sola persona, Jesucristo.  Sin embargo, cada naturaleza fue preservada intacta y diferente de la otra (Mat. 1: 20; Luc. 1: 35; Juan 1: 14; Fil. 2: 5-8; 1 Tim. 3: 16; 1 Juan 4: 2-3; com.  Mat. 1: 18; Juan 1: 14; 16: 28; Fil. 2: 6-8).

·                     Cristo era un verdadero hombre. Sin embargo, era Dios en la carne.

·                     Su divinidad fue cubierta de humanidad, la gloria invisible tomó forma humana visible.

·                     El tiene una naturaleza doble, al mismo tiempo humana  y divina.

·                     Es tanto Dios como hombre.

·                     La naturaleza humana del Hijo de María, ¿Se cambió con la naturaleza divina del Hijo de Dios?  No; las dos naturalezas se combinaron misteriosamente en una persona: El Hombre Cristo Jesús.  Lo humano no ocupó el lugar de lo divino, ni lo divino de lo humano.

·                     La divinidad no fue degradada en humanidad; la divinidad mantuvo su lugar. "Presentaba una perfecta humanidad, combinada con deidad; preservando cada naturaleza distinta.

·                     La humanidad de Cristo no podía ser separada de su divinidad.

5. La subordinación de Cristo. Asumiendo voluntariamente las limitaciones de la naturaleza humana en la encarnación, el Señor Jesucristo así se subordinó al Padre durante su ministerio terrenal (Sal. 40: 8; Mat. 26: 39; Juan 3: 16; 4: 34; 5: 19, 30; 12: 49; 14: 10; 17: 4, 8; 2 Cor. 8: 9; Fil. 2: 7-8; Heb. 2: 9; Luc. 1: 35; 2: 49; Juan 3: 16; 4: 34; Fil. 2: 7-8).

·                     Despojándose de su vestido y corona reales, el Hijo de Dios prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del universo.

·                     Voluntariamente asumió la naturaleza humana. 

·                     Lo hizo por sí mismo y por su propio consentimiento.

·                     Jesús condescendió en humillarse para tomar la naturaleza humana. 

·                     Se humilló a sí mismo, y asumió la mortalidad.

·                     El Hijo de Dios se había entregado a la voluntad del Padre y dependía de su poder. 

·                     Tan completamente había anonadado Cristo al yo que no hacía planes por sí mismo. 

·                     Aceptaba los planes de Dios para él, y día tras día el Padre se los revelaba.

·                     Al paso que llevaba la naturaleza humana, dependía del Omnipotente para su vida.

·                     En su humanidad, se aferraba de la divinidad de Dios.

6. La impecable perfección de Cristo.  Aunque sujeto a la tentación y "tentado en todo según nuestra semejanza", sin embargo Jesús fue completamente "sin pecado" (Mat. 4: 1-11; Rom. 8: 3-4; 2 Cor. 5: 21; Heb. 2: 10; 4: 15; 1 Ped. 2: 21-22; 1 Juan 3: 5; Mat. 4: 1- 11; 26: 38, 41; Luc. 2: 40, 52; Heb. 2: 17; 4: 15).

·                     Nuestro Salvador asumió las desventajas y riesgos de la naturaleza humana, para ser probado y examinado. 

·                     Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Podría haber pecado, pero ni por un momento hubo en él una mala propensión. 

·                     Tomó la naturaleza del hombre, pero no su pecaminosidad. 

·                     Venció a Satanás en la misma naturaleza sobre la cual en el Edén Satanás obtuvo la victoria.

·                     Jesús no reveló cualidades ni ejerció facultades que los hombres no pudieran tener por la fe en él. 

·                     Su perfecta humanidad es lo que todos sus seguidores pueden poseer.

·                     En su naturaleza humana él mantuvo la pureza de su carácter divino. 

·                     Ningún vestigio de pecado mancilló la imagen de Dios en él.

7. La muerte vicaria de Cristo.  El sacrificio de Cristo proporcionó una expiación plena y completa para los pecados del mundo (Isa. 53: 4-6; Juan 3: 14-17; 1 Cor. 15: 3; Heb. 9: 14; 1 Ped. 3: 18; 4: 1; 1 Juan 2: 2; Isa. 53: 4; Mat. 16: 13).

·                     Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado.

·                     El sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya.

·                     En el huerto de Getsemaní Cristo sufrió en lugar del hombre, y la naturaleza humana del Hijo de Dios tambaleó bajo el terrible horror de la culpabilidad del pecado.

·                     En ese momento la naturaleza humana habría muerto bajo el horror de la sensación de pecado, si un ángel del cielo no lo hubiera fortalecido para que soportara la agonía.

·                     El sacrificio de Cristo en favor del hombre fue pleno y completo.

·                     La condición de la expiación se había cumplido.  La obra para la cual él había venido a este mundo se había efectuado.

8. La resurrección de Cristo.  En su divinidad, Cristo tenía poder no sólo para deponer su vida sino también para recobrarla nuevamente, cuando fue llamado de la tumba por su, Padre (Juan 10: 18; Hech. 13: 32-33; Rom. 1: 3-4; 1 Cor. 15: 3-22; Heb. 13: 20; 1 Ped. 1: 3; Mat. 28).

·                     Cuando la voz del poderoso ángel fue oída junto a la tumba de Cristo, diciendo: Tu Padre te llama, el Salvador salió de la tumba por la vida que había en él.

·                     En su divinidad, Cristo poseía el poder de quebrar las ligaduras de la muerte.

9. La ascensión de Cristo.  Nuestro Salvador ascendió al cielo en su cuerpo glorificado, para ministrar allí en nuestro favor (Mar. 16: 19; Luc. 24: 39; Juan 14: 1-3; 16: 28; 20: 17; Hech. 1: 9-11; Rom. 8: 34; 1 Tim. 3: 16; Heb. 7: 25; 8: 1-2; 9: 24; 1 Juan 2: 1-2; Heb. 1: 9-11).

·                     Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre su naturaleza humana.

·                     Dios adoptó la naturaleza humana en la persona de su Hijo, y la llevó al más alto cielo.

·                     Todos necesitan llegar a ser más inteligentes respecto de la obra de expiación que se está realizando en el santuario celestial.

10. El ensalzamiento de Cristo.  Cuando volvió al cielo, Cristo retomó el puesto que había tenido con el Padre, antes de la encarnación (Mat. 28: 18; Juan 12: 23; 17: 5; Efe. 1: 19-22; Fil. 2: 8-9; Col. 1: 18; 1 Tim. 2: 5; Heb. 1: 3; 2: 9; 1 Ped. 1: 11; Fil. 2: 9).

·                     Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fue entronizado en medio de la adoración de los ángeles.

·                     Cristo fue de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre desde toda la eternidad. Como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra (5CBA896).

5. ¿Cuál es nuestro primer trabajo en el día?¿Cuáles son tus prioridades? ¿El negocio? ¿Tus clases de alguna ciencia?¿Los estudios de la carrera?¿Piensa un momento y decide en esta hora?

“Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: “Tómame ¡oh Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo y sea toda mi obra hecha en ti". Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos según te lo indicare su providencia. Sea puesta así tu vida en las manos de Dios y será cada vez mas semejante a la de Cristo” (CC, p. 68)

II. PRESENCIANDO A DIOS

La Transfiguración y un Fracaso

·                     ¿Qué lecciones podemos aprender del episodio de la Transfiguración?

1. ¿Sabes algo…? ¿Qué es la Transfiguración? ¿Por qué Jesús se transfiguró?

Del  griego metamorfóo, "cambiar de una forma a otra", "transformarse".  Esta fue una de las ocasiones cuando la divinidad refulgió a través de la humanidad de Jesús, para encontrarse con la gloria celestial (DTG 389). 

La descripción de este episodio que presentan los tres escritores de los sinópticos parecería indicar que no se trató de una experiencia subjetiva experimentada por los discípulos, o quizá sólo por Pedro. 

·                     Fue más que un sueño o una alucinación debida al cansancio del viaje del día y a la preocupación por la predicción hecha por Jesús acerca de su muerte.

·                     Fue una