Ing. D. Jarquín López

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Preparación para el discipulado

Lección 7

Para el 16 de febrero de 2008


Lee: Mateo 5-7; 10:1; 10:5-11:1; Marcos 3:1-19; Lucas 6:12-16.

Descubre: ¿Quién es un discípulo? ¿Qué significa ser discípulo? ¿Cómo preparó Jesús sus discípulos? ¿Qué estrategias utiliza la iglesia para preparar discípulos? ¿Existen entrenamientos?  ¿Cuál es la comisión, el que es un discípulo? ¿De qué manera se preparan los hermanos de la iglesia para cumplir la gran comisión? ¿Son todos llamados a ser discípulos o deben las personas tener ciertas cualidades para ser llamadas al discipulado (Mat. 28:19; Mar. 16:15)

Memoriza y considera: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:14-16).

Pensamiento clave: ¿Cómo preparó Jesús a sus discípulos? ¿Qué principios podemos aprender para nosotros, con respecto al discipulado, de lo que él les dijo antes de enviarlos? ¿Qué podemos aprender del Sermón del Monte que sea crucial para el discipulado? ¿Qué clase de oposición deberían esperar los discípulos de Cristo?

El Sermón del Monte es uno de los discursos más importantes de nuestro Señor, dado en las laderas de una colina de Galilea, mediante el cual resumió la naturaleza, el propósito y los principios del reino de la gracia divina que había venido a establecer (Mat. 5-7).  Jesús acababa de terminar su la gira de evangelización por las ciudades y las aldeas de Galilea para anunciarlo (Mat. 4:23), y había nombrado a los Doce para que fueran sus apóstoles (Mar. 3:13-19; Luc. 6:12-16). Este sermón era para ellos en particular, pero también estaban presentes muchos otros seguidores y oyentes de Cristo. 

El Sermón del Monte se puede considerar el discurso inaugural de nuestro Señor como dirigente del reino de la gracia divina, o como su constitución.  Presenta los requisitos para entrar en él, el carácter que se espera que tengan sus ciudadanos, y sus privilegios y responsabilidades en una forma más abarcante que en cualquier otra ocasión registrada.  Es una definición de la clase de vida que se debe vivir en la nueva sociedad espiritual que Jesús vino a establecer.  Los principios expuestos abarcan toda la gama de deberes del hombre hacia Dios y hacia sus semejantes.

En este sermón, el Señor cita a menudo "la ley y los profetas" (Mat. 5:17-22, 27, 38; Exo. 21:24; de este modo, enriquece la comprensión espiritual de sus oyentes y aplica en forma práctica los principios del Antiguo Testamento a su reino de justicia.  La verdadera religión, afirma, controla los motivos y las actitudes, como asimismo las palabras y los hechos que se derivan de ellos, puesto que es posible tener la forma de la religión y la apariencia del recto vivir sin que el corazón y la vida estén sinceramente dedicados a Dios, o sin tener un verdadero y cordial interés en el prójimo.

·                     Mateo 5 presenta el carácter motivado por el amor al prójimo como el objetivo final de la ciudadanía en el reino, y alcanza su culminación mediante una invitación a ser "perfectos", así como Dios es perfecto (Mat. 5:48). 

·                     Mateo 6 se refiere a los incentivos para la vida recta, y se cierra con un desafío a hacer del reino de los cielos el supremo blanco de la vida.

·                     El capitulo 7 de Mateo se dedica a ciertos privilegios y responsabilidades específicos del cristiano, y termina con un llamamiento a una acción decisiva para lograrlos y cumplirlas (Mat. 7: 24-27).

El sermón comienza con una explicación gentil acerca de cómo se puede llegar a ser ciudadano del reino (Mat. 5:3-12), y lo define como un representante viviente de sus principios (Mat. 5:13-16).  ¿En qué consisten esos principios? Se discute con más detalle en Mat. 5:17-48.  Nuestro Señor Jesucristo continúa entonces subrayando la importancia de los correctos motivos que conforman el culto, el servicio y las relaciones humanas (Mat. 6:1-18), y pone énfasis en una completa confianza en la bondad de Dios con respecto a las necesidades de esta vida (Mat. 6:19-34).  Nuestras relaciones mutuas deben ser un ejemplo viviente de la regla de oro (Mat. 7:1-12).  La estricta obediencia y el dominio propio son la prueba del discipulado (Mat. 7:13-23).  En su cierre Jesús extiende una urgente invitación a sus oyentes a poner en práctica en su vida diaria estos principios (Mat. 7:24-27).

En la preparación para el discipulado, dos cosas son muy importantes: la consagración y la capacitación. El primero es nuestra relación con Jesús, es la manera como respondemos su poder  transformador en nuestras vidas todos los días.  La segunda son las estrategias de cómo testificar de lo que Jesús hizo por nosotros. Es el método de Cristo para presentar el mensaje de salvación a las personas. La consagración y la capacitación son la receta para alcanzar el discipulado genuino.

 

· ¿Cuál es el mensaje central de esta lección?

· ¿Cómo aplicarías este mensaje en tu vida?

PROPÓSITOS DE LA LECCIÓN DE ESTA SEMANA

·                     Saber cómo nos juzga Dios por la forma en que juzgamos a otros.

·                     Sentir un deseo de cultivar la misericordia en vez de juzgar a otros.

·                     Hacer la decisión de dejar que Dios sea quien juzgue.

I. LA DESIGNACIÓN DE LOS APÓSTOLES

1. ¿Sabes algo…? ¿Quién es un apóstol?

Del griego  apóstolos, de apó, "lejos", "apartado de", y stéll, "enviar", "despachar"; así, literalmente, "uno enviado", y por extensión, "un mensajero", "un embajador".

En griego clásico apóstolos se aplica frecuentemente a un barco o convoy despachados en una expedición mercantil o naval; al capitán de un barco mercante o al comandante de un escuadrón naval; a un representante, sea embajador o enviado.

En griego koiné, el dialecto en que se escribió el Nuevo Testamento, apóstolos se usa también con estas dos aplicaciones generales: a cosas y a personas.  Aparece con la connotación de un barco enviado, una carga que se despacha; de los documentos que representan el barco y su carga (el documento de remito, o tal vez, la licencia de exportación).  Con referencia a personas, el término se aplica al embajador, enviado, delegado.  Josefo usa esta palabra cuando habla de los embajadores que los judíos enviaron como sus representantes a Roma.

En el Nuevo Testamento, apóstolos conlleva la idea de misión y de representación.  El término aparece en el registro de la ordenación y el envío de los discípulos en misión evangelizadora (Mat. 10:2-6).  Es probable que en esa ocasión Jesús usara la palabra aram. shelaj, equivalente del participio heb. shâlûaj, "enviado".  Este témino semítico, del cual apóstolos es el equivalente griego, parece haber tenido un uso técnico entre los judíos.  En la literatura rabínica se lo aplica con referencia a mensajeros y representantes dotados de autoridad, como los responsables de reunir ofrendas entre los judíos de la diáspora.  Evidentemente, en todo el Nuevo Testamento apóstolos tiene una significación técnica similar.

El término se usa en los Evangelios, con una excepción (Luc. 11:49), y sólo en relación con los Doce a quienes Jesús llamó y envió:

·                     Andrés y su hermano Simón, más tarde conocido como Simón Pedro (Mat. 4:18-20; Mar. 1:16-18; Luc. 6:14; Juan. 1:35-42). Jacobo (Santiago) y su hermano Juan, hijos de Zebedeo (Mat. 4:21, 22; Mar.1:19, 20; Luc. 6:14).

·                     Felipe (Juan. 1:43, 44); Natanael, también llamado Bartolomé (Juan. 1:45-51); Mateo, también llamado Leví (Mat. 9:9; Mr. 2:14; Luc. 5:27, 28)

·                     Tomás ; Jacobo (Santiago), el hijo de Alfeo; Simón el Zelote o cananista; Judas, el hermano de Jacobo; y Judas Iscariote.

 En el Nuevo Testamento hay tres listas completas de los Doce (Mat. 10:2-4; Mar. 3:14-19; Luc. 6:13-16).  Una cuarta lista (Hch. 1:13) omite el nombre de Judas Iscariote.  Una comparación del lugar en que aparecen los nombres muestra que no guardan un orden definido, con la excepción de Simón Pedro, Felipe y Jacobo el hijo de Alfeo, cuyos nombres aparecen en el primer, quinto y noveno lugar, respectivamente, en cada lista.  Esto ha sugerido que había tres grupos de  cuatro, encabezados por estos tres hombres.  De los Doce, Pedro, Jacobo y Juan se destacan por recibir privilegios especiales: estuvieron presentes en la resurrección de la hija de Jairo (Mar. 5:37-42); en la transfiguración de Jesús (Mat. 17:1, 2); y en el Jardín del Getsemaní durante su agonía (Mar. 14:32, 33).  Sin duda esto se debió al hecho de que estos tres tenían una comprensión más clara de la obra y las enseñanzas de Jesús y una simpatía más profunda por él.  Uno de los Doce, Judas Iscariote, fue el traidor; más tarde se eligió a Matías para llenar su cargo y conservar así el número original de 12 apóstoles (Hech. 1:15-26). 

El término apóstolos, sin embargo, no se limita a los Doce.  Cuando Pablo, al defenderse contra los que desalaban su ministerio se llamó a sí mismo apóstol, usó la palabra en su sentido técnico, y dio prueba de su apostolado por el hecho de que había sido enviado por el Señor (1 Cor. 9:1, 2; Hech. 1:21, 22, 25) y de él había recibido directamente ese encargo (Gál. 2:8, 9; Rom. 1:1).  "Apóstol" también se aplica a Bemabé (Hch. 14:14); a Apolos, a quien Pablo incluye entre los apóstoles que fueron "espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres" (1 Cor. 4:6, 9); y a Silvano y Timoteo, a quienes se describe como "apóstoles de Cristo" (1 Tes. 1:1; 2:6).

2. ¿Cuál es la diferencia entre un discípulo y un apóstol?

Hablando en forma general podemos decir que, un discípulo es una persona que aprende de otra y que luego enseña a los demás. Es un seguidor activo o un partidario de alguien, o de alguna filosofía. Con respecto al cristianismo, los discípulos fueron alumnos de Jesús durante su ministerio. Discípulo proviene del latín discipulus. El término discípulo y apóstol se emplean indistintamente, aunque existe una gran diferencia entre ambos. Pues como ya mencionamos, apóstol significa “mensajero”, “alguien que es enviado”.  Por otra lado, un discípulo es alguien  que aprende de un maestro, un alumno; mientras que un apóstol es enviado las mismas enseñanzas a los demás. Todos somos llamados para ser discípulos pero no todos somos llamados para ser apóstol.

II. EL SERMON DEL MONTE

La felicidad del discípulo genuino.

1. ¿Qué enseño el Señor Jesús a sus discípulos al inicio del sermón? ¿Por qué crees  que estructuró su tema de esta forma?

Las  bienaventuranzas,  es una frase que por lo general se usa para designar la parte inicial del Sermón del Monte de Jesús (Mat. 5:3-12; Luc. 6:20-23).  La palabra griega de la que deriva es makários, que significa "dichoso", "feliz", "afortunado", "bendito". Las bienaventuranzas (de "buena aventura", "buen futuro") registradas por Mateo son bendiciones sobre quienes:

·                     1. Reconocen su pobreza espiritual.

·                     2. Lloran.

·                     3. Son mansos.

·                     4. Desean la justicia así como un hombre sediento y hambriento quiere agua y comida. 

·                     5. Son misericordiosos. 

·                     6. Son de "limpio corazón", cuyos pensamientos y motivos están dirigidos hacia el cielo.

·                     7. Promueven la paz.

·                     8. Son perseguidos y maltratados por causa de Cristo.  (Lucas incluye sólo la primera, la cuarta, la segunda y la octava, en ese orden.) 

En las bienaventuranzas Cristo anunció que los objetivos de su ministerio y de su reino eran traer la felicidad a la humanidad.  Los principios enunciados destruyen el concepto de que la felicidad verdadera se encuentra en los niveles materiales o carnales.

2. ¿Qué enseñó Jesús en el sermón del monte?

El sermón del monte es uno de los discursos más importantes de nuestro Señor, dado en las laderas de una colina de Galilea, mediante el cual resumió la naturaleza, el propósito y los principios del reino de la gracia divina que había venido a establecer (Mat. 5-7). 

·                     En Mateo 5 presenta el carácter motivado por el amor al prójimo como el objetivo final de la ciudadanía en el reino, y alcanza su culminación mediante una invitación a ser "perfectos", así como Dios es perfecto (Mat. 5:48). 

·                     En Mateo 6 se refiere a los incentivos para la vida recta, y se cierra con un desafío a hacer del reino de los cielos el supremo blanco de la vida. 

·                     En Mateo 7 se dedica a ciertos privilegios y responsabilidades específicos del cristiano, y termina con un llamamiento a una acción decisiva para lograrlos y cumplirlas (Mat. 7:24-27).

3. Lee Mateo 5:1,2 y responde, ¿Para quiénes  fue dirigido este sermón? ¿Por qué?

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo”

Lucas claramente relaciona el Sermón del Monte con el llamamiento y la ordenación de los doce (Luc. 6: 12-20;  DMJ 8-9) y conserva la debida secuencia de los acontecimientos de ese día notable: (1) la noche pasada en oración, (2) la ordenación de los doce, (3) el descenso a la llanura, (4) el sermón (DTG 265). 

·                     El sermón del monte, aunque dado especialmente a los discípulos, fue pronunciado a oídos de la multitud.

·                     Los diversos relatos evangélicos indican que los doce fueron designados en respuesta a la evidente necesidad de que hubiera más obreros preparados para atender a las multitudes que acompañaban a Jesús dondequiera él iba.

·                     La designación de los doce fue el primer paso en la organización de la iglesia cristiana.

·                     Cristo era el Rey de ese nuevo reino de la gracia divina; los doce eran sus ciudadanos o súbditos (Mar. 3: 14).

·                     El mismo día cuando los doce llegaron a ser súbditos fundadores del reino, el Rey dio su discurso inaugural, en el cual presentó las condiciones de la ciudadanía, proclamó la ley del reino, y delineó sus propósitos (DTG 265; DMJ 8-9). 

·                     El Sermón del Monte es, pues, a la vez el discurso inaugural de Cristo como Rey del reino de la gracia y la constitución del reino.  Poco después del establecimiento formal del reino y de la proclamación de su constitución, se realizó la segunda gira por Galilea, durante la cual Jesús dio una demostración clara y completa de las formas en que el reino, sus principios y su poder pueden beneficiar a la humanidad (Luc. 7: 1, 11).

4. ¿Cuáles son las lecciones que podemos aprender ahora mismo, como discípulos de Jesús?

 “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mat. 5:3-12).

En las primeras palabras del Sermón del Monte, Cristo se dirige al deseo supremo de todo corazón humano: el de la felicidad.  Ese deseo fue implantado en el hombre por el Creador mismo, y originalmente tenía el propósito de llevarlo a encontrar la verdadera felicidad mediante la cooperación con Dios que lo creó.  Se incurre en pecado cuando el hombre intenta encontrar la felicidad como un fin en sí misma, pasando por alto la obediencia a los requerimientos divinos.

Así, al comienzo de su discurso inaugural como Rey del reino de la gracia divina, Cristo proclama que el principal propósito del reino es el de restaurar en el corazón de los hombres la felicidad perdida en el Edén y que los que escojan entrar por la "puerta estrecha" y el camino "angosto" (Mat. 7: 13-14) encontrarán la verdadera felicidad.  Hallarán paz y gozo interiores, satisfacción verdadera y durable para el corazón y el alma, que sólo se logran cuando la "paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento" está presente para guardar el corazón y el pensamiento (Fil. 4: 7).  Cuando Cristo volvió al Padre, dejó con sus seguidores esa paz que el mundo no puede dar (Juan 14: 27).  Sólo pueden ser felices los que tienen paz con Dios (Rom. 5: 1)  y con sus semejantes (Miq. 6: 8), que caminan conforme a los dos grandes mandamientos de la ley de amor (Mat. 22: 37-40).  Sólo los que son verdaderos súbditos del reino de la gracia alcanzan esa disposición de la mente y del corazón.

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mat. 5:3)

El que no siente su necesidad espiritual, el que se cree "rico", que se ha "enriquecido" y que "de ninguna cosa" tiene "necesidad", a la vista del cielo es "desventurado, miserable, pobre" (Apoc. 3: 17).  Sólo los "pobres en espíritu" entrarán en el reino de la gracia divina.  Los demás no anhelan las riquezas del cielo y se niegan a aceptar sus bendiciones.

La comprensión de la necesidad propia es la primera condición para entrar en el reino de la gracia de Dios (DMJ 13).  Por estar consciente de su propia pobreza espiritual, el publicano de la parábola "descendió a su casa justificado" antes que el fariseo que estaba lleno de justicia propia (Luc. 18: 9-14).  En el reino de los cielos no hay lugar para los orgullosos, los que están satisfechos de sí mismos, los que dependen de su justicia propia.  Cristo invita a los pobres en espíritu a que cambien su pobreza por las riquezas de su gracia.

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mat. 5:4)

En verdad, es la profunda comprensión de la necesidad espiritual la que induce a los hombres a "llorar" por las imperfecciones que ven en su propia vida (DMJ 14; DTG 267).  Aquí Cristo se refiere a los que, con pobreza de espíritu, anhelan alcanzar la norma de perfección (Isa. 6: 5; Rom. 7: 24).  Aquí hay también un mensaje de consuelo para quienes lloran debido a desengaños, luto, o algún otro dolor (DMJ 15-17).

Así como Dios satisface la necesidad espiritual con las riquezas de la gracia del cielo, así también responde al llanto por el pecado con el consuelo de los pecados perdonados.  Si no se experimenta primero una sensación de necesidad, no se puede lamentar por lo que falta, en este caso la rectitud de carácter.  Lamentarse por el pecado es, pues, el segundo requisito para los que se presentan como candidatos para el reino de los cielos, y su secuencia, en forma natural, es después del primer paso.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mat. 5:5)

La mansedumbre es una actitud del corazón, de la mente y de la vida, que prepara el camino para la santificación. 

La "mansedumbre" aparece repetidas veces en el Nuevo Testamento como una virtud importantísima del cristiano (Gál. 5: 23; 1 Tim. 6: 11).  La "mansedumbre" en relación con Dios significa que habremos de aceptar su voluntad y la forma en que nos trata, que nos someteremos a él en todas las cosas sin vacilación (cf.  DMJ 18).  Una persona "mansa" domina perfectamente su yo.  Debido al enaltecimiento del yo, nuestros primeros padres perdieron el reino que les había sido confiado.  Por medio de la mansedumbre éste puede ser recuperado (DMJ 20; Miq. 6: 8).

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mat. 5:6)

Aquí Jesús habla del hambre y de la sed del alma (Sal. 42: 1-2). 

·                                                                                                                                                         Sólo los que anhelan justicia con la apremiante ansiedad del que se muere por falta de alimento o de agua, la encontrarán. 

·                                                                                                                                                         Ningún recurso terrenal puede satisfacer el hambre y la sed del alma.

·                                                                                                                                                          No son suficientes ni riquezas materiales, ni profundas filosofías, ni la satisfacción de los apetitos físicos, ni el honor, ni el poder.  Después de probar todas esas cosas, Salomón llegó a la conclusión de que "todo es vanidad" (Ecl. 1: 2, 14; 3: 19; 11: 8; 12: 8;  2: 1, 15, 19).

·                                                                                                                                                         Nada produce la satisfacción y la felicidad que el corazón humano anhela.  La conclusión del sabio fue que reconocer al Creador y cooperar con él proporcionan la única satisfacción duradera (Ecl. 12: 1, 13).

·                                                                                                                                                         Jesús es el Pan de vida (Juan 6:26-59), es el  "pan" del cual los hombres deben tener hambre, y participando de ese "pan" pueden mantener la vida espiritual y satisfacer el hambre de su alma (Juan 6: 35, 48, 58). 

·                                                                                                                                                         Se invita bondadosamente a los que tienen hambre y sed que vayan al Proveedor celestial y reciban alimento y bebida "sin dinero y sin precio" (Isa. 55: 1-2). 

·                                                                                                                                                         El hecho de que el corazón anhele justicia demuestra que Cristo ya ha comenzado allí su obra (DMJ 2l).

Los cristianos deben someterse a "la justicia de Dios" (Rom. 10: 3).  Buscaban la justicia "que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe" (Fil. 3: 9).

·                     La justicia de Cristo es tanto imputada como impartida. La justicia imputada produce justificación; pero el alma justificada crece en la gracia.  Por medio del poder de Cristo que vive en el alma, el cristiano conforma su vida con los requisitos de la ley moral tal como fue expuesta por precepto y ejemplo por Jesús.  Esta es la justicia impartida (PVGM 251-253).  Esto es lo que Cristo quería decir cuando animó a sus oyentes a que pensaran en ser "perfectos" así como su Padre celestial es perfecto (Mat. 5: 48).  Pablo dice que la vida perfecta de Jesús ha hecho que sea posible que "La justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Rom. 8: 4).

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mat. 5:7)

La misericordia de la cual habla Cristo aquí es una virtud activa que se proyecta hacia los seres humanos.  Tiene poco valor mientras no se convierta en obras de misericordia.

·                     En Mat. 25: 31-46 se presentan las obras de misericordia como el elemento decisivo para la admisión en el reino de la gloria. 

·                     Santiago incluye los actos de misericordia en su definición de la "religión pura" (Sant. 1: 27).  Miqueas resume la obligación del hombre para con Dios y sus prójimos: "hacer, justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios"(Miq 6:8).

·                     Miqueas, al igual que Cristo, menciona tanto la humildad ante Dios como la misericordia para con los hombres.  Estos dos procederes pueden compararse con los dos mandamientos, de los cuales "depende toda la ley y los profetas" (Mat. 22: 40).

¿Cuándo alcanzarán misericordia? Esto ocurrirá tanto ahora como en el día del juicio, tanto de parte de los hombres como de Dios.  El principio de la regla de oro (Mat. 7: 12) se aplica tanto a nuestro trato con otros como al trato que los demás nos brindan en respuesta.

·                     La persona cruel, de corazón duro y espíritu desconsiderado, rara vez recibe un trato bondadoso y misericordioso de parte de su prójimo.  Pero muchas veces los que son bondadosos y considerados con las necesidades y los sentimientos ajenos, encuentran que el mundo les paga con la misma moneda.

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mat. 5:8)

La palabra que aquí se traduce como "corazón" se refiere al intelecto (Mat. 13: 15), la conciencia (1 Juan 3: 20), el hombre interior (1 Ped. 3: 4).  La pureza de corazón, en el sentido que le dio Cristo, comprende mucho más que la pureza sexual (DMJ 29); incluye todos los rasgos de carácter deseables y excluye todos los indeseables.  El ser de "limpio corazón" equivale a estar revestido con el manto de justicia de Cristo (Mat. 22: 11-12), el "lino fino" del cual están ataviados los santos (Apoc. 19: 8; 3: 18-19), es decir, la perfección del carácter.

·                     Los de corazón limpio han abandonado el pecado como principio gobernante de la vida, y su existencia está enteramente consagrada a Dios (Rom. 6: 14-16; 8: 14-17).

·                     El tener "limpio corazón" no significa que la persona no tenga ningún pecado, pero sí significa que sus motivos son correctos, que por la gracia de Cristo se ha apartado de sus errores pasados y que prosigue hacia la meta de perfección en Cristo Jesús (Fil. 3: 13-15).

Cuando Jesús dice: "verán a Dios" se refieren tanto a la visión espiritual como a la física.  Quienes sienten su necesidad espiritual, entran en el "reino de los cielos" (Mat. 5:3) ahora; los que lloran por el pecado (Mat. 5: 4) son consolados ahora; quienes son mansos de corazón (Mat. 5:5) reciben su derecho de poseer la tierra nueva ahora; los que tienen hambre y sed de la justicia de Jesucristo (Mat. 5:6) son saciados ahora; los misericordiosos (Mat. 5:7) logran misericordia ahora.  Del mismo modo, los de limpio corazón tienen el privilegio de ver a Dios ahora, con los ojos de la fe; y finalmente, en el glorioso reino, tendrán el privilegio de verlo cara a cara (1 Juan 3: 2; Apoc. 22: 4).  Además, sólo los que logren desarrollar la visión celestial en este mundo presente, tendrán el privilegio de ver a Dios en el mundo venidero.

·                     Sólo aquellos cuyo corazón es limpio y sincero "verán a Dios".

·                     Si el "ojo es bueno", toda la vida estará llena de "luz" (Mat. 6: 22-23).

·                     Muchos cristianos sufren de estrabismo espiritual por intentar tener un ojo fijo en la Canaán celestial y el otro en los "deleites temporales del pecado" (Heb. 11: 25) y las "ollas de carne" de Egipto (Exo. 16: 3).

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