Elcana y Ana: cumplir un voto
Lección 8
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¡Cuan grande fue la recompensa de Ana! ¡Y cuanto alienta a ser fiel el ejemplo de ella! A toda madre se le confían oportunidades de valor inestimable e intereses infinitamente valiosos. El humilde conjunto de deberes que las mujeres han llegado a considerar como una tarea tediosa debiera ser mirado como una obra noble y grandiosa. La madre tiene el privilegio de beneficiar al mundo por su influencia, y al hacerlo impartirá gozo a su propio corazón. A través de luces y sombras, puede trazar sendas rectas para los pies de sus hijos, que los llevaran alas gloriosas alturas celestiales. Pero solo cuando ella procura seguir en su propia vida el camino de las enseñanzas de Cristo, puede la madre tener la esperanza de formar el carácter de sus niños de acuerdo con el modelo divino. El mundo rebosa de influencias corruptoras. Las modas y las costumbres ejercen sobre los jóvenes una influencia poderosa. Si la madre no cumple su deber de instruir, guiar y refrenar a sus hijos, estos aceptaran naturalmente lo malo y se apartaran de lo bueno. Acudan todas las madres a menudo a su Salvador con la oración: "¿Que orden se tendrá con el niño, y que ha de hacer?" Cumpla ella las instrucciones que Dios dio en su Palabra, y le dará sabiduría a medida que la necesite (Conflicto y Valor, p. 138). Ana oró y confió; yen su hijo Samuel le dio al Israel de Dios un tesoro preciosísimo, hombre útil, de un carácter bien formado, uno que en cuanto a principios se refiera era firme como una roca (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 283-284).
Elcana observaba fielmente las ordenanzas de Dios. Seguía subsistiendo el culto en Silo, pero debido a algunas irregularidades del ministerio sacerdotal no se necesitaban sus servicios en el santuario, al cual, siendo levita, debía atender. Sin embargo, en ocasión de las reuniones prescritas, subía con su familia a adorar y a presentar su sacrificio (Patriarcas y profetas, p. 614). Había tres asambleas anuales de todo Israel para rendir culto en el santuario (Éxodo 23:14-16). Por algún tiempo fue Silo el lugar de reunión; pero más tarde Jerusalén llego a ser el centro del culto de la nación, y allí se congregaban las tribus para las fiestas solemnes. El pueblo estaba rodeado de tribus feroces y belicosas, ansiosas de apoderarse de sus tierras; y sin embargo, tres veces al ano todos los hombres robustos y fuertes para la guerra, y toda la gente que podía soportar el viaje, tenían orden de dejar sus casas para dirigirse al lugar de reunión, cerca del centro del país. ¿Que había de impedir a sus enemigos que se precipitasen sobre aquellas moradas y familias sin protección y destruirlas a sangre y fuego? ¿Que había de estorbar una invasión de la tierra, que reduciría a Israel al cautiverio bajo el dominio de algún enemigo extraño? Dios había prometido ser el protector de su pueblo. "el ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende" (Salmo 34:7). Mientras los israelitas subieran para adorar, el poder divino refrenaría a sus enemigos. Dios había prometido: "Yo arrojare las gentes de tu presencia, y ensanchare tu termino: y ninguno codiciara tu tierra, cuando hi subieres para ser visto delante de Jehová tu Dios tres veces en el ano" (Éxodo 34:24) (Patriarcas y Profetas, p. 578). Dios había ordenado a los hebreos que enseñaran a sus hijos lo que el requería y que les hicieran saber como había obrado con sus padres. Este era uno de los deberes especiales de todo padre de familia, y no debía ser delegado a otra persona. En vez de permitir que lo hicieran labios extraños, debían los corazones amorosos del padre y de la madre instruir a sus hijos. Con todos los acontecimientos de la vida diaria debían ir asociados pensamientos referentes a Dios. Las grandes obras que el había realizado en la liberación de su pueblo, y las promesas de un Redentor que había de venir, debían relatarse a menudo en los hogares de Israel .. Las grandes verdades de la providencia de Dios y la vida futura se inculcaban en la mente de los jóvenes. Se la educaba para que pudiera discernir a Dios tanto en las escenas de la naturaleza como en las palabras de la revelación. Las estrellas del cielo, los árboles y las flores del campo, las elevadas montanas, los riachuelos murmuradores, todas estas cosas hablaban del Creador. El servicio solemne de sacrificio y culto en el santuario y las palabras pronunciadas par los profetas, eran una revelación de Dios. Tal fue la educación de Moisés en la humilde choza de Gosén; de Samuel, par la fiel Ana; de David, en la morada montañesa de Belén; de Daniel antes de que el cautiverio le separara del hogar de sus padres. Tal fue, también, la educación del niño Jesús en Nazaret, y la que recibió el niño Timoteo quien aprendió de labios de su "abuela Loida" y de su "madre Eunice" las verdades eternas de las Sagradas Escrituras (Conflicto y valor, p. 345).
Lunes 20 de agosto: El casamiento El amor de Elcana por su compañera elegida era profundo y sincero; sin embargo una nube derramaba sombras sobre su felicidad hogareña: no se escuchaban las alegres voces de los niños. Y el fuerte deseo del esposo de perpetuar su nombre lo llevo, como a muchos otros, a seguir un curso de acción que Dios no había sancionado: introducir en la familia a una segunda esposa que debía estar subordinada a la primera. Este acto, decidido por la falta de fe en Dios, trajo funestos resultados. La armonía, la unidad y la paz que había gozado la familia hasta entonces, fueron quebrantadas. Y fue especialmente sobre Ana que cayó el mayor peso de este problema. Aunque ella soportaba la prueba sin quejarse, su pesar no dejaba de ser muy profundo y doloroso. Penina, la segunda esposa, era una mujer de poca capacidad mental y una disposición celosa y envidiosa. Al pasar los anos y agregarse los hijos e hijas de Penina a la familia, esta se torno orgullosa y trataba a su rival con desprecio e insolencia... Aun en medio de las sagradas festividades relacionadas con el culto divino, el espíritu divisivo se manifestaba en medio de esta familia. Al ofrecer el sacrificio, era costumbre que después de darle al sacerdote la parte que le correspondía, el que había ofrecido el sacrificio distribuyera entre los miembros de su familia el resto del mismo. En estas ocasiones, Elcana le daba a la madre de sus hijos una porción para ella y porciones para todos los niños, pero le ofrece a Ana, su mas amada esposa, una doble porción. Esta actitud provocaba la envidia y los celos en la segunda esposa, quien abiertamente reclamaba su superioridad sobre Ana; esta, por no tener hijos, no recibía el favor de Dios, mientras que ella se consideraba altamente favorecida por el cielo. Esta escena se repetía una y otra vez, no sola mente en las festividades anuales sino en cada ocasión en que Penina tuviera la oportunidad de exaltarse a si misma par encima de su rival. Satanás la utilizaba como su agente para avergonzar y exasperar a la fiel Ana, quien sentía que no podría soportar mucho tiempo más. Finalmente, en una de las fiestas anuales en las que Penina continuo con sus burlas, el valor y la paciencia de Ana se acabaron, y dio rienda suelta a sus sentimientos llorando amargamente. Mientras todos los demás estaban alegres, ella ya no podía participar de la fiesta (Signs of the Times, Octubre 27,1881). Cuando el matrimonio fue instituido, Dios mismo unió a la santa pareja. Ese primer matrimonio fue un ejemplo de lo que todos los matrimonios debieran ser. Dios le dio al hombre solamente una esposa. Si el hubiera considerado que era mejor para el hombre tener mas de una esposa, fácilmente le podría haber dado otra. Pero Dios no sanciono tal cosa. Dondequiera se practique la poligamia, esa practica va en contra de las sabias decisiones de nuestro Padre celestial; se destruye todo lo que es eleva do y noble en la vida matrimonial y se degenera la raza (The Youth's Instructor, agosto 10, 1899).
Martes 21 de agosto: El voto de Ana Ana no reprocho a su esposo por haber tornado la decisión equivocada de buscar una segunda esposa. No compartió su tristeza con ningún amigo humano, sino que la elevo a su Padre celestial en quien busco consuelo. Se aferro a la promesa: "Invócame en el día de la angustia, te librare". Hay gran poder en la oración. Nuestro gran adversario esta constantemente tratando de mantener al alma turbada lejos de Dios. Pero el santo mas humilde que eleve su voz al cielo, es mas temido por Satanás que los decretos o las ordenes de los reyes. La oración de Ana no fue escuchada por ningún oído mortal, pero llego al Señor de los ejércitos. Con fervor le rogó que quitara su afrenta y le diera el regalo mas apreciado por las mujeres de ese tiempo: el don de la maternidad. Mientras oraba no emitía palabras, pero sus labios se movían y su rostro evidenciaba una profunda emoción. Debido a ello, le esperaba una prueba adicional a esta humilde suplicante. Ell, el sumo sacerdote, al verla en esa condición, se apresuro a pensar que estaba intoxicada con el alcohol. En las fiestas religiosas, se había suplantado la verdadera piedad con borracheras, y a menudo aun las mujeres caían en el vicio. Por eso Elí la reprocho, diciéndole: "¿hasta cuando estarás ebria? Digiere tu vino". Ana se había estado comunicando con Dios y creía que su oración había sido escuchada; por lo tanto la paz de Cristo llenaba su alma. Como era de naturaleza bondadosa y sensible, no se irrito por la acusación injusta de estar ebria en la casa de Dios. Mostrando respeto hacia el ungido del Señor, le respondió calmadamente y le declaro la verdadera razón de sus emociones: "No, Señor mió; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. No tengas a tu sierva por una mujer impía, porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora". Convencido que su reproche había sido injusto, Elí le respondió: " Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho". En su oración, Ana había hecho un voto prometiendo que si su pedido era concedido, dedicaría a su hijo al servicio de Dios. Al compartir con su esposo este voto que había hecho, Elcana lo confirmo con un solemne acto de adoración antes de retirarse de Silo. La oración de Ana fue respondida y ella recibió la bendición que había solicitado tan fervientemente. El nombre elegido para su hijo tenia relación con la bendición recibida: "Samuel: por cuanto lo pedí a Jehová" (Signs of the Times, octubre 27,1881).
Miércoles 22 de agosto: Ana, una madre en Israel Ana, la esposa de Elcana, era una mujer piadosa y devota. Una conciencia sensible y una firme confianza en Dios se mostraban en su carácter. De Ana podía decirse en las palabras del sabio: "El coraz6n de su marido esta en ella confiado" (Signs of the Times, octubre 27, 1881). Durante los primeros tres anos de vida del profeta Samuel, su madre le enseñó cuidadosamente a distinguir entre el bien y el mal. Mediante cada objeto familiar que lo rodeaba, procuro elevar los pensamientos del niño al Creador. En cumplimiento de su voto de dar a su hijo al Señor, con gran abnegación lo coloco bajo el cuidado de Elí, el sumo sacerdote, para que se preparara para el servicio en la casa de Dios. Aunque la juventud de Samuel, dedicada al culto de Dios, transcurrió en el tabernáculo, el no quedo libre de malas influencias o ejemplos pecaminosos. Los hijos de Elí no temían a Dios ni honraban a su padre, pero Samuel no buscaba su compañía ni seguía sus malos caminos. Su temprana educación hizo que prefiriera mantener su integridad cristiana. ¡Que recompensa fue la de Ana! ¡Y que incentivo a la fidelidad es su ejemplo! (Comentario bíblico adventista, t. 2, p. 1002). Ojala cada madre pudiera ser consciente de cuan grandes son sus deberes y sus responsabilidades, y cuan grande será la recompensa de la fidelidad. La influencia diaria de la madre sobre sus hijos los esta preparando para la vida eterna o la muerte eterna. Ella ejerce en su hogar un poder más decisivo que el ministro en el pulpito, o aun el rey en su trono. El día de Dios habrá de revelar cuanto debe el mundo alas madres piadosas por hombres que han sido resueltos abogados de la verdad y la reforma; hombres que han sido decididos para hacer y atreverse a ello, que se han mantenido inconmovibles en medio de pruebas y tentaciones; hombres que escogen los elevados y santos intereses de la verdad y la gloria de Dios antes que el honor mundano o la vida misma. Cuando el Juez se siente y los libros sean abiertos; cuando el "bien hecho" del gran Juez sea pronunciado y la corona de gloria sea puesta sobre la frente del vencedor, muchos alzaran sus coronas ante la vista del universo reunido, y señalando a su madre dirán: "Ella me hizo todo lo que soy por la gracia de Dios. Su instrucción, sus oraciones, han sido bendecidas para mi salvación eterna". Samuel llegó a ser un gran hombre en el sentido mas completo, de la forma como Dios estima el carácter... Los jóvenes deberían ser adiestrados para permanecer firmes del lado de lo correcto en medio de la prevaleciente iniquidad, para hacer todo lo que este de su parte para detener el avance del vicio, y para promover la virtud, la pureza y la autentica hombría. Las impresiones hechas sobre la mente y el carácter en la vida temprana son profundas y permanentes (Reflejemos a Jesús, p. 187).
Jueves 23 de agosto: El legado familiar La conducta de Elí -su pecaminosa indulgencia como padre y su negligencia criminal como sacerdote de Dios- presenta un notable y penoso contraste con la firmeza y abnegaci6n de la fiel Ana. Elí conocía la voluntad divina. Sabia que caracteres Dios puede aceptar, y lo que el condena; sin embargo, tolero que sus hijos crecieran cultivando pasiones desenfrenadas, apetitos pervertidos y costumbres corruptas. Elí había instruido a sus hijos en la ley de Dios, y les había dado un buen ejemplo con su propia vida, pero esto no era todo su deber. Dios requería de el -en su calidad de padre y sacerdote- que los reprimiera para que no hicieran su propia voluntad perversa; pero no había cumplido esto (Comentario bíblico adventista, t. 2, p. 1003). Esta piadosa madre [Ana] se cuido de no colocar a su hijo en manos del mundo para que siguiera sus costumbres y sus prácticas. Por el contrario, lo puso en las manos de Dios para conectarlo con la fuente de toda sabiduría, poder y bondad. Cuando Samuel reciba la corona de gloria, la mostrara delante del trono para rendir honor y reconocerá con gozo que, por los meritos de Cristo y por las lecciones que su madre le dio fielmente, llego a ser coronado de gloria inmortal. ¡Que contraste nos presenta la pluma inspirada entre la vida de este santo hombre y la triste historia de Elí que descuido sus deberes! Mientras algunos padres son demasiado severos al tratar con sus hijos y están en peligro de quebrar la rama en lugar de enderezarla; otros, como Elí, son demasiado indulgentes y no los corrigen apropiadamente. Poco comprenden estos padres el mal que les hacen a sus hijos permitiéndoles crecer con pasiones incontrolables y hábitos egoístas y degradantes. El descuido de Elí en este aspecto afecto a toda la nación hebrea porque los pecados de sus hijos se esparcieron como lepra en toda la región. Elí no había cultivado la fuerza de carácter para reprimirlos ni se había preocupado de ejercitar las cualidades que lo hubieran transformado en un padre fiel y sabio. Si lo hubiera hecho, la justicia retributiva de Dios no hubiese caído tan pesadamente sobre el. Sabia que sus hijos profanaban la casa de Dios con su conducta, pero el prefería la tranquilidad y la paz antes que la justicia y la pureza (Good Health, marzo 1, 1880). Ana no pidió que su hijo llegase a ser grande sino que llegase a ser bueno. Y su fe y devoción fueron recompensadas porque lo vio, des de su infancia, caminar en el amor y el temor de Dios. Lo vía desarrollarse hasta la madurez gozando del favor de Dios y de los hombres, mostrando humildad, respeto, reverencia y fervor en el servicio a su divino Maestro. Y el Señor no solamente acepto la ofrenda de esa madre, sino la bendijo con más hijos para que los educara y preparara para el cielo (Signs of the Times, noviembre 3, 1881).
Viernes 24 de agosto: Para estudiar y meditar El hogar adventista, pp. 252-254.
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