Notas de Elena White

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Booz y Rut: fundamentos firmes

Lección 7

Para el 17 de Agosto del 2007


 

 

Sábado 11 de agosto 

La cortesía no es costosa, pero tiene poder para suavizar las naturalezas que se volverían duras y rústicas sin ella. La cortesía cristiana debería reinar en todo hogar. El cultivo de una cortesía uniforme, y de una disposición a hacer por otros lo que nos gustaría que hicieran por nosotros, destruiría la mitad de los males de la vida. El principio inculcado en el mandato: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal" (Romanos 12:10), es la piedra angular del carácter cristiano... La cortesía cristiana es la cadena de oro que une a los miembros de la familia con vínculos de amor, haciéndolos más cercanos y más fuertes cada día (Reflejemos a Jesús, p. 181).

Es el deber de cada ser humano, sea rico o pobre, ser un canal mediante el cual el Señor pueda hacer llegar sus beneficios a los necesitados, los oprimidos y los sufrientes por los que él murió. A todos los que llevan el nombre de Cristo se les brinda el poder para llegar a ser hijos de Dios y actuar como miembros de la familia real; como hijos del Rey celestial (The Home Missionary, diciembre 1, 1894).

Los que están unidos por vínculos sanguíneos se exigen mucho mutuamente. Los miembros de la familia debieran manifestar bondad y el amor más tierno. Las palabras habladas y los hechos realizados debieran estar en armonía con los principios cristiano. En esta forma, el hogar puede ser una escuela donde se preparen obreros para Cristo (Conducción del niño, 455, 456).

 

Domingo 12 de agosto: Asuntos de familia

La religión de Cristo nos inducirá a hacer todo el bien que podamos tanto a los encumbrados como a los humildes, a ricos y pobres, a los dichosos y los oprimidos. Y sobre todo nos impulsará a manifestar nuestra bondad en el seno de nuestro propio hogar. Se revelará en actos de cortesía y amor hacia los padres, cónyuges e hijos. Debemos mirar a Jesús, captar su Espíritu, vivir a la luz de su bondad y amor y reflejar su gloria sobre los demás...

Las maneras suaves, la conversación jovial y los actos de amor ligarán los corazones de los hijos a sus padres con las cadenas de seda del afecto y conseguirán que el hogar sea atractivo con mucho más éxito que los adornos más exóticos que se puedan adquirir.   La bondad mutua y la tolerancia convertirán el hogar en un paraíso, y atraerán a los ángeles hacia el círculo de la familia; en cambio, éstos huirán de un hogar donde se oigan palabras desagradables y se manifieste irritación y rencillas.

Las reglas más valiosas para el trato social y entre la familia se encuentran en la Biblia... El sermón del monte pronunciado por nuestro Salvador contiene instrucciones de incalculable valor para jóvenes y ancianos. Se lo debería leer con frecuencia en el círculo de la familia, ejemplificando sus enseñanzas en la vida diaria. La regla de oro: "Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos", ...debería convertirse en la ley de la familia. Los que cultivan el espíritu de Cristo manifestarán cortesía en el hogar... Constantemente tratarán de hacer felices a cuantos los rodean, olvidándose de ellos mismos al prestar bondadosa atención a los demás.  La cortesía cristiana es el broche áureo que une a los miembros de la familia con vínculos de amor, y que se fortalece y estrecha más con cada día que pasa (Meditaciones matinales: Mi vida hoy, p. 206).

Demasiadas preocupaciones y cargas se acumulan en el seno de la familia, y se cultiva muy poco la sencillez natural y la paz y felicidad. Deberíamos preocuparnos menos por el qué dirán y prestar mayor atención a los miembros de la familia. Debería hacerse menos ostentación de cortesía mundana y afectada, y manifestarse en cambio más ternura y amor, más alegría y cortesía cristianas en el hogar. Muchos deben aprender a convertir el hogar en un lugar atractivo y grato. Los corazones agradecidos y las miradas amables valen más que la riqueza y el lujo, y el contentamiento con las cosas sencillas hará feliz el hogar si en él mora el amor (Meditaciones matinales: Mi vida hoy, p. 174).

 

Lunes 13 de agosto:  La devoción de Rut

Los hijos de Israel habían de ocupar todo el territorio que Dios les había señalado. Habían de ser desposeídas las naciones que rechazaran el culto y el servicio al verdadero Dios. Pero el propósito de Dios era que por la revelación de su carácter mediante Israel, los hombres fueran atraídos a él. A todo el mundo se le debía dar la invitación del evangelio. Por medio de la enseñanza del sistema de sacrificios, Cristo había de ser levantado delante de las naciones, y habían de vivir todos los que lo miraran. Todos los que, como Rahab la cananea, y Rut la moabita, se volvieran de la idolatría al culto del verdadero Dios, habían de unirse con el pueblo escogido. A medida que aumentara el número de los israelitas, éstos habían de ensanchar sus fronteras, hasta que su reino abarcara el mundo.

Dios deseaba colocar todas las naciones bajo su gobierno misericordioso. Deseaba que la tierra se llenara de gozo y paz. Creó al hombre para la felicidad, y anhela llenar el corazón humano con la paz del cielo. Desea que las familias terrenales sean un símbolo de la gran familia celestial (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 232, 233).

Si Israel hubiese sido fiel a su cometido, todas las naciones de la tierra habrían compartido sus bendiciones. Pero el corazón de aquellos a quienes había sido confiado el conocimiento de la verdad salvadora no se conmovió por las necesidades de quienes les rodeaban. Cuando quedó olvidado el propósito de Dios, los paganos llegaron a ser considerados como estando fuera del alcance de su misericordia. Se los privó de la luz de la verdad, y prevalecieron las tinieblas. Un velo de ignorancia cubrió a las naciones; poco se sabía del amor de Dios y florecían el error y la superstición...

Fue revelado al profeta el designio benéfico que Dios tenía al dispersar al impenitente pueblo de Judá entre las naciones de la tierra. El Señor declaró: "Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día: porque yo mismo... hablo" (Isaías 52:6). Y no sólo debían aprender ellos mismos la lección de obediencia y confianza, sino que en los lugares donde fueran desterrados debían impartir también a otros un conocimiento del Dios viviente. De entre los hijos de los extranjeros muchos habían de aprender a amarle como su Creador y su Redentor; comenzarían a observar su santo día de reposo como monumento recordativo de su poder creador; y cuando él desnudara "el brazo de su santidad ante los ojos de todas las gentes", para librar a su pueblo del cautiverio, "todos los términos de la tierra" verían la salvación de Dios (Isaías 52:10). Muchos de estos conversos del paganismo desearían unirse por completo con los israelitas y acompañarlos en su viaje de regreso a Judea. Ninguno de los tales habría de decir: "Apartaráme totalmente Jehová de su pueblo" (Isaías 56:3); pues el mensaje de Dios por medio de su profeta a aquellos que se entregasen a él y observasen su ley era que se contarían desde entonces entre los israelitas espirituales, o sea su iglesia en la tierra (Profetas y reyes, pp. 275, 276).

El Señor no quiere que su pueblo sea exclusivista. Los mensajeros delegados de Cristo han de proclamar el evangelio de su gracia a todas las naciones, las lenguas y los pueblos. Debemos dar a conocer el hecho de que el gran Abogado está dando audiencia a todo el mundo. La iglesia judía fue llamada como representante de Dios ante un mundo apóstata, y a fin de cumplir esta misión el pueblo judío debía mantener su propia existencia como nación distinta de todos los pueblos idólatras de la tierra. Habían de mantenerse en el mundo conservando su carácter peculiar y santo. Habían de mantener su propia espiritualidad realizando lo que Adán y Eva dejaron de hacer: rendir obediencia a todos los mandamientos de Dios, y en su carácter  representar la misericordia, la bondad, la compasión y el amor de Dios. De este modo habían de estar por encima de todas las otras naciones en excelencia de carácter; para que por medio de un pueblo puro y obediente el Señor pudiera manifestar sus ricas bendiciones. De esta manera se exaltarían en todo el mundo los principios de las leyes que gobiernan su reino (Hijos e hijas de Dios, p. 46).

 

Martes 14 de agosto: Booz

La Biblia es una revelación de la divina voluntad y el propósito de Dios. Los que siguen sus enseñanzas son hacedores de las palabras de Cristo y de esta forma colocan una estructura sólida en la edificación de su carácter. Siguen el consejo inspirado de ser bondadosos y corteses. Booz representó el carácter de un caballero cristiano. Como Abrahán, mandó "a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio". Mostraba cortesía a todos sus siervos; y cuando los visitaba en el campo los saludaba, diciendo: "El Eterno sea con vosotros", y ellos le respondía: "El Eterno te bendiga". En esto hay una lección para amos y siervos; para empleadores y empleados. Cuando los patrones manifiestan cortesía y bondad hacia sus obreros, éstos se esfuerzan por hacer todo correctamente. Y los cristianos deberían ser las personas más corteses del mundo.

No hemos sido creados para satisfacernos a nosotros mismos ni colocarnos como el centro de todas las alabanzas y regalos. En cada ocasión que nos sea posible, debemos hacer bien a los otros, especialmente a los de la familia de la fe. Los creyentes que son pobres y están sufriendo debieran tener la primera consideración en nuestros pensamientos y en nuestro ministerio, brindándoles ayuda y consuelo. Es un deber cristiano mostrar buenas obras por todas las almas por las que Cristo murió. En aquel gran día, cuando se decidirá cada caso para vida o muerte eterna, lo que se haya hecho a favor o en contra de la sufriente humanidad, será considerado como hecho a Cristo mismo. El Hijo de Dios se identificó con la humanidad que sufre, y aquellos que deseamos ser participantes de su naturaleza divina, tendremos su mente y lo representaremos mediante actos de amor y misericordia hacia los demás (The Home Missionary, diciembre 1, 1894).

El hogar donde los miembros son cristianos amables y corteses ejerce una influencia amplísima para el bien. Otras familias advierten los resultados que obtiene un hogar semejante y siguen su ejemplo, protegiendo a su vez a otros hogares contra malas influencias. Los ángeles celestiales visitan a menudo el hogar donde Dios empuña el timón. Bajo el poder de la gracia divina dicho hogar se convierte en un lugar de refrigerio para los agotados y afligidos peregrinos. No se permite que el yo haga valer sus derechos. Se forman hábitos rectos. Se reconocen celosamente los derechos ajenos. La fe que obra por amor y purifica el alma maneja y preside las actividades de toda la casa (Meditaciones matinales: Mi vida hoy, p. 127).

Dios requiere que todos seamos obreros abnegados. Cada parte de la verdad tiene una aplicación práctica en la vida cotidiana. Benditos los que oyen la palabra del Señor y la practican, porque no es suficiente oír la palabra; debemos practicarla; debemos actuar. Los que siguen los preceptos divinos tienen gran recompensa. Aquellos que den demostraciones prácticas de su benevolencia por medio de sus actos de simpatía y compasión en favor de los pobres, los dolientes y los desventurados, no solamente aliviarán a los que sufren, sino que contriuirán en gran forma a su propia felicidad y estarán en camino de asegurar la salud del alma y del cuerpo. Isaías ha descrito ampliamente la obra que Dios aceptará y bendecirá a su pueblo al realizarla (Testimonies, t. 4, pp. 59, 60; parcialmente en, El ministerios de la bondad, p. 318).

 

Miércoles 15 de agosto:  La propuesta

 Vi que en la providencia de Dios han sido colocados en estrecha relación cristiana con su iglesia, viudas y huérfanos, ciegos, mudos, cojos y personas afligidas de varias maneras; es para probar a su pueblo y desarrollar su verdadero carácter. Los ángeles de Dios vigilan para ver cómo tratamos a estas personas que necesitan nuestra simpatía, amor y benevolencia desinteresada. Ésta es la forma en que Dios prueba nuestro carácter. Si tenemos la verdadera religión de la Biblia, sentiremos que es un deber de amor, bondad e interés el que hemos de cumplir para Cristo en favor de sus hermanos; y no podemos hacer nada menos que mostrar nuestra gratitud por su incomparable amor manifestado hacia nosotros mientras éramos pecadores indignos de su gracia, revelando un profundo interés y un amor abnegado por aquellos que son nuestros hermanos, y que son menos afortunados que nosotros (El ministerio de la bondad, pp. 39, 40).

"Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en Cristo" (Efesios 4:32).  Vean en la ternura y misericordia que Jesús reveló en su preciosa vida un ejemplo de la manera en que nosotros debemos tratar a nuestro semejantes... Muchos que podrían haber sido fortalecidos hasta la victoria por una palabra de aliento y valor, vida... No podemos decir cuánto alcance pueden tener nuestras palabras tiernas y bondadosas, nuestros esfuerzos semejantes a los de Cristo para aliviar alguna carga. Los que yerran no pueden ser restaurados de ninguna otra manera que por el espíritu de mansedumbre, amabilidad y tierno amor.

En nuestro trato con los demás seres humanos, no olvidéis nunca que aquellos  son propiedad de Dios. Sed bondadosos; sed compasivos; sed corteses. Respetad lo que Dios ha adquirido. Trataos unos a otros con amabilidad y cortesía.  Si albergáis enemistad, sospechas, envidia y celos en vuestro corazón, tenéis que enderezar esas cosas. Confesad vuestros pecados; poneos en armonía con vuestros hermanos. Hablad bien de ellos. No hagáis insinuaciones desfavorables ni indicaciones que despierten desconfianza en la mente de los demás. Proteged su reputación como querríais que ellos salvaran la vuestra; amadlos como querríais que os amara Jesús.

La gracia de Dios conduce a los hombres a situarse en el lugar de las demás personas, cuando realizan cualquier negocio. Induce a los hombres no solamente a considerar sus propias cosas, sino también las de los demás. Los impulsa a demostrar ternura, comprensión y bondad. Ser como Cristo significa cultivar un espíritu recto y vivir una vida santa...

Permitid que vuestra vida se rija por los amplios y generosos principios de la Biblia, principios de buena voluntad, bondad y cortesía (Meditaciones matinales: Mi vida hoy, p. 242).

No es tanto por la actividad y celo que manifestemos por lo que seremos recompensados, sino por la ternura, la gracia y el amor que combinemos en nuestro trabajo por los enfermos, los oprimidos y los afligidos. Aquellos que ven las necesidades de otros pero se pasan de lado porque se sienten demasiado ocupados para ministrar a los que Cristo compró con su sangre; aquellos que están dispuestos a hacer grandes cosas pero se olvidan de las cosas pequeñas, verán que en el día del juicio serán los últimos y los menos importantes. La salvación se refleja en una vida llena de gracia, donde el amor y la humildad le dan a su poseedor el primer lugar en el reino de Dios. Esas acciones que demuestran amor y humildad son aquellas a las que Cristo hizo referencia cuando dijo: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Signs of the Times, agosto 9, 1899).

  

Jueves 16 de agosto:  Redención

En las leyes dadas a Israel, hay una hermosa ilustración de la relación de Cristo con su pueblo. Cuando por la pobreza un hebreo había quedado obligado a separarse de su patrimonio y venderse como esclavo, el deber de redimirle a él y su herencia recaía sobre el pariente más cercano. Así también la obra de redimirnos a nosotros y nuestra herencia, perdida por el pecado, recayó sobre Aquel que era pariente cercano nuestro. Y a fin de redimirnos, él se hizo pariente nuestro. Más cercano que el padre, la madre, el hermano, el amigo o el amante, es el Señor nuestro Salvador. "No temas -dice él- porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma".

Cristo ama a los seres celestiales que rodean su trono; pero ¿qué explicará el gran amor con que nos amó a nosotros? No lo podemos comprender, pero en nuestra propia experiencia podemos saber que existe en verdad. Y si sostenemos un vínculo de parentesco con él, ¡con qué ternura debemos considerar a los que son hermanos y hermanas de nuestro Señor! ¿No debiéramos estar listos para reconocer los derechos de nuestra relación divina? Adoptados en la familia de Dios, ¿no honraremos a nuestro Padre y a nuestra parentela? (El Deseado de todas las gentes, p. 294).

[Cristo], como portador del pecado, sacerdote y representante del hombre ante Dios, formó parte de la vida de la humanidad llevando nuestra carne y sangre. La vida está en la corriente viviente y vital de sangre, la cual fue dada para la vida del mundo. Cristo consumó una expiación plena entregando su vida en rescate por nosotros. Nació sin una mancha de pecado; pero vino al mundo a la semejanza de la familia humana. No tuvo un cuerpo que fuera sólo una apariencia, sino que tomó la naturaleza humana participando de la vida de la humanidad.

La herencia que se perdió por la trasgresión fue rescatada, de acuerdo con la ley que Cristo mismo dio, por el pariente más cercano. Jesucristo puso a un lado su manto regio, su corona real, y revistió su divinidad con humanidad para convertirse en el sustituto y fiador de la humanidad para convertirse en el sustituto y fiador de la humanidad, para que muriendo en la humanidad pudiera con su muerte destruir a aquel que tenía el imperio de la muerte. No podría haber hecho esto como Dios, pero Cristo podía morir viniendo como hombre. Por medio de la muerte venció la muerte. La muerte de Cristo llevó a la muerte al que tenía el imperio de la muerte, y abrió las puertas de la tumba para todos los que lo reciben como a su Salvador personal (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 937).

  

Viernes 17 de agosto: Para estudiar y meditar

El hogar adventista, pp. 70-73Palabras de vida del gran Maestro, pp. 270-277

 

 

 

 

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