Notas de Elena White

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Oseas y Gomer: perdonar a la infiel

Lección 12

Para el 22 de Septiembre del 2007


 

 

Sábado 15 de septiembre

Ninguno de nosotros puede permitirse pecar. Este es un asunto costoso. El pecado ciega de tal manera los ojos que no se discierne el mal, y por sus acciones indiscretas, los que han sido cegados se convierten en instrumentos de injusticia que esparcen para Satanás...

Velad contra los hábitos pecaminosos. Vigilad la lengua. Estad despiertos a las oportunidades para hacer el bien y bendecir a otros, siempre mirando a Jesús, creciendo en gracia y en el conocimiento de la verdad. Si deseáis la vida más elevada, debéis vivir ahora la vida superior en la vida inferior de este mundo. Estamos trabajando para esta vida y la eternidad. Una vida bien construida se forma al vivir el plan de la adición; añadiendo una gracia a otra en buenas obras, fe, paciencia, templanza, benevolencia, valor y abnegación. Sois labranza de Dios. Sois el edificio de Dios. Al aprender de Cristo, no seréis un revoltijo de oposiciones e inconsecuencias: hoy sobrios y devotos, mañanas descuidados y frívolos.

Cristo ha hecho toda provisión para que vuestro carácter pueda ser armonioso por medio de la gracia que se os otorga. Por lo tanto, construid armoniosamente. Permitid que la estructura se levante, piedra sobre piedra. Dad cabida a los rayos de luz divina provenientes de Jesús, y que éstos brillen en la senda de otros que están en oscuridad. Todo el universo de Dios nos contempla con intenso interés (El ministerio médico, p. 285).

El amor humano es débil y mutable; el amor divino es pleno, profundo e inmutable. ¿Por qué, entonces, no se encienden nuestras almas cuando contemplamos ese amor? ¿Por qué cerramos nuestros ojos para no verlo? Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, resplandecerá en el corazón de todos los que creen; para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4:10). Oh, ¡Qué maravilloso amor! El lenguaje humano no puede expresado, porque no encuentra paralelo. "El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿como 110 nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8:32) (The Gospel Herald, marzo 1, 1900).

En esta causa se necesitan obreros con santo celo, que busquen a los pecadores para que se arrepientan y crean, y los lleven al divino Redentor para que sean impresionados con esa muestra del amor de Dios. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree; no se pierda, mas tenga vida eterna". ¡Qué amor incomparable' es éste! ¡El extraordinario amor de Dios por un mundo que no lo ama! ¡Éste es un tema para la más profunda meditación! Este pensamiento tiene un subyugante poder sobre el alma, y trae la mente en cautividad a la voluntad divina. Todos los que corren enloquecidos tras las ganancias de este mundo pero siguen siendo infelices y frustrados, necesitan el conocimiento de este amor para calmar sus almas y saciar su hambre y su sed (Review and Herald, octubre 17, 1882).

 

Domingo 16 de septiembre: Ose as y Gomer

En la Biblia, el carácter sagrado y permanente de la relación que existe entre Cristo y su iglesia está representado por la unión del matrimonio. El Señor se ha unido con su pueblo en alianza solemne, prometiendo él ser su Dios, y el pueblo a su vez comprometiéndose a ser suyo y sólo suyo: Dios dice: "Te desposaré conmigo para siempre: sí, te desposaré conmigo en justicia, y en rectitud, y en misericordia, y en compasiones" (Oseas 2:19, V.M.). Y también: "Yo soy vuestro esposo" (Jeremías 3:14). Y San Pablo 'emplea la misma figura en el Nuevo Testamento cuando dice: "Os he desposado a un marido, para presentaros como una virgen pura a Cristo" (2 Corintios 11:2).

La infidelidad a Cristo de que la iglesia se hizo culpable al dejar enfriarse la confianza y el amor que a él le unieran, y al permitir que el apego a las cosas mundanas llenase su alma, es comparada a la violación del voto matrimonial. El pecado que Israel cometió al apartarse del Señor está representado bajo esta figura; y el amor maravilloso de Dios que ese pueblo despreció, está descrito de modo conmovedor: "Te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor; y viniste a ser mía". "Y fuiste sumamente hermosa; y prosperaste hasta llegar a dignidad real. Y salió tu renombre entre las naciones, en atención a tu hermosura, la cual era perfecta, a causa de mis adornos que yo había puesto sobre ti... Mas pusiste tu confianza en tu hermosura, y te prostituiste a causa de tu renombre". "Así como una mujer es desleal a su marido, así vosotros habéis sido desleales para conmigo, oh casa de Israel, dice Jehová". "¡Ah, mujer adúltera, que en vez de tu marido admites los extraños!" (Ezequiel 16:8,13-15, 32; Jeremías 3:20, V.M.) (El conflicto de los siglos, pp. 431, 432).

Como todas las demás excelentes dádivas que Dios confió a la custodia de la humanidad, el matrimonio fue pervertido por el pecado; pero el propósito del evangelio es restablecer su pureza y hermosura. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se emplea el matrimonio para representar la unión tierna y sagrada que existe entre Cristo y su pueblo, los redimidos a quienes él adquirió al precio del Calvario. Dice: "No temas... porque tu marido es tu Hacedor Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado. "Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo". En el Cantar de los Cantares oímos decir a la voz de la novia:

"Mi amado es mío, y yo suya". Y el "señalado entre diez mil" dice a su escogida: "Tú eres hermosa, amiga mía, yen ti no hay mancha".

Mucho, después, Pablo, el apóstol, al escribir a los cristianos de Efeso, declara que el Señor constituyó al marido cabeza de la mujer, como su protector y vínculo que une a los miembros de la familia, así como Cristo es la cabeza de la iglesia y el Salvador deL cuerpo místico. Por eso dice: "Como la iglesia, está sujeta a Cristo, así también las casa-, das lo estén a sus maridos en todo. Maridos; amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificada, habiéndole purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una' iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha: Así también los maridos deben amar a sus mujeres".

La gracia de' Cristo, y sólo' ella, puede hacer de esta institución lo que Dios deseaba que fuese: un medio de beneficiar y elevara la humanidad. Así las familias de la tierra, en su unidad, paz y amor, pueden representar a la familia de los cielos (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 57, 58).

 

Lunes 17 de septiembre: La infidelidad de Gomer

El que cedió una vez a la tentación cederá con más facilidad la segunda vez. Toda repetición del pecado aminora la fuerza para resistir, ciega los ojos y ahoga la convicción. Toda simiente de complacencia propia que se siembre dará fruto. Dios no obra milagros para impedir la cosecha... El que manifiesta una temeridad incrédula e indiferencia, hacia la verdad divina, no cosecha sino lo que sembró. Es así como las multitudes escuchan con obstinada indiferencia las verdades que una vez conmovieron sus almas. Sembraron descuido y resistencia a la verdad, yeso es lo que recogen (Conflicto y valor, p. 88).

Satanás se regocija cuando logra que algunos pecadores se incorporen a la iglesia como profesos observadores del sábado, mientras siguen permitiéndole a él que controle sus mentes y sus afectos y los utilice para engañar y corromper a otros.

En esta época degenerada se encontrarán muchos tan ciegos a la pecaminosidad del pecado que preferirán elegir una vida licenciosa, porque ésta se adecua a las inclinaciones perversas del corazón. En lugar de pararse frente al espejo de la ley de Dios, y conformar sus corazones y caracteres con la norma divina, permiten a los agentes de Satanás que establezcan sus normas en sus corazones. Los hombres corrupto s consideran más fácil interpretar las Escrituras erróneamente, de modo que parezca apoyarlos en su iniquidad, antes que abandonar su corrupción y pecado, y ser puros de corazón y vida (Consejos sobre la salud, p. 625).

Satanás procura siempre pervertir lo que Dios ha dicho, a fin de cegar la mente y oscurecer el entendimiento, y así inducir a los hombres a pecar. Por esta razón es Dios tan explícito y presenta sus exigencias con tanta claridad que nadie necesita equivocarse. Dios procura constantemente atraer a los hombres a sí mismo y ponerlo s bajo su protección, para que Satanás no ejerza sobre ellos su poder cruel y engañoso. Condescendió a hablarles con su propia voz, y a escribir con su propia mano los oráculos vivientes. Y estas palabras bienaventuradas, todas henchidas de vida y luminosas de verdad, son confiadas a los hombres como una guía perfecta...

Cada capítulo y cada versículo de la Biblia es una comunicación directa de Dios a los hombres. Debiéramos atar sus preceptos en nuestras manos como señales y como frontales entre nuestros ojos (La maravillosa gracia, p. 350).

Nada es más traicionero que la falacia del pecado. Es el dios de este mundo que engaña, ciega y conduce a la destrucción. Satanás no expone todas sus tentaciones a la vez. Las disfraza con una máscara de bien. Mezcla con diversiones y extravagancias algunas pequeñas ventajas, y las almas engañadas dan como excusa que el tener parte en ellas reporta un gran bien. Ésta es sólo la parte engañosa. Son las artes infernales de Satanás enmascaradas. Las almas engañadas dan un paso y se preparan para el siguiente. Es mucho más placentero seguir las inclinaciones del corazón que estar a la defensiva y resistir la primer insinuación del astuto enemigo, y así impedir sus intrusiones.

Oh, ¡cómo acecha Satanás para ver cuán fácilmente se toma su carnada, y para ver a las almas andar precisamente en la senda que él ha preparado! (Mensajes para los jóvenes, p. 81).

 

Martes 18 de septiembre: Adulterio espiritual

Todo culto falso es adulterio espiritual. El segundo precepto, que prohíbe el culto falso, es también una orden de adorar a Dios y servirle sólo a él. El Señor es un Dios celoso. Nadie lo tratará con ligereza impunemente. Ha hablado acerca de la manera en que debiera rendírsele culto. Detesta la idolatría pues su influencia es corruptora: envilece la mente y conduce a la sensualidad y a toda clase de pecados (Comentario bíblico adventista, 1. 1, p. 1120).

"Yo soy el Señor Dios tuyo, el fuerte, el celoso". La relación estrecha y sagrada de Dios con su pueblo se representa mediante el símbolo del matrimonio. Puesto que la idolatría es adulterio espiritual, el desagrado de Dios bien puede llamarse celos (Patriarcas y profetas, p. 313).

Las palabras de amonestación del apóstol a la iglesia de Corinto se aplican a todo tiempo, y convienen especialmente a nuestros días. Por idolatría, él no se refería solamente a la adoración de los ídolos, sino al servicio propio, al amor a la comodidad, a la complacencia de los apetitos y pasiones. Una mera profesión de fe en Cristo, un jactancioso conocimiento de la verdad, no hace cristiano a un hombre. Una religión que trata solamente de agradar a los ojos, a los oídos o al gusto, o que sanciona la complacencia propia, no es la religión de Cristo (Los hechos de los apóstoles, p. 255).

Al rechazar la verdad, los hombres rechazan al Autor de ella. Al pisotear la ley de Dios, se niega la autoridad del Legislador. Es tan fácil hacer un ídolo de las falsas doctrinas y teorías como tallar un ídolo de madera o piedra. Al representar falsamente los atributos de Dios, Satanás induce a los hombres a que se formen un falso concepto con respecto a él. Muchos han entronizado un ídolo filosófico en lugar de Jehová, mientras que el Dios viviente, tal cual está revelado en su Palabra, en Cristo y en las obras de la creación, no es adorado más que por un número relativamente pequeño. Miles y miles deifican la naturaleza al paso que niegan al Dios de ella. Aunque en forma diferente, la idolatría existe en el mundo cristiano de hoy tan ciertamente como existió entre el antiguo Israel en tiempos de Elías. El Dios de muchos así llamados sabios, o filósofos, poetas, políticos, periodistas -el Dios de los círculos selectos y a la moda, de muchos colegios y universidades y hasta de muchos centros de teología- no es mucho mejor que Baal, el dios-sol de los fenicios (El conflicto de los siglos, p. 640).

Nuestro Creador demanda nuestra devoción suprema, nuestra primera lealtad. Todo lo que tienda a abatir nuestro amor a Dios, o a interferir con el servicio que le debemos, se convierte por eso mismo en un ídolo. Para algunos, sus tierras, sus casas, sus mercaderías, son los ídolos que adoran. Emprenden actividades comerciales con celo y energías, mientras al servicio a Dios se le da una consideración secundaria. Se descuida el culto familiar y se olvida la oración secreta. Algunos pretenden obrar justamente con sus semejantes, y creen que al hacerla así cumplen todo su deber. Pero no basta cumplir los seis últimos mandamientos del Decálogo. Debemos amar al Señor nuestro Dios con todo el corazón. Nada menos que la obediencia de todo precepto, nada menos que un amor supremo, como asimismo el amor a nuestros semejantes como a nosotros mismos, puede satisfacer los requerimientos de la ley divina (Hijos e hijas de Dios, p. 59).

 

Miércoles 19 de septiembre: Producir frutos de infidelidad

Satanás presentó a Cristo todas las atracciones del mundo intentando desviarlo de la senda del deber, pero fracasó. Ahora él utiliza el mismo engaño con los seguidores de Jesús y tiene mucho más éxito.

Cuántos emplean los dones que el Creador les ha dado para glorificar_ se a sí mismos; cuántos colocan sus afectos en las posesiones mundanales o buscan el aplauso de la gente; cuántos eligen vivir en una atmósfera de vanidad y mundanalidad en lugar de rodearse de piedad, pureza y sobriedad. Al estar alejados de Dios no pueden discernir el verdadero valor de las cosas eternas. Algunos se glorían de su incredulidad y la hacen una excusa para sus defectos de carácter. Su incredulidad es el ídolo al cual adoran. Dispersan constantemente una nube de niebla y oscuridad para ensombrecer su propia senda y la de otros. Pero la voz escuchada en el Sinaí sigue sonando en sus oídos, diciéndoles: "No tendrás dioses ajenos delante de mí".

Muchos que profesan ser discípulos de Cristo son tan descuidados e indiferentes en su vida religiosa que son incapaces de negarse a sí mismos y tomar la cruz. No toman en cuenta que por su ejemplo y esfuerzo personal debieran ayudar a otros a tomar el camino angosto. Si hiciéramos de Dios lo primero, lo último y lo mejor en todos los eventos y propósitos de la vida, él nos ayudaría en nuestra necesidad, para buscar siempre la aprobación del cielo en lugar de la aceptación y felicitación del mundo.

La razón por la que muchos caminan en tinieblas es porque eligen una senda que los va separando de Dios. Cristo nos ha dejado el ejemplo de una vida pura y perfecta, dedicada con gozo y sacrificio a salvar a los perdidos. Y los que siguen a Cristo, harán las obras de Cristo. El orgullo, el egoísmo, las indulgencias pecaminosas, todo será dejado a un lado para que el templo del alma sea purificado de toda idolatría. Hasta que esto ocurra, no podemos decir que estamos libres del gran pecado de la idolatría en la que cayó Israel (Signs of the Times, agosto 11, 1881).

Sin embargo, el Señor no abandonó a Israel sin hacer primero todo lo que podía hacerse para que volviera a serIe fiel. A través de los largos y obscuros años durante los cuales un gobernante tras otro se destacaba en atrevido desafío del cielo y hundía cada vez más a Israel en la idolatría, Dios mandó mensaje tras mensaje a su pueblo apóstata. Mediante sus profetas, le dio toda oportunidad de detener la marea de la apostasía, y de regresar a él. Durante los años ulteriores a la división del reino, Elías y Eliseo iban a aparecer y trabajar, e iban a oírse en la tierra las tiernas súplicas de Oseas, Amós y Abdías. Nunca iba a ser dejado el reino de Israel sin nobles testigos del gran poder de Dios para salvar a los hombres del pecado. Aun en las horas más sombrías, algunos iban a permanecer fieles a su Gobernante divino, y en medio de la idolatría vivirían sin mancha a la vista de un Dios santo. Esos fieles se contaron entre el residuo de los buenos por medio de quienes iba a cumplirse finalmente el eterno propósito de Jehová (Profetas y reyes, pp. 78,79).

 

Jueves 20 de septiembre: Amor sorprendente

Las profecías de juicio que dieran Amós y Oseas iban acompañadas de predicciones referentes a una gloria futura. A las diez tribus, durante mucho tiempo, rebeldes e impenitentes, no se les prometió una restauración completa de su poder anterior en Palestina. Hasta el fin del tiempo, habrían de andar "errantes entre las gentes". Pero mediante Oseas fue dada una profecía que les ofreció el privilegio de tener parte en la restauración final que ha de experimentar el pueblo de Dios al fin de la historia de esta tierra, cuando Cristo aparezca como Rey de reyes y Señor de señores...

En un lenguaje simbólico Oseas presentó a las diez tribus el plan que Dios tenía para volver a otorgar a toda alma penitente que se uniese con su iglesia en la tierra las bendiciones concedidas a Israel en los tiempos cuando éste le era leal en la tierra prometida... En los últimos días de la historia de esta tierra, debe renovarse el pacto de Dios con su pueblo que guarda sus mandamientos. "En aquel día yo haré por ellos un pacto con las fieras del campo, y con las aves del cielo, y con los reptiles del suelo; y quebraré el arco y la espada, y quitaré la guerra de en medio de la tierra; y haré que duerman ellos seguros. y te desposaré conmigo para siempre: sí, te desposaré conmigo en justicia, y en rectitud, y en misericordia y en compasiones; también te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Jehová" (Profetas y reyes, pp. 222, 223).

El pueblo de Dios debe adquirir una experiencia más profunda y más vasta en las cosas religiosas. Jesús es nuestro ejemplo. Si mediante una fe viva y una santificada obediencia a la Palabra de Dios, manifestamos el amor y la gracia de Cristo; si mostramos que tenemos un verdadero concepto de las dispensaciones providenciales por cuyo medio Dios dirige su obra, manifestaremos al mundo un poder convincente. No es una posición prominente lo que nos da valor a los ojos de Dios. El hombre es medido según su consagración y fidelidad en el cumplimiento de la voluntad divina. Si el remanente del pueblo de Dios quiere andar en humildad y fe, Dios ejecutará por medio de él su plan eterno, haciéndole capaz de trabajar en armonía para dar al mundo la verdad tal cual es en Jesús. Él se valdrá de todos -hombres, mujeres y niños- para hacer brillar la luz sobre el mundo y sacar de su medio un pueblo fiel a sus mandamientos. Por medio de la fe que su pueblo deposita en él, Dios mostrará al mundo que él es el Dios verdadero, el Dios de Israel (Testimonios selectos, 1. 5, pp. 297, 298).

 

Viernes 21 de septiembre: Para estudiar y meditar

El hogar adventista, pp. 295-308.

 

 

 

 

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