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I. Estar unidos en un yugo igual (Gén. 28:1-4)
A.
Esaú tomó no solo una esposa, sino dos:
Basemat y Judit. Sabemos muy poco más que sus nombres. La Biblia
dice que fueron una amargura para Isaac y Rebeca, causando que
ella dijera: "Fastidio tengo de mi vida". ¿Por qué es tan
importante que nosotros, como Jacob, elijamos cónyuges que no
sean de los "heteos" sino de entre los que aman a Dios?
B.
Jacob se casó con Raquel después de
catorce años de trabajo duro. ¿Qué responsabilidad tenemos en
cuanto a demostrar que somos capaces de proveer para una familia
antes de comenzar una? ¿En qué forma esto salvaguarda el
matrimonio?
II. La avaricia, el engaño y la revancha (Gén. 29:15-30)
A.
Jacob se despierta y se encuentra casado
con la mujer equivocada. Labán le ofrece a Raquel por otros
siete años de trabajo agotador. Sin duda, la manipulación le
recuerda a Jacob la forma en que una vez él se aprovechó de
Esaú. ¿Por qué, a veces, Dios nos permite ser arrastrados sobre
el terreno por el que nosotros hemos arrastrado a otros?
III. Amas de casa desesperadas (Gén. 29:30; 33:1-3)
A.
¿Has oído de parejas en las que un bebé
salvó el matrimonio? Considera a Lea para ver cómo funciona eso.
Los nombres de sus hijos reflejan su desesperación. De Rubén,
dijo: "Me amará mi marido"; de Simeón: "Oyó Jehová que yo era
menospreciada"; de Leví: "Esta vez se unirá mi marido conmigo".
Pero de Judá dijo: "Esta vez alabaré a Jehová". ¡Demandó dar a
luz cuatro veces para nacer de nuevo ella misma! ¿De qué manera
la historia de Lea muestra que en el matrimonio nuestros afectos
deben estar puestos en el Señor en primer lugar?
B.
La desesperación de Raquel por tener un bebé la lleva a recordar
a Sara. De pronto, Bilha se encontró promovida de criada de
Raquel a esposa de Jacob; Lea se desquita danto también su
criada a Jacob. La guerra de bebés aumenta cuando Rubén, el hijo
de Lea, recoge mandrágoras, una fruta que tenía la reputación de
promover la fertilidad. En un acto digno de Labán, Lea le da las
mandrágoras a Raquel por una noche con Jacob. Pero solo cuando
Raquel se dirige a Dios, que "la oyó", ella concibió. ¿Por qué
debemos esperar hasta que Dios satisfaga nuestras necesidades?
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¿Tiene Dios un propósito para
nuestras vidas? Piensa en la seguridad que Dios le dio a
Jeremías: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes
que nacieras te santifiqué, te di por profeta a las naciones"
(Jer. 1:5). Siglos antes, Dios le había revelado a Rebeca que
ella tenía mellizos en su vientre y que "el mayor servirá al
menor" (Gén. 25:23), una promesa a la que se refiere Pablo al
analizar el propósito de Dios en la historia (ver Rom. 9:12,
13). Que Dios conoce el fin desde el principio y que sus planes
se cumplirán (ver Isa. 46:10) es un mensaje central en la
Biblia. En vista de esto, los hijos de Dios deben esperar
pacientemente que sus planes se cumplan. Pero aquí hay ejemplos
de cómo a veces los santos vacilan: Abraham y Sara procuraron
cumplir el pacto mediante Agar; Rebeca y Jacob, mediante su
propio engaño. El resultado final de esta desconfianza en Dios
fue solo tristeza y dolor. Rebeca nunca más vio al hijo que
amaba y Jacob mismo "se sintió agobiado por la condenación
propia" (PP 179).
Considera: ¿Por qué esperar
pacientemente en Dios es una característica importante del
pueblo de Dios? (Heb. 6:12; 12:1; Sant. 5:11; Apoc. 14:12).
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Comentario de la Biblia
La primogenitura, las bendiciones,
ser el jefe de la familia, la herencia del pacto:
todo esto no proveyó el gozo y el valor que necesitó
Jacob para llevar una vida normal. Él huyó de la
casa paterna; se separó de su madre, a quien nunca
vio otra vez; escapó por temor a Esaú; y cambió la
seguridad de su hogar por la incertidumbre de un
futuro desconocido. Pero había algo en el carácter
de Jacob que mantuvo juntas las piezas de su vida
resquebrajada: "Sus pensamientos se dirigían
constantemente hacia el provenir, y trataba de
comprender sus bendiciones invisibles" (PP 177).
Al extenderse hacia el futuro,
Jacob supo que Dios estaba en el control. Vemos
esto, a pesar de las muchas incertidumbres en la
vida de Jacob, en los eventos que ocurrieron entre
Bet-el y Peniel.
I. Bet-el: la casa de Dios
Una escalera al cielo. Al
huir de la seguridad de su hogar, no familiarizado
con los males y las trampas del desierto, Jacob se
encontró apremiado por el temor. ¿Cuál sería su
futuro? ¿Se despertaría para ver el amanecer, sin
caer presa de las criaturas de la noche? Jacob se
encontró apremiado por el temor. ¿Cuál sería su
futuro? ¿Se despertaría para ver el amanecer, sin
caer presa de las criaturas de la noche? Jacob
necesitaba aprender que su seguridad estaba en otra
parte. La promesa del pacto de Dios estaba basada no
en su astucia o egoísmo sino en la propia fidelidad
de Dios. Un sueño profundamente agitado cede a un
sueño tranquilizador, que asciende al cielo. Un alma
perturbada, caída, presa de la desesperación,
necesita mirar hacia arriba y reclamar la seguridad:
"Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y
la tierra" (Sal. 121:2), como lo hizo también Isaías
(Isa. 50:7). Dios permite que baje una escalera
siempre que nos apartemos de las maquinaciones
propias para confiar en aquel que cumplirá sus
propósitos.
Considera: ¿Qué significan
estas promesas para ti? "Aunque ande en valle de
sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú
estás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán
aliento" (Sal. 23:4). "He aquí que no se ha acortado
la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su
oído para oír" (Isa. 59:1).
"Es [...] puerta del cielo"
(Gén 28:17). Aunque el sueño tuvo su drama de
ángeles que ascendían hacia Dios y descendían de
allí, asegurando a Jacob que él no estaba
completamente separado de la comunicación con su
Hacedor, el centro de toda esta experiencia fue la
renovación del pacto de Dios con Jacob: el pacto del
Dios de Abraham y de Isaac. La continuidad del
pacto, a pesar de lo errático de las decisiones
humanas, es el hilo conductor que corre a lo largo
de la historia bíblica. Los seres humanos pueden
fallar, pero ¿Dios? ¡Nunca!
"Ciertamente Jehová está en este
lugar, y yo no lo sabía" (Gén. 28:16). Cuánto se
parece esta experiencia a la de cualesquiera de
nosotros. Requiere un sentido de estar absolutamente
perdido e indefenso darse cuenta de que Dios estaba
aquí. La promesa de Dios es invariable. "He aquí yo
estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo" (Mat. 28:20). ¡Bendita es la persona que
reconoce esto!
Considera: "La escalera
representa a Jesús, el medio señalado para
comunicarnos [...]. Cristo une el hombre débil y
desamparado con la fuente del poder infinito" (PP
184).
II. Jacob, Raquel y Lea: Amor y agitación
¿Extenderse hacia arriba o a la
belleza exterior? En Bet-el, Dios le dio a Jacob
una cuádruple seguridad (Gén. 28:15: Yo estoy
contigo y te guardaré; volveré a traerte; no te
dejaré), y eso debería haber sido suficiente para
que Jacob confiara su futuro en las manos de Dios.
Pero él elige negociar con Labán para conseguir a
Raquel, y se encuentra engañado. Las decisiones
basadas en la belleza exterior a expensas de la
interior, sin tomar en cuenta el propósito de Dios y
su dirección, a menudo terminan en dolor y tristeza.
El apresuramiento de la juventud, el amor por la
hermosa Raquel y la sombra de la tradición se
combinan para producir una tragedia inesperada de
otros siete años de trabajo. Jacob se encuentra
casado, no con su amada Raquel, sino con Lea, y el
camino de engaño con el que Jacob abandonó su hogar
da la vuelta para completar el círculo. El salario
del engaño es el chasco y el dolor. Considera
a Lea, Raquel, sus criadas, y las relaciones de
Jacob con ellas. ¿Por qué la poligamia no puede
producir un hogar feliz?
Considera: Raquel era
hermosa y romántica, y conquistó el corazón de
Jacob, pero Lea se sintió despreciada y anhelaba la
atención de Jacob. Sin embargo, Dios eligió a Lea
para participar de la línea progenitora de Cristo.
¿Hay alguna lección que podemos obtener de esto?
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Preguntas para reflexionar:
Dios le había dicho a Rebeca, aun
antes de que nacieran los mellizos, que el menor sería el
heredero del pacto. De manera que, ¿qué había de malo en que
Rebeca quisiera impedir que Isaac bendijera a Esaú?
Elena de White declara: "Rebeca y
Jacob deberían haber esperado que Dios cumpliera sus propósitos,
a su manera, y en su tiempo, en lugar de tratar de lograr los
eventos predichos con la ayuda del engaño" (3 SpG 115). ¿Puedes
citar casos en los que tú actuaste de la misma manera?
Testificación
¿De qué modo una vida matrimonial
puede ser un testimonio del amor y la conducción de Dios?
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