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Comentario de la Biblia
Adán y Eva, quienes constituyeron la primera pareja
en la historia humana, nos enseñan tres principios
singulares acerca de la relación matrimonial de
éxito: su origen divino, su unidad en la diversidad
y su santidad con solidaridad.
I. El origen divino del matrimonio
La singularidad de la creación humana. Toda la
creación –animada e inanimada, humana y no humana–
debe su origen y su existencia a Dios (Gén. 1; Hech.
17:24). Pero la creación de los seres humanos revela
una cierta distinción: un cambio de “Dijo Dios:
Sea...” a “Dijo Dios: Hagamos...” El proceso de
crear a los seres humanos muestra un toque divino
íntimo, una exclusividad divina, un compartir divino
de sí mismo, de modo que la dignidad y la
singularidad humanas se encuentran en la soberanía y
la gracia de Dios. En él y por medio de él, en la
creación y en la redención, encontramos nuestra
singularidad.
Considera Génesis 1:26 y 27.
¿Qué significa para ti la frase “imagen de Dios”?
¿Te presenta sugerencias físicas, emocionales,
creativas, de hombre y mujer? Si es así, ¿cuáles
son?
Adán y Eva fueron unidos por la voluntad y la acción
de Dios (Gén. 2:18, 22). El pensamiento divino (“No
es bueno que el hombre esté solo”) precedió a la
creación de Eva, haciendo que los dos fueran los
primeros compañeros unidos en matrimonio, y muestra
el origen divino del matrimonio y cuán sagrado es.
El hombre y la mujer, en el matrimonio, son
compañeros iguales en una institución sagrada,
establecida no solo para su compañerismo sino
también para hacer del hogar un lugar en el que Dios
y su acto creador fueran reconocidos y celebrados.
“Dios ordenó que la mujer se uniera al hombre en
santo matrimonio para formar familias coronadas de
honra que fueran símbolos de la familia celestial”
(LC 204).
Considera:
La creación, el sábado y el matrimonio tuvieron su
origen en la mente de Dios antes de que el pecado
entrara en este mundo. ¿De qué manera esto es
importante para ti?
II. El matrimonio: unidad en la diversidad
“A imagen de Dios [...] varón y hembra” (Gén. 1:27).
Estas dos frases, que describen la creación humana y
la familia humana, nos enseñan una profunda verdad.
Así como la unidad, el amor, y la abnegación
caracterizan a la Deidad, en medio de su pluralidad
–el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo–, la
humanidad y particularmente la familia reflejan ese
aspecto de la imagen de Dios al estar unidos en
amor. Un matrimonio ideal reúne a dos para hacerlos
uno: no sacrificando la individualidad de ninguno de
ellos, sino cada uno complementando al otro, para
asegurar que los dos sean “una sola carne” (Gén.
2:24).
Considera:
Los dos serán uno, dijo Dios al solemnizar el primer
matrimonio. Antes de que la monogamia llegara a ser
parte de la sociología y de la ley, comenzó como una
parte de la teología.
III. La unidad hace una demanda: “dejará... se
unirá” (Gén. 2:24).
El mandato de Dios “Por tanto, dejará el hombre a su
padre y a su madre, y se unirá a su mujer” proyecta
un principio fundamental para un matrimonio feliz.
Nada –ni siquiera el amor a los padres– estará entre
el esposo y la esposa, y se mantendrán unidos en la
prosperidad y en la adversidad, en el gozo y en las
preocupaciones, en la salud y la enfermedad. El
cemento que une a los esposos en un matrimonio
cristiano está hecho en el cielo: el amor que es
abnegado, que se sacrifica y se preocupa por el
otro.
Considera:
Pablo usa la relación entre Cristo y la iglesia para
enseñar una verdad importante acerca de la relación
entre los esposos (Efe. 5:21-28). ¿Qué enseña esta
analogía acerca del amor que se sacrifica y es
abnegado?
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