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Para el 1º de septiembre de 2007 |
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Lectura Devocional para Adultos |
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| Notas de Elena White | ||||
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Lectura para la Semana: |
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Job y su esposa: vivir con pérdidas |
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PARA MEMORIZAR |
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“Y él le dijo: como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job 2:10) |
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UN VISTAZO A LA SEMANA |
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La historia de Job y de su esposa revela temprano la realidad de la tragedia y el sufrimiento aquí sobre la tierra |
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ACUÉRDENSE DE LA MUJER DE JOB Lee de nuevo las calamidades que cayeron sobre esta pareja. Solo que ahora ponte en el lugar de la esposa de Job. ¿Qué debió haber estado pasando por la mente de esta pobre mujer? ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ Aunque la historia de Job se centra en él y en sus sufrimientos, no debemos olvidar a su esposa. Fueron los siervos de ella también, los que fueron muertos; fueron las propiedades de las que ella se beneficiaba las que fueron destruidas; y fueron sus hijos, el fruto de su vientre, los que repentinamente murieron. Entonces, para remate, su esposo, la persona con quien había llegado a ser “una carne” (Gén. 2:24), repentinamente fue atacado por unas llagas y furúnculos repulsivos. Todo lo que sufrió Job, ella también lo sufrió, y tal vez aún más. Podemos fácilmente comprender su angustia. Sin embargo, como la Biblia presenta la historia, a ella se le asigna solo una línea de los 42 capítulos completos. Obviamente, mucho más ocurría detrás del escenario de lo que se nos revela aquí. Lee Job 2:9. Concéntrate especialmente en la pregunta de la esposa de Job. ¿Qué se implicaba en ella? ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ En Job 1:1, se describe a Job como una persona que era tam vyahsar, traducido como “perfecto y recto” [“recto e intachable”, NVI]. Es interesante que, en la pregunta de ella: “¿Aún retienes tu integridad?” (Job 2:9), la palabra para “integridad” viene de la misma palabra “perfecto” o “recto” en Job 1:1, que en hebreo también significa “completo”, “sin mancha” (ver también Gén. 6:9; 25:27; Sal. 37:37; 64:4). También es la misma palabra que Dios usa para describir una vez a Job en Job 1:8 y dos veces en Job 2:3 (“perfecto”, “integridad”). Así como a Job se lo ha descrito cuatro veces de ese modo, es exactamente ese el punto de carácter que su esposa está cuestionando. “¿Cómo puedes todavía ser “perfecto” ante Dios con todas estas cosas que nos están ocurriendo?” Otra vez, no debemos olvidar que esta pareja compartió estas calamidades; lo que le ocurrió a Job no fue muy diferente de lo que le sucedió también a ella. La idea, aquí, es que estas cosas no deberían ocurrirnos si somos perfectos o rectos delante de Dios. ¿Qué está equivocado en esta clase de pensamiento? Al mismo tiempo, ¿de qué maneras ser “perfecto” trae beneficios, aun ahora, en nuestras vidas?
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