Lección 8

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Para el 25 de agosto de 2007

     

Lectura Devocional para Adultos

Año Bíblico: Amós 1 2 3 4

Pastor Alejandro Bullón

 

 

 Lecciones en Audio (Real Audio)

Notas de Elena White 
 

Lectura para la Semana: 

 

1 Samuel 1:1-2:26

 

Elcana y Ana: cumplir un voto

PARA MEMORIZAR
 

“No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro” (1 Sam. 2:2)

 

UN VISTAZO A LA SEMANA

 

Podemos encontrar, en la historia de Elcana y Ana, a una pareja fiel, a la que Dios pudo usar de una manera notable. ¿Qué podemos aprender de su ejemplo?

 

 

  • Sábado 18 de agosto

GENERALMENTE SE CONOCE A LOS NIÑOS por quiénes son sus padres; no obstante, algunas veces los padres son conocidos por sus hijos.

Tal es el caso de Elcana y Ana. Esta pareja no hizo nada extraordinario, excepto tener a Samuel. No fueron los primeros ni los últimos en obtener un hijo después de un prolongado período de ansiedad y oración. Si no fuera por el hijo, los dos –por fieles que hayan sido a Jehová– muy posiblemente habrían pasado al olvido, solo conocidos por Dios y los ángeles. Pero el notable hijo Samuel fue la causa de que la memoria de Elcana y Ana se conservara en las Escrituras, y así esta pareja, aunque muerta, todavía nos habla hoy.

La mayoría de las parejas que estudiamos este trimestre involucran a esposos que fueron patriarcas, profetas o gobernantes, lo que no somos la mayoría de nosotros. Pero, todos podemos ser como Elcana y Ana. Podemos no tener un hijo tan distinguido, pero podemos mostrar la misma dedicación y así tal vez obtener algo extraordinario de lo que es ordinario.

 

  • Domingo 19 de agosto

ELCANA

Lee 1 Samuel 1. De lo que lees en este texto, ¿qué puedes descubrir acerca del carácter de Elcana?

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“El padre de Samuel fue Elcana, un levita que vivía en Rama, en el monte de Efraín. Era una persona rica y de influencia, un esposo bondadoso, y un hombre que temía y reverenciaba a Dios”.–E. G. de White, Signs of the Times (27 de octubre de 1881), t. 7, Nº 40.

Aunque no se dice mucho acerca de Elcana, y él está un poco en un segundo plano en esta historia, sin embargo surgen algunos puntos para considerar. Él parece haber amado realmente a Ana e hizo lo que pudo para consolarla en su dolor. También parece haber sido una persona devota, que procuraba obedecer a Dios.

“Aunque no se exigían sus servicios en el Santuario, como muchos otros levitas durante el período de los jueces (Juec. 17:8, 9), Elcana subía como un israelita común, con sus sacrificios propios, para animar a sus vecinos y para darles un buen ejemplo. Aunque vivía rodeado de un mal ambiente, es claro que mantenía en alto su espiritualidad. Aunque Ofni y Finees eran corruptos, Elcana era fiel en su culto y en ofrecer sus sacrificios” (2 CBA 455).

Tal vez lo que más impresiona acerca de Elcana es su consideración por el voto de Ana. Después de todo, era su propio hijo el que estaba entregando a Dios. Ciertamente, darlo no fue una cosa fácil para él.

¿De qué modo respondió Elcana al voto de Ana ante el Señor? ¿Tenía él el derecho de anular ese voto? Ver Núm. 30:1-15.

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Pregúntate: ¿Qué aspectos del carácter de Elcana podría imitar en mis propias relaciones personales y en mi relación con Dios?

 

  • Lunes 20 de agosto

EL CASAMIENTO

Como vimos ayer, Elcana aparentemente era un fiel seguidor de Dios. No obstante, esa fidelidad no le impidió desviarse del ideal de Dios para el matrimonio: un hombre con una mujer. Que la poligamia existiera no la hacía correcta, o buena. Dios nos ha dado un ideal porque él sabe que es lo mejor para nosotros. Cuando nos apartamos de ese ideal, no puede surgir nada bueno.

De acuerdo con Elena de White, Ana fue la primera esposa de Elcana. Al no poder tener hijos, él tomó otra esposa. “Pero este paso, inspirado por la falta de fe en Dios, no significó felicidad. Se agregaron hijos e hijas a la casa; pero se había mancillado el gozo y la belleza de la institución sagrada de Dios y se había quebrantado la paz de la familia. Penina, la nueva esposa, era celosa e intolerante, y se conducía con mucho orgullo e insolencia. Para Ana, toda esperanza parecía estar destruida, y la vida le parecía una carga pesada” (E. G. de White, Hijas de Dios, p. 38).

¿Qué ejemplos de falta de fe y de juicio puedes encontrar en otros “héroes” bíblicos? ¿Cuáles fueron esas faltas, y cuáles fueron sus consecuencias?

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Como todos deberíamos saber, gracias a Jesús, en quien tenemos “el perdón de los pecados” (Col. 1:14; ver también Éxo. 34:7; Sal. 130:4; Efe. 1:7), aun nuestros peores actos han sido expiados. Pero, cuanto peor es el acto, usualmente peores son las consecuencias. Se nos ha dado la promesa del perdón de nuestros pecados, pero la Biblia no nos promete liberarnos de las consecuencias inmediatas de esos pecados. Y aun, como en el caso de Elcana, si hacemos algo que no está expresamente prohibido, todavía podemos cosechar amargas consecuencias por desviarnos de los principios. De este modo, no debemos engañarnos a nosotros mismos, con nuestra propia “piedad” y “fidelidad”. Aun los mejores de entre nosotros no somos inmunes a la falta de fe y de buen juicio.

Piensa en algunos ejemplos de tu propia vida en los que por falta de fe o por una simple falla en el buen juicio al tomar decisiones cosechaste malas consecuencias. ¿Qué lecciones aprendiste que pueden ayudarte a no cometer el mismo error otra vez?

 

  • Martes 21 de agosto

EL VOTO DE ANA

¿Cuáles eran los dos problemas que enfrentaba Ana? (1 Sam. 1:1, 6).

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Ana significa algo así como “la que está llena de gracia”, y Penina es similar a “la fértil”. ¡Cuán proféticos pueden ser a veces los nombres! La Biblia no dice que Elcana amaba más a Ana, pero recibimos esa impresión. Sin embargo, Penina es la que le proporcionaba hijos. El problema de Ana no era solo que no tenía hijos, sino también que Penina tenía varios.

Elcana y su familia viajaban al Santuario cada año (1 Sam. 1:3). ¿A qué fiesta debían ir todos los varones? Éxo. 23:14-19.

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La más festiva de ellas era la Fiesta de los Tabernáculos, y es probable que Elcana haya llevado a su familia a esta. Al ser un peregrinaje familiar, debiera haber sido una ocasión feliz. Pero, a pesar de todo el gozo y la alegría, o tal vez por causa de ello, Ana llegó a sentirse desanimada. Más aún porque Penina se complacía en provocarla (1 Sam. 1:7).

¿Cuál fue la naturaleza del voto de Ana? ¿Qué seguridad tuvo ella de que Dios escuchó su oración?

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La Biblia aclara que Dios intervino (1 Sam. 1:19), y Ana concibió un hijo. Además, la influencia de las emociones sobre el cuerpo puede ser fuerte. Después de que Elí habló con ella (vers. 17), hubo un cambio total en su conducta. Mientras que antes rehusaba comer, ahora comía; mientras que antes aparecía triste, ahora su rostro había cambiado. El versículo 19 afirma que ellos, es decir, por lo menos ella y su esposo, se levantaron temprano y adoraron al Señor. Lo siguiente que se nos dice es que concibió, no solo una criatura, sino también un varón.

Puede ser que no siempre tengamos una respuesta tan clara a nuestras oraciones, pero ¿en qué promesas de la Biblia podemos apoyarnos para que nos ayuden a confiar en la bondad y el cuidado de Dios, pro-mesas que nos debieran dar la clase de paz que experimentó Ana?

 

  • Miércoles 22 de agosto

ANA, UNA MADRE EN ISRAEL

Ana llamó a su hijo Samuel, que suena como la palabra hebrea “Dios oyó”, pero está relacionada con “pedido a Dios”. Ana explicó el nombre: “Por cuanto lo pedí a Jehová” (1 Sam. 1:20). No deseando ir al Tabernáculo hasta que pudiera cumplir su voto y dejar a su hijo allí, ella esperó hasta destetarlo. En la ausencia de refrigeración para mantener la leche fresca, esto pudo haber durado tal vez hasta tres años.

“Desde que el niño diera sus primeras muestras de inteligencia, la madre le había enseñado a amar y reverenciar a Dios, y a considerarse a sí mismo como del Señor. Por medio de todos los objetos familiares que lo rodeaban, ella había tratado de dirigir sus pensamientos hacia el Creador. Cuando se separó de su hijo, no cesó la solicitud de la madre fiel por el niño. Era el tema de las oraciones diarias de ella. Todos los años le hacía con sus propias manos un manto para su servicio; y cuando subía a Silo a adorar con su marido, entregaba al niño ese recordatorio de su amor. Mientras la madre tejía cada una de las fibras de la pequeña prenda, rogaba a Dios que su hijo fuese puro, noble y leal. No pedía para él grandeza terrenal, sino que solicitaba fervorosamente que pudiese alcanzar la grandeza que el Cielo aprecia, que honrara a Dios y beneficiara a sus conciudadanos” (PP 617, 618).

Después de que el niño nació y fue destetado, Ana cumplió su voto a Dios, y se lo llevó a Elí. Ana esperaba que Elí, con un poco de ayuda, pudiera recordar el incidente que había ocurrido. En aquella ocasión, Elí le había dicho, sin conocer cuál había sido su petición: “El Dios de Israel te otorgue la petición de tu corazón” (1 Sam. 1:17). Ahora Ana le recordó: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí” (vers. 27). ¡Cuán fácil hubiera sido para ella olvidar su voto y racionalizar todas las razones para cumplirlo! Después de todo, ¡este era su único hijo!

¿Qué razones podría haber usado Ana para justificar el incumplimiento de su voto?

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Lee la oración de Ana en 1 Samuel 2:1 al 11. ¿Qué nos enseña acerca de la naturaleza y el carácter de Dios? ¿Qué elementos específicos son los más importantes para ti ahora, en cualquier circunstancia personal que estés afrontando? ¿Cómo puedes hacer tuyas estas palabras?

 

  • Jueves 23 de agosto

EL LEGADO FAMILIAR

Y, como vimos antes, nada de esto habría ocurrido si Elcana no hubiera estado de acuerdo. Obviamente, Ana le dijo cuál había sido su voto; él, también, era testigo del milagro, y como hombre de Dios, estuvo de acuerdo en acompañarla. Que lo haya hecho, es un testimonio de su fe.

Lee otra vez 1 Samuel 1:23. Hay tres elementos en las palabras de Elcana. ¿Qué palabras muestran su preocupación por la felicidad de su esposa? ¿Qué palabras muestran su preocupación por su hijo? ¿Qué palabras muestran su deseo de que fueran fieles a Dios?

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Aunque renunciar a su hijo hubiera sido difícil, en la mejor de las circunstancias, en el cuadro entra otro elemento que solo complica las cosas, haciendo que la decisión fuera aún más difícil de cumplir.

Lee 1 Samuel 2:12 al 26. ¿Qué clase de ambiente moral le tocaría afrontar a Samuel? ¿Cómo podría esto haberse usado como otra razón para no cumplir el voto?

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Sin importar ese problema, estos esposos fieles siguieron adelante, y entregaron a su hijo. Obviamente, tenían que confiar en Dios, sin importarles cuán duro hubiera sido a veces. Dios recompensó esa fidelidad (ver 1 Sam. 2:20). Después de dejar a Samuel en el Tabernáculo, Ana engendró cinco hijos más (1 Sam. 2:21). La pareja misma ya no aparece otra vez en la Biblia. Hasta donde les concierne, la historia ha terminado. Pero, por supuesto, no es así. Por medio de su fidelidad, surgió un gran líder en Israel. Realmente ellos son un ejemplo del principio que se encuentra en palabras escritas mucho después de que ellos desaparecieron: “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor” porque “sus obras con ellos siguen” (Apoc. 14:13).

Si murieras en el Señor hoy, ¿qué obras te seguirían? ¿Qué dice tu respuesta acerca de cómo vives tu vida? ¿Qué cambios considerarías que tienes que hacer?

 

  • Viernes 24 de agosto

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “Cómo estima el Cielo a los niños”, en El hogar adventista, pp. 252-254.

“¡Cuán grande fue la recompensa de Ana! ¡Y cuánto alienta a ser fiel el ejemplo de ella! A toda madre se le confían oportunidades de valor inestimable e intereses infinitamente valiosos. El humilde conjunto de deberes que las mujeres han llegado a considerar como una tarea tediosa debiera ser mirado como una obra noble y grandiosa. La madre tiene el privilegio de beneficiar al mundo por su influencia, y al hacerlo impartirá gozo a su propio corazón. A través de luces y sombras, puede trazar sendas rectas para los pies de sus hijos, que los llevarán a las gloriosas alturas celestiales. Pero solo cuando ella procura seguir en su propia vida el camino de las enseñanzas de Cristo, puede la madre tener la esperanza de formar el carácter de sus niños de acuerdo con el modelo celestial. El mundo rebosa de influencias corruptoras. Las modas y las costumbres ejercen sobre los jóvenes una influencia poderosa. Si la madre no cumple su deber de instruir, guiar y refrenar a sus hijos, estos aceptarán naturalmente lo malo y se apartarán de lo bueno. Acudan las madres a menudo a su Salvador con la oración: ‘¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer?’ ” (PP 618).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1            Esta historia es un buen ejemplo de una pareja fiel, que recibe la recompensa de su fidelidad. ¿Qué sucede con personas fieles que parecen no ser recompensadas, por lo menos ahora, de alguna manera tangible? Como clase, hablen acerca de estos casos. ¿Qué respuestas tienen ustedes?

2            Muchas personas han sido terriblemente dañadas por una mala crianza. ¿Qué promesas y esperanza puedes ofrecer a alguien que lucha para sobreponerse al daño que les fue hecho en su niñez?

3            Todos conocemos historias de padres fieles que, aunque hicieron lo mejor posible para criar a sus hijos correctamente, sufren terriblemente cuando esos niños abandonan la fe. Hablen francamente acerca de esta situación. ¿Qué ánimo y esperanza pueden compartir unos con otros?

RESUMEN: Las personas comunes pueden llegar a ser inusuales por su dedicación a Dios. El voto de Ana era inusual, pero ella lo cumplió, y por ello Dios los bendijo a ella y a su esposo Elcana.

 

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