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Para el 8 de septiembre de 2007 |
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Lectura Devocional para Adultos |
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| Notas de Elena White | ||||
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Lectura para la Semana: |
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David y Betsabé: adulterio y después |
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PARA MEMORIZAR |
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“Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mi: (Salmo 51:10) |
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UN VISTAZO A LA SEMANA |
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La historia de David y Betsabé da testimonio de cómo incluso las personas más piadosas, a menos que sean cuidadosas, pueden caer en el peor de los pecados. Cuán afortunados somos de tener a un Dios que perdona lo imperdonable |
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PRECURSOR DE UNA CAÍDA Lee 2 Samuel 3:1 al 5 y 2 Samuel 5:13. ¿Qué lees en estos textos que nos ayuda a comprender por qué David tomó a Betsabé? Por otro lado, ¿cómo nos ayuda a entender por qué su acto de adulterio era tan horrendo? ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ Proverbios dice que “los ojos del hombre nunca están satisfechos” (Prov. 27:20). Cuán cierto es esto en el caso de David. Cuando David tuvo interés en Betsabé, ya tenía más de seis esposas y quién sabe cuántas concubinas. Y ¿todavía eso no era suficiente? Lo que es peor, para satisfacer su lujuria tuvo que tomar la esposa de otro hombre. No debemos pasar por alto un principio importante aquí: Cualquier desviación de la voluntad de Dios abre el alma a más y más necedad y engaño. Al transgredir la voluntad de Dios, David se abrió a más tentaciones. La indulgencia de una pasión, lejos de eliminarla, solo hace que sea más y más fuerte. Si David hubiese seguido el ideal de Dios, un hombre con una esposa, habría estado menos abierto a las tentaciones de Satanás. En este caso, se abrieron las compuertas de la tentación, y David fue arrastrado por la inundación del pecado. Lee Santiago 1:12 al 15. ¿Qué advertencia nos da Dios aquí? ___________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________ Los que han luchado alguna vez con una adicción, con deseos incontrolables de cualquier clase, saben de qué modo el pecado nunca está satisfecho. Cuanto más indulgente es uno con él, tanto más uno lo quiere; y, cuanto más uno lo quiere, más fácil es fabricar excusas, hasta que uno está esclavizado por ello. Como dijo Jesús: “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34). ¿Cuál ha sido tu propia experiencia con tentaciones poderosas, con adicciones, con impulsos que parecen controlarte? ¿Qué promesas tenemos para la victoria? ¿Qué elecciones tienes que hacer para que esas pro-mesas sean reales en tu propia vida?
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