Gordon Christo

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Amor Celoso: Yahweh e Israel   

Lección 13

Para el 29 de Septiembre del 2007


 

 

Yahweh llamó a Abraham de Ur y le prometió dos cosas: 1) que lo haría una gran nación, con descendientes tan numerosos como las estrellas; y 2) que él establecería los descendientes de Abraham en la tierra de Canaán (Gén. 12:2, 3, S, 7). En cambio, ellos debían adorar solo a Yahweh (Gén. 12:8). Dios repitió estas promesas en varias ocasiones a Abraham, a Isaac ya Jacob. Llamamos a esta promesa el pacto de Abraham.

Siglos más tarde, Yahweh se identificó a Moisés y le informó que él estaba por cumplir esas promesas a Israel (Éxo. 3:6-14; 6:6-8). Dios expresó los términos con lenguaje del pacto matrimonial entre él e Israel. Dios prometió hacerlos a ellos su pueblo, y darles la tierra para vivir en ella. En cambio, ellos debían ser su pueblo. Desde que pronunció el Decálogo, Dios informó a Israel que ellos no debían tener otros dioses, ni hacerse ídolos para adorar, porque él afirmó: "Yo, el Señor tu Dios soy un Dios celoso".

Los profetas consideraron el Éxodo de Egipto y el viaje por el desierto como un período de luna de miel. No era que Israel fuera fiel Y no siguiera otros dioses, sino que los israelitas habían experimentado una gran liberación en el Éxodo, y ese evento podría ser comparado con la inauguración de las promesas del matrimonio (Ose. 2:15, 16; Jer. 2:2, 3).

En Siquem, Josué repasó cómo el pacto había sido primero prometido a Abraham, Isaac y Jacob (los. 24:3, 4), cómo fue ejecutado por Moisés en el Éxodo (vers. 5-7), y cómo había sido completado por la expulsión de los cananeos (vers. 8-12). Ahora las promesas se habían cumplido finalmente. Dios les había dado su propia tierra (vers. 13). En respuesta, Josué les enseñó que debían temer a Dios, servirle, y arrojar afuera a todos los dioses extranjeros (vers. 14).

La señal del matrimonio

La circuncisión no era totalmente desconocida cuando Dios la ordenó a Abraham. El rito parece tener alguna conexión con la ceremonia del casamiento, ya que la palabra para suegro significa literalmente "el que circuncida". Los eruditos no están unánimes en cuanto a las razones del origen de la circuncisión. Puede haber sido realizada por razones físicas, tales como prevenir enfermedades en la esposa. Cualquiera haya sido la razón, la circuncisión tenía valor, en algunas regiones, como una señal de que un hombre era casado.

Dios tomó esta señal del matrimonio y se la dio a Abraham con algunas modificaciones. Ahora el varón debía ser circuncidado cuando era bebé, en vez de cuando se casaba. Esto significaba que la relación comenzaba en la infancia misma. La circuncisión representaba una iniciación en la comunidad del pacto. Dios dijo: "Circuncidaréis, [...] y será por señal del pacto entre mí y vosotros" (Gén. 17: 11). Aún hoy, los judíos se refieren a la ceremonia de la circuncisión como el berith (pacto).

Mientras los israelitas se preparaban para salir de Egipto, la primera lista de instrucciones que recibieron de Dios trataba con la circuncisión. Solo los varones circuncidados podían participar de la Pascua. Moisés y Aarón siguieron escrupulosamente las instrucciones de Dios, y solo entonces los israelitas salieron de Egipto (Éxo. 12:48-51).

Pero como los símbolos del casamiento -vestidos blancos, anillos, collares, etc.- la circuncisión era solo una señal externa. Las personas casadas pueden usar anillos, pero su conducta proclama si todavía están "disponibles". Por otro lado, uno puede elegir no usar una señal del matrimonio, pero declarar con su conducta que está casado y no está disponible. Lo más importante era que los israelitas debían amar a Dios con todo su corazón y alma (Deut. 10:12, 13). Moisés dijo que esto involucraba la circuncisión del corazón (vers. 16).

Moisés habló a los israelitas acerca del amor de Dios, y luego los estimuló a abandonar su dureza de corazón y a responder al amor de Dios. La mera circuncisión física no garantizaba que uno perteneciera a Dios. Tenía que haber una respuesta del corazón. Además, así como la impureza física podía ser prevenida por la circuncisión física, la circuncisión del corazón significaba que había que eliminar del corazón la dureza, el mal y cualquier otro obstáculo entre Dios y su pueblo.

Jeremías describió la circuncisión del corazón en términos de poner a un lado los ídolos. Él declaró que los que solamente estaban circuncidados en la carne -los egipcios, los edomitas, los amonitas, los moabitas, y sí, aun los israelitas- y no en el corazón, experimentarían el fuego de la ira de Dios (Jer. 4:1-4).

Aunque Pablo se refirió a la circuncisión de Abraham como un "sello de la justicia de la fe" (Rom. 4:11), él sigue diciendo que Abraham es el padre no solo de los circuncidados, sino también de los incircuncisos que también creen. Él señaló que Abraham todavía no había sido circuncidado cuando demostró por primera vez su fe en Dios (vers. 12). Por lo tanto, no es necesario ser circuncidado para ser salvado. Esa era la señal entre Dios y la simiente literal de Abraham. Los cristianos gentiles son la simiente de Abraham por la fe.

La infidelidad de Israel

Los escritores bíblicos más antiguos describieron las caídas de Israel en la idolatría como actuar como fornicarios (Núm. 25:1; Juec. 2:17; 8:33). Los profetas posteriores declararon: "Como la esposa infiel abandona a su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová" (Jer. 3:20).

Los reinados de David y Salomón se caracterizaron por una lealtad general a Yahweh. Pero Jeroboam, el primer rey del reino del norte de Israel, cambió el cuadro drásticamente. Él temía que sus súbditos, si hacían el viaje al templo tres veces por año, como lo había ordenado Moisés, serían tentados a desertar yéndose a Judá. Así que hizo dos becerros de oro, uno en Dan y el otro en Betel (1 Rey. 12:28-30) e instituyó un nuevo sacerdocio en Israel. Los levitas de todos los distritos del reino respondieron emigrando a Judá (2 Crón. 11:13-16). Los reyes posteriores que condujeron a Israel a adorar ídolos fueron comparados con Jeroboam I (1 Rey. 16:7,26).

Los profetas posteriores condenaron a Israel y a Judá por cambiar su gloria por ídolos sin valor (Ose. 4:7; Jer. 2:11) y por recurrir a otras naciones por ayuda, en lugar de depender de Yahweh (Jer. 2:18, 19). Jeremías acusó a Judá que abandonar su confianza en Yahweh era como olvidar su casamiento con Yahweh. Lo dijo en términos de una novia olvidándose las joyas y los ornamentos de su casamiento (vers. 32).

Los profetas también describieron a Israel corriendo detrás de otros dioses con una caricatura vergonzosa: una asna en celo, Oseas describió a Israel como un "asno montés" que anda solo (Ose. 8:9). Jeremías fue más allá, añadiendo que el asno montés no necesita cansarse persiguiendo a la asna. Ella lo encontrará (Jer. 2:24). En otras palabras, no era necesaria una tarea de evangelización para atraer a Israel y a Judá al paganismo. Ellos mismos salían buscando otros dioses. Otras naciones no necesitaban procurar el apoyo de ellos. Ellos lo daban voluntariamente. Ezequiel declaró que aunque la mayoría de las prostitutas cobraban una tarifa, Judá estaba preparada para pagar por proveer sus propios servicios (Eze. 16:34).

Los profetas eran incrédulos por la conducta del pueblo de Dios. Los ídolos eran cosas fabricadas. Los carpinteros y los que trabajaban el metal creaban imágenes que eran como espanta pájaros en una huerta, que no podían caminar ni hablar (Jer. 10:3-5). No podían producir lluvia (14:22). Los israelitas oraban a Baal, el dios de la fertilidad, pidiendo hijos. Cuando tenían los hijos, daban gracias a Baal por esas bendiciones. Oseas se refirió a estos como hijos ilegítimos de Israel (Ose. 5:7). Los israelitas también acreditaban a Baal por las lluvias, las cosechas, y su riqueza material (2:8).

El amor celoso de Dios

El Antiguo Testamento describe a Dios en forma consistente como un Dios celoso. Algunas versiones usan la palabra celosos en algunos pasajes, especialmente cuando describen el intenso amor de Dios por Israel, que lo hace enojar con sus enemigos.

Acerca de los ídolos, el Decálogo ordenaba: "No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación" (Éxo. 20:5; Deut. 5:9).

Moisés enseño más a los israelitas, diciéndoles lo que debían hacer con los objetos de adoración locales cuando entraran en la Tierra Prometida: "Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera. Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es" (Éxo. 34:13,14).

Pero los israelitas se olvidaron. Pronto después de la era de oro de David y Salomón, Jeroboam instaló los becerros de oro y el nuevo sacerdocio. También instituyó fiestas nuevas en el reino del norte (1 Rey. 12:31, 32). En el sur, al mismo tiempo, Roboam también condujo al pueblo de Judá a establecer lugares altos, piedras sagradas, e imágenes de Asera. "Y le enojaron más [a Dios 1 que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron" (1 Rey. 14:22).

El castigo

El enojo celoso de Dios le provocó a sentenciar al Israel idólatra al castigo de las mujeres que cometían adulterio. Él declaró: "Y traeré sobre ti sangre de ira y de celos, y te entregaré en manos de ellos; y destruirán sus lugares altos, y derribarán tus altares" (Eze. 16:38,39).

El castigo era apropiado al crimen. En el pacto de Abraham, Dios había hecho el contrato de dar a los descendientes de Abraham una tierra para ellos. Vivir en la tierra prometida dependía de su lealtad a Yahweh. Cuando lo abandonaron en favor de otros dioses, Yahweh no tenía la obligación de protegerlos de los ejércitos de otras naciones. El mensaje de Jeremías de parte de Yahweh fue: "De la manera que me dejasteis a mí, y servisteis a dioses ajenos en vuestra tierra, así serviréis a extraños en tierra ajena" (Jer. 5:19). Oseas nombró a Asiria como el enemigo que llevaría cautivo a Israel (Ose. 10:6).

Cien años más tarde, Jeremías anunció a Judá su propio cautiverio. Jeremías explicó gradualmente la naturaleza de la nación que los llevaría cautivos. Primero, Jeremías les dijo que el ejército vendría del norte (Jer. 4:6). Luego les informó que el enemigo vendría de una tierra distante (vers. 16). El siguiente indicio fue que el enemigo era de una nación antigua y duradera (5:15). La siguiente sugerencia debería haber llevado a cualquiera a estar más cerca de la respuesta. La nación que los llevaría cautivos no hablaría un idioma que ellos pudieran entender, pero que sería diferente (vers. 15b). Finalmente, Jeremías nombró al país. El castigo de Dios vendría por medio de Babilonia (20:4)1. Judá no aprendió la lección al ver al Israel infiel que fue arrancada de la tierra que Dios le había dado.

Al permitir que Israel y Judá fueran llevados cautivos y exiliados de la tierra que se les había dado por el pacto, Dios estaba, en efecto "divorciándose" de ellos. Yahweh declaró por medio de Jeremías:

"Por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio". Dios pensó que Judá habría aprendido del fracaso de Israel y su castigo, pero tuvo que reconocer que "no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó" (3:8).

Celo por Israel

Todo amor es celoso. Uno que realmente ama a otra persona no puede soportar dejada ir. Algunos dicen: "Si realmente la amas, la dejarás hacer lo que la haga más feliz, aun si eso significa dejada ir". No obstante, el amor genuino no puede soltar sino se aferra hasta que no se pueda hacer nada más.

Los celos de Dios demuestran la intensidad de su amor por Israel. Cuando fueron llevados en cautiverio, la ira celosa de Dios se volvió contra las naciones (Eze. 36:5, 6).algunas versiones traducen la palabra celoso cuando se usa en favor de Israel. Este es un aspecto positivo de la misma palabra. Al terminarse los setenta años del exilio, Dios habló palabras bondadosas Y consoladoras, declarando: "Celé con gran celo a Jerusalén ya Sión" (Zac. 1:13, 14). De hecho, él dijo: "Celé a Sión con gran celo" (8:2).

La restauración

Sin embargo, con el castigo vino un rayo de esperanza. Antes, Jeremías había declarado que los sonidos de gozo y alegría y las voces de la esposa y del esposo serían silenciados (Jer. 7:34; 16:9; 25:10). Más tarde, él añadió que el período de silencio sería limitado. Una vez más el sonido de las novias y los novios se escucharía en la tierra (33:11). Añadió el detalle que el período de silencio se limitaría a setenta años. Entonces sus opresores serían vencidos (25:12).

Oseas se refirió a un período para Israel cuando no habría embarazos ni concepciones (Ose. 9: 11), pero añadió que después de esto vendría un tiempo de curación y amor (14:4). De modo que los actos de Dios realmente no fueron de castigo sino de disciplina.

Los profetas suplicaron a Israel que regresara a Yahweh, prometiéndoles que él sería fiel en aceptados de nuevo. Aunque confiaban que Israel regresaría, no obstante mantuvieron que la restauración de la relación podía descansar sobre una sola condición: que el pueblo de Dios al regresar a él abandonara sus caminos idolátricos y dependiera otra vez completamente de Yahweh.

De hecho, esto es exactamente lo que Oseas recomendó. Él dio instrucciones a Israel para que dijera: "Perdónanos nuestra perversidad, y recíbenos con benevolencia ... Nunca más llamaremos 'dios nuestro' a cosas hechas por nuestras manos" (Ose. 14:2, 3¡ NVI).

* * *

Yahweh prometió que él haría expiación por todo lo que Israel había hecho (Eze. 16:63) pero al mismo tiempo Israel y Yahweh recordaron que Israel no fue capaz de guardar los términos del pacto anterior. De modo que él cambió las cosas para hacerla posible para ellos. Ahora él prometió escribir la ley en sus corazones, imprimirla en sus mentes (Jer. 31:33). Este es el fundamento del evangelio, el misterio de la gracia. Este es el nuevo pacto.

Dios declaró de nuevo que Israel sería su pueblo y que él sería el Dios de ellos. Pero ahora él les daría un corazón y un camino para que siempre lo amaran. Él los inspiraría a amarlo tanto que nunca más se alejarían otra vez. Este es el pacto eterno que él quería hacer con ellos (32:38-40).

Los capítulos finales de Ezequiel presentan una constitución modelo para el Israel restaurado. Él esperaba que la gloria de Dios regresara al templo reconstruido (Eze. 43 J y que una corriente saliera del templo, haciéndose cada vez más grande hasta formar un río poderoso¡ que proveería bendiciones para el mundo entero (47:1-12). La reacción de Jeremías al pensamiento del nuevo pacto y su restauración fue: 'Alabad a Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia" (Jer. 33:11).

 


1.    Aun la nación que los llevó cautivos estaba realmente al este, los babilonios tenían que acercarse a Canaán desde el norte, por sobre el mar de Galilea. De este modo se los llama el "norte distante". Eran considerados una nación antigua, y no podían entender su lenguaje con facilidad.


 

Compilador: Dr. Pedro Martínez

 


 

 
 

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