Gordon Christo

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Amor Dominante: Acab y Jezabel  

Lección 11

Para el 15 de Septiembre del 2007


 

Omri, el padre de Acab, fue uno de los mejores reyes del reino del norte. Mucho después de haber desaparecido la dinastía de Omri, los cananeos todavía se referían a Israel como la "Casa de Omri". Él había extendido las fronteras, dominado a los enemigos de Israel, mantenido la amistad con Judá y, como David, formó alianzas con Fenicia. En forma similar, así como Salomón, el hijo de David, se casó con una princesa de Tiro, el hijo mayor de Omri, Acab, se casó con la princesa Jezabel, hija del rey Etbaal, y selló el tratado de amistad entre Israel y Tiro. El casamiento era una estrategia política. La primera parte del reinado de Omri fue señalada por la presencia de los reyes rivales Zimri y Tibni, y Omri necesitaba todas las alianzas que pudiera formar.

El nombre Acab literalmente significa "hermano del padre". Él puede haber sido llamado así porque se parecía físicamente al padre. Desafortunadamente, él imitó a su padre también en la práctica del mal. Muchos reyes han sido condenados por copiar los pecados de Jeroboam. Jeroboam, el primer rey del Israel dividido, estaba preocupado porque sus súbditos viajaban a Judá tres veces por año, como estaba prescrito, para asistir a las fiestas en el templo. Para evitar esto, Jeroboam construyó dos becerros de oro, estableció un nuevo sacerdocio y prohibió el peregrinaje a Jerusalén.

Lo que Jeroboam hizo era trivial, comparado con lo que hicieron Omri y Acab (1 Rey. 16:31). Omri "hizo peor que todos los que habían reinado antes que él" (1 Rey. 16:25), y Acab quebró aun ese récord. Dos veces se menciona a Acab como que fue peor que cualquiera de los que fueron antes de él (1 Rey. 16:30, 33). Por cuanto ninguno de los reyes posteriores de Israel o Judá lo igualaron en pescar y provocar la ira de Dios, podemos decir que Acab mantiene el récord del mal de todos los tiempos.

Acab es condenado por males específicos (1 Rey. 16:31-33):

1.   Se casó con Jezabel

2.  Comenzó a servir a Baal

3.   Estableció un altar y un templo para Baal 4. Hizo una imagen de Asera

El casamiento desatinado con Jezabel llevó a los otros tres males.

Mientras la alianza con Fenicia produjo ventajas militares y comerciales, también con Jezabel vino la demanda de ejercer su derecho de practicar su religión, así como 10 habían hecho las esposas de Salomón (1 Rey. 11:1-6). Para agradar a Jezabel, Acab construyó el templo de Baal y erigió una imagen de Asera I, consorte de Baa1. Jezabel fue mucho más allá todavía: promovió la adoración de los dioses de Tiro y Sidón con el celo de una religiosa fanática. La adoración de estos dioses involucraba prácticas inmorales que llevaron a una apostasía aún mayor a la sociedad israelita.

El casamiento

Los hijos de Coré, miembros del coro de levitas, compusieron el Salmo 45 para ser cantado en los casamientos de los reyes. El canto probablemente se usó en más de un casamiento real, pero diversas frases del salmo tienen una aplicación especial a Acab y Jezabel, tal vez más que a cualquier otra pareja real, con la posible excepción de Salomón. Los elementos comunes entre el rey del Salmo 45 y Acab que se describen en 1 Reyes 16 son:

 

 

Sal. 45:8: palacio adornado con marfil

1 Rey. 22:39: palacio con incrustaciones de marfil

Sal. 45:12: hija de Tiro

1 Rey. 16:31: Jezabel, hija del rey de Tiro

 

Acab es el único rey del que se registra que vivió en un palacio con incrustaciones de marfil. El trono de Salomón tenía incrustaciones de marfil (1 Rey. 10:18), pero no hay registro de otro uso del marfil en su palacio.2 Acab es el único otro rey de Israel o de Judá, fuera de Salomón, de quien se sabe que se casó con una princesa de Tiro.

El Salmo 45: 10 pide que la reina se olvide de su pueblo y de la casa de su padre. Dios había advertido repetidamente a los israelitas de no casarse con mujeres de las naciones paganas que los rodeaban, temiendo que ellas llevaran a sus esposos a la idolatría (Éxo. 34:16; Deut. 7:1-3; Jos. 23:12, 13; Esd. 9:2; Neh. 13:23-27). Comprensiblemente, el coro de levitas exhortaba a la princesa extranjera que pusiera a un lado su pasado y abrazara la religión del rey.

Esto era aplicable en el caso de una novia extranjera como Jezabel.  Los cantores no tenían manera de saber los efectos devastadores que ella tendría sobre la nación en el futuro. No obstante, había razones para preocuparse. Algún tiempo más tarde, ella se dedicó sistemáticamente a matar a todos los profetas de Jehová (1 Rey. 18:4).

La afirmación en el Salmo 45:7 que dice: "Has amado la justicia y aborrecido la maldad" no puede aplicarse fácilmente a Acab, pero debemos recordar que muy posiblemente la maldad de Acab comenzó con su matrimonio, y por lo tanto, ocurrió después del matrimonio y de este salmo, si fue compuesto en ese entonces.

Jezabel presionó para establecer la adoración de Baal

Como reina, Jezabel tenía poder político. Con fervor religioso, ella siguió en Israel la tarea comenzada por su padre, el rey de Tiro y sacerdote de Baal y Astarté. El templo de Baal, que Acab construyó para Jezabel, sin duda incluyó un "seminario" para la preparación de sacerdotes. Jezabel presidía personalmente el culto de Baal en Israel, y la hizo la religión del Estado.

Jezabel mostró su apoyo a los sacerdotes de su culto al alimentar a 450 profetas de Baal y otros 400 profetas de Asera a su mesa (1 Rey. 18:19). Estos expertos en el culto de Baal probablemente fueron importados de Tiro. Eventualmente, Jezabel comenzó a matar a los profetas de Dios, y los habría eliminado completamente si Abadías no hubiera llevado en secreto a cien de ellos para ocultados en dos cuevas, arriesgando la ira de la malvada reina (1 Rey. 18:4).

Elías dirigió la lucha para mantener viva la adoración a Yahweh.  Apropiadamente, su nombre significa "Mi Dios es Yahweh". El conflicto religioso llegó a culminar cuando Elías entró precipitadamente a la presencia del rey Acab y anunció que no habría rocío ni lluvia excepto por la palabra de Dios (1 Rey. 17:1). Esto era un ataque directo a Baal, el dios de la lluvia, y por lo tanto, de la fertilidad.

Más tarde, en la cumbre del monte Carmelo (con la ausencia de Jezabel, pero en la presencia de Acab), Elías expuso la impotencia de Baal y demostró el poder de Yahweh sobre la lluvia. Acab fue tan impotente como Baal. Sin ayuda, él observó la derrota de Baal y la matanza de centenares de sus sacerdotes.

De regreso en casa esa noche, Acab tuvo que explicar a Jezabel por qué no necesitaba preparar la comida para todos los sacerdotes al día siguiente. Cuando el rey le dijo lo que Elías había hecho y cómo había demostrado la impotencia de Baal y luego había matado a todos los profetas, Jezabel hizo planes para vengarse. Ella envió un mensajero a Elías que le dijera: "Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos" (1 Rey. 19:1,2).

El valor que demostró Elías en el monte Carmelo desapareció. Desde lo alto del monte, Elías descendió física y emocionalmente agotado. Al recibir el mensaje de Jezabel, con una fórmula de maldición para sí misma si no podía matado al día siguiente, Elías huyó.

Jezabel no pudo cumplir su amenaza, pero el conflicto entre la adoración de Baal y la adoración de Jehová continuó. Ella pidió sustitutos para los sacerdotes muertos, y para cuando Josafat vino a visitar a Acab, el malvado rey pudo congregar otros cuatrocientos falsos profetas (1 Rey. 22:6).

La debilidad de carácter de Acab

El casamiento de Acab fue arreglado por su padre. Muchos reyes disponían el casamiento de sus hijos mientras todavía eran demasiado jóvenes para elegir por sí mismos. Pero Acab mostró que él no tenía resistencia a los deseos de Jezabel.

Cuando ella quiso tener 850 profetas importados de Tiro, él lo permitió. Cuando ella deseó alimentados de la cocina real, él lo aceptó. Cuando ella comenzó a matar a los profetas de Dios, él no lo impidió.

Después de la confrontación sobre el monte Carmelo, Acab tuvo pruebas convincentes de quién era el verdadero Dios. Él explicó a Jezabel lo que ocurrió con todo detalle, de cómo Baal no respondió a las oraciones de sus sacerdotes, y de cómo Dios realmente envió fuego del cielo para consumir el sacrificio de Elías. Pero Acab fue incapaz de convencerla de que Yahweh es el único verdadero Dios.

Acab no estaba completamente opuesto a Dios. Tres veces un profeta de Dios, que no se identifica, le dijo que dirigiera un ataque contra los sirios. Tres veces él obedeció (1 Rey. 20:14, 15, 22,28). Pero él falló al no seguir completamente las instrucciones del profeta. Cuando Ben-adad envió mensajeros a Acab pidiéndole que le perdonara la vida, Acab fácilmente cedió y estuvo de acuerdo con hacer un tratado. Un segundo profeta condenó la desobediencia al dejar con vida a Ben-adad. El profeta entregó una profecía de condenación a Acab (1 Rey. 20:42, 43), quien se fue a casa triste y enojado.

Acab invitó al rey de Judá a que se uniera con él en batalla.  Cuando el buen rey sugirió que buscaran primero el consejo de Dios, Acab llamó a su equipo de unos cuatrocientos profetas falsos que estaban adiestrados para decir al rey lo que él quería escuchar. Solo la insistencia de Josafat logró que se llamara a un verdadero profeta. Él predijo la muerte de Acab. Entonces, antes de ir a la batalla, Acab pidió al rey de Judá que se pusiera sus ropas reales mientras él iba a la batalla disfrazado como un soldado. Sus temores estaban bien fundados, pero sus tácticas no tuvieron éxito. Una flecha perdida lo alcanzó y murió (1 Rey. 22:34).

Apremiado por Jezabel

La Biblia dice: "A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba" (1 Rey. 21:25).

Además de imponer a Israel su estilo de adoración a Baal, Jezabel introdujo otro concepto: la idea de que el rey podía hacer cualquier cosa que deseara, conseguir lo que él quisiera por cualquier medio. Todo obstáculo en el camino de la satisfacción de un deseo real podía ser eliminado de cualquier forma. Los reyes cananeos eran déspotas, y Jezabel inició a Acab en el único sistema que ella conocía.

El padre de Acab, Omri, le había comprado una colina a Semer y había construido una nueva capital para Israel llamada Samaria (1 Rey. 16:23,24). Acab también gobernó desde Samaria (1 Rey. 16:29), pero él y Jezabel mantenían un segundo palacio en Jezreel. Después del encuentro sobre el monte Carmelo, Elías condujo a Acab de vuelta a Jezreel (1 Rey. 18:46).

Junto al palacio en Jezreel estaba la viña de Nabot, que Acab pensó que sería una buena huerta para el palacio. Acab le ofreció a Nabot dos opciones: 1) una viña mejor en otra parte, o 2) su valor total en efectivo. Nabot rehusó ambas ofertas. Esto era un insulto para Acab. Su padre Omri había comprado toda una colina, y Acab no podía comprar una viña. Pero Nabot rehusó, no porque no quería cooperar sino porque, de acuerdo con la Ley de Moisés, la propiedad de la familia debía permanecer en la familia (Núm. 27:8-11).

Acab volvió triste y enojado otra vez (1 Rey. 21:4), así como se había sentido cuando el profeta no identificado lo había condenado antes por no matar a Ben-adad (1 Rey. 20:43). Solo que esta vez se fue a la cama rehusando comer.

Jezabel no podía creer la reacción infantil de Acab ante el rechazo de Nabot. Ella dijo: " ¿Eres tú ahora rey sobre Israel?" (1 Rey. 21:7), lo que significa: "¿Eres el rey o qué?" Esto tuvo el mismo efecto como cuando las esposas demandan de sus esposos: "¿Eres un hombre o qué?" O bien, "¡Deja de actuar como un niño!" Incitados por esta observación, muchos hombres han sido llevados a hacer cosas que ellos sabían que no debían hacer. Otros se metieron en grandes problemas por sucumbir a esa presión.

Cuando Jezabel le dijo a Acab que dejara de estar triste y que se levantara, ella lo empujó a alegrarse y a comer, prometiéndole que ella le conseguiría la viña. Acab no tenía dudas de que lo haría. Él debe haber sospechado que usaría cualquier medio, aunque fuera ilícito, pero él no tuvo el valor de detenerla.

El consejo de Jezabel a Acab debería verse en el contexto de las pautas que Samuel había dado para los reyes de Israel cuando les advirtió, ante el pedido de tener un rey, que los reyes tomarían a sus hijos e hijas para ser sus esclavos. También tomarían la producción del campo de ellos para alimentar a quienes estaban en el palacio. Samuel había advertido que el pueblo clamaría pidiendo alivio por causa del rey (1 Sam. 8: 11-18). Como los israelitas siguieron insistiendo en tener un rey, Samuel escribió los reglamentos que gobernarían a los reyes para evitar que se abusaran del pueblo (1 Sam. 10:25). Antes de su muerte, Samuel le recordó al pueblo que ninguno de ellos podría acusado de usar mal su poder o de engañar u oprimir al pueblo de ninguna manera (1 Sam. 12:2-5). Ellos estuvieron de acuerdo con el profeta.

Jezabel no conocía esas pautas, y no se adhirió a sus reglamentos. Ella escribió instrucciones en nombre del rey Acab y usó su sello para enviar un mensaje a los ancianos de la ciudad. La palabra hebrea para ancianos significa "mentón" o "barba", e implica que eran suficientemente adultos para tener una barba de longitud considerable. Los ancianos tenían una especie de autoridad sobre una comunidad, similar a la autoridad que los padres tienen sobre sus hijos. Por causa de la experiencia obtenida a través del tiempo, ellos daban consejos, actuaban como testigos y servían como jueces.

Las instrucciones de Jezabel a los ancianos demuestra un conocimiento de las leyes de Israel. Nabot debía ser acusado de maldecir a Dios y al rey, y debían reclutar a dos testigos (1 Rey. 21:10). La Ley de Moisés exigía que cualquiera que blasfemara contra Dios debía ser muerto (Lev. 24: 16), y dos era el número mínimo de testigos requerido para la pena de muerte (Deut. 17:6).

No solo mataron a Nabot, sino también a sus hijos (2 Rey. 9:26), eliminando el problema de los herederos que pudieran reclamar la viña. Cuando Jezabel recibió el informe, ella instruyó a Acab que tomara posesión de la viña codiciada. Era tan sencillo como eso.

Pero la pareja real se había mofado de todas las normas de un gobierno decente con el asesinato a sangre fría de Nabot y sus hijos, y la confiscación de su propiedad. En respuesta, Dios envió de nuevo al profeta Elías para que le diera a Acab otra profecía.

Para Acab mismo, Elías profetizó que los perros lamerían su sangre (1 Rey. 21:19). Esto no tenía la intención de que se cumpliera literalmente. La expresión "el que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo" sencillamente significaba que ninguno sobreviviría. Todos perecerían dondequiera estuviesen. Las predicciones acerca del destino de Acab fueron exactas. Él instigó una guerra en alianza con Josafat. Acab fue muerto y, aunque lo enterraron, los perros lamieron la sangre de su carro, mientras los obreros lo lavaban en un estanque en Samaria (1 Rey. 22:34-38).

Para Jezabel, Elías había dicho que los perros la devorarían junto a los muros de Jezreel. En su caso, también, la profecía se cumplió (2 Rey. 9:34-37). Ella fue arrojada desde la ventana de su palacio en Jezreel y los perros devoraron su carne.

Con respecto a los descendientes de Acab, Elías declaró que todo descendiente varón sería destruido (1 Rey. 21:21). Un tiempo más tarde, Eliseo designó a Jehú para que aniquilara a todos los descendientes de Acab (2 Rey. 9:6-10). Jehú cumplió escrupulosamente esta orden (2 Rey. 10:11-14, 17). Jehú pretendió estar cumpliendo una parte de la profecía de Elías cuando mató a Joram, hijo de Acab, y arrojó su cuerpo al campo que había pertenecido a Nabot (2 Rey. 9:25,26).

Es sorprendente que Acab se arrepintió mansamente al escuchar estas profecías. Dios aceptó su arrepentimiento como genuino y postergó algunos aspectos de las profecías (1 Rey. 21:27-29). Pero ellas no dejaron de cumplirse. El arrepentimiento de Acab llevó al pueblo a un período de paz.

Pero Dios no se olvidó de lo que hizo Jezabel. Siglos más tarde, cuando la iglesia de Tiatira acogió a una mujer que condujo a otros a la inmoralidad Y la idolatría, Dios la llamó Jezabel (Apoc. 2:20).

* * *

Después de la muerte de Acab, Jezabel continuó ejerciendo su mala influencia sobre los asuntos de Israel durante los reinados de dos de sus hijos. La Biblia dice que Ocozías, que reinó por algo más de un año, caminó en los caminos de su padre y de su madre (1 Rey. 22:52). Joram, su hermano, fue un poco mejor. Él no hizo lo malo tanto como su padre y su madre (2 Rey. 3:2). Él quitó las piedras sagradas instaladas por Acab, aunque fueron instaladas de nuevo, probablemente por Jezabel. Finalmente fueron demolidas por Jehú (2 Rey. 10:26, 28).

La hija de Jezabel, Atalía, se casó con Joram, rey de Judá, y su influencia se extendió sobre ese reino también, especialmente durante el reino del otro Ocozías, hijo de Joram, y posiblemente el de Atalía misma. Atalía entrenó a su hijo Ocozías en hacer el mal. Él anduvo en los caminos de Acab, su abuelo (2 Rey. 8:27). Después de la muerte de Ocozías, Atalía habría eliminado todo el linaje de David, pero el bebé Joás fue salvado por su tía Josaba, hermana (o tal vez hermanastra) de Ocozías, y esposa del sumo sacerdote Joiada (2 Crón. 22:11). Jezabel y su hija, junto con los reyes sobre quienes ellas influyeron, tuvieron éxito en arruinar los reinos de Israel y de Judá desde adentro.


1.    La "imagen" ha sido traducida como "bosque" en algunas versiones. El significado exacto es incierto. Podemos entender que fue una especie de representación en madera de Asera.

2.         Casi un siglo más tarde, el profeta Amós encontró necesario condenar a los ricos que poseían casas de verano y de invierno, y que vivían en casas adornadas con marfil (Amós 3:15).

 

Compilador: Dr. Pedro Martínez

 


 

 
 

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