Notas de Elena White

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La Reforma Pro-Salud

Mensajes Selectos, Tomo 3, pp 309-338

Lección 9

Para el 2 de Junio del 2007


 

 

Introducción

Aunque en los libros de Elena G. de White hay mucho que trata de la salud y la reforma pro salud, ninguna declaración de su pluma relata la recepción de las primeras visiones que tuvo sobre este tema. Puede notarse que ella las recibió en 1848, 1854 y 1863. Para saber que en 1848 hubo una visión que tocaba puntos de salud, debemos leer una declaración de Jaime White, publicada en la Review and Herald el 8 de noviembre de 1870; él dice:

"Hace veintidós años, en este otoño, se nos llamó la atención a los efectos perniciosos del tabaco, el té y el café, por medio del testimonio de la Sra. White...

"Cuando conquistamos una buena victoria sobre estas cosas, y cuando el Señor vio que podíamos soportarlo, fue dada luz con respecto a la alimentación y el vestido".

El consejo ampliado sobre la limpieza y el régimen alimentario se encuentra en un testimonio escrito en 1854. Se hace una referencia específica a la visión del 6 de junio de 1863, relativa a la reforma pro salud, en la respuesta que la Sra. White dio a ciertas preguntas, y se publicó en la Review and Herald del 8 de octubre de 1867.

El interés creciente en detalles tales como los que aquí se revelan, justifica la inclusión de estos asuntos en este tomo, aunque ellos sean en cierto sentido irregulares en su forma.

Las declaraciones repetidas de que ella no dependió para escribir sobre salud de escritores contemporáneos, son significativas, no solamente en un estudio de cómo ella recibió la luz sobre la reforma pro salud, sino en un estudio general de su obra.

La declaración de 1881 sobre el uso debido de los testimonios relativos a la reforma pro salud, muestra que ella tenía un cuidadoso equilibrio en su obra de enseñar los principios de salud. Los fideicomisarios. 311

31 Primeras Visiones que Exigen Reformas

Se llama la atención al tabaco, el té y el café en 1848 y en 1851

He visto en visión que el tabaco es una hierba sucia, y que debe descartarse o abandonarse... A menos que se abandone, el enojo de Dios estará sobre el que la use, y no podrá ser sellado con el sello del Dios vivo (Carta 5, 1851. The Review and Herald del 8 de noviembre de 1870; Jaime White sitúa el tiempo de la visión en el otoño de 1848. Véase la Introducción).

Principios importantes revelados en 1854

Entonces vi una falta de limpieza entre los observadores del sábado... Vi que Dios estaba purificando para sí a un pueblo peculiar. Él tendrá un pueblo limpio y santo en el cual pueda deleitarse. Vi que el campo debía ser limpiado, o Dios pasaría por él y vería la suciedad de Israel y no acompañaría los ejércitos a la batalla. Él se retiraría de ellos con desagrado, y nuestros enemigos triunfarían sobre nosotros, y nosotros seríamos débiles, llenos de vergüenza y desgracia. 312

Vi que Dios no reconocería como cristiana a una persona desaliñada y sucia. Su desagrado está sobre los tales. Nuestras almas, cuerpos y espíritus han de ser presentados irreprensibles por Jesús al Padre, y a menos que seamos personas limpias y puras, no podremos ser presentados irreprensibles a Dios.

Vi que las casas de los santos deben conservarse limpias y ordenadas, libres de suciedad y de toda impureza. Vi que la casa de Dios había sido profanada por el descuido de los padres con sus hijos, y por la falta de limpieza y orden que hay en ella. Vi que estas cosas serán abiertamente reprendidas, y que si no se producía un cambio inmediato en estas cosas en algunos que profesan la verdad, ellos deberían ser puestos fuera del campo...

El apetito y el debido alimento.-

Vi entonces que el apetito debe controlarse, que no deben prepararse alimentos muy sazonados, suculentos o grasosos, y que lo que se gasta en satisfacer el apetito debe ponerse en la tesorería de Dios. Esto significará que los que se niegan a sí mismos atesorarán una recompensa en el cielo. Vi que Dios estaba purificando a su pueblo.

El orgullo y los ídolos deben ser puestos a un lado. Vi que los alimentos suculentos, pesados, estaban destruyendo la salud de los cuerpos, arruinando la constitución física, y acarreando un gran despilfarro de recursos.

Vi que había muchos en el pueblo remanente que eran enfermizos, y que estaban así por complacer su apetito. Si queremos tener buena salud, debemos manifestar especial cuidado con la salud que Dios nos ha dado, negarnos a satisfacer el apetito malsano, comer menos alimentos refinados, y comer alimentos íntegros (enteros, con cáscara, con fibra) y libres de grasa.* Entonces cuando os sentéis a la mesa, podréis de todo corazón pedir a Dios su bendición sobre los alimentos, y recibiréis fuerza de los alimentos íntegros y completos. Dios se alegrará 313 de bendecirlos bondadosamente, y resultarán benéficos para el que los recibe.

Vi que debíamos orar como Salomón lo hizo: "Manténme del pan necesario [conveniente]" (Prov. 30:8), y que al hacer la oración debemos ponerla en práctica. Buscad alimentos sencillos y esenciales para la salud, libres de grasa. Tales alimentos serán convenientes para nosotros.

Hay algunos observadores del sábado que hacen un dios de sus estómagos. Malgastan sus medios para obtener alimentos suculentos, pesados, grasosos. Vi que tales personas, si finalmente se salvan, conocerán lo que es el deseo opresivo, a menos que repriman sus apetitos y coman para la gloria de Dios. Hay sólo pocos que comen para gloria de Dios.

¿Cómo pueden los que tienen una torta y una masa de pastel llena de grasa pedir la bendición de Dios sobre ella, y entonces comerla para la gloria de Dios? Se nos ordena hacer todas las cosas para la gloria de Dios. Debemos comer y beber para su gloria (Manuscrito 3, 1854). 314

32 La Visión de 1863 Sobre la Reforma Pro Salud

Preguntas directas contestadas

Pregunta sobre la visión. ¿Recibió Ud. sus puntos de vista sobre la reforma pro salud antes de visitar el Instituto de Salud de Dansville, Nueva York,* y antes de haber leído libros sobre el tema?

Respuesta. Fue en la casa del Hno. A. Hilliard, en Otsego, Míchigan, el 6 de junio de 1863, donde el gran tema de la reforma pro salud fue abierto delante de mí en visión .

Yo no visité Dansville hasta agosto de 1864, catorce meses después de haber tenido la visión. No leí ninguna obra sobre salud hasta que hube escrito Spiritual Gifts (Dones espirituales), tomos 3 y 4, Appeal to Mothers (Llamado a las madres), y hasta que hube bosquejado la mayor parte de mis seis artículos en los seis números de la revista How to Live (Cómo vivir).

Yo no sabía que existía un periódico como The Laws of Life (Las leyes de la vida), publicado en Dansville, Nueva York. No tenía conocimiento de varias obras sobre salud, escritas por el Dr. J. C. Jackson, y otras publicaciones que existían en Dansville en el tiempo en que 315 tuve la visión mencionada anteriormente. No supe que existían tales obras hasta septiembre de 1863, cuando en Boston, Massachusetts, mi esposo las vio anunciadas en un periódico titulado Voice of the Prophets (La voz de los profetas), publicado por el pastor J. V. Himes. Mi esposo encargó las obras de Dansville, y las recibió en Topsham, Maine. Sus ocupaciones no le dieron tiempo de hojearlas, y como yo determiné no leerlas hasta que hubiera escrito mi visión, los libros permanecieron en sus envolturas.

Al presentar el tema de la salud a algunos amigos mientras trabajaba en Míchigan, Nueva Inglaterra, y en el Estado de Nueva York, y al hablar contra las drogas y la carne, y en favor del agua, el aire puro y un régimen alimentario apropiado, a menudo me llegaba la respuesta: "Ud. habla muy parecido a la revista Laws of Life, y otras publicaciones por los Drs. Trall, Jackson y otros. ¿Ha leído Ud. el periódico y esas obras?"

Mi respuesta era que no lo había hecho, y que tampoco las leería hasta que hubiera escrito completamente mi presentación, no fuera que se dijera que yo había recibido mi luz sobre ese tema de salud de los médicos, y no del Señor.

Y después que hube redactado mis seis artículos para la revista How to Live, entonces investigué las diversas obras sobre higiene, y me sorprendí al encontrarlas tan parecidas y tan en armonía con lo que el Señor me había revelado. Y con el objeto de mostrar esa armonía, y para presentar delante de mis hermanos y hermanas el tema como lo presentan hábiles escritores, decidí publicar la revista How to Live (Cómo vivir), en la cual mayormente presenté extractos de las obras referidas.

Cómo me fue revelada la reforma en el vestido*

Pregunta. La práctica adoptada por las hermanas 316 de usar sus vestidos [con el ruedo a] 22 cm (9 pulgadas) del suelo, ¿no contradice el Testimonio N.° 11 donde se dice que éstos deben llegar hasta un poco debajo del borde superior de la bota de una dama?

Respuesta. La altura apropiada a la cual debe estar el ruedo del vestido del suelo no me fue dada en pulgadas... Pero tres grupos de mujeres pasaron delante de mí, con sus vestidos de la siguiente manera con respecto a su largo:

El primer grupo llevaba un largo a la moda, que estorbaba los miembros inferiores, impidiendo caminar, y que barría la calle y recolectaba su suciedad; los malos resultados de este tipo [de vestido] los he declarado plenamente. Esta clase, compuesta de esclavas de la moda, aparecían débiles y lánguidas.

El vestido de la segunda clase de mujeres que pasaron delante de mí era, en muchos aspectos, como debía ser. Los miembros [piernas] estaban bien abrigadas. Estaban libres de la carga que el tirano Moda había impuesto sobre la primera clase. Pero ellas habían ido a tal extremo en lo corto del vestido, que éste producía disgusto y creaba prejuicios en las personas buenas, y destruía en gran medida su propia influencia. Este es el estilo y la influencia de la "moda americana", enseñada y usada por muchos en la revista Our Home (Nuestro Hogar), de Dansville, Nueva York. El vestido no llega a la rodilla. Tengo que decir que este estilo de vestido se me mostró que era demasiado corto.

Una tercera clase de mujeres, con una disposición gozosa, con paso libre y elástico, pasó delante de mí. Sus vestidos eran del largo que he descrito como adecuado, modesto y saludable. En todas las circunstancias, tales como subiendo o bajando escaleras, etcétera, se hallaba a unas pocas pulgadas por encima de la suciedad de la calle y de las veredas. 317

Como lo declaré anteriormente, el largo [del vestido] no me fue dado en pulgadas...

Relación de la visión con su redacción y la práctica

Y aquí declaré que aun cuando dependo tanto del Espíritu del Señor para redactar mis visiones como para recibirlas, las palabras que utilizo para describir lo que veo son mis propias palabras, a menos de que me sean dichas por un ángel, en cuyo caso siempre las pongo entre comillas.

Al escribir sobre el asunto del vestido, la visión de estos tres grupos revivió en mi mente con tanta claridad como cuando los observaba en la visión; pero se me dejó describir el largo debido del vestido en mi propio lenguaje, lo mejor que pudiera, lo cual he hecho cuando digo que el borde del vestido debe llegar hasta cerca del borde superior de una bota de mujer; y esto es necesario para estar libre de la suciedad de la calle en las circunstancias antes mencionadas.

Yo me puse un vestido cuyo largo era tan parecido al que había visto y descrito, según yo lo podía juzgar. Mis hermanas en el norte de Míchigan también lo adoptaron. Y cuando se llegó al tema de las pulgadas [altura] a fin de asegurar la uniformidad en cuanto al largo en todas partes se usó una regla, y se halló que el largo de los vestidos fluctuaba a una altura del piso, entre 20 y 24 cm (8 a 10") Algunos de éstos eran un poco más largos que la muestra que me fue presentada, mientras que otros eran un poco más cortos (The Review and Herald, 8 de octubre de 1867).

Escritos sobre salud del 16 de junio, día de la visión*

Vi que ahora debemos tener especial cuidado de la salud que Dios nos ha dado, pues nuestra obra no está terminada todavía. Nuestro testimonio debe ser dado y 318 debe tener influencia. Vi que yo había invertido demasiado tiempo y esfuerzo en coser y atender las visitas. Vi que los cuidados de la casa deben ser puestos a un lado. La preparación de la indumentaria es una trampa; otros pueden hacerlo. Dios no me ha dado fuerza para tal trabajo. Debemos preservar nuestra fuerza para trabajar por su causa, y presentar nuestro testimonio cuando éste se necesite. Vi que debemos ser cuidadosos con nuestra fuerza, y no tomar sobre nosotros cargas que otros pueden y deben llevar.

Vi que debemos cultivar una disposición mental alegre, esperanzada y pacífica, pues nuestra salud depende de eso. Vi que todos tenían el deber de cuidar su salud, pero que nosotros debemos prestarle una atención especial y tomarnos el tiempo necesario para dedicarlo a nuestra salud, a fin de que, en cierto grado, podamos recuperarnos de los daños que resultan de sobrecargar y abrumar la mente. La obra de Dios exige que no nos despreocupemos del cuidado de nuestra salud. Cuanto más perfecta sea nuestra salud, más perfecto será nuestro trabajo.

El observar y enseñar los principios de la reforma pro salud.-

Vi que cuando abusamos de nuestras fuerzas, trabajamos en exceso y nos cansamos mucho, contraemos resfríos, y en esas ocasiones estamos en peligro de que las enfermedades tomen un giro peligroso. No debemos dejarle a Dios el cuidado de nosotros para que él vigile y cuide lo que nos ha dejado a nosotros para que vigilemos y cuidemos. No es seguro ni agrada a Dios que se violen las leyes de la salud, y pedirle entonces que cuide nuestra salud y nos preserve de la enfermedad, cuando estamos viviendo contrariamente a nuestras oraciones.

Vi que era un deber sagrado atender nuestra salud, y despertar a otros ante su deber en este sentido, pero no 319 cargar nosotros con la preocupación de su caso. Sin embargo tenemos el deber de hablar, de oponernos a la intemperancia en todas sus formas intemperancia en el trabajo, en el comer, en el beber, intemperancia en el consumo de drogas, y entonces señalarles la gran medicina de Dios: el agua, el agua pura y suave, para la enfermedad, para la salud, para la limpieza y la higiene, y para los lujos.

Una actitud alegre y agradecida.-

Vi que mi esposo no debía permitir que su mente se espaciara en el lado equivocado, el lado oscuro y tenebroso de las cosas; que debía rehuir los pensamientos y los temas tristes, y estar alegre, feliz, agradecido, y que debía tener una firme confianza en Dios y una dependencia y una fe inquebrantable en él. Su salud será mucho mejor si él puede controlar su mente. Vi que mi esposo, más que cualquier otro, debía tener todo el descanso que puede obtener el sábado, cuando no predica...

Vi que no debíamos guardar silencio sobre el asunto de la salud, sino que debíamos despertar las mentes a este tema (Manuscrito 1, 1863).

Una revisión de los escritos sobre la reforma pro salud hecha en 1867

Las mentes enfermas tienen una experiencia enfermiza, en tanto que una mente sana, pura y saludable, con las facultades intelectuales despejadas, tendrá una experiencia sana que será de inestimable valor. La felicidad que disfruta una vida de bien será una recompensa diaria, y por sí misma será salud y gozo.

Estaba asombrada por las cosas que se me mostraron en visión. Muchas eran contrarias a mis propias ideas. El asunto estaba en mi mente continuamente. Hablé acerca de esto con todos aquellos con quienes tenía oportunidad de conversar. Mi primer escrito relativo a la visión 320 fue la sustancia del asunto, y está contenido en el tomo 4 [Spiritual Gifts] y en [mis seis artículos publicados en] How to Live, titulados "La enfermedad y sus causas".

Inesperadamente se nos pidió que visitáramos a Allegan para asistir a un funeral [23 de junio de 1863], y pronto después salimos en viaje al este [agosto 19]. Intenté terminar mi libro durante el viaje. Al visitar las iglesias, cosas que se me habían mostrado en relación con errores existentes sobre este asunto, requerían casi todo mi tiempo fuera de las reuniones para redactar lo concerniente a ellas. Antes de regresar a casa desde el este, había escrito cerca de 500 páginas a individuos y a iglesias.

Después de que regresamos del este [diciembre 21 de 1863] empecé a escribir el tomo 3 de [Spiritual Gifts], esperando tener un libro de un tamaño como para encuadernar junto con los testimonios que ayudaran a componer [Spiritual Gifts] el tomo 4. A medida que escribía, el asunto se desarrollaba delante de mí, y vi que era imposible presentar todo lo que tenía para escribir en unas pocas páginas, como lo había planeado al principio. El asunto se amplió, y el tomo 3 quedó completo. Entonces empecé con el tomo 4* [Spiritual Gifts], pero antes de que terminara mi trabajo, mientras redactaba para los impresores los temas sobre salud, fui invitada a ir a Monterey [California]. Fuimos, pero no pude terminar allí la obra tan pronto como esperábamos. Me vi obligada a regresar para terminar la preparación del manuscrito para los impresores, y postergamos un compromiso para la próxima semana.

Estos dos viajes en tiempo caluroso fueron demasiado para mis fuerzas. Había escrito casi constantemente por más de un año. Generalmente empezaba a escribir a las siete de la mañana y continuaba hasta las siete de la noche; y entonces dejaba de escribir para leer pruebas. 321 Había abusado severamente de mi mente, y durante tres semanas no había podido dormir más que dos horas por noche. Me dolía constantemente la cabeza.

Por lo tanto traté de incluir, apretadamente en el tomo 4 los puntos más esenciales de la visión relativa a la salud, pues intentaba publicar otro testimonio en el cual pudiera hablar más libremente en cuanto a la felicidad y las desdichas de la vida de casados. Con esta consideración, terminé el tomo 4 [agosto 23 de 1864] para que pudiera ser distribuido entre el pueblo. Reservé algunos asuntos importantes relativos a la salud, porque yo no tenía fuerza o tiempo para prepararlo para ese tomo, y sacarlo a tiempo para nuestro viaje al este (1864).

Escrito independientemente de libros u opiniones de otros

Lo que he escrito con respecto a la salud no fue tomado de libros o periódicos. Al relatar a otros las cosas que me habían sido mostradas, se me preguntó: "¿Ha visto Ud. la revista The Laws of Life (Las leyes de la vida) o Water Cure Journal (Curación por medio del agua)?" Les respondí: No; no he visto ninguna de esas publicaciones. Ellos [me] dijeron: "Lo que Ud. ha visto está de acuerdo con mucho de lo que ellos [los expertos] enseñan". Hablé libremente con el Dr. Lay y muchos otros sobre las cosas que me habían sido mostradas con respecto a la salud. Nunca había visto una revista que tratara asuntos de salud.

Después que la visión me fue dada, mi esposo despertó a las cuestiones de la salud. Compró libros en nuestro viaje al este, pero yo no los leí. Mi visión era clara, y no quería leer nada hasta que hubiera terminado completamente mis libros. Mis visiones fueron registradas por escrito, sin tener nada que ver con los libros o las opiniones de otros (Manuscrito 7, 1867). 323

33 El Debido Uso de los Testimonios Sobre la Reforma Pro Salud*

Creo plenamente que el fin de todas las cosas es inminente, y que debe emplearse toda facultad que Dios nos ha dado en el servicio más sabio y más elevado a él. El Señor ha llamado a un pueblo del mundo para prepararlo no sólo para un cielo santo y puro, sino para capacitar a sus miembros mediante la sabiduría que él les dará, para ser colaboradores con Dios en la tarea de preparar a un pueblo que esté en pie en el día de Dios.

Se ha dado gran luz sobre la reforma pro salud, pero es esencial que todos traten este tema con sinceridad y sabiduría. En nuestra experiencia hemos visto a muchos que no han presentado la reforma pro salud de una manera tal que produzca la mejor impresión sobre aquellos que ellos quisieran que recibieran sus puntos de vista. La Biblia está llena de consejos sabios, y aun el comer y beber recibe la debida atención en ella. El más alto privilegio que el hombre puede tener es el de ser participante de la naturaleza divina, y una fe que nos una en una fuerte relación con Dios amoldará de tal manera nuestra mente y nuestra conducta que lleguemos a ser uno con Cristo. 324

Nadie debe, por complacer un apetito intemperante, satisfacer sus gustos de tal manera que debilite alguna de las obras delicadas de la maquinaria humana y así incapacite la mente o el cuerpo. El hombre es la posesión adquirida del Señor.

Si somos participantes de la naturaleza divina, viviremos en comunión con nuestro Creador y valoraremos todas las obras de Dios que indujeron a David a exclamar: "Estoy admirable y maravillosamente hecho" (Sal. 139:14, KJ).* No debemos considerar los órganos del cuerpo como nuestra propiedad individual, como si nosotros los hubiéramos creado. Todas las facultades que Dios ha dado al cuerpo humano deben ser apreciadas. "No sois vuestros... Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Cor. 6: 19-20).

No debemos tratar con falta de sabiduría una sola facultad de la mente, del alma o del cuerpo. No podemos abusar de ninguno de los órganos delicados del cuerpo humano sin tener que pagar la penalidad por transgredir las leyes de la naturaleza. La religión de la Biblia, incorporada en la vida práctica, asegura el más alto cultivo del intelecto.

La temperancia es elevada a un alto nivel en la Palabra de Dios. Al obedecer su Palabra podemos elevarnos más y más. Se especifica el peligro de la intemperancia. A través de todas las Escrituras se presentan delante de nosotros las ventajas de la temperancia. La voz de Dios se dirige a nosotros: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mat. 5:48).

Se nos presenta el ejemplo de Daniel para que lo estudiemos cuidadosamente, y aprendamos las lecciones que Dios quiere que adquiramos en este ejemplo que tenemos en la historia sagrada. 325

Guardaos de los extremos

Deseamos presentar la temperancia y la reforma pro salud desde un punto de vista bíblico, y debemos ser muy cuidadosos para no ir a los extremos y propiciar en forma abrupta esta reforma. Seamos cuidadosos para no injertar en la reforma pro salud ni un solo pimpollo de acuerdo con nuestras propias ideas peculiares y exageradas, e introducir en su trama nuestros propios rasgos fuertes de carácter, haciendo de nuestras cosas la voz de Dios, y juzgando a todos los que no ven las cosas como nosotros las vemos. Se requiere tiempo para educar a la gente a fin de que abandonen los hábitos erróneos.

Vienen preguntas de parte de hermanos y hermanas que tienen interrogantes sobre la reforma pro salud. Se ha declarado que algunos están tomando la luz presentada en los testimonios sobre la reforma pro salud y convirtiéndola en una prueba [de discipulado]. Seleccionan declaraciones hechas con respecto a algunos artículos del régimen alimentario que son presentados como objetables, declaraciones escritas como advertencia e instrucción para ciertas personas que han entrado o estaban entrando en el mal camino. Ellos se espacian en estas cosas y las hacen tan estrictas como es posible, intercalando sus propios rasgos de carácter peculiares y objetables en esas declaraciones y presentándolas con gran fuerza; hacen de ellas una prueba, y las dirigen adonde producen sólo daño.

Necesidad de moderación y cuidado

Se necesita la mansedumbre y la humildad de Cristo. Se necesitan mucho la moderación y el cuidado, pero ellos [las personas de quienes se habla en el párrafo anterior] no tienen esos rasgos de carácter deseables. Necesitan el molde de Dios sobre ellos. Y tales personas pueden 326 tomar la reforma pro salud y hacer un gran daño al crear prejuicios en las mentes, de manera que los oídos se cierren a la verdad.

La reforma pro salud, tratada con sabiduría, resultará ser una cuña de entrada para que la verdad pueda seguir con notable éxito. Pero la presentación de la reforma pro salud en forma no sabia, haciendo de ese tema la carga gravosa del mensaje, ha servido para crear prejuicios en los no creyentes y para cerrar el camino de la verdad, dejando la impresión de que somos extremistas. El Señor quiere ahora que seamos sabios y comprensivos con respecto a su voluntad. No debemos dar ocasión para que seamos considerados fanáticos. Esto nos colocará, y a la verdad que Dios nos ha dado para presentar a la gente, en gran desventaja. Si tejemos en ella el yo no consagrado, lo que siempre debemos presentar como una bendición se convertirá en piedra de tropiezo.

Vemos a personas que seleccionan de los testimonios las declaraciones más fuertes, sin explicar o prestar atención a las circunstancias en las cuales las palabras de alerta y amonestación fueron dadas, y las aplican en todos los casos. Así producen impresiones desfavorables en la mente de la gente. Siempre hay personas que están listas para tomar cualquier cosa de un carácter tal que ellos puedan usar para imponer a la gente una prueba estricta y severa, e introducirán elementos de su propio carácter en las reformas. Esto despierta desde el mismo principio la oposición de los que precisamente podrían ser ayudados si se los tratara con cuidado. Ejercerían así una saludable influencia que uniría a la gente con ellos. Pero comienzan la obra con un ataque a las personas. Escogen algunas declaraciones de los testimonios, las aplican a todo el mundo, y disgustan a las personas en vez de ganarlas. Producen divisiones donde podrían y deberían traer paz. 327

El peligro de algunas familias

Se me mostró el peligro en que están algunas familias que tienen un temperamento excitable, en quienes predomina la naturaleza animal. No se debería hacer de los huevos un régimen alimenticio para sus hijos, pues esta clase de alimento los huevos y la carne fortalecen e inflaman las pasiones animales. Esto les dificulta extremadamente vencer la tentación que complace la práctica pecaminosa del abuso propio, que en esta época se practica casi en forma general. Esta práctica debilita las facultades físicas, mentales y morales, y cierra el camino a la vida eterna.

Se me mostró que algunas familias se hallan en condición deplorable. Debido a este pecado envilecedor, están donde la verdad de Dios no puede hallar acceso al corazón y a la mente. Esta práctica conduce al engaño, a la falsedad, a las prácticas licenciosas y a corromper a otras mentes, aun de niños y muy jóvenes. El hábito, una vez formado, es más difícil de vencer que el apetito por el licor o el tabaco.

Estos males, que predominan tanto, me indujeron a hacer la declaración que hice. Los reproches especiales se presentaron en advertencias hechas a otras personas; así llegan a ser accesibles a otras familias fuera de los individuos corregidos y reprendidos. Pero permitid que los testimonios hablen por sí mismos. Que ninguna persona reúna las declaraciones más fuertes, dadas para algunos individuos y familias, y esgriman estas cosas porque desean usar el látigo y porque quieren tener algo para esgrimir. Que estos temperamentos activos y determinados tomen la Palabra de Dios y los testimonios, los cuales presentan la necesidad de tolerancia, amor y perfecta unidad, y trabajen en forma celosa y perseverante. Sus corazones enternecidos por la gracia de Cristo, con espíritus humildes y llenos del manjar de la bondad humana, 328 no crearán prejuicio, ni causarán disensión, ni debilitarán las iglesias.

Mantequilla, carne y queso

La pregunta de si debemos consumir mantequilla, carne o queso, no debe presentarse a nadie como una prueba; pero en cambio, nosotros debemos educar y mostrar los males de las cosas que son objetables. Los que juntan estas cosas y las esgrimen contra otros no saben la obra que están haciendo. La Palabra de Dios ha establecido pruebas [de discipulado] para el pueblo del Señor. Observar la santa ley de Dios, el sábado, es una prueba, una señal entre Dios y su pueblo por todas las generaciones y eternamente. Esta es, para siempre, la carga del mensaje del tercer ángel: los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo.

El té, el café, el tabaco y el alcohol*

Debemos presentar el té, el café, el tabaco y el alcohol como complacencias pecaminosas. No podemos colocar en el mismo plano la carne, los huevos, la mantequilla, el queso y alimentos semejantes que se sirven sobre la mesa. Estas cosas no deben destacarse como si fueran lo principal de nuestra obra. Las cosas antes mencionadas el té, el café, el tabaco, la cerveza, el vino y todas las bebidas alcohólicas no deben tomarse [ni] moderadamente) sino que deben ser descartadas. Los narcóticos venenosos no tienen por qué ser tratados de la misma manera que el tema de los huevos, la mantequilla y el queso.

El alimento animal [a base de carne] no se destinó en el principio para que fuera el régimen [alimenticio] del hombre. Tenemos todas las evidencias de que la carne de los animales es peligrosa, porque las enfermedades están generalizándose rápidamente; y esto se debe a que la 329 maldición pesa en forma más intensa a consecuencia de los hábitos y crímenes del hombre. Tenemos que presentar la verdad. Debemos ser cuidadosos al usar la razón para seleccionar los artículos alimenticios que producirán la mejor sangre y la mantendrán en una condición no impetuosa (Manuscrito 5, 1885).

Una obra que desacredita la reforma pro salud

Habrá algunos que no dejarán la mejor y más correcta impresión sobre las mentes. Los tales tenderán a albergar ideas y planes estrechos, y no tendrán la menor idea de lo que es la reforma pro salud. Tomarán testimonios que han sido dados para personas en particular y en circunstancias especiales, y harán de estos testimonios reglas generales para aplicarlos a todos los casos; y de esta manera traen descrédito sobre mi obra y sobre la obra de los testimonios con respecto a la reforma pro salud (Carta 57, 1886). 330

34 Peligros Espirituales y Físicos por la Complacencia de los Apetitos

Cambios debidos al uso de la carne

La carne de animales no fue el alimento original del hombre. A éste se le permitió comerla después del diluvio, porque toda la vegetación había sido destruida. Pero la maldición pronunciada sobre el hombre, sobre la tierra y sobre todo ser viviente, ha producido cambios extraños y asombrosos, y desde el diluvio la raza humana ha estado acortando su período de vida. La degeneración física, mental y espiritual está aumentando rápidamente en estos días finales (Manuscrito 3, 1897).

El gusto y el juicio han sido corrompidos

No conocéis el peligro de comer carne simplemente porque vuestro apetito lo reclama. Al participar el hombre de este régimen, coloca en su boca algo que estimula pasiones que no son santas. Emociones impías llenan la mente, y las percepciones espirituales se anublan, pues la complacencia propia tiende a corromper el gusto y el juicio. Al servir en vuestra mesa esa clase de alimentos vais en contra de la voluntad de Dios. Se produce una 331 condición de cosas que os inducirá a desatender los preceptos de la ley de Dios...

Pero no es un asunto fácil vencer las tendencias heredadas y cultivadas. El yo es dominante, y lucha por la victoria. Pero las promesas son para "el que venciere". El Señor presenta el camino correcto, pero él no obliga a nadie a obedecer. Él deja al arbitrio de quienes ha concedido la luz, recibirla o despreciarla; pero la conducta de los tales es seguida por seguros resultados. La causa debe producir efectos...

Descansa sobre los padres la más solemne obligación de conformarse con los hábitos correctos en el comer y beber. Presentad delante de vuestros hijos alimentos sencillos y sanos, evitando todo lo que sea de una naturaleza estimulante. Los efectos que un régimen a base de carne tendrá sobre hijos nerviosos no tenderá a hacerlos de un temperamento dulce, sino malhumorados, irritables, apasionados e impacientes frente a las restricciones; se pierden las prácticas virtuosas, y la corrupción destruye la mente, el alma y el cuerpo (Manuscrito 47, 1896).

La salud espiritual sacrificada

El comer carne de animales es pernicioso para la salud del cuerpo, y todos los que siguen un régimen a base de carne están intensificando sus pasiones animales, y disminuyendo la susceptibilidad de su alma para comprender la fuerza de la verdad y la necesidad de que ésta sea incorporada en su vida práctica (Carta 54, 1896).

La vida física y la religiosa están relacionadas

El comer carne tiene un efecto perjudicial sobre la espiritualidad. Cuando se hace de la carne el alimento principal de la alimentación, las facultades más elevadas resultan dominadas por las pasiones bajas. Estas cosas son una ofensa para Dios y causan declinación en la vida 332 espiritual... Cualquier cosa que hagamos en materia de comer y beber debe hacerse con el propósito especial de nutrir el cuerpo, para que podamos servir a Dios para la gloria de su nombre. El cuerpo entero es propiedad de Dios, y debemos prestar estricta atención a nuestro bienestar físico, porque la vida religiosa está estrechamente relacionada con los hábitos y prácticas físicos (Carta 69, 1896).

El Señor ha estado enseñando a su pueblo que el abstenerse de consumir carne es para el bienestar espiritual y físico de ellos. No hay necesidad de comer carne de animales (Carta 83, 1901).

El peligro de la ignorancia voluntaria

Lo que comemos y bebemos tiene una influencia importante sobre nuestras vidas, y los cristianos deben conformar sus hábitos en el comer y beber con las leyes de la naturaleza. Debemos sentir nuestra obligación hacia Dios en estos asuntos. La obediencia a las leyes de la salud debe ser materia de estudio ferviente, pues la ignorancia voluntaria sobre este tema es pecado. Todos deben sentir la obligación personal de poner en práctica las leyes del sano vivir.

¿A quién pertenecemos?

Muchos se apartan de la luz debido a alguna palabra de advertencia que se ha dado, y preguntan: "¿No podemos hacer lo que nos plazca con nosotros mismos?" ¿Os habéis creado a vosotros mismos? ¿Habéis pagado vosotros el precio de la redención de vuestro cuerpo y de vuestra alma? Si es así, os pertenecéis a vosotros mismos. Pero la Palabra de Dios declara: "Habéis sido comprados por precio" (1 Cor. 6:20): "la sangre preciosa de Cristo"(1 Ped. 1:19). La Palabra de Dios nos dice claramente que debemos guardar y dominar estrictamente 333 nuestros hábitos naturales. "Que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma" (1 Ped. 2:11). ¿Lo haremos? La Palabra de Dios es perfecta, convierte el alma. Si prestamos diligente atención a sus preceptos, nos conformaremos física y espiritualmente a la imagen de Dios (Carta 103, 1896).

Obstáculos para el progreso mental y la santificación del alma

Dios exige continuo progreso de parte de su pueblo. Sus hijos necesitan aprender que la complacencia del apetito es un obstáculo para el progreso mental y la santificación del alma. Comemos demasiado, a pesar de toda la profesión que hacemos de la reforma pro salud. La complacencia del apetito es la mayor causa de debilidad física y mental, y esto es lo que produce mayormente debilidad y muerte prematura. La intemperancia empieza en nuestras mesas cuando usamos una combinación no juiciosa de alimentos. La persona que trata de poseer pureza de espíritu debe recordar que en Cristo hay poder para controlar el apetito (Manuscrito 73, 1908).

A medida que nos acercamos al final de la historia de esta tierra, prevalecen el egoísmo, la violencia y el crimen, como en los días de Noé. Y la causa de esto es la excesiva complacencia de los apetitos y pasiones. Se necesita, especialmente en este tiempo, una reforma en los hábitos de vida, a fin de preparar a un pueblo para la venida de Cristo. El Salvador mismo advierte a su iglesia: "Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día" (Luc. 21:34).

La reforma higiénica es un tema que necesitamos entender para estar preparados para los acontecimientos que están por sobrecogernos. Es un ramo de la obra del 334 Señor que no ha recibido la atención que merece, y mucho es lo que se ha perdido por el descuido. Debe ocupar un lugar prominente, pues no es un asunto baladí que debe pasarse por alto como algo no esencial o que debe tratarse como una broma. Si la iglesia manifestara mayor interés en esta reforma, su influencia para el bien aumentaría mucho.

Para aquellos que están esperando la venida del Señor, para los que han sido llamados a ser colaboradores en su viña para todos los que se están preparando para un lugar en el reino eterno, ¡cuán importante es que el cerebro se mantenga claro y que el cuerpo esté tan libre, cuanto sea posible, de la enfermedad! (Manuscrito 9, sin fecha). 335

35 Enseñando la Reforma Pro Salud en la Familia

Los padres deben ser consecuentes delante de sus hijos a la hora de comer

La obra que nos toca hacer ahora es muy solemne y ferviente. No podemos evadirla. Existe la mayor necesidad de educación en más de un sentido. Una gran necesidad que ambos de vosotros tenéis, es sentir que debéis estar bajo la supervisión de Dios. Sois su propiedad. Vuestros hijos son [también] su propiedad para ser preparados como los miembros más jóvenes de la familia de Dios, para que no se consideren especialmente complacidos en algún capricho en tanto que se les niega otro. Si vosotros fuerais observadores del mismo plan de disciplina que veis que otros siguen en su trato con sus hijos, los criticaríais severamente.

Y de nuevo: no os complazcáis cuando os sentéis a la mesa provista de una gran variedad de alimentos, y como os gustan estas cosas las comáis a la vista de vuestros hijos, mientras les decís a ellos: "No, vosotros no podéis serviros de esto, porque os hace mal", mientras vosotros coméis abundantemente de las mismas cosas 336 que les prohibís a ellos que toquen. Vuestra disciplina en este respecto necesita reforma, y a ésta debe aplicarse el principio de la práctica.

Es una crueldad que vosotros os sentéis a tomar una tercera comida, y a tener la satisfacción de platicar y gozar, en tanto que obligáis a vuestros hijos a sentarse a un lado y a no comer nada, pensando que esto representa una excelente disciplina bajo la cual están vuestros hijos, a saber: permitirles que os vean comer y que no se rebelen contra vuestra autoridad. Ellos se rebelan. Ahora son jóvenes, pero el continuar este tipo de disciplina echará a perder vuestra autoridad.

El instar a los hijos a comer en exceso

Por otra parte parecéis temer que cuando vuestros hijos estén en la mesa no coman suficiente, y los instáis a comer y beber. No necesitáis tener la menor preocupación y manifestar la ansiedad que habéis tenido de que no coman suficiente. Sus pequeños estómagos no son grandes, y no pueden contener una gran cantidad. Por esta razón es mucho mejor dejar que tengan tres comidas en vez de dos. Si les permitís tomar una gran cantidad de alimento en una comida, sentáis la base para ensanchar sus estómagos, lo cual resulta en dispepsia.

El comer y beber lo que no les es agradable no es sabiduría. Y de nuevo: estad seguros de colocar delante de ellos precisamente los alimentos que queréis que consuman. Lo que constituye una cualidad saludable para ellos es saludable para vosotros. Pero la cantidad de alimentos, aun saludables, debe ser cuidadosamente estudiada, de manera que no se introduzca en el estómago una cantidad demasiado grande en una sola comida. Debemos ser temperantes nosotros mismos en todas las cosas, si queremos impartir las debidas lecciones a nuestros hijos. Cuando sean de más edad, cualquier falta de 337 consideración de vuestra parte llega a hacerse notable (Carta 12, 1884).

No establezcáis una regla única

No debe permitirse comer nada entre comidas. Yo he tomado dos comidas por día durante los últimos veinticinco años. No uso mantequilla, pero algunos de los que trabajan conmigo y que se sientan a mi mesa comen mantequilla. Ellos no pueden tomar leche, porque se les agría en el estómago, mientras que pueden tolerar una pequeña cantidad de mantequilla.

No podemos regular el asunto del régimen alimentario estableciendo una regla única. Algunos pueden comer frijoles y arvejas secas, pero para mí esos alimentos me resultan intolerables. Son como venenos. Algunos tienen apetito y gusto por ciertas cosas, y las asimilan bien. Otros no tienen apetito por esos alimentos. De manera que no puede hacerse una regla única para todos (Manuscrito 15, 1889). 338

 

 

 

 

 

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