Notas de Elena White

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La Biblia y la salud

Lección 9

Para el 2 de Junio del 2007


 

 

Sábado 26 de mayo

"Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad" (3 Juan 2).

La luz que Dios ha dado acerca de la reforma pro salud es para nuestra salvación y la salvación del mundo. Hombres y mujeres debieran ser informados respecto de la habitación humana, preparada por nuestro Creador como su lugar de morada, y de la cual quiere que seamos fieles mayordomos ... Nuestros cuerpos están hechos maravillosamente, y el Señor requiere que los mantengamos en orden. Todos estamos bajo la obligación de mantener la estructura humana en una condición saludable e íntegra, para que los músculos y cada órgano pueda utilizarse para el servicio de Dios ... Dios, quien formó la maravillosa estructura del cuerpo, tomará especial cuidado para mantenerla en orden, si los hombres colaboran, en lugar de trabajar contra él (Nuestra elevada vocación, p. 269).

Al referirse a estas carreras como figura de la lucha cristiana, Pablo recalcó la preparación necesaria para el éxito de los contendientes en la carrera: la disciplina preliminar, el régimen alimenticio abstemio, la necesidad de temperancia. "Y todo aquel que lucha -declaró- de todo se abstiene". Los corredores renunciaban a toda complacencia que tendería a debilitar las facultades físicas, y mediante severa y continua disciplina, desarrollaban la fuerza y resistencia de sus músculos, para que cuando llegase el día del torneo, pudieran exigir el mayor rendimiento a sus facultades. ¡Cuánto más importante es que el cristiano, cuyos intereses eternos están en juego, sujete sus apetitos y pasiones a la razón y a la voluntad de Dios! (Los hechos de los apóstoles, p. 250).

En el caso de nuestros primeros padres, el deseo intemperante dio por resultado la pérdida del Edén. La templanza en todo tiene que ver con nuestra reintegración en el Edén más de lo que los hombres se imaginan (El ministerio de curación, p. 91).

 

Domingo 27 de mayo: Tener salud

"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" (1 Corintios 6:19).

Mediante una figura hermosísima e impresionante, la Palabra de Dios muestra en qué consideración tiene él nuestro organismo físico y la responsabilidad que tenemos de conservarlo en la mejor condición ... El cuerpo, es un templo en el cual Dios desea morar ... hay que conservarlo puro, como morada de pensamientos elevados y nobles.

El conocimiento de que el hombre ha de ser templo para Dios, habitación para la revelación de su gloria, debe ser el mayor incentivo para el cuidado y desarrollo de nuestras facultades físicas. Asombrosa y maravillosamente Dios ha formado el cuerpo humano, y nos manda que lo hagamos objeto de nuestro estudio, que nos demos cuenta de sus necesidades, y que hagamos cuanto esté de nuestra parte para preservarlo de daño y de contaminación.

Debiéramos cultivar hasta el más alto grado de perfección, todas las facultades con que el Creador nos ha dotado, a fin de rendir la máxima utilidad de que somos capaces ... No podemos permitimos dañar o entorpecer ninguna función de la mente o del cuerpo. Si lo hacemos deberemos sufrir las consecuencias.

El deseo de Dios para todo ser humano va expresado en las palabras: "Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad" (La fe por la cual vivo, p. 229).

"Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma" (3 Juan 2).

El correcto empleo de uno mismo es la lección más valiosa que se puede aprender. No debemos realizar trabajo mental y detenemos allí, ni hacer trabajo físico solamente; debemos emplear de la mejor manera las diversas piezas que componen la maquinaria humana: el cerebro, los huesos, los músculos, la cabeza y el corazón.

El uso correcto del cuerpo incluye todo el ciclo de las obligaciones hacia uno mismo, el mundo y Dios. Úsense entonces las facultades físicas en proporción con las mentales. Cada acto deriva su valor del motivo que lo impulsa, y si los motivos no son elevados, puros y abnegados, la mente y el carácter nunca serán bien equilibrados ...

Pertenecéis al Señor, porque él os ha creado. Le pertenecéis por causa de la redención, porque dio su vida por vosotros ... Preservad cada parte de la maquinaria viviente para que podáis usarla para Dios. Preservadla para él. Vuestra salud depende del uso correcto del organismo. No malgastéis ninguna porción de las facultades dadas por Dios, ya sean físicas, mentales o morales. Todos vuestros hábitos deben ser puestos bajo el dominio de Dios (Hijos e hijas de Dios, p. 173).

 

Lunes 28 de mayo: La salud y la restauración

Por su transgresión, el ser humano se separó de Aquel que es luz y amor; se alejó de él y quedó condenado por sus delitos y pecados. La única esperanza para la raza caída era una reconciliación con Dios. Satanás había representado tan mal el carácter de Dios que el ser humano no tenía forma de concebirlo correctamente. Pero al cumplir con el plan de salvación, Cristo demostró que "Dios es amor". El Padre nos ama, no por causa de la gran propiciación; al contrario, proveyó la propiciación porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual él pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo". Dios sufrió con su Hijo la agonía del Getsemaní y la muerte en el Calvario; el corazón de Amor Infinito pagó el precio de nuestra redención (The Bible Echo, agosto 1, 1892).

Mediante Cristo, se dan al hombre tanto restauración como reconciliación. El abismo abierto por el pecado ha sido salvado por la cruz del Calvario. Un rescate pleno y completo ha sido pagado por Jesús en virtud del cual es perdonado el pecador y es mantenida la justicia de la ley. Todos los que creen que Cristo es el sacrificio expiatorio pueden ir y recibir el perdón de sus pecados, pues mediante los méritos de Cristo se ha abierto la comunicación entre Dios y el hombre. Dios puede aceptarme como a su hijo y yo puedo tener derecho a él y puedo regocijarme en él como en mi Padre amante. Debemos centralizar nuestras esperanzas del cielo únicamente en Cristo, pues él es nuestro sustituto y garantía.

Hemos transgredido la ley de Dios, y por las obras de la ley ninguna carne será justificada. Los mejores esfuerzos que pueda hacer el hombre con su propio poder son ineficaces para responder ante la ley santa y justa que ha transgredido, pero mediante la fe en Cristo puede demandar la justicia del Hijo de Dios como plenamente suficiente. Cristo satisfizo las demandas de la ley en su naturaleza humana. Llevó la maldición de la ley por el pecador, hizo expiación para él a fin de que cualquiera que cree en él, no se pierda sino tenga vida eterna. La fe genuina se apropia de la justicia de Cristo y el pecador es hecho vencedor con Cristo, pues se lo hace participante de la naturaleza divina, y así se combinan la divinidad y la humanidad (Mensajes selectos, 1. 1, p. 426).

La restauración es la esencia misma del evangelio, y el Salvador quiere que sus siervos inviten a los enfermos, a los desesperados y a los afligidos a confiar en su poder. Los siervos de Dios son los conductos de su gracia, y por ellos desea ejercer su poder sanador. Es obra suya presentar a los enfermos y a los que sufren al Salvador en los brazos de la fe. Deben vivir tan cerca de él, y revelar tan claramente en sus vidas el efecto de su verdad, que él pueda emplearlos como medios de bendecir a aquellos que necesitan ayuda corporal al mismo tiempo que curación espiritual (Obreros evangélicos, p. 225).

Los que enseñan los principios de la reforma de la salud deben comprender bien los asuntos relacionados con la enfermedad y sus causas, y entender que cada acción del agente humano debe realizarse en perfecta armonía con las leyes de la vida. La luz que Dios nos ha concedido en esto de la reforma de la salud es para nuestra propia salvación y la del mundo. Se debe informar a la gente con relación al cuidado del cuerpo humano, preparado por el Creador para que sea su morada, y sobre el cual desea que ejerzamos una mayordomía fiel (Consejos sobre la salud, p. 478).

 

Martes 29 de mayo: Jesús, el gran Sanador

Leed las Escrituras con cuidado, y hallaréis que Cristo utilizó la mayor parte de su ministerio para restaurar la salud del doliente y el afligido. Así devolvió a Satanás la deshonra del mal que el enemigo de todo bien había originado. Satanás es el destructor; Cristo es el Restaurador. Y en nuestra tarea como colaboradores con Cristo, tendremos éxito si obramos siguiendo directivas prácticas. Ministros, no circunscribáis vuestra labor a dar instrucción bíblica. Haced obra práctica. Tratad de restaurar el enfermo a la salud. Este es el ministerio verdadero. Recordad que la restauración del cuerpo prepara el camino para la restauración del alma (El ministerio médico, p. 317).

Cristo era, en todo el sentido de la palabra, un misionero médico. Vino a este mundo a predicar el evangelio y a sanar a los enfermos. Vino como sanador de los cuerpos tanto como de las almas de los seres humanos. Su mensaje era que la obediencia de las leyes del reino de Dios proporcionaría salud y prosperidad a los hombres y mujeres (Consejos sobre la salud, p. 314).

En el ministerio de curación, el médico ha de ser colaborador de Cristo. El Salvador asistía tanto al alma como al cuerpo. El evangelio que enseñó fue un mensaje de vida espiritual y de restauración física. La salivación del pecado y la curación de la enfermedad iban enlazadas. El mismo ministerio está encomendado al médico cristiano. Debe unirse con Cristo en la tarea de aliviar las necesidades físicas y espirituales del prójimo. Debe ser mensajero de misericordia para el enfermo, llevándole el remedio para su cuerpo desgastado y para su alma enferma de pecado.

Cristo es el verdadero jefe de la profesión médica. El supremo Médico se encuentra siempre al lado de todo aquel que ejerce esa profesión en el temor de Dios y trabaja por aliviar las dolencias humanas. Mientras emplea remedios naturales para aliviar la enfermedad física, el médico debe dirigir a sus pacientes hacia Aquel que puede aliviar las dolencias del alma tanto como las del cuerpo. Lo que los médicos tan sólo pueden ayudar a realizar, Cristo lo cumple. Aquéllos procuran estimular la obra curativa de la naturaleza; Cristo sana. El médico procura conservar la vida; Cristo la da (El ministerio de curación, p. 75).

Jesús sanaba el cuerpo tanto como el alma. Se interesaba en toda forma de sufrimiento que llegase a su conocimiento, y para todo doliente a quien aliviaba, sus palabras bondadosas eran como un bálsamo suavizador. Nadie podía decir que había realizado un milagro; pero una virtud -la fuerza sanadora del amor- emanaba de él hacia los enfermos y angustiados. Así, en una forma discreta, obraba por la gente desde su misma niñez. Ésa fue la razón por la cual después que comenzó su ministerio público, tantos le escucharon gustosamente (El Deseado de todas las gentes, p. 71).

 

Miércoles 30 de mayo: Moderación en todas las cosas

La intemperancia es la base de una buena parte de los males de la vida. Anualmente destruye a decenas de miles. No restringimos la intemperancia al empleo de bebidas alcohólicas, sino que le damos un significado más amplio que incluye la complacencia dañina de cualquier apetito o pasión. Miles en la actualidad sufren la tortura del dolor físico y desearían no haber nacido; pero Dios no planeó tal condición: ésta es el resultado de una clara violación de las leyes naturales. Si los apetitos y las pasiones estuvieran bajo el control de un razonamiento santificado, la sociedad presentaría un aspecto totalmente diferente. Muchas cosas que se incluyen en la dieta no son buenas como alimento y el gusto por ellas no es natural sino adquirido. Las comidas con fuertes estimulantes producen un deseo de cosas aún más fuertes; tales productos no se digieren correctamente y hacen que el sistema digestivo quede completamente fuera de control. "No toques, no pruebes, no gustes", es un refrán que puede aplicarse no solamente a los licores. La verdadera temperancia nos enseña a abstenemos de todo lo que sea dañino y a usar juiciosamente todo lo que sea nutritivo y saludable (The Health Reformer, abril 1, 1877).

La vida de Daniel es una ilustración inspirada de lo que constituye un carácter santificado. Presenta una lección para todos, y especialmente para los jóvenes. El cumplimiento estricto de los requerimientos de Dios es benéfico para la salud del cuerpo y la mente. A fin de alcanzar las más altas condiciones morales e intelectuales, es necesario buscar sabiduría y fuerza de Dios, y observar la estricta temperancia en todos los hábitos de la vida. En la experiencia de Daniel y de sus compañeros tenemos un ejemplo del triunfo de los principios sobre la tentación a complacer el apetito. Nos muestra que por medio de los principios religiosos los jóvenes pueden triunfar sobre el apetito de la carne, y permanecer leales a los requerimientos divinos, aun cuando ello les costase un gran sacrificio (La temperancia, pp. 136, 137).

La intemperancia en el comer, aunque se trate de alimentos de la debida calidad, tendrá una influencia agotadora sobre el organismo y embotará las emociones más sensibles y santas. La temperancia estricta en el comer y beber es altamente esencial para la sana conservación y el ejercicio vigoroso de todas las funciones del cuerpo. Los hábitos estrictamente temperantes, combinados con el ejercicio de los músculos tanto como de la mente, conservarán el vigor mental y físico y darán fuerza y resistencia a los que se dedican al ministerio, a los redactores y a todos los demás cuyos hábitos sean sedentarios. Como pueblo, a pesar de que profesamos practicar la reforma pro salud, comemos demasiado. La complacencia del apetito es la causa más importante de la debilidad física y mental y es el cimiento de la flaqueza que se nota por doquiera (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 417).

La complacencia de los apetitos animales ha degradado y esclavizado a muchos. La abnegación y la restricción de los apetitos animales son necesarias para levantar la condición de los seres humanos y establecer y promover entre ellos una salud mejor y principios morales más elevados, y quitar así la corrupción de la sociedad. Cada violación de los principios alimentarios contribuye a embotar las facultades de percepción, haciendo imposible que la persona culpable pueda apreciar las cosas eternas o valorarlas correctamente. La humanidad no debe ignorar las consecuencias de los excesos; esto es de importancia fundamental. La temperancia en todas las cosas es indispensable para la promoción de la buena salud y el desarrollo y el crecimiento de un buen carácter cristiano (Consejos sobre la salud, pp. 38, 39).

A medida que nos aproximamos al fin del tiempo, debemos elevamos cada vez más en lo que concierne a la reforma pro salud y a la temperancia cristiana, y presentarlas en una forma más positiva y definida. Debemos esforzamos continuamente para educar a la gente, no sólo por medio de las palabras sino también mediante nuestra práctica. El precepto y la práctica combinados ejercen una influencia definida (Consejos sobre la salud, p. 465).

 

Jueves 31 de mayo: Relaciones sanas

"Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (S. Juan 13:34, 35).

El amor de Cristo es una cadena de oro que une a los seres humanos finitos, que creen en Jesucristo, con el Dios infinito. El amor que el Señor tiene por sus hijos, sobrepasa todo conocimiento. Ninguna ciencia puede definirlo o explicarlo. Ninguna sabiduría puede sondearlo.

El egoísmo y el orgullo entorpecen el amor puro que nos une en espíritu con Jesucristo. Si se cultiva verdaderamente este amor, lo finito se unirá con lo infinito y todo se centrará en el Infinito. La humanidad se unirá con la humanidad, y toda se unirá con el corazón del Amor Infinito. El amor santificado de unos hacia otros es sagrado. En esta gran obra, el amor cristiano de unos hacia otros -más elevado, más constante, más cortés y más desinteresado de lo que se ha visto- preserva la ternura cristiana, la benevolencia cristiana, la cortesía, y reúne a la hermandad humana en el abrazo de Dios, reconociendo la dignidad con la cual Dios ha investido los derechos del hombre.

La cadena dorada del amor, que une los corazones de los creyentes en unidad, con vínculos de amistad y de amor, y en unidad con Cristo y el Padre, realiza la perfecta conexión y da al mundo un testimonio del poder del cristianismo que no puede ser controvertido ... Entonces el egoísmo será desarraigado y no existirá más. Entonces no habrá luchas ni divisiones. No habrá obcecación en ninguno que esté unido con Cristo. Ninguno manifestará la obcecada independencia del hijo descarriado e impulsivo, que desecha la mano que se extiende para conducirlo, y tropieza y anda en sus propios caminos.

El amor es una planta tierna, y debe ser cultivada y apreciada, y las raíces de la amargura deben ser arrancadas de su alrededor, a fin de que tenga lugar para expandirse, y entonces llevará bajo su influencia a todos los poderes de la mente, y del corazón, para que amemos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Nuestra elevada vocación, p. 175).

Cristo requiere que nos amemos unos a otros; ¿Cuánto? La cruz del Calvario nos da la respuesta. Él nos amó hasta la muerte, y nos pide que nos amemos unos a otros "como yo os he amado". "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros". y cuando esta cortesía y paciencia mutuas sean una realidad entre nosotros, apreciaremos más la ilustración empleada por el apóstol para representar a la iglesia de Cristo: "Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular". Llevaremos los unos las cargas de los otros, y cumpliremos así la ley de Cristo (Signs of the Times, mayo 18, 1888).

Que los obreros en la causa de Dios se unan y trabajen en perfecta armonía, poniendo sus talentos a disposición de Dios a fin de demostrar el poder de su gracia. De esa manera el Señor será honrado y glorificado. Dios desea que su pueblo se eleve por encima de los intereses egoístas; que venza la tentación de desunirse y que busque la comunión de todos los santos. Cuando los miembros del pueblo de Dios muestren ternura y mansedumbre unos con otros, demostrarán que el amor es un dulce fruto que se puede gustar aun aquí, haciendo que el cielo comience en la tierra, preparándolos para vivir con Dios (Review and Herald, mayo 13, 1909).

 

Viernes 1 de junio: Para estudiar y meditar

El ministerio de curación, “El uso de remedios”, pp. 179-184;La alimentación y la salud”, pp. 227-238; Mensajes selectos, “La reforma pro salud”, t. 3, pp. 309-339.

 

 

 

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