Reavivamiento y Reforma
Lección 7
Mensajes selectos, t. 1, Capítulos 16-18 [pp. 140-177]
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Introducción UNA de las exhortaciones más notables, hechas por Elena G. de White, en procura de reavivamiento y reforma fue publicada en la Review and Herald del 22 de marzo de 1887, bajo el título de "La Necesidad de la Iglesia". Mucho de ese artículo fue usado en la compilación de materiales preparados por el pastor A. G. Daniells para el libro Christ Our Righteousness [Cristo nuestra justicia]. En las ediciones iniciales (1926 Y 1937) el artículo apareció completo en el apéndice. En ediciones posteriores, ese artículo no apareció en el apéndice. Este artículo tan solicitado está íntegramente al comienzo de esta inspiradora sección. En esta sección se describe vívidamente la lucha espiritual que sigue inmediatamente a un reavivamiento, la lucha que se riñe entre las fuerzas de la justicia y las del mal por las almas de los que han comenzado una nueva experiencia. Elena de White trata esta cuestión vital en el ambiente del gran reavivamiento efectuado en el Colegio de Battle Creek y durante los acontecimientos que siguieron en los meses posteriores. Los elementos de esa lucha aparecen en cada esfuerzo de reavivamiento hecho en la iglesia. Esta sección concluye con la presentación de casos sucedidos en reavivamientos en que participó Elena de White. Así se ve cómo hacía la obra de salvar almas, obra sobre la cual da consejos a los obreros evangélicos. Muchos de esos casos, registrados en su diario, aparecen en un estilo conciso. La descripción que nos presenta comienza en Battle Creek, sigue en Europa y Australia, y vuelve a Estados Unidos. Hay algunas repeticiones en los relatos, pero hay suficiente interés singular en cada uno como para hacerlo de valor para el lector. Los fideicomisarios. 141
16. Exhortaciones a Lograr un Reavivamiento LA GRAN NECESIDAD DE LA IGLESIA* LA MAYOR y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas. Nuestro Padre celestial está más dispuesto a dar su Espíritu Santo a los que se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos. Sin embargo? mediante la confesión, la humillación, el arrepentimiento y la oración ferviente nos corresponde cumplir con las condiciones en virtud de las cuales ha prometido Dios concedernos su bendición. Sólo en respuesta a la oración debe esperarse un reavivamiento. Mientras la gente esté tan destituida del Espíritu Santo de Dios, no puede apreciar la predicación de la Palabra; pero cuando el poder del Espíritu toca su corazón, entonces no quedarán sin efecto los discursos presentados. Guiados por las enseñanzas de la Palabra de Dios, con la manifestación de su Espíritu, ejercitando un 142 sano juicio, los que asisten a nuestras reuniones obtendrán una experiencia preciosa y, al volver a su hogar, estarán preparados para ejercer una influencia saludable. Los que fueron portaestandartes antaño sabían lo que era luchar con Dios en oración y disfrutar del derramamiento de su Espíritu. Pero los tales están desapareciendo del escenario, ¿y quiénes surgen para ocupar sus lugares? ¿Cómo es la nueva generación? ¿Está convertida a Dios? ¿Estamos atentos a la obra que se realiza en el santuario celestial, o estamos esperando que algún poder apremiante venga a la iglesia antes de que nos despertemos? ¿Esperamos ver que se reavive toda la iglesia? Ese tiempo nunca llegará. Hay personas en la iglesia que no están convertidas y que no se unirán a la oración ferviente y eficaz. Debemos hacer la obra individualmente. Debemos orar más y hablar menos. Abunda la iniquidad, y debe enseñarse a la gente que no se satisfaga con una forma de piedad sin espíritu ni poder. Si somos asiduos en el escudriñamiento de nuestro corazón, si nos liberamos de nuestros pecados y dejamos de lado nuestras malas tendencias, nuestras almas no se elevarán a la vanidad, desconfiaremos de nosotros mismos al comprender siempre que nuestra suficiencia es de Dios. Tenemos mucho más que temer de enemigos internos que de externos. Los impedimentos para el vigor y el éxito provienen mucho más de la iglesia misma que del mundo. Los incrédulos tienen derecho a esperar que los que profesan ser observadores de los mandamientos de Dios y de la fe de Jesús hagan más que cualesquiera otros para promover y honrar la causa que representan por su vida consecuente, su ejemplo piadoso y su activa influencia. ¡Pero con cuánta frecuencia los profesos defensores de la verdad han demostrado ser los mayores obstáculos para su adelanto! La incredulidad fomentada, las dudas expresadas, las tinieblas abrigadas, animan la presencia de los malos ángeles y despejan el camino para los planes de Satanás. 143 Abriendo la puerta al adversario El adversario de las almas no puede leer los pensamientos de los hombres, pero es un agudo observador y toma nota de las palabras. Registra las acciones y hábilmente adapta sus tentaciones para tratar los casos de los que se colocan al alcance de su poder. Si trabajáramos para reprimir los pensamientos y sentimientos pecaminosos, sin darles expresión en palabras o acciones, Satanás seria derrotado, pues no podría preparar sus engañosas tentaciones adecuadas para el caso. ¡Pero con cuánta frecuencia abren la puerta al adversario de las almas los profesos cristianos por su falta de dominio propio! En las iglesias son frecuentes las divisiones y aun las amargas disensiones que deshonrarían a cualquier colectividad mundana, porque se hace muy poco para dominar los malos sentimientos y para reprimir cada palabra de la que pueda aprovecharse Satanás. Tan pronto como hay algún motivo de discordia, el asunto es presentado delante de Satanás para que lo revise, y se le da la oportunidad de usar su sabiduría de serpiente y su habilidad para dividir y destruir la iglesia. Hay una gran pérdida en cada disensión. Los amigos personales de ambas partes toman el bando de sus respectivos favoritos y así se amplía la brecha. No puede permanecer una casa dividida contra sí misma Se producen y multiplican los reproches y recriminaciones Satanás y sus ángeles trabajan activamente para lograr una cosecha de la semilla así sembrada. Contemplan esto los mundanos y se mofan exclamando: "¡Mirad cómo se aborrecen estos cristianos entre sí! Si eso es religión, no la queremos". Y se ven a sí mismos y a su carácter irreligioso con gran satisfacción. Así se confirman en su impenitencia y Satanás se regocija con su éxito. El gran engañador ha preparado sus artimañas para cada alma que no está fortalecida para la prueba y preservada 144 por constante oración y fe viviente. Como ministros, como cristianos, debemos trabajar para eliminar del camino las piedras de tropiezo. Debemos retirar cada obstáculo. Confesemos y abandonemos cada pecado, para que pueda estar aparejado el camino del Señor, para que él pueda estar en nuestras reuniones e impartirnos su rica gracia. Deben ser vencidos mundo, la carne y el demonio. No podemos preparar el camino ganando la amistad del mundo, que es enemistad contra Dios; pero con la ayuda divina podemos quebrantar su influencia seductora sobre nosotros y sobre otros. No podemos, individual ni colectivamente, librarnos de las tentaciones constantes de un enemigo implacable y determinado. Pero podemos resistirlas con la fortaleza de Jesús. De cada miembro de la iglesia debe brillar una luz constante ante el mundo de modo que no sea inducido a preguntar: ¿Qué hace más esta gente que los otros? Puede haber y debe haber un alejamiento de la conformidad con el mundo, un apartarnos de toda apariencia de maldad de modo que no se dé ninguna oportunidad a los adversarios. No podemos escapar de los reproches. Vendrán, pero debemos ser muy cuidadosos de que no seamos reprochados por nuestros propios pecados y desatinos, sino por causa de Cristo. No hay nada que Satanás tema tanto como que el pueblo de Dios despeje el camino quitando todo impedimento, de modo que el Señor pueda derramar su Espíritu sobre una iglesia decaída y una congregación impenitente. Si se hiciera la voluntad de Satanás, no habría ningún otro reavivamiento, grande o pequeño, hasta el fin del tiempo. Pero no ignoramos sus maquinaciones. Es posible resistir su poder. Cuando el camino esté preparado para el Espíritu de Dios, vendrá la bendición. Así como Satanás no puede cerrar las ventanas del cielo para que la lluvia venga sobre la tierra, así tampoco puede impedir que descienda un 145 derramamiento de bendiciones sobre el pueblo de Dios. Los impíos y los demonios no pueden estorbar la obra de Dios, o excluir su presencia de las asambleas de su pueblo, si sus miembros, con corazón sumiso y contrito, confiesan sus pecados, se apartan de ellos y con fe demandan las promesas divinas. Cada tentación, cada influencia opositora, ya sea manifiesta o secreta, puede ser resistida con éxito "no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Zac. 4: 6). Estamos en el día de la expiación Estamos en el gran día de la expiación, cuando mediante la confesión y el arrepentimiento nuestros pecados han de ir de antemano al juicio. Dios no acepta ahora de sus ministros un testimonio suave y falto de temple. Un testimonio tal no sería verdad presente. El mensaje para este tiempo debe ser alimento oportuno para nutrir a la iglesia de Dios. Pero Satanás ha estado procurando gradualmente despojar a este mensaje de su poder, para que la gente no esté preparada para resistir en el día del Señor. En 1844, nuestro gran Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo del santuario celestial para comenzar la obra del juicio investigador. Han estado siendo examinados delante de Dios los casos de los muertos justos. Cuando se complete esa obra, se pronunciará juicio sobre los vivientes. ¡Cuán preciosos, cuán importantes son estos solemnes momentos! Cada uno de nosotros tiene un caso pendiente en el tribunal celestial. Individualmente hemos de ser juzgados de acuerdo con lo que hicimos en el cuerpo. En el servicio simbólico, cuando la obra de expiación era realizada por el sumo sacerdote en el lugar santísimo del santuario terrenal, se demandaba que el pueblo afligiera su alma delante de Dios y confesara sus pecados para que pudieran ser expiados y borrados. ¿Se requerirá algo menos de nosotros en este día real de expiación, cuando Cristo, en el santuario 146 de lo alto, está intercediendo a favor de su pueblo, y se ha de pronunciar en cada caso una decisión final e irrevocable ? ¿Cuál es nuestra condición en este tremendo y solemne tiempo? ¡Ay! ¡Cuánto orgullo prevalece en la iglesia, cuánta hipocresía, cuánto engaño, cuánto amor al vestido, la frivolidad y las diversiones, cuánto deseo de supremacía! Todos estos pecados han nublado las mentes, de modo que no han sido discernidas las cosas eternas. ¿No escudriñaremos las Escrituras para que podamos saber dónde estamos en la historia de este mundo? ¿No llegaremos a entender plenamente la obra que se está efectuando para nosotros en este tiempo y el puesto que nosotros, como pecadores, debiéramos ocupar mientras se lleva a cabo esta obra de expiación? Si tenemos alguna preocupación por la salvación de nuestra alma, debemos efectuar un cambio decidido. Debemos buscar a Dios con verdadera contrición; con profunda contrición de alma debemos confesar nuestros pecados para que puedan ser borrados. No debemos permanecer más en un terreno donde podamos ser fascinados. Nos aproximamos rápidamente al término de nuestro tiempo de gracia. Pregúntese cada alma: ¿Cómo estoy delante de Dios ? No sabemos cuán pronto nuestros nombres puedan ser puestos en los labios de Cristo y sean decididos finalmente nuestros casos. ¡Cuáles, oh cuáles, serán esas decisiones! ¿Seremos contados con los justos o seremos incluidos entre los impíos? La iglesia ha de levantarse y arrepentirse Levántese la iglesia y arrepiéntase de sus apostasías delante de Dios. Despiértense los atalayas y den un sonido cierto a la trompeta. Tenemos una amonestación definida que proclamar. Dios ordena a sus siervos: "Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado" (Isa. 58: 1)147. Debe captarse la atención de la gente. A menos que se pueda hacer esto, es inútil todo esfuerzo. Aunque descendiera un ángel del cielo y les hablara, sus palabras no les harían más provecho que si estuviera hablando al frío oído de los muertos. Debe levantarse la iglesia para la acción. El Espíritu de Dios nunca podrá venir hasta que ella le prepare el camino. Debe haber un ferviente escudriñamiento de corazón. Debe haber oración unida y perseverante y, mediante la fe, una demanda de las promesas de Dios. No debemos vestirnos con cilicios como en la antigüedad, sino debe haber una profunda humillación del alma. No tenemos el menor motivo para felicitarnos a nosotros mismos ni exaltarnos. Debiéramos humillarnos bajo la poderosa mano de Dios. El vendrá para consolar y bendecir a los que lo buscan de verdad. La obra está delante de nosotros. ¿Nos ocuparemos de ella? Debemos trabajar rápidamente, debemos avanzar continuamente. No tenemos tiempo que perder, no tenemos tiempo para ocuparnos en propósitos egoístas. Ha de ser amonestado el mundo. ¿Qué estamos haciendo individualmente para llevar la luz ante otros? Dios ha dejado su obra para cada hombre; cada uno tiene una parte que hacer, y no podemos descuidar esa obra, a menos que pongamos en peligro nuestras almas. Oh mis hermanos, ¿contristaréis al Espíritu Santo y lo haréis alejarse? ¿Excluiréis al bendito Salvador porque no estáis preparados para su presencia ? ¿ Dejaréis que las almas perezcan sin el conocimiento de la verdad porque amáis demasiado vuestra comodidad para llevar la carga que Jesús llevó por vosotros ? Despertemos del sueño. "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar" (1 Ped. 5: 8) (The Review and Herald, 22 de marzo de 1887). 148 LA REFORMA ACOMPAÑA AL REAVIVAMIENTO En muchos corazones parece haber apenas un hálito de vida espiritual. Esto me entristece mucho. Temo que no se haya mantenido una lucha agresiva contra el mundo, la carne y el demonio. Debido a un cristianismo medio muerto, ¿continuaremos alentando el egoísta y codicioso espíritu del mundo, compartiendo su impiedad y favoreciendo su falsedad? ¡No! Por la gracia de Dios, seamos constantes en los principios de la verdad, manteniendo firme hasta el fin el principio de nuestra confianza. Hemos de ser "no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Rom. 12: 11). Uno es nuestro Maestro, Cristo. A él hemos de mirar De él hemos de recibir nuestra sabiduría. Por su gracia, hemos de preservar nuestra integridad, permaneciendo delante de Dios en humildad y contrición, y representándolo ante el mundo. Ha habido gran demanda de sermones en nuestras iglesias. Los miembros han dependido de las declamaciones del púlpito en vez de depender del Espíritu Santo. No habiendo sido demandados y no habiendo sido usados, los dones espirituales que les fueron concedidos han menguado hasta ser débiles. Si los ministros avanzaran en nuevos campos, los miembros se verían obligados a llevar responsabilidades, y sus facultades aumentarían al ser usadas. Contra los ministros y los miembros Dios presenta graves acusaciones de debilidad espiritual cuando dice: "Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y 149 vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas" (Apoc. 3: 15- 18). Dios demanda un reavivamiento y una reforma espirituales. A menos que suceda esto, los que son tibios serán cada vez más detestables para el Señor hasta que él rehuse reconocerlos como a sus hijos. Deben realizarse un reavivamiento y una reforma bajo la ministración del Espíritu Santo. Reavivamiento y reforma son dos cosas diferentes. Reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual, una vivificación de las facultades de la mente y del corazón, una resurrección de la muerte espiritual. Reforma significa una reorganización, un cambio en las ideas y teorías, hábitos y prácticas. La reforma no producirá los buenos frutos de justicia a menos que esté relacionada con el reavivamiento del Espíritu. El reavivamiento y la reforma han de efectuar su obra asignada y deben entremezclarse al hacer esta obra. (The Review and Herald, 25 de febrero de 1902). Se usarán instrumentos sencillos Por medio de figuras se me ha mostrado que el Señor llevará a cabo sus planes mediante diversas formas e instrumentos. El Señor usa para su grandiosa y santa obra de salvar las almas no sólo a los que tienen más talento, no sólo a los que ocupan elevados puestos de responsabilidad, o a los que tienen más instrucción en términos mundanales. Empleará medios sencillos; usará a muchos que han tenido pocas oportunidades para ayudar a llevar adelante su obra. Empleando medios sencillos, hará que crean en la verdad los que poseen propiedades y tierras, y éstos serán influidos para que lleguen a ser la mano ayudadora del Señor en el progreso de su obra (Carta 62, 1909). 150
17. La Protección de la Nueva Experiencia LA LUCHA QUE SIGUE AL REAVIVAMIENTO [En 1893, hubo un notable reavivamiento en nuestras instituciones de nuestra sede de Battle Creek, con muchas evidencias de la obra del Espíritu de Dios. Muchas de las bendiciones se perdieron debido a acontecimientos que siguieron en rápida sucesión. En ese caso y en el consejo dado en relación con él se pueden hallar lecciones que son de valor hoy día. -Los compiladores.] DESPUÉS del derramamiento del Espíritu de Dios en Battle Creek, quedó demostrado en el colegio que una ocasión de gran luz espiritual es también una ocasión de tinieblas espirituales equivalentes. Satanás y sus legiones de instrumentos diabólicos están en el campo de batalla acosando con su poderío a todas las almas para dejar sin efecto las lluvias de gracia que han descendido del cielo con el fin de reavivar y despertar las dormidas energías, para ponerlas decididamente en acción a fin de impartir lo que Dios ha impartido. Si todas las muchas almas que entonces fueron iluminadas hubiesen ido inmediatamente a trabajar para impartir a otros lo que Dios les había dado precisamente con aquel propósito, más luz hubiera sido dada, y se hubiera conferido más poder. Dios no le da luz meramente a una persona, sino para que ella pueda difundir la luz y para que sea glorificado Dios. Su influencia se siente. 151 En todos los siglos, las ocasiones de reavivamiento espiritual y de derramamiento del Espíritu Santo han sido seguidas por las tinieblas espirituales y la corrupción prevaleciente. Tomando en cuenta lo que Dios ha hecho en forma de oportunidades, privilegios y bendiciones en Battle Creek, la iglesia no ha hecho un honroso progreso al efectuar su obra, y la bendición de Dios no descansará sobre la iglesia dándole más luz todavía hasta que se use la luz como Dios lo ha indicado en su Palabra. La luz que brillaría con claros y nítidos rayos, se opacará en medio de las tinieblas morales. El poder agresivo de la verdad de Dios depende de la cooperación del agente humano con Dios, en piedad, en celo, en esfuerzos desinteresados para llevar la verdad de Dios ante otros (Manuscrito 45, 1893). EL PELIGRO DE CONFUNDIR LA OBRA DEL ESPÍRITU CON EL FANATISMO Se me han escrito cosas en cuanto a la acción del Espíritu de Dios en el último congreso [1893] y en el colegio, que indican claramente que debido a que no se vivió de acuerdo con esas bendiciones, algunas mentes se han confundido, y que lo que fue luz del cielo ha recibido el nombre de excitación. Me ha entristecido que esto se vea de esta forma. Debemos ser muy cuidadosos para no contristar al Espíritu Santo de Dios declarando que la ministración de su Espíritu Santo es una especie de fanatismo. ¿Cómo entenderemos la acción del Espíritu de Dios si ella no es revelada en forma clara e inequívoca, no sólo en Battle Creek sino en muchos lugares? No me sorprende que alguno se confundiera con el resultado posterior. Pero en mi experiencia de los últimos 49 años, he visto muchas de estas cosas, y he sabido que Dios ha obrado de una forma notable; y nadie se atreva a decir que no es el Espíritu de Dios. Estamos autorizados para 152 creer precisamente en eso y para pedirlo en oración, pues Dios está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que lo piden, que los padres lo están a dar buenas dádivas a sus hijos. Pero el Espíritu Santo no está para que lo use el agente humano. Está para obrar con el agente humano y para usarlo. No tengo duda de que Dios bendijo abundantemente a los alumnos del colegio y a la iglesia. Pero un período de gran luz y de derramamiento del Espíritu es seguido, con mucha frecuencia, por un tiempo de gran oscuridad. ¿ Por qué ? Porque el enemigo obra con todas sus energías engañosas para que pierdan su efecto las profundas motivaciones del Espíritu de Dios en el ser humano. Cuando los alumnos del colegio se entregaron a sus juegos de competencia y al fútbol, cuando se dejaron absorber por las diversiones, Satanás vio propicia la oportunidad para introducirse y dejar sin efecto al Espíritu Santo de Dios que quiere modelar y usar a los seres humanos. Si con independencia moral, todos los profesores sin excepción hubiesen cumplido con su deber, si hubiesen comprendido su responsabilidad, si hubieran permanecido íntegros delante de Dios, si hubieran usado la capacidad que Dios les había dado de acuerdo con la santificación del espíritu mediante el amor a la verdad, habrían tenido vigor espiritual y luz divina para avanzar más y más y subir por la escalera del progreso que se extiende en dirección al cielo. Es evidente que no apreciaron la luz, no caminaron en ella ni siguieron a la Luz del mundo. Es fácil alejar la influencia del Espíritu Santo mediante la pereza, la conversación y el juego. Caminar en la luz significa mantenerse avanzando en la dirección de la luz. Si uno que fue bendecido se vuelve descuidado y desatento, y no vela en oración, si no exalta la cruz y lleva el yugo de Cristo, si su amor por las diversiones y su lucha por la supremacía absorben sus facultades o capacidades, entonces Dios no es lo primero, lo mejor y lo último en todas 153 las cosas y Satanás se presenta para desempeñar su papel en el juego de la vida por el alma humana. Satanás puede desempeñar su papel mucho más decididamente que ellos, y puede urdir profundas estratagemas para la ruina del alma... Los resultados posteriores a la acción del Espíritu de Dios en Battle Creek no se deben al fanatismo, sino a que los que recibieron las bendiciones no expresaron las alabanzas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Y cuando la tierra sea iluminada con la gloria de Dios, algunos no sabrán lo que es ni de dónde vino, porque aplicaron mal y tergiversaron el Espíritu que fue derramado sobre ellos. Dios es un Dios celoso de su gloria. No honrará a los que lo deshonran. Algunas personas que viven en la luz debieran haber instruido a esas almas inexpertas en la experiencia de caminar en la luz después de haber recibido la luz. Ojalá tuviera tiempo para escribir más ampliamente, pero temo no tenerlo (Carta 58, 1893). FORMAS FÁCILES DE PERDER LAS BENDICIONES Últimamente algunas cosas han sido presentadas en mi mente con mucho vigor y me siento constreñida por el Espíritu de Dios a escribir acerca de ellas.* ¿Le ha abierto el Señor bondadosamente las ventanas del cielo y ha derramado sobre Ud. una bendición? ¡Oh! Entonces ésa era precisamente la ocasión para instruir a los profesores y alumnos en cuanto a la forma de retener el precioso don de Dios procediendo de acuerdo con una luz mayor y enviando a otros sus preciosos rayos. ¿Se ha dado luz del cielo? ¿Y con qué propósito ha sido dada? Para que brille la luz en forma de obras prácticas de justicia. Cuando se vea en los 154 que han sido así abundantemente bendecidos una piedad más profunda y más ferviente, cuando comprendan que han sido comprados a costa de la preciosa sangre del Cordero de Dios y que están revestidos con la vestimenta de la salvación de Cristo, ¿no lo representarán a él? Los juegos de competencia, los premios y el uso de guantes de box, ¿no han estado enseñando y preparando [a los que participaban en ellos], bajo la dirección de Satanás, para llevarlos a la posesión de las características satánicas? Que sucedería si pudieran ver a Jesús, el Hombre del Calvario, contemplándolos adolorido, como fue presentado ante mí. Ciertamente, las cosas están recibiendo un molde equivocado y están contrarrestando la obra del poder divino que ha sido prodigado tan generosamente. La obra de cada verdadero cristiano es la de representar a Cristo, la de reflejar la luz, elevar las normas de moral, y mediante palabras e influencia consagradas a Dios, instar a los descuidados y atolondrados a pensar en Dios y en la eternidad. El mundo dejaría gozosamente a la eternidad fuera de su cómputo, pero no podrán tener éxito mientras estén los que representan a Cristo en su vida práctica. Cada creyente constituye un eslabón en la áurea cadena que conecta el alma con Jesucristo, y es el canal de comunicación de aquella luz para los que están en tinieblas. Si pierde uno su relación con Cristo, Satanás aprovecha la oportunidad para inducirlo a deshonrar a Cristo mediante palabras, espíritu y hechos, y así es mal interpretado el carácter de Cristo. Le pregunto, mi hermano, si la religión de Jesucristo no es mal interpretada por el exceso de diversiones. Cuando el Señor dio a Battle Creek las riquezas de su gracia, los que estaban en puestos de responsabilidad, ¿pudieron haber dirigido a esas almas en la forma de utilizar los dones dados para efectuar un trabajo bueno y provechoso, trabajo que hubiera sido una variación respecto a los estudios, sin recurrir a la excitación y las emociones provocadas 155 por los juegos? Esa forma de pasatiempo no beneficia la mente, el espíritu ni las costumbres para la preparación para las escenas de juicio en que debemos entrar pronto. La piedad superficial que pasa por religión será consumida cuando sea probada en el horno. El Señor quiere que los docentes consideren que su ejemplo es contagioso. Necesitan orar mucho más y considerar que las convicciones que emanan de una vida bien ordenada y una conversación piadosa, de un cristianismo decidido y viviente, son la preparación del huerto del corazón para las semillas de la verdad que se han de plantar para una cosecha fructífera, y para el Sol de Justicia cuando venga trayendo salud en sus rayos. Brille de tal modo su justicia delante de los hombres, "que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mat. 5: 16). "Vosotros sois dijo Cristo a sus discípulos, la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres" (Mat. 5: 13). La iglesia ilumina al mundo, no por su profesión de piedad, sino por la manifestación del poder de la verdad que transforma y santifica la vida y el carácter. . . Ciertamente, el tiempo está demasiado lleno de señales del conflicto venidero para que eduquemos a la juventud en diversiones y juegos (Carta 46, 1893). EL PELIGRO DE QUE LA LUZ SE VUELVA TINIEBLAS El Señor ha condescendido en daros un derramamiento de su Santo Espíritu. En el congreso y en nuestras diversas instituciones, una gran bendición ha sido derramada con abundancia sobre vosotros. Habéis sido visitados por los mensajeros celestiales de luz, verdad y poder, y no debiera pensarse que es extraño que Dios os bendiga así. ¿Cómo 156 hace Cristo para que su pueblo le sea sumiso ? Mediante el poder de su Espíritu Santo, pues el Espíritu Santo, por medio de las Escrituras, habla a la mente e impresiona la verdad en el corazón de los hombres. Antes de su crucifixión, Cristo prometió que el Consolador sería enviado a sus discípulos. Dijo: "Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. . . Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16: 7, 8, 13, 14). Esta promesa de Cristo ha sido tomada con mucha liviandad, y debido a una escasez del Espíritu de Dios, no se han comprendido la espiritualidad de la ley ni su eterna obligación. Los que han profesado amar a Cristo no han comprendido la relación que existe entre ellos y Dios, y todavía apenas si la comprenden oscuramente. Tan sólo vagamente comprenden la maravillosa gracia de Dios al dar a su unigénito Hijo para la salvación del mundo. No comprenden cuán abarcantes son los requerimientos de la santa ley, cuán íntimamente se han de aplicar en la vida práctica los preceptos de la ley. No comprenden cuán grandes privilegios y necesidades son la oración, el arrepentimiento y el cumplir las órdenes de Cristo. La misión del Espíritu Santo es revelar a la mente el carácter de la consagración que acepta Dios. Mediante el Espíritu Santo, el alma es iluminada y el carácter se renueva, santifica y exalta. Mediante la actuación profunda del Espíritu de Dios, se me ha presentado el carácter de la obra de la visitación del Espíritu de Dios. Se me ha presentado el peligro en que serían colocadas las almas que hubieran sido así visitadas, porque después tendrían que hacer frente a más decididos 157 ataques del enemigo que las asediaría con sus tentaciones para dejar sin efecto la obra del Espíritu de Dios y hacer que esas trascendentales verdades, presentadas y atestiguadas por el Espíritu Santo, no purifiquen ni santifiquen a los que hubieran recibido la luz del cielo, y así la causa de Cristo no sería glorificada en ellos. El período de una gran luz espiritual, si esa luz no es sagradamente apreciada ni se actúa conforme a ella, se convertirá en un período de oscuridad espiritual equivalente. Si los hombres no aprecian la sagrada impresión hecha por el Espíritu de Dios y se sitúan en terreno santo, esa impresión se esfumará de su mente. Los que deseen avanzar en conocimiento espiritual, deben estar cerca de la misma fuente de Dios, y deben beber, vez tras vez, de los manantiales de salvación tan benignamente abiertos ante ellos. Nunca deben abandonar la fuente de refrigerio, sino que con corazón henchido de gratitud y amor, ante el despliegue de la bondad y compasión de Dios, deben participar continuamente del agua viviente. Oh, cuánto significa esto para cada alma: "Yo soy la luz del mundo"; "yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre [pues no hay nada que sea más satisfactorio]; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (Juan 8: 12; 6: 35). Alcanzar esta condición significa que habéis encontrado la Fuente de luz y amor, y habéis aprendido dónde y cómo podéis ser nuevamente henchidos, y cómo podéis emplear las promesas de Dios aplicándolas continuamente a vuestra alma. "Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis" (Juan 6: 36). Esto se ha cumplido literalmente en el caso de muchos, pues el Señor les dio un discernimiento más profundo de la verdad, de su carácter de misericordia, compasión y amor, y sin embargo, después de haber sido así instruidos, se han alejado de Dios en incredulidad. Vieron los profundos efectos del Espíritu de Dios. Pero cuando 158 se presentaron las insidiosas tentaciones de Satanás, como siempre vendrán después de que ha habido un período de reavivamiento, no resistieron hasta la sangre luchando contra el pecado. Y fueron vencidos por el enemigo los que podrían haberse mantenido en terreno ventajoso, si hubieran usado correctamente la preciosa instrucción que tenían. La luz que Dios les dio debieran haberla reflejado en el alma de otros. Debieran haber trabajado y procedido en armonía con las sagradas revelaciones del Espíritu Santo; y al no hacerlo, sufrieron una pérdida. La victoria espiritual perdida por la pasión por los juegos Se consentía el espíritu de diversión y chacota entre los estudiantes. Llegaron a interesarse tanto en sus juegos, que no hubo lugar para el Señor en su mente, y Jesús estuvo entre ellos en el campo de juego diciendo: Oh, si tan sólo hubieras sabido "a lo menos en éste tu día, lo que es para tu paz" (Luc. 19: 42). "Aunque me habéis visto, no creéis" (Juan 6: 36). Sí, Cristo se reveló a vosotros y se efectuaron profundas impresiones cuando el Espíritu Santo influyó sobre vuestros corazones. Pero seguisteis una conducta por la cual perdisteis esas sagradas impresiones y fracasasteis en mantener la victoria. "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6: 37). Comenzasteis a acercaros a Cristo, pero no permanecisteis en él. Renunciasteis a él, y se perdió de vuestro corazón la comprensión que habíais tenido de los grandes favores y bendiciones que os había dado. La cuestión de las diversiones ocupó un lugar tan grande en vuestra mente, que después de la solemne visitación del Espíritu de Dios, comenzasteis a discutirlas [las diversiones] con tanto celo, que se quebrantaron todas las barreras, y debido a vuestra pasión por los juegos, descuidasteis prestar atención a la palabra de Cristo:159 "Velad y orad, para que no entréis en tentación" (Mar. 14: 38). El lugar que debiera haber sido ocupado por Jesús fue usurpado por vuestra pasión por los juegos. Elegisteis vuestras diversiones en vez del consuelo del Espíritu Santo. No seguisteis el ejemplo de Jesús, que dijo: "He descendido del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" (Juan 6: 38). Las mentes de muchos quedaron tan confundidas con sus propias inclinaciones y deseos humanos, y han estado tan hechos al hábito de complacerlos, que no pueden comprender el verdadero sentido de las Escrituras. Muchos suponen que al seguir a Cristo estarán obligados a ser melancólicos y tristes porque se les requiere que se nieguen a sí mismos los placeres y locuras en que se complace el mundo. El cristiano viviente estará lleno de alegría y paz, porque vive como viendo al Invisible, y los que buscan a Cristo en su verdadero carácter tienen en su interior los elementos de vida eterna porque son participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo debido a la concupiscencia. Jesús dijo: "Esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero" (Juan 6: 39, 40) Los hijos de Dios son colaboradores con Dios Toda vida espiritual se deriva de Jesucristo. "A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1: 12). Pero, ¿cuál es el resultado seguro de llegar a ser hijo de Dios? El resultado es que llegamos a ser colaboradores con Dios. Hay una gran obra que hacer para la salvación de vuestra propia alma, y para haceros idóneos para ganar a otros de la incredulidad a una vida sustentada por la fe en Cristo 160 Jesús. "De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí [¿Con una fe ocasional? No, con una fe permanente que obra por el amor y purifica el alma], tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. . . Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. . . Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. . . El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre" (Juan 6: 47, 48, 51, 53, 54, 63 - 65) Cuando Jesús pronunció estas palabras, las dijo con autoridad, seguridad y poder. A veces se manifestó a sí mismo en tal forma que la acción profunda de su Espíritu fue comprendida claramente. Pero muchos que vieron, oyeron y participaron en las bendiciones de aquella hora, se alejaron y pronto olvidaron la luz que les había dado. Los tesoros de la eternidad han sido confiados a la custodia de Jesucristo para darlos a quien le plazca. Pero cuán triste es que tantos, rápidamente, pierden de vista la preciosa gracia que les es ofrecida por fe en Cristo. El impartirá los tesoros celestiales a los que creen en él, acuden a él y moran en él. No tuvo por usurpación ser igual a Dios y no conoce ninguna restricción ni cortapisa para deparar los tesoros celestiales a los que él quiera. No exalta ni honra a los grandes del mundo, que son lisonjeados y aplaudidos. Pero exhorta a su pueblo escogido y peculiar, que le ama y le sirve, para que vaya a él y pida, y le dará el pan de vida y lo dotará con el agua de la vida, que estará en su medio como un manantial que brotará para vida eterna. 161Jesús trajo a nuestro mundo los tesoros acumulados de Dios, y todos los que creen en él son adoptados como sus herederos. Declara que será grande la recompensa de aquellos que sufren por su nombre. Está escrito: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" ( 1 Cor. 2: 9) (The Review and Herald, 30 de enero de 1894). ¿FUE APRECIADA LA BENDICIÓN? A fin de aumentar nuestras dotes espirituales, es necesario caminar en la luz. En vista del acontecimiento de la pronta venida de Cristo, debemos trabajar con vigilancia para preparar nuestras propias almas, para mantener nuestras lámparas bien acondicionadas y brillando, y para presentar a otros la necesidad de prepararse para la venida del Esposo. Velar y actuar deben ir juntos. La fe y las obras deben estar unidas, o nuestro carácter no será simétrico y bien equilibrado, perfecto en Cristo Jesús. Si dedicáramos nuestras vidas exclusivamente a meditar con oración, nuestras luces se opacarían, pues la luz nos es dada para que podamos impartirla a otros, y mientras más impartamos la luz, más brillante llegará a ser nuestra propia luz. Si hay una cosa en el mundo en que debamos manifestar entusiasmo, que se manifieste en buscar la salvación de las almas por quienes murió Cristo. Una obra de esta clase no nos hará descuidar la devoción privada. Se nos da la exhortación de ser "no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Rom. 12: 11). Que vuestro ojo sea sincero para la gloria de Dios significa tener sinceridad de propósito, manifestar la obra que se ha efectuado en vuestro corazón, que somete vuestra voluntad a la voluntad de Dios y lleva en cautividad todo pensamiento a la gloria de Dios. El mundo os ha estado contemplando para ver cuál sería el resultado de la obra de 162 reavivamiento que hubo en el colegio, el sanatorio, la oficina de publicaciones y entre los miembros de la Iglesia de Battle Creek. ¿Qué testimonio habéis dado en vuestra vida diaria y vuestro carácter? Dios esperaba que hicierais todo lo posible, no para complaceros, divertiros y glorificaros, sino para honrar a Dios en todos vuestros caminos, respondiéndole de acuerdo con la luz y los privilegios que os había dado por medio del don de su gracia. Esperaba que testificarais delante de los seres celestiales y que fuerais testigos vivientes ante el mundo, del poder de la gracia de Cristo. El Señor os probó para ver si trataríais su rica bendición como algo barato y sin importancia, o si la consideraríais como un rico tesoro que debe ser manejado con temor reverente. Si todos hubieran tratado el don de Dios de esa manera pues la obra fue de Dios, entonces, de acuerdo con la medida de la responsabilidad de cada uno, hubiera sido duplicada la gracia dada, como lo fueron los talentos de aquel que comerció diligentemente con el dinero de su señor. Una bendición convertida en maldición Dios ha estado probando la fidelidad de su pueblo, poniéndolo a prueba para ver que uso daría a la preciosa bendición que le fue confiada. Esa bendición provino de nuestro Intercesor y Abogado en las cortes celestiales, pero Satanás estuvo listo para aprovecharse de cualquier oportunidad que se le presentara, a fin de convertir la luz y bendición en tinieblas y maldición. ¿ Cómo puede convertirse la bendición en maldición ? Persuadiendo al instrumento humano a que no aprecie la luz, ni revele al mundo que ha sido efectiva en transformar el carácter. Imbuido por el Espíritu Santo, el instrumento humano se consagra para cooperar con los instrumentos divinos. Lleva el yugo de Cristo, levanta sus cargas y trabaja en armonía con Cristo para ganar preciosas victorias Camina 163 en la luz como Cristo está en la luz. Para él se cumple el texto: "Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor" (2 Cor. 3: 18). Otro año ya ha pasado a la eternidad con su peso de registro, y la luz del cielo que brilló sobre vosotros fue para prepararos, a fin de que os levantéis y brilléis, para que exhibáis las alabanzas de Dios al mundo, como su pueblo observador de sus mandamientos. Habíais de ser un testimonio viviente. Pero si no hay un esfuerzo especial de un elevado y santo carácter que dé testimonio delante del mundo; si no se ha hecho un esfuerzo mayor que el que se ve en las iglesias populares de la actualidad, entonces no ha sido honrado el nombre de Dios y su verdad no ha sido magnificada delante del mundo, al presentar las credenciales divinas en el pueblo que ha recibido gran luz. Si ese pueblo no ha tenido mayor aprecio de las manifestaciones del poder de Dios que comer y beber y levantarse para jugar, como lo hizo el antiguo Israel, entonces, ¿cómo puede confiar el Señor a su pueblo ricas y benignas revelaciones? Si los que componen ese pueblo proceden directamente en contra de la voluntad conocida de Dios, y lo hacen en casi cada asunto, y si caen en el descuido, la ligereza, el egoísmo, la ambición y el orgullo, y si corrompen sus caminos delante del Señor, ¿cómo puede darles otro derramamiento de su Espíritu Santo? Dios tiene las más ricas bendiciones para los suyos, pero no puede prodigárselas hasta que sepan cómo tratar el precioso don manifestando las alabanzas de Aquel que los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. "Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador 164 de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (Heb. 12: 1, 2). Una parte del gozo que fue puesto delante de Cristo fue el gozo de ver su verdad, provista del poder omnipotente del Espíritu Santo, impresionando su imagen en la vida y el carácter de sus seguidores. Las inteligencias divinas cooperan con los instrumentos humanos mientras éstos tratan de magnificar la ley y hacerla honorable. La ley del Señor es perfecta, que convierte el alma. Es en el alma convertida donde el mundo ve un testimonio viviente. Siendo esto así, ¿daremos lugar al Señor del cielo para que actúe? ¿Encontrará un lugar en el corazón de los que pretenden creer la verdad? Su pura y desinteresada benignidad, ¿hallará una respuesta en el instrumento humano? ¿Verá el mundo un despliegue de la gloria de Cristo en los caracteres de los que profesan ser sus discípulos? ¿Será favorecido y glorificado Cristo al ver que su propia simpatía y amor se vierten en raudales de bondad y verdad mediante sus instrumentos humanos? Al implantar su Evangelio en el corazón, Dios está prodigando los recursos del cielo para la bendición del mundo. "Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor. 3: 9). ¿ Qué ha hecho la rica bendición de Dios para los que fueron humildes y contritos de corazón para recibirla? ¿Ha sido apreciada la bendición? Los que la recibieron, ¿han manifestado las alabanzas de Aquel que los ha sacado de las tinieblas a su luz admirable? Hay algunos que ya están poniendo en duda la obra que fue tan buena y que debiera haber sido apreciada al máximo. La están considerando como una especie de fanatismo. Sed extremadamente cuidadosos Sería sorprendente que no hubiera algunos que, por no 165 tener una mente bien equilibrada, no hubieran hablado y procedido imprudentemente, porque cuandoquiera y doquiera obra el Señor dando una bendición genuina, también se revela una falsificación a fin de dejar sin efecto la verdadera obra de Dios. Por lo tanto, necesitamos ser extremadamente cuidadosos y caminar humildemente delante de Dios, a fin de que tengamos el colirio espiritual que nos permita distinguir la operación del Espíritu Santo de Dios de la operación de aquel espíritu que produciría licencia desenfrenada y fanatismo. "Por sus frutos los conoceréis" (Mat. 7: 20). Los que realmente contemplan a Cristo, serán transformados a su imagen precisamente por el Espíritu del Señor y crecerán hasta la estatura plena de hombres y mujeres en Cristo Jesús. El Espíritu Santo de Dios inspirará a los hombres con amor y pureza, y en sus caracteres se manifestará refinamiento. Pero porque algunos han malversado la rica bendición del cielo, ¿negarán otros que Jesús, el Salvador del mundo, ha pasado por nuestras iglesias para bendecirlas? que ninguna duda ni incredulidad pongan esto en tela de juicio, pues al hacerlo, os colocáis en terreno peligroso. Dios ha dado el Espíritu Santo a los que han abierto la puerta de su corazón para recibir el don celestial. Pero no se rindan ellos después a la tentación para creer que han sido engañados. No digan: "Porque siento que estoy en tinieblas, y estoy oprimido con la duda, y nunca vi el poder de Satanás tan manifiesto como ahora, por lo tanto estuve equivocado". Os amonesto a que seáis cuidadosos. No sembréis una expresión de duda. Dios ha obrado en vosotros, poniendo doctrinas de sana verdad en verdadero contacto con el corazón. La bendición os fue dada para que produjera frutos en forma de sanas prácticas y caracteres rectos. El pecado de rechazar la evidencia El pecado por el cual Cristo reprochó a Corazín y Betsaida 166 fue el pecado de rechazar la evidencia que las habría convencido de la verdad si se hubieran rendido a su poder. El pecado de los escribas y fariseos fue el pecado de colocar en las tinieblas de la incredulidad la obra celestial que se había efectuado delante de ellos, de modo que fue puesta en duda la evidencia que debiera haberlos conducido a una fe arraigada, y las cosas sagradas que debieran haber sido apreciadas fueron consideradas como si no tuvieran valor. Temo que los nuestros hayan permitido que el enemigo proceda precisamente así, de modo que algunos hayan considerado como fanatismo el bien emanado de Dios, la rica bendición que él ha dado. Si se continúa en esta actitud, entonces cuando el Señor deje brillar otra vez su luz sobre los nuestros, ellos se apartarán de la luz celestial diciendo: "Sentí lo mismo en 1893, y algunos en los cuales había confiado dijeron que la obra era fanatismo". Los que han recibido la rica gracia de Dios y llegaron a la conclusión de que era fanatismo la operación del Espíritu Santo, ¿no estarán listos para censurar la obra del Espíritu de Dios en lo futuro, y el corazón será así impermeabilizado contra las súplicas de la queda vocecilla ? El amor de Jesús puede ser presentado a los que así se atrincheran contra él sin ejercer ningún poder constreñidor en ellos. Pueden ser prodigadas las riquezas de la gracia del cielo, y sin embargo ser rechazadas en vez de ser apreciadas y reconocidas con gratitud. Hubo hombres que creyeron de corazón para justicia, y por un tiempo se hicieron confesiones para salvación. Pero, es triste decirlo, los que las recibieron no cooperaron con las inteligencias celestiales ni apreciaron la luz realizando las obras de justicia (The Review and Herald, 6 de febrero de 1894) 167
18. Exhortaciones Especiales en el Ministerio Público En Battle Creek, en los primeros días ASISTÍ a la reunión en la Iglesia de Battle Creek. Aproximadamente durante una hora hablé con libertad a los hermanos acerca de que la caída de Adán trajo desgracia y muerte, y que Cristo trajo a la luz la vida y la inmortalidad mediante su humillación y muerte. Sentí que debía instar a la gente en cuanto a la necesidad de una entera consagración a Dios: la santificación del ser entero, alma, cuerpo y espíritu. Hablé de la muerte de Moisés y la visión que tuvo de la tierra prometida de Canaán. Hubo profundidad de sentimiento en la congregación. . . En la reunión esa noche, llamé al frente a los que tenían un deseo de ser cristianos. Se adelantaron trece. Todos dieron testimonio para el Señor. Fue una buena obra (Diario, 12 de enero de 1868 ). Obra ferviente en Tittabawassee, Míchigan Se celebraron reuniones todo el día. Mi esposo habló en la mañana; el Hno. Andrews en la tarde. Seguí con observaciones bastante largas, suplicando a los que se habían interesado 168 por las reuniones que comenzaran a servir a Dios desde ese día. Llamamos al frente a los que deseaban comenzar en el servicio del Señor. Vino adelante un buen número. Hablé varias veces, suplicando a las almas que rompieran las ataduras de Satanás y comenzaran entonces. Una madre fue a su hijo y lloró y le suplicó. Parecía duro, terco e inflexible. Entonces me levanté, me dirigí al Hno. D y le rogué que no se interpusiera en el camino de sus hijos. El se sobresaltó, luego se levantó, habló y dijo que comenzaría desde ese día. Con corazón alegre, todos oyeron esto. El Hno. D es un hombre de gran valor. Entonces se levantó el esposo de la Hna. E, testificó que quería ser cristiano. Es un hombre de influencia: abogado. Su hija estaba inquieta en el asiento. El Hno. D añadió entonces sus súplicas a las nuestras. La Hna. D también [suplicó] a sus hijos. Suplicamos y al fin prevalecimos. Todos pasaron adelante. Los padres y todos los hijos y otros padres siguieron su ejemplo. Fue un día de alegría. La Hna. E dijo que era el día más feliz de su vida (Diario, 19 de febrero de 1868). Una buena respuesta en Battle Creek Hablé en la tarde acerca de 2 Pedro. Hablé con libertad. Después de hablar una hora, invité que se adelantaran los que querían ser cristianos. Pasaron adelante entre 3º y 4º, tranquilamente, sin excitación, y ocuparon los asientos delanteros. Les hablé de hacer una entrega completa a Dios. Pasamos unos momentos orando por los que se habían adelantado. Tuvimos unos preciosos momentos en oración. Pedimos que los que querían ser bautizados, lo manifestaran levantándose. Se levantó un buen número (Diario, 9 de junio de 1873) Una respuesta después de alguna vacilación Hablé en la tarde [en Stanley, Virginia] de Juan 17: 3. 169 El Señor me dio abundantemente de su Espíritu Santo. El local estaba lleno. Pedí que pasaran adelante los que querían buscar al Señor más fervientemente y también los que querían entregarse al Señor como un sacrificio pleno. Por un tiempo, nadie se movió, pero después muchos pasaron adelante y dieron testimonios de confesión. Pasamos preciosos momentos en oración y todos se sintieron quebrantados, llorando y confesando sus pecados. ¡Ojalá todos pudieran entender! (Diario, 9 de noviembre de 1890). Cuando ella comenzó su obra en Suiza Fueron preciosos el sábado y el domingo* El Señor [me] bendijo especialmente al hablar el domingo de tarde. Al terminar el discurso, se presentó una invitación a todos los que deseaban ser cristianos, y que pasaran adelante todos los que sentían que no tenían una relación viviente con Dios, para que pudiéramos unir nuestras oraciones con las de ellos en procura del perdón de los pecados y de la gracia para resistir la tentación. Esto fue una nueva experiencia para muchos, pero no vacilaron. Pareció que toda la congregación se puso de pie y lo mejor que pudieron hacer fue sentarse y buscar todos juntos al Señor. Aquí estaba una congregación entera manifestando su determinación de apartarse del pecado y ocuparse más fervientemente en la obra de buscar a Dios. Después de la oración, se dieron 115 testimonios. Muchos de ellos demostraron una genuina experiencia en las cosas de Dios (Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh-day Adventists [ Bocetos históricos de las misiones extranjeras de los adventistas del séptimo día], pág. 173). En Cristianía [Oslo], Noruega Pasamos dos semanas en Cristianía y trabajamos fervientemente 170 por la iglesia. El Espíritu de Dios me movió a dar un testimonio muy claro. Especialmente durante la última reunión, les presenté la necesidad de un cambio completo en el carácter si querían ser hijos de Dios. . . Los insté a que comprendieran la necesidad de un arrepentimiento profundo, la confesión y el abandono de los pecados que habían ahuyentado al dulce espíritu de Cristo de la iglesia. Llamamos entonces para que pasaran al frente los que querían colocarse decididamente del lado del Señor. Muchos respondieron. Se hicieron algunas buenas confesiones y se presentaron fervientes testimonios (The Review and Herald, 19 de octubre de 1886). La determinación indicada poniéndose de pie Se invitó a ponerse de pie [ en Basilea, Suiza ] a todos los que de allí en adelante deseaban hacer más fervientes esfuerzos para alcanzar una norma más elevada. Todos se pusieron de pie. Esperamos que esto ahora tendrá el efecto de ganarlos para Dios y para las reflexiones celestiales, y que harán esfuerzos fervientes para ser todo lo que Dios les ha dado la facultad de ser: soldados fieles y verdaderamente consagrados a la cruz de Cristo ( Diario, 22 de noviembre de 1885.) Apóstatas recuperados en Basilea En la tarde del sábado, nos congregamos para una reunión especial. La bendición del Señor descansó sobre mí, y otra vez me dirigí a los presentes durante un corto tiempo. Cada asiento estaba ocupado y se habían traído sillas adicionales. Todos escucharon con profundo interés. Invité para que pasaran adelante todos los que deseaban las oraciones de los siervos de Dios. Procuré diligentemente que aprovecharan la oportunidad todos los que habían sido apóstatas y querían volver al Señor. Se llenaron rápidamente varios asientos y toda la congregación se puso en movimiento. 171 Les dijimos que lo mejor era que quedaran en sus asientos y que buscaríamos juntos al Señor confesando nuestros pecados, y que el Señor ha prometido: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1: 9). Uno tras otro, se dieron rápidamente muchos testimonios que expresaban profundos sentimientos, lo que mostraba que los corazones eran tocados por el Espíritu de Dios. Nuestras reuniones continuaron desde las dos de la tarde hasta las cinco, y entonces tuvimos que terminar con varias oraciones fervientes (Diario, 20 de febrero de 1887). Un caso notable en Australia El sábado 25 de mayo [1895], celebramos una preciosa reunión en el local donde se reunían nuestros hermanos en North Fitzroy. Varios días antes de la reunión, yo sabía que se esperaba que yo hablara en la iglesia el sábado, pero desgraciadamente sufría de un fuerte resfriado y estaba muy ronca. Me sentí inclinada a excusarme de ese compromiso, pero como era mi única oportunidad, dije: "Me presentaré delante de los hermanos, y creo que el Señor contestará mis fervientes oraciones y quitará mi ronquera, de modo que pueda dar el mensaje". Expuse ante mi Padre celestial la promesa: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. . . Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Luc. 11: 9- 13). . . La promesa de Dios es segura. Yo había pedido, y creía que podría hablar a la gente. Elegí un pasaje de las Escrituras, pero cuando me levanté para hablar, me fue quitado de la mente y me sentí impresionada a hablar del primer capítulo de segunda de Pedro. El Señor me dio fluidez especial para presentar el valor de la gracia de Dios. . . Con 172 la ayuda del Espíritu Santo, pude hablar con claridad y poder. Al terminar mi discurso, me sentí impresionada por el Espíritu de Dios a extender una invitación a que pasaran al frente todos los que deseaban entregarse plenamente al Señor. Los que sentían la necesidad de las oraciones de los siervos de Dios fueron invitados a manifestarlo. Pasaron al frente unos treinta. Entre ellos estaban las esposas de los Hnos. F, que por primera vez manifestaron su deseo de acercarse a Dios. Mi corazón estuvo lleno de una gratitud inexpresable por la decisión tomada por esas dos mujeres. Entonces pude ver por que me había sentido tan fervientemente impulsada a presentar esa invitación. Había vacilado al principio, preguntándome si era lo mejor proceder así puesto que, hasta donde yo pudiera ver, mi hijo y yo éramos los únicos que podían ser de ayuda en aquella ocasión. Pero, como si alguien me hubiera hablado, pasó el pensamiento por mi mente: " ¿No puedes confiar en el Señor?" Dije: "Lo haré, Señor". Aunque mi hijo quedó muy sorprendido de que yo hiciera una invitación tal en esa ocasión, se puso a tono con la emergencia. Nunca le oí hablar con mayor poder o sentimiento más profundo que en aquella oportunidad. Pidió la cooperación de los hermanos Faulkhead y Salisbury para que pasaran al frente, y nos arrodillamos en oración. Mi hijo dirigió en oración, y seguramente el Señor le dictó su petición, pues parecía orar como si hubiera estado en la presencia de Dios. Los hermanos Faulkhead y Salisbury también presentaron fervorosas peticiones y entonces el Señor me dio voz para orar. Me acordé de las hermanas F, que por primera vez se decidían públicamente por la verdad. El Espíritu Santo estuvo en la reunión, y muchos fueron conmovidos por su influencia profunda. Al terminar la reunión, muchos se afanaron por llegar hasta la plataforma y, tomándome de la mano, me pedían 173 con lágrimas en los ojos que orara por ellos. Les contesté cordialmente que así lo haría. Las hermanas F me fueron presentadas y descubrí que sus corazones eran muy tiernos. . . La madre de una de las hermanas, que ahora se ha decidido por la verdad, fue una enconada opositora y amenazó a su hija con no permitirle entrar en el hogar si se convertía en observadora del sábado, pues la madre la consideraría como una desgracia para la familia. La Sra. F había declarado con frecuencia que nunca se uniría con los adventistas del séptimo día. Había sido criada en la Iglesia Presbiteriana, y se le había enseñado que era muy impropio que las mujeres hablaran en una reunión, y que estaba más allá de toda noción de decoro el que predicara una mujer. A ella le gustaba escuchar a los pastores Daniells y Corliss, y pensaba que eran oradores muy inteligentes, pero no quería escuchar la predicación de una mujer. Su esposo había orado al Señor para que arreglara las cosas de tal manera que pudiera convertirse mediante el ministerio de la Hna. White. Cuando presenté la exhortación e insté a que pasaran al frente los que sentían su necesidad de acercarse más a Dios, esas hermanas pasaron al frente para sorpresa de todos. La hermana que había perdido a su hijito dijo que estaba determinada a no pasar adelante, pero que el Espíritu del Señor la impresionó tan fuertemente que no se atrevió a rehusar. . . Me siento tan agradecida a mi Padre celestial por su bondad amante que atrajo a esas dos preciosas almas para que se unieran con sus esposos en la obediencia de la verdad (The Review and Herald, 30 de julio de 1895). Los visitantes no adventistas responden en la iglesia de Ashfield Invité a que se pusieran de pie todos los que querían entregarse a Dios en un pacto sagrado para servirle de todo corazón. El local estaba lleno y casi todos se levantaron. 174 Había presente un buen número que no pertenecían a nuestra fe y se levantaron algunos de ellos. Los presenté al Señor con ferviente oración y sabemos que contamos con la manifestación del Espíritu de Dios. Sentimos que realmente se había ganado una victoria (Manuscrito 30a, 1896). Un llamado especial en el Colegio de Battle Creek Hasta ahora he hablado a los ayudantes, a la clase de enfermeras y a los médicos cinco veces durante la semana de oración, y estoy segura de que mis discursos son apreciados. He hablado dos veces en el colegio. El jueves pasado, el Prof. Prescott quiso que fuera allí. Fui, oré y hablé en la gran capilla, llena de estudiantes. Tuve mucha fluidez para hablar y presentar ante ellos la bondad y misericordia de Dios, la gran condescendencia y sacrificio de Jesucristo y la recompensa celestial comprada para nosotros, la victoria final, y cuán grande privilegio es ser cristiano. El Prof. Prescott se levantó y trató de hablar, pero su corazón estaba henchido y no pronunció una palabra durante cinco minutos, sino que estuvo de pie llorando ante los hermanos. Entonces dijo unas pocas palabras: "Estoy contento de ser cristiano". Habló durante unos cinco minutos y entonces dio a todos la oportunidad de hablar. Se dieron muchos testimonios, pero me pareció que debía alcanzarse a algunos a quienes hasta entonces no habíamos conseguido alcanzar. Invitamos a que pasaran al frente todos los que sentían que no estaban preparados para la venida de Cristo y no tenían una evidencia de haber sido aceptados por Dios. Me dio la impresión de que todo el local estaba en movimiento. Dimos entonces oportunidad a que todos expresaran sus sentimientos, pasamos poco después unos cortos momentos en oración y la bendición del Señor pareció alcanzar los corazones. Entonces nos separamos en divisiones y continuamos la obra durante dos horas más y el Espíritu del Señor se hizo 175 presente en la reunión en una forma notable. Algunos que no tenían noción de una fe religiosa, incrédulos mundanos, han ganado una experiencia genuina en la vida religiosa. Y la obra se profundiza más y más. El Señor obra y obrará tan rápidamente como le preparemos el camino para que pueda revelar con seguridad su poder en nuestro favor (Carta 75, 1888) Llamados a pasar adelante en San Francisco El viernes 21 de diciembre [1900] fui a San Francisco donde había de pasar la semana de oración. Hablé allí a la iglesia el sábado por la tarde, aunque estaba tan débil que tenía que aferrarme al púlpito con ambas manos para sostenerme. Le pedí al Señor que me diera fuerza para hablar a los hermanos. Escuchó mi oración y me fortaleció. Tuve gran fluidez para hablar de Apoc. 2: 1- 5. Fui profundamente poseída por el Espíritu de Dios y los presentes se impresionaron hondamente debido al mensaje presentado. Después de que hube terminado de hablar, se invitó a que pasaran al frente todos los que deseaban entregarse al Señor. Respondió un gran número y se oró por ellos. Varios de los que se adelantaron son personas que recientemente han oído el mensaje adventista y están en el valle de la decisión. Dios fortalezca la buena impresión que recibieron, y se entreguen completamente a él. ¡Oh, cómo anhelo ver a esas almas convertidas y oírlas cantar un nuevo himno de alabanza a Dios! El domingo por la tarde hablé a una gran congregación en la que había muchos que no son de nuestra fe. Mis fuerzas fueron renovadas y pude hablar sin aferrarme al pupitre para estar delante de los hermanos. La bendición del Señor descansó sobre mí y recibí un vigor aumentado mientras hablaba. Al igual que el sábado, fueron invitados a pasar adelante los que buscaban ayuda espiritual, y estuvimos contentos de ver la pronta respuesta. El Señor se nos 176 acercó mucho mientras lo buscamos en oración (The Review and Herald, 19 de febrero de 1901). Una obra similar en cada iglesia Visité San Francisco el sábado 10 de noviembre y hablé a una iglesia llena de gente que tenía oídos para oír y corazones para entender. . . Después de que hube terminado de hablar, el pastor Corliss invitó a pasar al frente a todos los que deseaban entregarse a Jesús. Hubo una pronta y feliz respuesta, y se me dijo que cerca de doscientas personas pasaron al frente. Hombres y mujeres, jóvenes y niños se esforzaron por ocupar los asientos delanteros. Al Señor le agradaría que se hiciera una obra similar en cada iglesia. Muchos no pudieron adelantarse porque el local estaba muy atestado; sin embargo los rostros animados y los ojos llenos de lágrimas testificaban de la determinación: "Estaré del lado del Señor. De aquí en adelante, procuraré fervientemente alcanzar una norma más alta" (The Review and Herald, 12 de febrero de 1901). Respuesta en el congreso de la Asociación General de 1909 Mis hermanos y hermanas, buscad al Señor mientras puede ser hallado. Viene un período cuando los que han malgastado su tiempo y oportunidades desearán haber buscado a Dios. . . El quiere que os mantengáis de parte de la razón y del trabajo. Quiere que vayáis a nuestras iglesias para trabajar fervientemente para él. Quiere que organicéis reuniones para los que no pertenecen a la iglesia, a fin de que conozcan las verdades de este último mensaje de amonestación. Hay lugares donde seréis recibidos con alegría, donde las almas os agradecerán por ir en su ayuda. El Señor os ayude a ocuparos de esa obra como nunca lo habéis hecho antes. ¿Haréis esto? ¿Os pondréis de pie aquí y testificaréis de que haréis de Dios vuestra confianza 177 y vuestro ayudador? [La congregación se levanta.] [Orando] Te agradezco, Señor Dios de Israel. Acepta esta promesa de estos tus hijos. Pon tu Espíritu sobre ellos. Sea vista tu gloria en ellos. Veamos la salvación de Dios mientras hablen la palabra de verdad. Amén (General Conference Bulletin [Boletín de la Asociación General], 18 de mayo de 1909)
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