
Lección 6

Para el 12 de Mayo del 2007
El comienzo del gran diluvio.
Pero al octavo día los cielos se oscurecieron. El rugido del trueno y el vívido resplandor de los relámpagos comenzaron a atemorizar a hombres y animales. Desde las nubes la lluvia descendía sobre ellos. Era algo que no habían visto antes y sus corazones comenzaron a desfallecer de temor. Los animales iban de un lado al otro presas de salvaje terror, y sus alaridos discordantes parecían un lamento que preanunciaba su propio destino y la suerte de los hombres. La tormenta aumentó en violencia hasta que las aguas parecían descender del cielo como tremendas cataratas. Los ríos se salieron de madre y las aguas inundaron los valles. Los fundamentos del abismo también se rompieron. Chorros de agua surgían de la tierra con fuerza indescriptible, arrojando rocas macizas a cientos de metros de altura, para luego caer y sepultarse en las profundidades de la tierra.
La gente vio primero la destrucción de las obras de sus manos. Sus espléndidos edificios, sus jardines y huertas tan hermosamente arreglados, donde habían ubicado sus ídolos, fueron destruidos por rayos del cielo. Sus ruinas se esparcieron por todas partes.
La violencia de la tormenta aumentó, y entre la furia de los elementos se escuchaban los lamentos de la gente que había despreciado la autoridad de Dios. Árboles, edificios, rocas y tierra salían disparados en todas direcciones. El terror de hombres y animales era indescriptible. El mismo Satanás, obligado a permanecer en medio de la furia de los elementos, temió por su vida.
Los animales amenazados por la tempestad acudieron a los hombres, pues preferían estar cerca de los seres humanos, como si esperaran que ellos los auxiliaran. Algunos ataron a sus hijos a fuertes animales, e hicieron otro tanto consigo mismos, pues sabían que éstos lucharían por su vida, y treparían a las cumbres más altas para huir de las aguas que subían. La tempestad no moderó su furia, sin embargo; las aguas, en cambio, aumentaron de nivel más rápidamente que al principio. Algunos se ataron a altos árboles ubicados en las cumbres más elevadas de la tierra, pero éstos fueron desarraigados y lanzados con violencia por el aire como si alguien los hubiera arrojado con furia, junto con piedras y lodo, sobre las olas que avanzaban y bullían. Sobre esas cumbres seres humanos y bestias luchaban por conservar su posición, hasta que todos fueron arrojados a las espumosas aguas que casi llegaban a esos lugares. Por fin esas cimas fueron alcanzadas también, y los hombres y los animales que se hallaban allí perecieron por igual arrastrados por las aguas del diluvio.-- Spiritual Gifts, vol. 3, 69-72 (Reimpreso en Spirit of Prophecy, vol. 1, 73- 76, y en Historia de la Redención, 68-71).
La tierra al término del diluvio.
Toda la superficie de la tierra fue cambiada por el diluvio. Una tercera y temible maldición pesaba sobre ella como consecuencia del pecado del hombre. Los hermosos árboles y arbustos con flores fueron destruídos, sin embargo Noé preservó semilla y la llevo con él en el arca, y Dios a través de su poder milagroso mantuvo vivas para generaciones futuras, algunas de las diferentes clases de árboles y arbustos. Pronto luego del diluvio, arboles y plantas parecieron brotar de las mismas piedras. Por la providencia de Dios, semillas fueron esparcidas y llevadas a las grietas de las rocas y allí se escondieron en forma segura para el uso futuro del hombre.
Las aguas habían estado quince codos (aproximadamente siete metros y medio) por encima de las montañas mas altas. El Señor se acordó de Noé, y a medida que las aguas disminuían, él hizo que el arca descansara sobre la cumbre de un grupo de montañas, que en su poder había preservado y mantenido firmes a través de toda la violenta tormenta. Estas montañas estaban separadas entre sí por una pequeña distancia, y el arca se movió y reposó sobre una, luego sobre otra de ellas, y ya no fue llevado por el océano sin límites. Esto dio gran alivio a Noé y a todos los que estaban dentro del arca. Cuando aparecieron las montañas y colinas, estaban en una condición quebrada, tosca, y todo a su alrededor parecía como un mar de agua turbia o blando lodo.
Cómo quedó sepultada la vida vegetal y animal después del diluvio.
En el momento del diluvio tanto la gente como animales se juntaron en los puntos más altos de la tierra, y al descender las aguas de la tierra, cuerpos muertos quedaron sobre las altas montañas, y sobre los montes tanto como en los valles. Los cuerpos de hombres y bestias estaban sobre la superficie de la tierra. Pero Dios no iba a permitir que permanecieran allí para infectar el aire por su descomposición, y por lo tanto hizo de la tierra un basto cementerio. Produjo un poderoso viento que paso sobre la tierra con el propósito de secar las aguas, y que la movió con gran fuerza -- en algunos casos llevandose las cúspides de las montañas con grandes avalanchas, formando enormes colinas y altas montañas donde no se habían visto antes, y enterrando los cadáveres con árboles, piedra, y tierra que fueron llevados sobre y alrededor de ellas. La plata, el oro, las maderas escogidas y las piedras preciosas, que habían enriquecido y adornado al mundo antediluviano y que la gente idolatrara, fueron hundidos debajo de la superficie de la tierra. Las aguas que habían brotado con tan grande poder, habían movido tierra y rocas, y las habían amontonado sobre los tesoros de la tierra, y en muchos casos formado montañas sobre ellos para esconderlos de la vista y búsqueda de los hombres...
Las hermosas montañas de forma regular habían desaparecido. Piedras, plataformas salientes, y ásperas rocas que antes no se veían, aparecieron sorbe algunas partes de la tierra. Donde había habido montañas y colinas, no se veía rastro de ellas. donde había habido hermosas planicies cubiertas de verdor y bellas plantas, se formaron colinas y montañas de piedra, árboles, y tierra, sobre los cuerpos de hombres y animales. Toda la superficie de la tierra presentaba una apariencia de desorden. Algunos lugares estaban mas desfigurados que otros. Donde una vez había estado los tesoros mas ricos de la tierra en oro, plata, y piedras preciosas, se veían las marcas mas pesadas de la maldición. Y sobre países que no habían estado habitados, y en aquellas porciones de la tierra donde el crimen había sido menor, la maldición descansaba mas ligeramente.
Antes del diluvio había inmensos bosques. Los árboles eran muchas veces más altos que cualquier árbol que ahora vemos. Eran de gran durabilidad. No conocían el decaimiento por cientos de años. En el momento del diluvio estos bosques fueron destruidos o quebrados y sepultados en la tierra. En algunos lugares grandes cantidades de estos inmensos árboles fueron arrojados juntos y cubiertos con piedras y tierra por las conmociones del diluvio. Desde entonces se han petrificado y transformado en carbón de piedra, que explica las grandes minas de hulla que se encuentran ahora. Este carbón ha producido petróleo.-- Spiritual Gifts, vol. 3, 76-79 (Reimpreso en Spirit of Prophecy, vol. 1, 79-82).
Por sí misma el arca no habría podido resistir la violencia del diluvio.
El arca fue hecha de madera de ciprés o gofer, que no conocía el decaimiento por ciento de años. Fue una construcción de gran durabilidad que ninguna sabiduría humana podía inventar. Dios fue el diseñador, y Noé su arquitecto (constructor).
Luego que Noé había hecho todo de su parte para hacer cada porción del trabajo correctamente, era imposible que el arca por sí misma pudiera soportar la violencia de la tormenta que Dios en su ira tremenda iba a traer sobre la tierra. La obra de completar la construcción fue un proceso lento. Cada porción de madera fue colocada con exactitud, y cada juntura cubierta con esmero. Todo lo que el hombre podía hacer fue hecho para que saliera perfecto; sin embargo, solamente Dios, por su poder milagroso, podía preservar la construcción de las airadas y agitadas olas.- Spiritual Gifts, vol. 3, 66.
La reacción de los animales que estaban dentro del arca a la furia del diluvio.
El arca se sacudía y se agitaba vigorosamente. Los animales que estaban dentro de ella expresaban mediante diferentes sonidos su temor descontrolado; sin embargo, en medio de la furia de los elementos, la elevación del nivel de las aguas y las violentas arremetidas de árboles y rocas, el arca avanzaba con seguridad. Algunos ángeles sumamente fuertes la guiaban y la protegían de todo 71 peligro. Su preservación a cada instante de esa terrible tempestad de cuarenta días y cuarenta noches fue un milagro del Todopoderoso.-- Spiritual Gifts, vol.3, 71( Reimpreso en Historia de la Redención, 70, 71).
El cambio en la superficie de la tierra al terminar el diluvio.
Toda la superficie de la tierra fue cambiada por el diluvio. Una tercera y terrible maldición pesaba sobre ella como consecuencia del pecado. A medida que las aguas comenzaron a bajar, las lomas y las montañas quedaron rodeadas por un vasto y turbio mar. Por doquiera yacían cadáveres de hombres y animales. El Señor no iba a permitir que permaneciesen allí para infectar el aire por su descomposición, y por lo tanto, hizo de la tierra un vasto cementerio, Un viento violento enviado para secar las aguas, las agitó con gran fuerza, de modo que en algunos casos derribaron las cumbres de las montañas y amontonaron árboles, rocas y tierra sobre los cadáveres. De la misma manera la plata y el oro, las maderas escogidas y las piedras preciosas, que habían enriquecido y adornado el mundo antediluviano y que la gente idolatrara, fueron ocultados de los ojos de los hombres. La violenta acción de las aguas amontonó tierra y rocas sobre estos tesoros, y en algunos casos se formaron montañas sobre ellos.
La tierra presentaba un indescriptible aspecto de confusión y desolación. Las montañas, una vez tan bellas en su perfecta simetría, eran ahora quebradas e irregulares. Piedras, riscos y escabrosas rocas estaban ahora diseminados por la superficie de la tierra. En muchos sitios, las colinas y las montañas habían desaparecido, sin dejar huella del sitio en donde habían estado; y las llanuras dieron lugar a cordilleras. Estos cambios eran más pronunciados en algunos lugares que en otros. Donde habían estado los tesoros más valiosos de oro, plata y piedras preciosas, se veían las señales mayores de la maldición, mientras que ésta pesó menos en las regiones deshabitadas y donde había habido menos crímenes.
En ese tiempo inmensos bosques fueron sepultados. Desde entonces se han transformado en el carbón de piedra de las extensas capas de hulla que existen hoy día, y han producido también enormes cantidades de petróleo.-- Patriarcas y Profetas, 98, 99.
Evidencias de los cambios hechos por el diluvio
Dios gobernaba sobre toda la tierra.
En nuestro viaje hacia el oeste hemos estado observando para captar todo lo nuevo e interesante en el escenario. Hemos mirado a las altas, terraplenadas montañas en su hermosura majestuosa, con sus almenas rocosas semejantes a grandes y antiguos castillos. Esta montañas nos hablan de la ira desoladora de Dios en vindicación de su ley quebrantada; porque ellas fueron levantadas por las tormentosas convulsiones del diluvio. Son como poderosas olas que a la voz de Dios quedaron quietas, -- olas endurecidas, detenidas en su oleaje más orgulloso. Estas torres montañosas pertenecen a Dios; él preside sobre su fortaleza rocosa. La riqueza de sus minas es también suya, y lo mismo ocurre con los lugares profundos de la tierra.-- Review and Herald, 62: 114, 24 de febrero, 1885.
Las Montañas Rocallosas.
Desde Cheyenne la locomotora se desplaza con dificultad, hacia la cumbre en contra del viento más temible... Los temores son expresiones de peligro, debido al viento, al cruzar el puente Dale Creek de unos 216 metros de largo y a unos 42 metros de altura, avanzado por el Dale Creek palmo a palmo... Alcanzamos la cumbre. Se sacó la locomotora extra. Estamos sobre una elevación de 2.619 metros. En este momento no se necesita un equipo para hacer avanzar el tren, porque la pendiente es lo suficiente como para deslizarnos suavemente.
Al acercanos a Ogden la escena se hace más interesante... Hay formaciones montañosas grandes y que se elevan hacia el cielo, mientras éstas están entremezcladas con montañas de menor tamaño. Tanto como puede abarcar la visión las cumbres se elevan por encima de las montañas, un pico encima del otro, arista sobre arista, entretejidas, mientras las alturas nevadas brillan bajo los rayos del sol, luciendo sumamente hermosas. Al observar la variada belleza de los paisajes de la Montañas Rocallosas, nos impresionó profundamente la grandeza y la majestad de Dios. Anhelamos tener un poco de tiempo para ver con deleite las escenas grandiosas y sublimes que hablan a nuestros sentidos del poder de Dios que hizo el mundo y todas las cosas que están en él....
Entre Ogden y Sacramento el ojo se deleita constantemente con paisajes maravillosos. Aparecen montañas de toda forma y dimensión concebible. Algunas tiene formas suaves y regulares, mientras que otras son montañas ásperas y de granito, cuyos picos se extienden hasta el cielo como si señalaran al Dios de la naturaleza. Hay bloques de roca suave y gastada, apilada una encima de otra, que parecen haber sido trabajadas y cincelada por instrumentos usados por manos hábiles. Hay peñascos que sobresalen, riscos antiguos y gargantas revestidas con pinos, presentan continuamente a nuestros sentidos escenas de renovado interés. Llegamos al Corredor del Diablo. Hay rocas planas fijas como grava de casi la misma profundidad que corren desde el nacimiento del río en la ladera de la montaña por encima de nosotros como a unos cuatrocientos metros, montañas cubiertas con hierba y arbustos. Las piedras son de unos ciento setenta y setenta metros de alto, de pie sobre el borde como si estuvieran aplanadas dentro de las montañas rocosas. Hay dos paredes de piedra separada como unos tres metros de esta mampostería. El espacio que queda entremedio está cubierto con un verde follaje. Es una vista muy interesante y maravillosa. - Carta 18, 1873. (Expresiones similares se encuentran en las cartas 19 y 20 del mismo año.)
Formaciones del río Green.
En el río Green se ven lugares donde hay especímenes de fósiles, petrificaciones y curiosidades de la naturaleza en general. Por una bagatela se pueden comprar caracoles y madera en estado petrificado. Hay una roca sobresaliente, con apariencia de torre, y hay rocas gemelas de proporciones gigantescas. La apariencia de estas rocas es como si algún templo enorme hubiera existido allí y sus pilares macisos hubiesen quedado de pie como testigos de su grandeza anterior. Hay una roca denominada Peña Gigante, y en proporción es un gigante. Se eleva casi perpendicularmente y es imposible escalar sus lados. Es una de las curiosidades de la naturaleza. Se me dijo que su composición da evidencia de haber estado ubicada una vez en la fondo de un lago. Esta roca tiene una estratificación regular, toda horizontal, que contiene fósiles de plantas y de pescado y curiosamente huellas de especímenes de animales de mar. Las plantas se asemejan a nuestros árboles frutales y de bosques. Hay helechos y palmeras. Los pescados parecen ser de una especie extinta en la actualidad. Se nos mostró una gran roca lisa en la cual había distintas especies de pescados y hojas curiosas. El propietario nos dijo, en un viaje anterior, que había traídos estas dos rocas grandes a lomo de caballo unos doce kilómetros. La roca no se veía lejos, pero él dijo que era la distancia que se requería para tener acceso a ella. En estas placas cuarteadas había plumas de pájaros y otras curiosidades fáciles de ver.
Observamos con curioso interés rocas compuesta de arena en una estratificación horizontal perfecta conteniendo restos sumamente interesantes. Estas rocas asumen formas curiosas y fantásticas, como si estuvieran cinceladas por la mano de un artista. Éstas están en pináculos y bóvedas elevados y en columnas acanaladas. Estas rocas se asemejan a algunas catedrales antiguas que están abandonadas. Aquí la imaginación tiene un campo fecundo del cual disponer. En las zonas cercanas a estas rocas hay musgo bolita. Cuando uno observa a la distancia desde estas rocas formadas maravillosamente uno puede imaginarse algunas ciudades en ruina, abandonadas y vacías, pero siendo testigos silenciosos de lo que fueron una vez. - Carta 6a, 1880.
Almenas que han permanecido desde el diluvio.
El paisaje por donde pasamos era demasiado majestuoso, demasiado impresionante, para presentar una descripción que pueda compararse con el panorama como era realmente. las murallas almenadas de rocas las paredes rocosas desgastadas por el tiempo que han resistido desde el diluvio, erosionadas por los torrentes de las montañas, resaltan tan lisas como si las hubieran pulido, mientras que otras cosas diferentes de ellas en forma, se ven en capas regulares, como si un artista las hubiera dispuesto. Aquí... contemplamos el panorama más interesante y grandioso que nuestros ojos jamás hayan visto. Las rocas se levantan desde la tierra, más y más altas, y de ellas surgen bellos pinos de colores oscuros entremezclados con el más claro y bellísimo verde viviente de los arces y hayas...
Tal grandeza natural, tal panorama solemne nos lleva hasta el periodo cuando las aguas dominaron los puntos más altos de la tierra y los incrédulos antediluvianos perecieron en las aguas del diluvio por su gran impiedad.
Al contemplar las aberturas en estas rocas-- las cavernas que se abren a la vista, los profundos canales gastados por fuertes cataratas y las rocas de toda forma concebible, decimos: "Cuán maravillosas son, oh Señor, tus obras en toda la tierra." Los suaves y subyugantes matices trazados por el lápiz del artista supremo en la bella disposición de los adornos de oscuro y viviente verde, esa bella combinación de colores que cubren las rugosas rocas seculares! El paisaje es grandioso al extremo, y presenta a los sentidos elevadas, santas, vigorosas, y sagradas ideas de Dios nuestro hacedor...
Si alguno puede observar esta escena sin ser impresionado con la grandeza y majestad de Dios, su corazón debe ser ciertamente duro.-- Manuscritos 56, 1886 (del diario de E. G. White del 20 de mayo, 1886) (Parte en A fin de conocerle, 148).
Las rocas soportan el testimonio de destrucción del mundo por el agua.
Cuando nuestro Creador formó el mundo para que sea un hábitat para el hombre, su disposición fue preparada por el Dios de sabiduría para que fuera de ayuda a las necesidades mentales y también físicas del hombre. El gran Arquitecto formó y modeló las escenas de la naturaleza para que puedan ser un apoyo importante en la formación moral e intelectual del carácter del hombre. Estas deben ser la escuela de Dios para educar la mente y la moral. En ella la mente puede tener un amplio campo de estudio al desplegarse las majestuosas obras del Infinito.
Las rocas están entre las cosas preciosas de la tierra, conteniendo tesoros de sabiduría y conocimiento. En las rocas y las montañas se registra el hecho de que Dios destruyó a los impíos de la tierra por un diluvio, y la superficie quebrada de la tierra revela, en las rocas gigantescas y las montañas elevadas, que las diferentes escenas que el ojo ve, es la obra del Dios de la sabiduría, que en sus obras grandiosas los hombres pueden discernir que hay un Dios vivo cuyo poder es ilimitado. Las obras maravillosas de majestad son para refinar el alma y suavizar la rudeza de la naturaleza del hombre, para ayudarlo en la edificación del carácter. - Manuscrito 73, 1886.
Juan el revelador vio en Patmos evidencias del diluvio.
El apóstol [Juan] vio a su alrededor [en la isla de Patmos] evidencias del diluvio, que inundó la tierra a causa de las aventuradas transgresiones [del mundo antediluviano] de la ley de Dios. Las rocas, arrojadas desde las grandes profundidades y desde la tierra, por el resquebrajamiento de las fuentes de las aguas, presentaban vívidamente a su mente los terrores del derramamiento de la ira de Dios. - Review and Herald, 1 de marzo, 1881.
Las rocas llevan la apariencia de una gran era.
Rocas, rocas por todas partes [cerca de Cheyenne, Wyoming], llevan la apariencia de una gran era. Rocas cortadas como fortificaciones parecen colocadas por un obrero. Veo en este momento inmensas rocas de formas singular compuestas por arena y grava gruesa. - Carta 26, 1872.
Erupciones volcánica y terremotos
1864 - Antes del diluvio había inmensos bosques. Los árboles eran muchas veces más altos que cualquier árbol que ahora vemos. Eran de gran durabilidad. No conocían el decaimiento por cientos de años. En el momento del diluvio estos bosques fueron destruidos o quebrados y sepultados en la tierra. En algunos lugares grandes cantidades de estos inmensos árboles fueron arrojados juntos y cubiertos con piedras y tierra por las conmociones del diluvio. Desde entonces se han petrificado y transformado en carbón de piedra, que explica las grandes minas de hulla que se encuentran ahora. Este carbón ha producido petróleo.
Dios hace que grandes cantidades de carbón y petróleo se enciendan y quemen. Las rocas se calientan intensamente, la piedra caliza se quema, y el hierro se derrite. El agua y el fuego se encuentran bajo la superficie de la tierra. La acción del agua sobre la cal intensifica el calor, y ocasiona terremotos, volcanes y brotes ígneos. La acción del fuego y agua sobre los rebordes de las rocas y mineral, causan fuertes explosiones que suenan como truenos amortiguados. Estas maravillosas exhibiciones serán más numerosas y terribles justo antes de la venida de Cristo y el fin del mundo, como señales de su rápida destrucción.
Donde no hay montañas ni brotes ígneos generalmente se encuentran carbón y petróleo. Cuando el fuego y el agua se encuentran bajo la superficie de la tierra, los brotes ígneos no pueden dar suficiente salida a los elementos calientes de las profundidades. La tierra convulsiona, el suelo tiembla, se mueve fuertemente, se levanta como en olas, y hay fuertes sonidos como truenos debajo de la tierra. El aire se calienta y es sofocante. La tierra rápidamente se abre, y vi ciudades, villas y montañas ardiendo hundirse juntas en la tierra.
Dios controla todos estos elementos; ellos son sus instrumentos para hacer su voluntad; él los llama a la acción para servir a su propósito. Estos brotes ígneos han sido y serán sus agentes para borrar de la tierra cada ciudad malvada. Como Coré, Datán y Abirán ellas descienden vivas al foso. Estas on evidencias del poder de Dios. Aquellos que han observado estas montañas encendidas se han llenado de terror por la grandeza de la escena -echando fuego, y llamas, y una gran cantidad de mineral derretido, secando ríos y haciendo que desaparezcan. Ellos se han llenado de admiración como si estuvieran observando el infinito poder de Dios.
Estas manifestaciones llevan las marcas especiales del poder de Dios, y están diseñadas para causar que la gente de la tierra tiemble ante él, y para silenciar a aquellos que, como Faraón orgullosamente decían, "Quién es el Señor para que yo obedezca su voz?" Isaías se refiere a estas exhibiciones del poder de Dios cuando él exclama, "Oh si rasgaras los cielos y descendieras, para que las montañas se derritan a tu presencia; como el fuego prende el matorral, y el fuego hace hervir el agua; para dar a conocer a tus enemigos tu nombre, para que tiemblen las naciones a tu presencia! Cuando hiciste cosas temerosas que no esperábamos, entonces descendiste; derritiéronse las montañas a tu presencia." (Isa. 64:1-3)...
"Las montañas se estremecen delante de él, y los collados se derrite; asimismo la tierra se conmueve ante su presencia, el mundo también, y cuantos habitan en él. Delante de su indignación, ¿quién podrá estar en pie? O ¿quién aguantará el ardor de su ira? Derrámase como fuego su encono, y los peñascos se despedazan con él!" (Nah. 1:3-6).
"¡Inclina, oh Jehová, tus cielos y desciende! ¡Toca las montañas, y humeen! Arroja relámpagos, y dispersa a mis enemigos; envía saetas, y contúrbalos." (Sal. 144:5, 6).
Mayores maravillas de las que se han visto serán presenciadas por aquéllos sobre la tierra un corto período antes de la venida de Cristo...
Las entrañas de la tierra eran el arsenal del Señor, de donde él sacó las armas que empleó en la destrucción del viejo mundo. Aguas de las profundidades de la tierra salieron a borbotones, y se unieron con las aguas del cielo, para lograr la obra de la destrucción. Desde el diluvio, dios ha usado tanto el agua como el fuego en la tierra como sus agentes para destruir ciudades malvadas.
En el día del Señor, justo antes de la venida de Cristo, Dios enviará relámpagos del cielo en su ira, que se unirán con fuego en la tierra. Las montañas se quemarán como una hoguera, y lanzarán terribles corrientes de lava, destruyendo jardines y campos, villas y ciudades; y al derramar su mineral derretido, rocas y lodo caliente hacia los ríos, harán que ellos hiervan como una marmita, y arrojen masivas rocas y esparzan sus fragmentos rotos sobre la tierra con violencia indescriptible. Ríos enteros serán secados. La tierra convulsionará, y habrá tremendas erupciones y terremotos en todas partes. Dios enviará plagas sobre los malvados habitantes de la tierra hasta que sean destruídos por ella.
Los santos son preservados en la tierra en medio de estas terribles conmociones, como Noé fue preservado en el arca en el momento del diluvio. -- Spiritual Gifts, vol. 3, 76-79 (Spirit of Prophecy, vol. 1, 79-82).
Fuego que arde bajo la superficie terrestre.
1885
Estas montañas son importantes para mí. Fuego subterráneo, aunque oculto, arde. Cuando los impíos hayan colmado su copa de iniquidad entonces el Señor se levantará de su lugar para castigar a los habitantes de la tierra. Mostrará la grandeza de su poder. El Gobernante supremo del Universo revelará a los hombres que invalidaron su ley que su autoridad se mantendrá. No faltarán todas las aguas del océano ni las llamas que el Señor encenderá. El terremoto hace temblar la tierra, las rocas son arrojadas del lugar, las colinas y la tierra firme se sacuden bajo la ira del Omnipotente, y todavía una vez más sacudirá, no sólo la tierra sino también los cielos. Hay un mar de fuego bajo nuestros pies. Hay un horno de fuego en las antiguas montañas rocosas. La montaña que arroja su fuego nos habla del horno poderoso que tiene encendido, aguardando la palabra de Dios para volcar en la tierra sus llamas. ¿No temeremos y temblaremos delante de él? - Manuscrito 29, 1885.
Los cambios provocados por el gran diluvio.
1886
Si todo en las obras de Dios nos parece tan hermoso e incluso nos atraen las majestuosas montañas y las imponentes rocas antiguas, cuánto más excedía en belleza, en grandeza y en hermosura el mundo antes del diluvio, que fue destruido a causa de la pecaminosidad del hombre. Dios los había rodeado con las cosas preciosas de la tierra porque los amaba. Pero estas bendiciones se tornaron en maldición, y usaron las cosas preciosas de la tierra para gratificar su orgullo y para glorificarse a sí mismos hasta que el Señor los destruyó y a la tierra que estaba manchada por sus obras de violencia y corrupción. Incluso ahora, si la maldición del pecado no estuviera corrompiendo la tierra, sería un lugar feliz, pero cada lugar habitado por los seres humanos está deteriorado con el pecado.
Las montañas se elevan abruptamente y parecen torres elevadas, alcanzando hasta el mismo cielo. A mi izquierda hay un castillo grande y antiguo sobre la cima de una montaña, y en la distancia se levanta otra montaña más alta. Los picos alcanzan casi los cielos, una montaña que a los ojos humanos parece inaccesible, elevándose miles de metros por encima del nivel del mar, y en la cima es una fortaleza. Podría ser para observación. La ambición del hombre no tiene restricciones. Llegamos a un paisaje que parecía a nuestros sentidos como indescriptiblemente grandioso. Picos de montañas elevándose por encima de picos de montañas, las rocas formadas en forma masiva y curiosamente espléndidas que fueron levantadas por agentes poderosos y esculpidas por tormentas de siglos...
El gran Dios alzó sus poderosas estructuras en las rocas graníticas, en las montañas elevadas, en hendiduras, en quebradas, en las gargantas y en las rocas fortificadas y en las cuevas de la tierra y con estas evidencias del poder de Dios que nos rodean, cuán ingrato es el corazón del hombre que necesita imágenes de hombre para adorar....
Los hombres pueden identificar, en la rota superficie de la tierra, las evidencias del diluvio. Los hombres se creyeron más sabios que Dios, y en conjunto demasiados sabios para obedecer su ley y guardar sus mandamientos, y obedecer los estatutos y preceptos de Jehová. Las ricas cosas de la tierra que Dios les había dado no los llevaron a la obediencia, sino lejos de ella, a causa de que utilizaron mal su privilegio de elección de el cielo, y convirtieron las bendiciones que dioles Dios en objetos que los hombres separaron de Dios. Y a causa de que se convirtieron en satánicos en su naturaleza, más que en divinos, el señor envió el diluvio de aguas sobre el viejo mundo y los fundamentos de la gran profundidad fueron rotos.
Lodo, cal, y conchas que Dios había desparramado en los fondos de los mares, fueron levantados, arrojados aquí y allá, y convulsiones de fuego y diluvio, terremotos y volcanes sepultaron los ricos tesoros de oro, plata, y piedra preciosa más allá de la vista del hombre. Vastos tesoros son contenidos en las montañas. Hay lecciones para ser aprendidas en el libro de la naturaleza de Dios...
Mientras hablamos libremente de otros países, ¿por qué somos reticentes en relación al país celestial, y a la casa no construida con manos, eterna, en los cielos? Este país celestial es de más consecuencia para nosotros que cualquiera otra ciudad o país en el globo, por lo tanto debiéramos pensar y hablar de este mejor, aún celestial, país. Y por qué no debiéramos conversar con más interés y en un marco mental celestial, en relación a los dones de Dios en la naturaleza? El ha hecho todas estas cosas para que veamos a dios en sus obras creadas. Estas cosas son para mantener a Dios en nuestra memoria y para elevar nuestros corazones de las cosas sensuales y atarlos en vínculo de amor y gratitud a nuestro creador.
Vemos en la faz quebrantada de la naturaleza, en las rocas hendidas, en las montañas y precipicios, aquellos que nos dice que un gran mal ha sido hecho, que los hombres abusaron de los dones de Dios, se olvidaron del creador, y que el Señor se entristeció y castigó a los malos transgresores de la ley, y como resultado tenemos su efectos en la creación. Tormentas rugen con violencia destructivas. Daño viene a hombres, bestias, y propiedad. Debido a que los hombres continúan transgrediendo la ley de Dios, El quita su defensa. Hambre, calamidad en el mar, y pestilencia que anda al mediodía, siguen porque los hombres se han olvidado de su Creador. El pecado, la mancha del pecado desfigura y estropea nuestro mundo, y la creación agonizante gime bajo la iniquidad de sus habitantes. Dios nos ha dado facultades para cultivar y mejorar para su gloria y para la eternidad.
Estas montañas y cavernas y precipicios de la roca que contemplamos tienen una historia. Mártires han perecido aquí, y estos lugares nunca revelarán su cometido sagrado hasta que el Dador de la vida los llame con voz de Arcángel y trompeta de Dios desde las cavernas rocosas, los calabozos, las cuevas, y los precipicios de las rocas ellos murieron en el exilio, algunos de hambre, otros por cruel mano del hombre. Caminaron con Dios y caminarán con El de blanco porque son encontrados dignos...
¡Qué escena será cuando los muertos se levanten desde sus tumbas entre estos valles Valdenses!...
De... fosas escondidas donde seres humanos han sido sepultados surgirán a vida aquellos que no contaron sus vidas preciosas para sí mismos, y que valoraron la integridad del lama a Dios por encima de la comodidad, por encima de propiedades, por encima de la vida misma. Abajo de las moldeadas majestuosas paredes está el suelo maldito por el poder romano, pero santificado por l sangre de los mártires, y como la sangre de Abel clamó a Dios desde el suelo así clamará la sangre de estos sacrificados a Dios desde el suelo por venganza.-- Manuscrito 62, 1886. (Del diario de E.G. White, Abril 29, 1886, escrito mientras cruzaba los Alpes en camino a Italia).
1890
En ese tiempo inmensos bosques fueron sepultados. Desde entonces se han transformado en el carbón de piedra de las extensas capas de hulla que existen hoy día, y han producido también enormes cantidades de petróleo. Con frecuencia la hulla y el petróleo se encienden y arden bajo la superficie de la tierra. Esto calienta las rocas, quema la piedra caliza, y derrite el hierro. La acción del agua sobre la cal intensifica el calor, y ocasiona terremotos, volcanes y brotes ígneos. Cuando el fuego y el agua entran en contacto con las capas de roca y mineral, se producen terribles explosiones subterráneas, semejantes a truenos sordos. El aire se calienta y se vuelve sofocante. A esto siguen erupciones volcánicas, pero a menudo ellas no dan suficiente escape a los elementos encendidos, que conmueven la tierra. El suelo se levanta entonces y se hincha como las olas de la mar, aparecen grandes grietas, y algunas veces ciudades, aldeas, y montañas encendidas son tragadas por la tierra. Estas maravillosas manifestaciones serán más frecuentes y terribles poco antes de la segunda venida de Cristo y del fin del mundo, como señales de su rápida destrucción. 100
Las profundidades de la tierra son el arsenal del Señor, de donde se sacaron las armas empleadas en la destrucción del mundo antiguo. Las aguas brotaron de la tierra y se unieron a las aguas del cielo para llevar a cabo la obra de desolación. Desde el diluvio, el fuego y el agua han sido instrumentos de Dios para destruir ciudades impías. Estos juicios son enviados para que los que tienen en poco la ley de Dios y pisotean su autoridad, tiemblen ante su poderío, y reconozcan su justa soberanía.
Los antiguos profetas, al referirse a escenas de esta índole, dijeron: "¡Oh si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los montes, como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos, y las gentes temblasen a tu presencia! Cuando, haciendo terriblezas cuales nunca esperábamos, descendiste, fluyeron los montes delante de ti."
"Jehová marcha entre la tempestad y turbión , y las nubes son el polvo de sus pies. El amenaza a la mar, y la hace secar, y agosta todos los ríos." (Isa. 64: 1-3; Nah. 1: 3, 4.)
Cuando se unan los rayos del cielo con el fuego de la tierra, las montañas arderán como un horno, y arrojarán espantosos torrentes de lava, que cubrirán jardines y campos, aldeas y ciudades. Masas incandescentes fundidas arrojadas en los ríos harán hervir las aguas, arrojarán con indescriptible violencia macizas rocas cuyos fragmentos se esparcirán por la tierra. Los ríos se secarán. La tierra se conmoverá; por doquiera habrá espantosos terremotos y erupciones.
Así destruirá Dios a los impíos de la tierra. -- Patriarcas y Profetas, 99-101.
1891
Terribles sacudidas vendrán sobre la tierra, y los palacios señoriales erigidos a un gran costo serán ciertamente montañas de ruinas. La corteza terrestre será arrancada por las erupciones de los elementos que se encuentran debajo de la tierra. Estos elementos, una vez que se liberen, barrerán los tesoros de quienes por años han añadido a sus riquezas asegurándose muchas posesiones al precio del hambre de aquellos que empleaban. Y el mundo religioso, también, será sacudido terriblemente; porque el fin de todas las cosas está cerca. - Manuscrito 24, 1891.
1902
Dios tiene en reserva en las entrañas de la tierra las armas que usará para destruir a la raza pecadora. Después del diluvio Dios ha usado tanto el agua como el fuego que están ocultos en la tierra para destruir las ciudades impías. En la conflagración final, Dios en su ira enviará rayos desde el cielo que se unirán con el fuego del interior de la tierra. Las montañas arderán como un horno, y verterán torrentes de lava. - Comentario bíblico adventista, tomo 7, 958.
1913
Cuando están en dificultad, los filósofos y los hombres de ciencia procuran satisfacer su mente sin apelar a Dios. Ventilan su filosofía acerca de los cielos y de la tierra, explicando plagas, pestilencias, epidemias, terremotos y hambres, por sus supuestas ciencias. Las cuestiones relativas a la creación y la providencia procuran resolverlas diciendo: Es la ley de la naturaleza. - Consejos para los maestros, 426.
Acerca de las montañas y su formación
Lecciones de las montañas
Yo estaba tan cansada que me acosté sobre el asiento y dormí durante dos horas, y al hacerlo perdí alguna parte interesante del paisaje, pero hicimos lo mejor posible el resto del viaje.
Fue grandioso y magnífico. Había lagos y barrancos, cañones y encumbradas rocas, algunas de apariencia admirable. Los picos de las montañas, se elevaban unos por encima de otros. Algunos estaban adornados con árboles, otros cultivados hasta la misma cumbre. El camino hacia ellas iba zigzageando, y cómo podían construir y hacer sus casas, y hacer sus jardines y vivir tan alto era un misterio para nosotros. Capillas eran construidas en las alturas de las montañas, y había aldeas situadas al abrigo de los peñascos.
Estas montañas de rocas encumbradas tan alto, de toda y de inmensa magnitud nos llevaron, al observarlas, a tener pensamientos profundos y solemnes de Dios. Estas son sus obras, evidencias de la grandeza de su poder. El ha establecido las montañas, dotándolas con su poder, y solamente el brazo de Dios puede moverlas fuera de su lugar. Erigiéndose ante nosotros en su grandeza ellas señalan hacia el cielo a la majestad de Dios, diciendo "El no cambia". Con El no hay variabilidad ni sombra de cambio.
Su ley fue pronunciada desde el monte Sinaí entre truenos, llamas, y humo, escondiendo su tremenda majestad y gloria. El habló su santa ley con una voz como de trompeta. Los relámpagos destellaban, los truenos arrollaban, conmoviendo la vieja gran montaña desde la cumbre hasta su misma base.
Estamos llenos de asombro. Nos encanta contemplar la grandeza de las obras de Dios, y nunca nos cansamos de hacerlo. Aquí hay una cadena de montañas que se extiende por toda la longitud de un continente, apiladas una sobre otra como una masiva e irregular pared que alcanza aún más allá de las nubes. Aquel Dios que mantiene las nubes en su lugar nos ha dado promesas que son más inmutables que estas grandes y viejas montañas. La palabra de Dios permanecerá para siempre de generación en generación.
Si el hombre respeta las condiciones, entonces Dios cumplirá su parte, aunque los fundamentos de la tierra se quebranten y los cielos se acaben. La palabra de Dios, la voluntad de Dios en su ley, permanece imperturbable, entera, el Dios de las montañas es nuestra defensa, nuestra fuerte torre. Encontraremos en él ayuda y fortaleza siempre, para hacer su voluntad. Vemos colinas perpetuas y la gloria que se derrama sobre ellas desde los cielos, y deseamos orar y adorar al Dios vivo que creó todas estas maravillas. Vemos colinas, montañas, y valles bañados por el sol de mediodía, reflejando sus glorias en los lagos-- y queremos orar y adorar al Señor Dios de huestes. Deseamos fe. Exclamar en nuestros corazones que Dios siempre vive. Sus palabras de promesa son tan inalterables como sus montañas.
La palabra de Dios, la guía bendita dada al hombre declara en relación a estas enormes y grandiosas montañas rocosas que han permanecido en tormenta y tempestad, el torrente y el rugido de los vientos, "Porque las montañas se alejarán, y los collados serán removidos; pero mi compasión no se alejará de ti, ni será removido mi pacto." La cadena de montañas que cubre tanto espacio con áridas rocas y nieves eternas es un depósito de fertilidad para los valles. Las preciosas plantas del valle son nutridas por eternas montañas. Los Alpes de Europa son su gloria. Los tesoros de las colinas envían sus bendiciones a millones. Vemos numerosas cataratas surgiendo de las cumbres de las montañas hacia los valles de abajo.
Estas montañas para mi son significativas. Fuegos subterráneos a pesar de
estar escondidos en ellas están quemando. Cuando los malvados hayan llenado
sus copas de iniquidad entonces el Señor se levantará de su lugar para
castigar a los habitantes de la tierra. El mostrará la grandeza de su poder.
El supremo gobernador del universo revelará a los hombres que han dejado sin
valor su ley que su autoridad será mantenida. No todas las aguas del océano
fallarán, ni los fuegos que el Señor encenderá. El terremoto hace que la
tierra tiemble, las rocas salten de su lugar, las colinas y el suelo firme
se conmueva bajo pisada de la omnipotencia, sin embargo una vez más El hará
temblar, no solamente la tierra, sino también os cielos. Hay un océano de
fuego bajo nuestros pies. Hay un horno de fuego en estas viejas montañas
rocosas. La montaña arrojando sus fuegos nos dice que el gran horno está
encendido, esperando la palabra de Dios para envolver a la tierra en llamas.
¿No temeremos ni temblaremos ante él? - Manuscrito 29, 1885 (Del
diario de E. G. White del 15 de diciembre, 1885, mientras viajaba de Italia
a Suiza).
La misión de la Montañas
He pensado que no puede haber nada que exceda la grandeza de las montañas de colorado, pero vemos aquello que es completamente tan grande y que despierta en el alma reverencia a Dios. Parecemos observar su majestad y su poder en sus obras maravillosas. El variado paisaje en las encumbradas montañas y alturas rocosas, las profundas grietas de la montañas con sus rápidas, ruidosas corrientes de agua viniendo de las montañas mas altas, las muchas cataratas que bajan agitándose desde las cimas de las montañas, las aguas rompiéndose al chocar con las rocas, y esparciéndose en forma de rocío como si fuera un vuelo, brindan esta completa escena como una de suprema belleza y grandeza.
Las montañas contienen las bendiciones de Dios. He visto hombres y mujeres mirar la majestad de las montañas como si fueran realmente una deformidad de la naturaleza. Suspiraban y decían "cuan innecesario! Denme las planicies, las grandes praderas, y seré feliz." Las montañas contienen tesoros de bendiciones que el creador derrama sobre los habitantes de la tierra. Es la variedad en la superficie de la tierra, en montañas, planicies, y valles, la que revela la sabiduría y el poder del gran arquitecto. Y aquellos que quitarían de nuestra tierra las rocas y montañas, las grietas salvajes y los ríos ruidosos, rápidos, y los precipicios, por ser deformidades repugnantes de la naturaleza, y preferirían un nivel plano-- tienen sentidos demasiados limitados para comprender la majestad de Dios. Sus mentes están atadas con ideas estrechas.
Dios, el gran Arquitecto, ha construido estas altas montañas, y su influencia sobre el clima es una bendición a nuestro mundo. Ellas sacan de las nubes humedad enriquecedora. Las cadenas de montañas son las más grandes reservas de Dios, para suplir al océano con sus aguas. Son fuentes de las vertientes, arroyos y riachuelos, tanto como de los ríos. Ellas reciben, en la forma de lluvia y nieve, los vapores con que la atmósfera está cargada, y los comunican con las secas planicies de abajo.
Debiéramos contemplar las montañas irregulares de la tierra como a las fuentes de bendiciones de Dios, de las cuales fluyen las aguas para suplir a todas las criaturas vivientes. Cada vez que miro las montañas siento gratitud a Dios. Mi corazón se eleva en alabanza a El que conoce las necesidades y deseos del hombre. Si la tierra hubiera sido de nivel uniforme habría pantanos estancados...