
Programa Juvenilpara la Escuela Sabática
|
![]() Octavo SábadoPara el 26 de Mayo del 2007 |
|
Partes del Programa
UNA ORACIÓN ESPECIAL Ahora les invito a analizar una oración que se registra en la Biblia. La oración de Jabes destila la voluntad poderosa de Dios para su futuro. A jabes lo hallamos oculto en la sección menos leída de uno de los libros menos leídos de la Biblia: "Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, y su madre lo llamó Jabes, diciendo: Porque lo di a luz con dolor. Jabes invocó al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si en verdad me bendijeras, ensancharas mi territorio, y tu mano estuviera conmigo, y me guardaras del mal, para que no me causara dolor! Y Dios le concedió lo que pidió". (1 Crónicas 4:9-10). Esta oración directa y sencilla cambió su vida.
¡OH, SI EN VERDAD ME BENDIJERAS! ¿Por qué no establecer el compromiso para toda la vida de pedirle a Dios que nos bendiga todos los días; y mientras él lo cumpla, que la bendición sea abundante y generosa? Solo nosotros limitamos la liberalidad de Dios; no son sus recursos, poder o voluntad para dar. A Jabes se le bendijo simplemente porque rehusó dejar que cualquier obstáculo, individuo u opinión fuese mayor que la naturaleza de Dios. El lugar de cada uno de nosotros es el lugar más poderoso en la tierra y es el lugar donde podemos cambiar una vida para Dios. ¿Por qué no querría Dios que usted fuese poderoso para él? ¡OH, SI ENSANCHARAS MI TERRITORIO! En la parte que sigue de la oración de Jabes -una súplica por más territorio- podemos ver que en su petición hubo más que un simple deseo de aumentar su tierra. Quiso más influencia, más responsabilidad y más oportunidades para distinguirse en el servicio del Dios de Israel. El término territorio puede referirse a costas o fronteras de un lugar propio, con espacio suficiente para desarrollarse y crecer. La oración de Jabes es una petición revolucionaria. Es muy extraño que alguien pida: "¡Oh Dios, te suplico que me des más trabajo en tu obra!". Pero cuando, con fe, comenzamos a pedir más trabajo en su obra, acontecen cosas muy sorprendentes. A medida que se ensanchan tus oportunidades, también tu capacidad y tus recursos aumentan de manera sobrenatural. Eso quiere decir que las matemáticas de Dios producen algo semejante a esta fórmula: Esfuerzo humano + Poder divino = Éxito. ¡OH, SI… TU MANO ESTUVIERA CONMIGO! Si buscar las bendiciones de Dios es nuestro acto definitivo de adoración y si pedir hacer más para él es nuestra ambición máxima, entonces implorar la mano de Dios sobre nosotros es nuestra elección estratégica para sostener y continuar las grandes cosas que Dios ha comenzado en nuestras vidas. OH, SI… ME GUARDARAS DEL MAL ¿Cuándo fue la última vez que le pediste a Dios que te mantuviera lejos de la tentación? De la misma manera que Dios quiere que se le pidan más bendiciones, territorios y poder, igualmente él anhela oír nuestras peticiones para ser guardados del mal. Sin la tentación, no pecaríamos. Casi todos nosotros enfrentamos muchas tentaciones -y, por lo tanto, con frecuencia pecamos demasiado- porque no le suplicamos a Dios que nos mantenga lejos de los estímulos que nos inducen a pecar. En consecuencia, daremos un enorme salto espiritual hacia delante si comenzamos a centramos menos en derrotar la tentación y más en evitarla. Por medio de Cristo podemos vivir de triunfo en triunfo, no en tentación y en derrota. Y Dios le concedió lo que pidió. Y JABES FUE MÁS ILUSTRE QUE SUS HERMANOS Dios favorece y honra a quienes se lo piden. No les retiene nada a aquellos que quieren y con todo fervor anhelan justo lo que él desea. Decir que se quiere ser más ilustre a los ojos de Dios no es arrogancia ni egoísmo. La verdadera grandeza es hacer la voluntad de Dios y seguir a Jesús en el sendero del servicio y la humildad, con fe y oración. (Adaptación y resumen del libro "La Oración de Jabes", escrito por Bruce Wilkinson). MOMENTO ESPECIAL DE ORACIÓN
|
|
Usted es el Visitante |