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Para el 28 de Abril de 2007 |
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Lectura Devocional para Adultos |
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| Notas de Elena White | ||||
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Lectura para la Semana: |
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Mateo 5:17, 18; 24:35; Juan 10:34, 35; Romanos 8:34; 1 Corintios 15:6, 12-19; Gálatas 3:22; 2 Timoteo 2:23 |
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La Biblia es confiable |
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PARA MEMORIZAR |
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"Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad" (Juan 17:17) |
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Pensamiento Clave: |
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¿Por qué Dios nos daría su Palabra y no nos daría evidencias que nos capacitaran para confiar en ella? |
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MARK TWAIN DIJO CIERTA VEZ que los rumores de su muerte habían sido grandemente exagerados. Podríamos hacer la misma afirmación acerca de la Biblia. Más de una vez la gente ha declarado que este Libro un día iba a ser considerado muerto, como reliquia de una era pasada. Hace unos pocos siglos, por ejemplo, un patriota norteamericano llamado Thomas Paine hizo un comentario en uno de sus escritos: “Esto destruirá la Biblia. Dentro de cien años las Biblias solo se encontrarán en los museos o en polvorientas mesas de librerías de segunda mano”. Estaba equivocado.
No obstante, la Biblia continúa siendo objeto de ataques. Pero, es interesante advertir que los críticos pasan, pero la Biblia permanece. Las ideas críticas sobre la Biblia, alguna vez consideradas adelantadas y revolucionarias, han sido olvidadas hace ya mucho tiempo, pero la Biblia permanece. Hombres considerados grandes eruditos, cuya obra ponía en duda la autenticidad de los escritos de Moisés o de Isaías, apenas se los conoce ahora, mientras que hoy, en todo el mundo, se lee a Moisés y a Isaías.
Durante las semanas pasadas consideramos unos pocos elementos que deberían darnos confianza en la Biblia. Esta semana consideraremos el tema de la confiabilidad de la transmisión del Texto Sagrado. ¿Cuán exactos son los manuscritos que tenemos hoy? ¿Cómo podemos saber si lo son?
LA EVIDENCIA Desde el principio, Satanás ha odiado la Biblia, pues ella revela todo el plan de salvación, desde el comienzo hasta el final. En ella todos pueden encontrar el camino a la vida eterna. No debe sorprendernos que Satanás sea su acérrimo opositor.
Muchos han sido sus intentos, a lo largo de los siglos, con el objeto de destruirla. Finalmente, cuando la eliminación de la Biblia llegó a ser imposible a causa de su distribución masiva, Satanás empleó una táctica nueva: si no podía destruir las Escrituras mismas, podría destruir su credibilidad. Por eso, el surgimiento de lo que hoy se denomina “Alta Crítica” ha tenido mucho éxito en destruir la fe en la Biblia como la Palabra de Dios. Para muchos eruditos, la Biblia es solo otro texto antiguo como, por ejemplo, una versión hebrea del Libro de los Muertos egipcio. Aunque es cierto que este reviste importante interés histórico, no es divinamente inspirado.
Lee Mateo 5:17 y 18; 24:35; Juan 10:34 y 35; y 1 Pedro 1:25. ¿Qué expresan estos pasajes acerca de la confiabilidad de la Biblia?
Sin embargo, tenemos aquí un problema: estamos alegando lo que la Biblia dice acerca de sí misma a fin de verificar su propia confiabilidad; esto es un razonamiento circular. ¿Cómo podemos usar la Biblia para que se verifique a sí misma, cuando es su misma confiabilidad lo que está en duda? Es como definir algo usando ese algo en la definición.
Por otro lado, Dios nos ha dado abundantes razones para asegurarnos la confiabilidad de la Biblia. Tenemos suficientes evidencias internas y externas, de modo que podamos confiar en lo que ella dice. No tenemos que creer únicamente porque ella nos dice que debemos hacerlo. Dios nos proporciona suficientes razones para confiar en la Biblia como su Palabra, aun cuando, en última instancia, tenemos que avanzar por fe. Sin embargo, el resultado es que podemos confiar en la Biblia porque Dios nos ha dado buenas razones para hacerlo.
Imagínate que alguien te preguntara: “¿Por qué confías en la Biblia? ¿Por qué crees que la Biblia es la Palabra de Dios? ¿Por qué vives de acuerdo con lo que dice la Biblia?” ¿Cómo responderías, y por qué?
EL ANTIGUO TESTAMENTO
Lee Marcos 15:28; Lucas 4:21; Juan 13:18; 17:12; 19:24; Gálatas 3:22; 2 Timoteo 3:16; y Santiago 2:23. ¿Qué nos indican estos textos acerca de cómo los escritores del Nuevo Testamento consideraban el Antiguo Testamento? ¿Qué mensaje hay en estas palabras para nosotros?
Como vimos la semana pasada, encontramos profecías asombrosas en la Biblia, que dan un testimonio poderoso de su exactitud, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. El cumplimiento de estas profecías muestra que ambos Testamentos son confiables; cada uno actúa para establecer la validez del otro.
Pero, aún hay más. Por muchos años, los eruditos de la Alta Crítica han divulgado la idea de que no podemos confiar en la Biblia. Después de todo, alegan, no existen ejemplares completos del Antiguo Testamento hebreo que sean anteriores a, aproximadamente, el año 900 d.C. Ciertamente, no había máquinas fotocopiadoras, y muchos errores se introdujeron en el texto. Por eso, ¿cómo podemos confiar en la veracidad del Antiguo Testamento?
Entonces, a comienzos de 1947, el mundo se enteró de lo que se ha dado en llamar “el descubrimiento más grande de la arqueología, del siglo”. En cuevas ubicadas cerca del Mar Muerto, se descubrieron antiguas vasijas que contenían los ahora famosos manuscritos del Mar Muerto, muchos de los cuales datan de la época comprendida entre los años 150 a.C. y 70 d.C, lo que significa que esos textos bíblicos eran más de mil años más antiguos que muchos de los otros textos conocidos. El hallazgo incluía la copia manuscrita más antigua conocida del libro completo de Isaías, y fragmentos de casi todos los demás libros del Antiguo Testamento. También se encontraron los libros de Samuel, en una copia bastante deteriorada, junto con dos capítulos completos de Habacuc.
Al comparar los Rollos del Mar Muerto con los demás manuscritos, los eruditos se sorprendieron al encontrar cuán exacta es nuestra Biblia moderna. En la mayoría de los casos, había solo diferencias menores en la ortografía. El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto nos ha otorgado una sólida evidencia externa acerca de cuán genuino es el texto del Antiguo Testamento.
¿Cuánto sentido tendría que Dios nos diera su Palabra y que esta no fuera confiable? ¿O que él no nos diera razones para creer en su confiabilidad? ¿No deberíamos ser capaces de confiar en la Biblia de la misma manera en que confiamos en el Dios de la Biblia?
EL NUEVO TESTAMENTO
Lee Apocalipsis 22:18 y 19. ¿Qué mensaje hay aquí acerca de cuán seriamente toma Dios las palabras de la Biblia? “Seré honesto contigo.[...] Cuando descubrí por primera vez que no hay originales del Nuevo Testamento que existan hoy, me volví realmente escéptico. Pensé: Si todo lo que tenemos son copias de copias de copias, ¿cómo puedo tener confianza en que el Nuevo Testamento que tenemos hoy tiene algún parecido con lo que originalmente se escribió?”–Lee Strobel, The Case for Christ, pp. 58, 59.
Este es un buen planteo. También aquí tenemos que preguntarnos: ¿No nos dejaría Dios una fuente confiable para conocer su voluntad? Más aún, ¿no nos daría razones para confiar en la fuente que él nos dejara?
La sección de ayer mostró que el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto ha sido un hito importante en función de que veamos la exactitud y la confiabilidad del Antiguo Testamento. ¿Podemos encontrar la misma evidencia respecto del Nuevo Testamento?
Una de las cosas más sorprendentes acerca del Nuevo Testamento, algo que nos da evidencia creíble acerca de su confiabilidad, proviene del hecho de que todavía hay muchas copias en existencia, muchas más que de cualquier otro manuscrito antiguo. Dios nos ha dejado una abundancia de evidencia en forma de manuscritos que atestiguan la exactitud del Nuevo Testamento que tenemos hoy. De acuerdo con los eruditos Norman Geisler y William Nix: “El Nuevo Testamento, entonces, no solo ha sobrevivido en más manuscritos que cualquier otro libro de la antigüedad, sino también ha sobrevivido en una forma más pura que cualquier otro gran libro: una forma que tiene 99,5 % de pureza”.–Strobel, p. 65.
Además, hay abundante evidencia externa; es decir, hay muchas citas y extractos de los primeros ejemplares del Nuevo Testamento que se encuentran en comentarios, sermones y cartas de los primeros Padres de la Iglesia. Los Padres Apostólicos, que escribieron principalmente entre los años 90 y 160 d.C., mostraron gran familiaridad con la mayoría de los libros del Nuevo Testamento. Además, y un poco más tardíos, había lecturas, llamadas “leccionarios”, que se leían en los cultos públicos de la iglesia. A mediados del siglo XX, más de 1.800 de estas lecciones para la lectura se habían clasificado. Siendo que reflejan muy estrechamente el Nuevo Testamento que tenemos hoy, estos antiguos manuscritos de la iglesia también nos dan muchas razones para asumir la fiabilidad de los textos del Nuevo Testamento como han sido transmitidos a través de los años.
¿Cuán sólida es tu fe en la Biblia como la Palabra de Dios? Además, hazte la siguiente pregunta: “Si no puedo confiar en la Biblia, ¿en qué puedo confiar?” ¿Qué nos queda?
EVIDENCIA INTERNA: Parte 1
¿Qué otras evidencias pueden ayudarnos a confiar en la Biblia como la Palabra de Dios, además de las que hemos considerado en los últimos días?
Piensa en la historia de Jesús narrada en el Nuevo Testamento. De todas las cosas que le sucedieron, ¿qué evento no es solamente el más increíble (puesto que no ocurre muy a menudo) sino también tiene gran importancia para toda la fe cristiana? Ver Rom. 8:34; 1 Cor. 15:12-19.
Pablo, en 1 Corintios 15, aclara muy bien cuán trascendental es la resurrección de Jesús para nuestra fe. En otras palabras, aun cuando Cristo murió por nuestros pecados, aun cuando él fue nuestro sustituto, todo llegaría a la nada si no hubiera resucitado. Eso muestra cuán importante es este evento para sustentar todo lo que creemos.
Por supuesto, una cosa era que un judío entre tantos fuera crucificado por los romanos; eso ocurría todo el tiempo. Pero otra cosa completamente diferente es que ese judío haya resucitado de los muertos. Y eso es exactamente lo que los escritores del Nuevo Testamento afirman que ocurrió con Jesús.
Lee Mateo 27:51 a 28:20; Marcos 16:9 al 14; Lucas 24:35 al 53; y Juan 20:19 al 31. ¿Qué tienen en común todos estos informes?
Cualesquiera que sean las diferencias entre los relatos evangélicos (en que algunos escritores registraron cosas que los otros no anotaron), algo que todos tienen en común es que todos testifican de la resurrección de Jesús de la tumba.
Ahora bien, algunos rechazan la idea de que alguien, cualquier persona, pudiera levantarse de los muertos después de tres días. Es una locura, dicen; es el producto de una mente enferma, de alguien que tuvo alucinaciones.
Bien, eso podría ser una suposición razonable si solo una persona hiciera tal afirmación. Pero, en este caso, ¡fueron cuatro! Una cosa es que los cuatro escritores de los evangelios estuvieran desquiciados. Pero, ¿que todos alucinaran de la misma forma? La teoría de la enajenación mental difícilmente suena como que tuviera algún sentido.
Lee de nuevo 1 Corintios 15:12 al 19. ¿Por qué la resurrección de Cristo es tan central para nuestra fe? Ahora, pregúntate: “¿Me pediría Dios que creyera en algo como esto, sin darme abundantes evidencias para creerlo?” Explica tu respuesta.
EVIDENCIA INTERNA: Parte 2
Como vimos ayer, la crítica acerca de la idea de la resurrección de Jesús se basó en la afirmación de que los discípulos estaban locos, y esto no tiene sentido. Al notar que esta idea no era muy sensata, otros afirmaron que los discípulos se confabularon para “fabricar” la historia de la resurrección de Jesús.
Por lo que sabes acerca de la vida y la suerte de esos primeros seguidores de Jesús, ¿por qué la teoría de la confabulación tampoco tiene sentido? Ver Luc. 21:16, 17; Juan 16:2.
¿Qué razón tendrían ellos para “fabricar” esta historia? ¿Poder? ¿Prestigio? ¿Dinero? ¡Por favor! Esquivados por su propio pueblo, rechazados por los líderes religiosos y perseguidos despiadadamente por casi todos, los discípulos nunca obtuvieron ningún poder mundanal, influencia o dinero como resultado de su adhesión a la resurrección. ¡Todo lo contrario! Perdieron todo lo que el mundo podía ofrecerles por causa de su insistencia en ello.
Algunos han alegado que, aunque los discípulos se hubieran confabulado con la esperanza de obtener ventajas personales, las cosas habrían salido mal con respecto a sus planes. Sin embargo, porque ya se habían comprometido con la historia de la resurrección, no tenían otra opción que seguir promoviéndola. El único problema es que los evangelios no fueron escritos hasta muchos años después de la resurrección. En el caso de que los discípulos hubieran tenido esperanzas de que por medio de la historia inventada de la resurrección de Jesús se volverían ricos o poderosos, pronto aprendieron que esa era una esperanza vana. ¿Por qué entonces, décadas más tarde, mucho después de que hubieran tenido tiempo de desvincularse de toda la empresa fallida, siguieron aferrados a ella, de todos modos, aun a un gran costo personal?
Lee l Corintios 15:6. ¿Qué está señalando Pablo aquí, que proporciona más evidencia en favor de la resurrección de Jesús?
En otras palabras, Pablo tenía tanta confianza en la resurrección de Jesús, que él estaba invitando a la gente a hablar con aquellos de los quinientos que todavía vivían, para pedirles que les contaran lo que vieron. Él mismo había sido un testigo del Jesús resucitado (Hech. 9:1-8).
Repasa en tu propia vida y experiencia las razones por las cuales puedes tener fe en Jesús. ¿Qué cosas puedes hacer para fortalecer esa fe? Al mismo tiempo, ¿qué actividades tienden a debilitarla?
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee, en el Comentario bíblico adventista, el artículo “Los idiomas, los manuscritos y el canon del Antiguo Testamento”, t. 1, pp. 29-49.
“Dios tiene testigos fieles, a quienes ha entregado la verdad, y que preservaron la Palabra de Dios. Los manuscritos de las Escrituras hebreas y griegas han sido conservados a través de los siglos por un milagro de Dios”.–E. G. de White, Carta 32, 1899.
Aparte de los Rollos del Mar Muerto, existen otros dos testigos antiguos que afirman la exactitud de los copistas del Antiguo Testamento. Uno de ellos es la traducción griega del Antiguo Testamento, llamada la Septuaginta (o versión de los LXX); el otro es el texto que conservaron los samaritanos que viven hoy en Nablus, Palestina. No es de extrañar que R. Laird Harris, un erudito del Antiguo Testamento, haya concluido: “Podemos ahora estar seguros de que los copistas trabajaron con gran cuidado y exactitud en el Antiguo Testamento, tan atrás como el año 225 a.C. En ese tiempo había dos o tres tipos de textos que estaban disponibles para ser copiados. Sin embargo, estos tipos diferían tan poco entre sí, que podemos inferir que copistas anteriores también habían transmitido fiel y cuidadosamente el texto del Antiguo Testamento. De hecho, sería un escepticismo temerario el que negara ahora que tenemos nuestro Antiguo Testamento en una forma similar al que usó Esdras cuando enseñó la ley a aquellos que habían regresado de la cautividad babilónica”.–R. Laird Harris, Can I Trust My Bible?, p. 124.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR: 1 El escritor ruso León Tolstoi escribió una novela titulada Anna Karenina. ¿Puedes imaginarte a Tolstoi dispuesto a enfrentar la persecución, el rechazo, la cárcel y, tal vez, aun la muerte, por insistir en que toda esa historia era verdadera, aunque él supiera que la había inventado? ¿En qué sentido nos ayuda a comprender por qué los discípulos no pudieron haber inventado la historia de la resurrección de Jesús?
2 Por mucha evidencia que Dios nos haya dado para confiar en su Palabra, siempre queda lugar para la duda; hay siempre preguntas sin respuesta. ¿Qué pueden ustedes hacer, como clase, para ayudar a aquellos de la iglesia local que están luchando con cuestionamientos acerca de la confiabilidad de la Biblia?
3 En la clase, repasen las respuestas que los miembros elaboraron a la pregunta final de la sección del domingo. ¿Qué pueden aprender los unos de los otros?
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