Lunes 15

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Para el 20 de enero de 2007 

     

Lectura Devocional para Adultos

Año Bíblico: Éxodo 5 6 7 8

Pastor Alejandro Bullón

 

 

 Lecciones en Audio (Real Audio)

Notas de Elena White   
 

“No negué a mis ojos ninguna cosa que desearon”

PARA MEMORIZAR
 

“Pues, ¿qué gana el hombre con todos sus esfuerzos y con tanto preocuparse y afanarse bajo el sol?” (Ecl. 2:22, NVI).

 

Lectura para la Semana: 

Eclesiastés 2; Proverbios 3:13-28

      

  • Lunes 15 de enero. El Principio del Placer.

Salomón, al encontrar que buscar la sabiduría era un emprendimiento vano, prosigue en cambio con la búsqueda de placeres. La búsqueda constante de placeres se llama “hedonismo”. La mayor parte de la gente que busca placeres está sencillamente tratando de “pasarlo bien”. Sin embargo, algunas personas realmente creen que los placeres son la suma de todo bien; y cualquier cosa que produzca placer, por lo tanto, para ellas es también buena.

Ponte en el lugar de alguien que no cree en Dios. De acuerdo con su manera de pensar, si esta vida es todo lo que hay y si no hay nada después de ella; si no existe ley moral ante la cual todos debamos responder, entonces ¿por qué no gozarse con cualquier cosa que quieras, aunque otros sufran? ¿Qué respuesta tienes para alguien que piensa de este modo?

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Compara lo que Salomón escribió en Eclesiastés 2:1 al 3 con lo que escribió en Proverbios 6:23 al 29; 7:6 al 27; 20:1 y 23:1 al 6. ¿Cómo expresa él aquí, en Eclesiastés, los mismos sentimientos que había escrito años antes?

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Hay algo increíblemente engañoso en la búsqueda del placer por el placer mismo. Por alguna razón, cuando lo obtenemos y aun cuando lo gocemos, más tarde o más temprano no satisface ya más. Más pronto o más tarde el placer pierde “algo”, o nosotros necesitamos más y más para alcanzar el mismo nivel de satisfacción. Antes o después, nos damos cuenta de que la vida es mucho más que placeres y que el placer solamente nos deja vacíos, huecos, insatisfechos. Esta es una lección que Salomón aprendió personalmente, por la vía difícil.

Salomón fue un hombre que, aunque una vez advirtió a la gente acerca de la lujuria, terminó con “setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas” (1 Rey. 11:3); un hombre que, aunque hizo advertencias contra la glotonería, eventualmente comió en forma abusiva (1 Rey. 4:22, 23). ¡Cuán fácil es caer! ¿Qué lección puedes aprender de esta caída que te sirva como una advertencia para ti?

 

  • Martes 16 de enero. “Todo lo que Desearon mis Ojos”.

Uno de los empresarios más famosos y de éxito en la historia norteamericana es Lee Iacocca, que dirigió la Corporación Chrysler durante muchos años. Él dijo una vez: “Aquí estoy en el crepúsculo de mi vida, preguntándome todavía de qué se trata todo... Puedo decirles esto, que la fama y la fortuna es para los tontos”. Lee Eclesiastés 2:4 al 11. ¿Cuál es el centro de su mensaje aquí?

Salomón obtuvo cierta satisfacción de su prosperidad material (Ecl. 2:10); pero, al fin, la satisfacción no duró mucho y no satisfizo los anhelos más básicos de su alma (vers. 11). Si las posesiones materiales pudieran traer la felicidad, Salomón debiera haber sido la persona más feliz del mundo. Al leer Eclesiastés, puedes ver que esas no son las palabras de un hombre feliz.

Lee otra vez Eclesiastés 2:4 al 11. ¿Qué cosas adquirió Salomón? Ver también 1 Reyes 7; y 10:10 al 29.

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¿Por qué, entonces, poseyendo tanto, no era feliz?

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Todo lo que Salomón tenía era elementos físicos; todos sus deseos físicos estaban satisfechos. No obstante, como seres humanos, somos más que la suma de nuestros órganos y músculos. Hay un componente espiritual, moral, que todas las cosas físicas del mundo no pueden satisfacer. Salomón es una prueba de eso. También es interesante que, aun en el mundo llamado “desarrollado”, en el que la gente tiene riqueza y prosperidad material, los niveles de infelicidad y falta de satisfacción en la vida son a veces más altos que en las naciones en que la gente tiene menos recursos.

Lee Mateo 6:33. ¿De qué modo esta gran verdad habría resuelto el problema de Salomón? ¿Qué te dice el texto a ti, en medio de tus propias tentaciones?

 

  • Miércoles 17 de enero. El Destino de un Necio.

“Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad” (Ecl. 2:15).

Salomón la estaba pasando mal. Toda su sabiduría, creía él, no le estaba haciendo ningún bien. Entonces buscó placeres y diversión, y los encontró vacíos. Y luego, aun siendo tal vez el hombre más rico de la antigüedad, las necesidades más íntimas de su alma no quedaron satisfechas. Él encontró que “todo era vanidad [...] y sin provecho debajo del sol” (vers. 11). Todo esto era malo, pero se pone aún peor.

Lee Eclesiastés 2:12 al 17. ¿De qué se queja ahora el sabio? ¿Cuán válidas son sus quejas? ¿De qué modo puedes tú, como cristiano, responderle?

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Jesús declaró algo que se relaciona estrechamente con lo que Salomón está diciendo aquí. Hablando acerca del Padre, Jesús dijo: “[El Padre] [...] que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mat. 5:45). En otro lugar, después de mencionar a algunos “galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos” (Luc. 13:1), Jesús entonces dijo: “¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si nos os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (vers. 2, 3; ver también los vers. 4, 5). En ambos lugares, Jesús está hablando acerca de lo que nos parece obvio a todos: que el dolor y el sufrimiento no son solo la suerte de los malvados; el bueno sufre también. La diferencia es que Salomón, percibiendo este hecho, cree que todo lo que hacemos es inútil porque todos nosotros, los necios y los sabios, terminaremos muertos. Sin embargo, Jesús llega a una conclusión diferente: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”. Jesús les estaba señalando algo más allá de la suerte inmediata de los impíos y de los justos.

¿De qué modo tu fe en Dios te ayuda a tratar el problema de la ausencia de discriminación de la muerte? ¿Qué promesas bíblicas te ofrecen la mayor esperanza en el contexto de la inevitabilidad de la tumba?

 

  • Jueves 18 de enero. La Herencia.

Salomón no sabe cuándo renunciar. Es suficientemente malo que todas sus empresas mundanales lleguen a ser como la nada; es suficientemente malo que todos, los sabios y los necios, mueran; pero ahora se está quejando acerca de lo que sucederá aun después de que él haya muerto.

Lee Eclesiastés 2:17 al 26. ¿Cuál es su queja aquí?

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Salomón plantea un punto válido: la gente está preocupada acerca de su herencia, cualquiera que esta sea. Es muy deprimente pensar que trabajas tan duro durante toda tu vida a fin de construir algo, solo para que venga alguien después de ti y anule todo lo que lograste. En un sentido, también, esta preocupación es un tanto irónica: después de todo, considerando la vida que llevó Salomón después de que ascendiera al trono, podríamos creer que su padre, David, habrá también pensado acerca de lo que Salomón haría con lo que él le había dejado. Por otro lado, tal vez ese mismo pensamiento lo hizo meditar acerca de lo que sus herederos harían con toda la herencia que les dejaba.

Lee los versículos 24 al 26. ¿Qué está diciendo ahora Salomón?

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Aunque los textos mismos son difíciles, Salomón parece estar diciendo ahora: “Bueno, como no hay nada que pueda hacer acerca de lo que harán mis herederos, yo podría vivir bien mi vida ahora”. Sin embargo, él no está proponiendo una vida licenciosa (cosa que él había hecho); en cambio, parece estar siguiendo la idea bíblica de que la vida, vivida en armonía con la voluntad de Dios, puede traernos muchas bendiciones terrenales, incluyendo el placer físico: “Él hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre” (Sal. 104:14, 15).

Tú eres un heredero (Rom. 8:17; Gál. 3:29; 4:7), que recibes de tu Padre celestial el mayor regalo posible: la salvación en Jesucristo (Heb. 9:28; 1 Ped. 1:5). ¿Qué clase de elecciones diarias estás haciendo que te ayudarán a asegurar que no derrocharás esta “herencia” que te legó Dios por medio de la muerte de Jesús en tu lugar?

 

  • Viernes 19 de enero.  Para Estudiar y Meditar:

Elena G. de White, Fundamentals of Christian Education, p. 422; El ministerio de curación, p. 364; Testimonies for the Church, t. 5, p. 258.

“Él [Salomón] nos presenta la historia de su búsqueda en pos de la felicidad. Se dedicó a cultivar su intelecto; satisfizo su afán de placeres; llegó a cabo sus proyectos comerciales. Estaba rodeado por el fascinante esplendor de la vida de la corte [...].

“Salomón se sentaba sobre un trono de marfil, cuyos peldaños eran de oro macizo y estaban flanqueados por leones de oro. Sus ojos reposaban en la contemplación de los hermosos jardines celosamente cultivados que se extendían ante él. Ese panorama era una visión de belleza. [...] Pájaros de plumajes diversos y brillantes volaban de un árbol a otro, enriqueciendo el aire con sus cantos. Jóvenes asistentes, magníficamente vestidos y adornados, estaban a sus órdenes, listos a obedecer sus mínimos deseos. Se habían dispuesto escenas de orgías y música, deportes y juegos para entretener al monarca, a un costo enorme.

“Pero [...] la disipación había grabado sus huellas en ese rostro antes despejado e intelectual. [...] Su ceño revelaba preocupación y desdicha. [...]

“Sus nervios destrozados y el desgaste de su organismo evidenciaban el resultado de la violación de las leyes naturales. Confesó que había desperdiciado su vida, en infructuosa carrera en procura de la felicidad” (MeM 172).

Preguntas Para Dialogar:

1.         Un profesor universitario declaró cierta vez a un estudiante adventista del séptimo día: “Yo no necesito a Jesús. Yo soy famoso, tengo una buena casa y un buen trabajo. ¿Qué tienes tú que yo no tenga?” Como clase, analicen qué le responderían.

2.         Como clase, conversen acerca de algún “Salomón” moderno, alguna persona rica y famosa que parezca tenerlo todo, quien finalmente revela cuán miserable ha sido su vida. ¿Qué lecciones puedes aprender?

3.         Hablen acerca de sus propias experiencias al desear las cosas mundanas, solo que al conseguirlas se dieron cuenta de que, al fin, no les dieron la felicidad y la satisfacción que habían esperado. ¿Qué consejo podrían dar a algún joven que está corriendo tras las riquezas?

 

 

 

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