
La tierra joven

Lección 3

Para el 21 de octubre de 2006
Génesis 2:1-4
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Objetivos para el Maestro
Bosquejo de la Lección
Resumen Dios sopló el aliento de vida en la nariz de Adán, y él llegó a ser un ser viviente, compuesto de cuerpo y espíritu. Después de la Caída, la raza humana perdió el derecho de comer del árbol de la vida y sufrió las terribles consecuencias del pecado. Comentario Dios creó a los primeros seres humanos, y luego descansó el sábado. Esta asociación del pueblo de Dios con el sábado comienza un esquema que prosigue a lo largo de la Biblia. Desde el comienzo del tiempo hasta el fin, el sábado llega a ser el símbolo del poder de Dios para restaurar a su pueblo. I. El sábado y el pueblo de Dios Aunque la humanidad se rebeló desde el Edén, Dios siguió buscando un pueblo peculiar para sí. Después del Diluvio llamó a Abram para dar origen a esa descendencia. Luego, su pueblo fue a Egipto, donde la esclavitud casi los destruyó. Dios tenía que inspirar en ellos un sentido de identidad como su pueblo. Al andar por el desierto, les aseguró que los cuidaría por medio del regalo del maná (Éxo. 16:13-36). Su obediencia durante el ciclo del maná y su descanso en el sábado fue una prueba de su aceptación de Dios como su Señor y de ellos como su pueblo. En el Sinaí, Dios declaró que eran una “nación santa” (Éxo. 19:6). Ellos existían solo porque él los libró de la servidumbre (Éxo. 20:2; Deut. 5:15) y los transformó en un pueblo. Allí proclamó los Diez Mandamientos, incluyendo el del sábado. La observancia del sábado se constituyó en un símbolo del reconocimiento de que eran el pueblo de Dios. No solo el sábado fue destacado en la formación del pueblo de Dios; también aparece en las Escrituras siempre que afrontan la amenaza de destrucción o dispersión. Por ejemplo, 2 Reyes 11 cuenta cómo Atalía, la reina madre del rey Ocozías, rey de Judá, e hija de Acab y Jezabel de Israel, usurpó el control de Judá después de la muerte de su hijo. Ella trató de destruir a todos los miembros de la familia real. Pero la hermana de Ocozías, Josaba, logró salvar al hijo de Ocozías, Joás, y esconderlo en el Templo durante seis años. El séptimo año, el sumo sacerdote Joiada dirigió un golpe de Estado para eliminar a Atalía y poner a Joás en el trono. El golpe ocurrió un sábado (2 Rey. 11:5-9). Después de la ejecución de Atalía, Joiada hizo un “pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová” (vers. 17). El cambio de guardia que se hacía regularmente el sábado permitió que Joiada reuniera a las fuerzas del Templo sin atraer sospechas. La Biblia raramente brinda muchos detalles de los incidentes, especialmente si no media alguna razón especial. Su estilo literario es muy conciso e incluye sólo lo que el autor considera indispensable y vital. Así, cuando las Escrituras mencionan lo que podría parecer un punto menor, debemos prestar atención a ello. El autor de 2 Reyes pudo haber descrito el golpe de Estado sin mencionar en qué día sucedió. Al mencionar el sábado junto con la realización de un pacto, el autor dirige la atención de regreso al Sinaí. El pueblo al que Atalía casi había destruido con sus actividades paganas se estaba reconstituyendo y entrando otra vez en relación con Dios. También, el libro de Isaías se explaya acerca del sábado. Muestra cómo los residentes extranjeros y los eunucos –ambos grupos ciudadanos de segunda clase– podían, por medio de la observancia del sábado, llegar a ser parte del pueblo de Dios (Isa. 56). La observancia del sábado también es parte del análisis que presenta el profeta acerca de la verdadera adoración (Isa. 58); y esta consiste en una relación adecuada con Dios y con la humanidad. Isaías también afirma que el pueblo de Dios iría al exilio por causa de su rebelión nacional, pero cuando los restaure, con el resto de la humanidad, en una tierra nueva, adorarán a Dios de sábado en sábado (Isa. 66:22, 23). Justo antes de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, el profeta Jeremías también puso de relieve el sábado (Jer. 17:19-27). Judá afrontaba la extinción como nación y como pueblo. Sin embargo, si ellos guardaban el sábado, Jerusalén sería habitada para siempre (vers. 24-26). Pero ellos rehusaron escuchar al profeta. Las referencias al sábado también aparecen durante el exilio y aun después. Ezequiel bosqueja la historia del pueblo de Dios antes de anunciar que él restaurará a Israel, trayéndolos de regreso del exilio (Eze. 20). Ezequiel menciona dos veces que el sábado era una señal de la relación de Dios con ellos como pueblo (vers. 12, 20). Cuando algunos exiliados regresaron de Babilonia, el sábado apareció de nuevo destacado en las Escrituras. Nehemías trabajaba para restaurar la identidad de la vida religiosa en Jerusalén, y encontró que sus habitantes, asociados con los pueblos paganos, habían hecho del sábado sencillamente otro día de mercado (Neh. 13:15-22). Se menciona específicamente a los tirios, que no eran israelitas, que traían pescado y otras mercaderías, y usaban el sábado como su día de negocios (vers. 16). El contexto de este incidente muestra el peligro de asimilación que amenazaba al pueblo de Jerusalén. Los no israelitas se estaban mudando a la ciudad y aun a los espacios en el Templo (vers. 1-9). Muchos integrantes del pueblo de Dios, y aun uno de los hijos del sumo sacerdote, tenían esposas no israelitas (vers. 23-30). Los niños no hablaban el idioma de sus padres. El pueblo de Dios estaba desapareciendo como grupo. Para detener este proceso destructivo, Nehemías destacó el sábado como símbolo de su identidad como pueblo de Dios y de lealtad a él. En el Nuevo Testamento, el pueblo de Dios se bandeó al otro extremo. La observancia estricta del sábado que practicaban muchos, lo transformaban en una barrera que los aislaba de las otras naciones. Jesús, mediante los milagros realizados en sábado, procuró quitar todo lo que impidiera que se unieran al pueblo de Dios. Cuando Dios haga su súplica final a los que deseen ser su pueblo, el sábado volverá a jugar el papel principal que tuvo desde comienzos de la restauración y del fortalecimiento de su identidad como nación.
Textos para estudiar: Génesis 2:3; 9:1-7; Eclesiastés 3:20, 21; Isaías 65:17-23; 1 Timoteo 2:13, 14.
¿Es el sábado un día como cualquier otro? Difícilmente. ¿Por qué motivo fue instaurado el sábado? ¿Lo ves como un tiempo puesto aparte para la reflexión, un resultado de la profunda comprensión que tiene Dios de nuestra necesidad de “aflojar” nuestras tensiones? ¿O una oportunidad para “detenernos y oler las rosas”? ¿Como tiempo de calidad para pasar con la familia y los amigos? ¿Veinticuatro horas en las que podemos dejar a un lado las dificultades y las luchas, y liberar nuestras mentes y espíritus con el propósito de tener comunión con el Padre celestial? ¿Como un día para obtener fuerzas de nuestra comunión personal con Dios para afrontar la semana venidera? Una cosa en la que todos podemos estar de acuerdo es que es un día especial, creado para atender las necesidades espirituales y temporales de los seres humanos. La Biblia declara: “El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado” (Mar. 2:27). Es un día de descanso a fin de darnos placer y, al mismo tiempo, es bueno para nosotros. Además, quienes nos rodean notan cómo pasamos las horas del sábado. Damos a otros un testimonio silencioso por medio de lo que hacemos, y aún más por lo que dejamos de hacer. Cada uno puede saber lo que es apropiado y no apropiado hacer en ese día. Para estar seguro, hazte la pregunta: “¿Haría Jesús esto conmigo?” Si la respuesta es NO, guarda esa actividad para otro día. Si la respuesta es SÍ, invita a otros a compartirla contigo. Otras personas pueden aprender mucho de tu observancia del sábado. Si te ven cortando el césped de tu jardín, lavando el auto o colgando la ropa para secar, verán que el sábado es un día como cualquier otro. Si, por otro lado, los invitas a unirte en tu adoración, en hacer una caminata por un medio natural, o pasando tiempo con la Biblia, comprenderán que el séptimo día es diferente de cualquiera de los otros seis. Entenderán que es especial, un regalo genuino para ser atesorado.
Rompamos el Hielo: Piensa en algún proyecto importante que has realizado y completado. Si tomaste fotos mientras avanzaba la construcción de la casa, o la escultura o tu grado académico, ¿cuáles son tus sentimientos ahora, cuando los contemplas? ¿Qué hiciste cuando terminaste con tu proyecto? ¿Qué clase de celebración realizaste cuando terminaste? Dios tomó a su cargo un proyecto sorprendente, de una envergadura apropiada para su investidura. “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra”. Y Dios descansó, bendijo y santificó (Gén. 2:1-3). ¿De qué modo lo que hizo cuando creó el mundo y sus habitantes afecta y bendice tu vida? Preguntas para Reflexionar:
Preguntas de aplicación:
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Compilador: Dr. Pedro Martínez
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