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Para el 26 de agosto de 2006 |
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| Notas de Elena White | ||
El principio “Día por año” |
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PARA MEMORIZAR |
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“Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado” (Eze. 4:6) |
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Lectura para la Semana: |
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Éxodo 34:22; Levítico 12:5; Números 14:34; Deuteronomio 16:10; Ezequiel 4:5, 6; Daniel 8:17, 19, 26; 10:2, 3 |
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COMO VIMOS, EL PARALELO ENTRE DANIEL 2, 7 y 8 muestra cómo el Juicio en Daniel 7, que lleva a la segunda venida de Cristo, es el mismo evento que la purificación del Santuario (obviamente, el celestial), en Daniel 8:14; y este evento sucede algún tiempo después del período de persecución de los 1.260 años (fines del siglo XVIII a comienzos del siglo XIX), pero antes de la segunda venida de Cristo.
También vimos que la profecía de los 2.300 días de Daniel 8 fue la única parte no explicada de la visión; y en el capítulo 9 vimos que Gabriel vino a Daniel con esa explicación, la profecía de las 70 semanas, que fueron “cortadas” de los 2.300 días. Esta profecía de las 70 semanas, arraigadas en Jesús, formaron la base de la profecía de los 2.300 días; también proporcionó la fecha de inicio de los 2.300 días, que lleva la profecía hasta 1844, una fecha que se aviene perfectamente con lo que se mostró en Daniel 7 y 8.
De este modo, tenemos la esencia de la profecía que termina en 1844 firmemente fundada no solo en la realidad histórica de los grandes imperios mundiales históricos, sino también en la misma Cruz de Cristo.
Durante las próximas semanas, consideraremos con más detalle algunos de los temas que solo rozamos con respecto a 1844; al hacerlo, procuraremos una respuesta a las preguntas más obvias que pueden surgir al estudiar esta profecía tan crucial para los adventistas del séptimo día.
Durante las últimas semanas, consideramos tres profecías de tiempo: “Tiempo, tiempos y medio tiempo” (Dan. 7:25), los “dos mil trescientos días” (Dan. 8:14) y las “setenta semanas” (Dan. 9:24). Trabajamos sobre la premisa de que estos no debían ser tomados como tiempo literal sino como tiempo profético, y que en cada uno de estos casos, los días debían ser interpretados como años.
De este modo, estamos tratando con períodos de centenares, aun de miles de años, más bien que con solo períodos de pocos años, como sería en el caso de que se los entendiera como tiempo literal.
La pregunta es: ¿Qué justificación tenemos para hacer la suposición de que este no es tiempo literal sino profético, y por qué deberíamos usar el principio día/año al interpretarlos?
En Daniel 8:17, 19 y 26, se le dice a Daniel, de un modo u otro, que la visión profética que le fue dada estaba reservada para el “fin”; de hecho, se le dijo específicamente que la visión con respecto a “las tardes y mañanas” (los 2.300 días) sería “para muchos días” (Dan. 8:26). ¿De qué manera estos hechos ayudan a demostrar que la profecía de tiempo en Daniel 8 no es literal?
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Lee Daniel 7:24 al 27. El poder del cuerno pequeño, que surge de la Roma pagana, (un poder que terminó hace más de mil quinientos años) existirá hasta el fin del Juicio Final. ¿Qué evidencia tenemos aquí de que la profecía de tiempo, en el versículo 25, tampoco debe tomarse literalmente?
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Claramente, tanto en Daniel 7 como en Daniel 8, dado el contexto en el que aparecen (grandes imperios mundiales que, comenzando en la antigüedad y culminando con el fin del mundo, abarcan miles de años de historia), difícilmente tiene sentido que las grandes profecías de tiempo que encontramos en ellos fueran literales. Es decir, en el caso de Daniel 7, cubriría solo tres años y medio; y en Daniel 8, unos seis años y tres meses (o 2.300 días literales). Estos marcos temporales tan acotados difícilmente hacen justicia a la magnitud de los eventos descritos en las visiones.
Una vez que se aplica el principio día/año, las profecías de tiempo tienen más sentido, adecuándose mejor a la escala de los eventos en los cuales se las describe.
¿Qué evidencia tienes de que estamos viviendo en el tiempo “del fin”, del que habla Daniel? ¿Cómo debería impactar esta evidencia la forma en que vivimos? ¿De qué manera nuestras vidas revelan que realmente creemos que vivimos en el “final del tiempo”?
Repasa la profecía de las 70 semanas de Daniel 9:24 al 27. ¿Qué evidencia tenemos de que este lapso no puede ser tomado como tiempo literal?
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Como vimos en una lección anterior, sin tomar en cuenta las fechas que usáramos para datar la orden de restaurar y edificar a Jerusalén y para el ministerio de Jesús, hay claramente una diferencia de más de 70 semanas entre ellos. Tomados en forma literal, la profecía deja de tener sentido. Sin embargo, cuán interesante es que, si se aplica el principio día/año, la profecía resulta perfecta, y nos conduce directamente hacia Jesús. De este modo, en un sentido real, el ministerio de Jesús, tal como se revela en Daniel 9, demuestra la validez del principio del día/año.
Algunas personas, sin embargo, alegan que la palabra para “semanas” en Daniel 9:24 significa “semanas de años”; de modo que cada una de esas semanas son siete años. Por lo tanto, tenemos 70 “semanas de años”, que equivale a 490 años.
El único problema, sin embargo, es que la palabra traducida “semanas” en Daniel 9:24, nunca aparece en ninguna otra parte de la Biblia con un significado diferente de “semanas”. Nunca significa “semanas de años”.
Lee Éxodo 34:22; Levítico 12:5; Deuteronomio 16:10 y Daniel 10:2 y 3; son unos pocos lugares en la Biblia en los que aparece la palabra básica traducida como “semanas”. ¿Qué evidencia, dentro de los textos mismos muestra que se refiere a una semana, o semanas, en vez de “semanas de años”?
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En Daniel 10:2 y 3 aparece la misma palabra que en Daniel 9:24; y obviamente no significa “semanas de años” (¿ayunó 3 semanas de años, o 21 años?). Además, aun si se aceptara el error de que la palabra empleada en Daniel 9:24 significa “semanas de años”, una semana de años todavía es 7 años; el mismo número de años que si usáramos el principio día/año. De este modo, ¡el principio día/año está tan integrado en la profecía, que un esquema erudito diseñado para eliminar el principio solo lo afirma más!
Nota cuán extensos son los períodos con los que tratamos aquí: 490 años, 1.260 años, 2.300 años. ¿De qué modo estos largos períodos nos ayudan a entender lo que significa paciencia? ¿De qué modo necesitamos confiar en Dios cuando las cosas no ocurren tan rápidamente como nos gustaría que sucedieran?
Como vimos, la profecía de las 70 semanas no tiene sentido si se la toma literalmente. Una vez que se aplica el principio día/año, nos lleva directamente a Jesús. De este modo, la profecía misma requiere el principio día/año.
Daniel 9:24 al 27 demanda el principio día/año. Ahora, ya que esta profecía fue “cortada” de la profecía de los 2.300 días, ¿qué nos dice esto acerca del principio de día/año y de los 2.300 días?
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La profecía de las 70 semanas representa 490 años. Si los 2.300 días, fueran literales, equivaldrían a un poco más de 6 años. ¿Podrían 490 años ser “cortados” de un poco más de seis años? Por supuesto que no. ¿Y de los 2.300 años? Por supuesto que, de allí, sí. Aquí tenemos más evidencia de que el principio día/año debe ser aplicado a la profecía de los 2.300 días también. No tiene sentido aplicar el principio a las 70 semanas, que es solo parte de los 2.300 días, y no aplicarla a los 2.300 días también.
No sorprende que los adventistas no hayan sido los únicos en usar el principio día/año para aplicarlo a los 2.300 días. Uno de los eruditos judíos más conspicuos, Rashi (1040-1105 d.C.), tradujo Daniel 8:14 de la siguiente forma: “Y él me dijo, hasta 2.300 años [...]” Esta idea no es, por lo tanto, una innovación adventista, ya que otros eruditos la utilizaron en referencia a las mismas profecías mucho antes que nosotros.
Lee Números 14:34 y Ezequiel 4:5 y 6. Aunque por sí mismos no demuestran el principio día/año, ¿qué evidencia proporcionan en su favor?
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Lee estos textos que aparecen bien al principio de la Biblia: Génesis 5:14; 5:23; 9:29. ¿Qué vinculación muestran entre los días y los años en la Palabra de Dios?
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Al considerar todas estas profecías de tiempo, grandes períodos proféticos que llegaron y pasaron, ¿qué reflexiones podríamos extraer acerca del uso de unos pocos momentos preciosos asignados a nosotros en la vida? ¿Qué cambios podrías necesitar en tu propio uso del tiempo?
Lee la pregunta en Daniel 8:13 nuevamente. Cuando lo hagas, comprenderás que la cuestión planteada no es solo acerca de la actividad del cuerno pequeño. Además, se refiere a todo lo descrito en el capítulo, que incluye la visión acerca del carnero y del macho cabrío (Medo-Persia y Grecia), así como la actividad del cuerno pequeño (Roma pagana y papal). Una traducción literal dice: “¿Hasta cuándo la visión, el continuo, y la transgresión de la desolación, dar el santuario y la hueste para ser pisoteada?” En otras palabras, la pregunta enumera todo lo que ocurrió en la visión. En realidad, el término para “visión” en el versículo 13 es hazon, que como vimos antes, alude al carnero, el macho cabrío y el cuerno pequeño; esto es, a Medo-Persia, Grecia y Roma.
El interrogante, entonces, podría ser parafraseado del siguiente modo: ¿Por cuánto tiempo se permitirá que continúen todas estas cosas, desde el surgimiento de Medo-Persia, el surgimiento de Grecia y finalmente el ataque de Roma sobre el ministerio celestial de Cristo?
Lee la traducción literal del texto que se dio arriba. ¿Por qué comprueba que los 2.300 días no pueden ser tomados como un tiempo literal? Si fuera literal, ¿de qué manera podría abarcar todos los eventos señalados en la pregunta?
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El punto debería ser obvio: los 2.300 días deben abarcar todos los eventos descritos en la visión de Daniel 8; es decir, Medo-Persia, Grecia, Roma y la purificación del Santuario. Dos mil trescientos días literales ni siquiera comienzan a cubrir uno de esos reinos; y menos a todos ellos. Por otro lado, mediante el principio día/año, el problema se resuelve al instante. Dos mil trescientos años, y no un poco más de seis años, abarcan todos los eventos indicados.
Si lees de nuevo la pregunta en Daniel 8, verás que trata acerca de largos períodos históricos que involucran la persecución, la apostasía, el sufrimiento; todo dentro de un marco extenso de tiempo (vers. 23-25). Al fin, ¿qué sucede? Y no solo se nos menciona lo que ocurrirá sino que, mediante estas profecías, se nos declara cuándo ocurrirán. ¿Por qué estos textos nos deben brindar esperanza en que, no importa cuáles sean las circunstancias presentes, Dios acabará con todo lo negativo y hará que todas las cosas redunden para su gloria? ¿Cómo debería esta comprensión darte fuerzas y valor para permanecer fiel a pesar de la adversidad?
Repasa la visión y la interpretación en Daniel 7. ¿Por qué todos esos símbolos nos ayudan a comprender por qué el elemento de tiempo en la visión también debería ser profético?
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Daniel 7 es un capítulo que abunda en toda clase de símbolos; como tales, son imágenes que no deben tomarse literalmente. De este modo, ¿por qué deberíamos tomar el tiempo profético dado en ella como literal, siendo que casi todo lo demás es simbólico?
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Lee Daniel 8. Siguiendo el mismo pensamiento que en la pregunta anterior, ¿qué evidencia tenemos de que el tiempo también aquí debería ser considerado simbólico, y no literal?
Daniel 8 no se ocupa de carneros voladores reales (vers. 5), así como Daniel 7 no trata de bestias con dientes de hierro (vers. 7). Esos elementos son simbólicos; del mismo modo, los períodos de tiempo dados también son simbólicos.
De hecho, de los tres períodos que hemos estado considerando: el de “tiempo, tiempos y medio tiempo” (Dan. 7:25), los “dos mil trescientos días” (Dan. 8:14), y las “setenta semanas” (Dan. 9:24), ninguno fue escrito en la forma común con que se expresa el tiempo. Por ejemplo, en lugar de decir 2.300 días, ¿por qué Gabriel no mencionó que el Santuario sería purificado en “seis años, tres meses y veinte días”? En 2 Samuel 5:5, el texto menciona que el rey “reinó sobre Judá siete años y seis meses”, en lugar de decir 2.700 días. Lo mismo ocurre con las otras dos profecías de tiempo: ninguna se expresa en la forma corriente de referirse al tiempo.
Lee Lucas 4:25 y Santiago 5:17; compáralos con Daniel 7:25. ¿Cuáles están tratando con tiempo literal, y cómo se expresa que es tiempo literal en contraste con el tiempo profético?
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Considerando lo que hemos estudiado, ¿por qué es tan importante para los adventistas el principio día/año? ¿Qué ocurriría a todo nuestro fundamento profético si este principio fuera eliminado?
Los eruditos también han mostrado evidencias para la vinculación entre días y años en el paralelismo de la poesía hebrea, en el que los días se usan en forma indistinta a los años, mostrando un vínculo semántico entre los dos períodos de tiempo:
¿Son tus días como los días del hombre, o tus años como los tiempos humanos... Job 10:5
Los días hablarán, y la muchedumbre de años declarará sabiduría. Job 32:7
Consideraba los días desde el principio, los años de los siglos. Sal. 77:5
En cada uno de estos casos, los días y los años estaban mencionado básicamente lo mismo; es decir, son diferentes palabras usadas para transmitir la misma idea. Aunque estos paralelos no son prueba, por sí mismos, del principio día/año, muestran que en la mente hebrea los días y los años están vinculados.
Preguntas Para Dialogar:
Como clase, repasen la lección de esta semana hasta que todos estén bien cimentados en la validez del principio de día por año.
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