|
Normalmente cuando hablamos de
juicio, nos preocupamos y con razón. A menudo enfrentamos
el juicio llamado ‘investigador’ desde nuestros parámetros y
mirando lo que somos, pecadores, con tendencias, débiles y
con una gran lista de pecados. Nuestra visión del
peregrinaje hacia la tierra prometida está cargada de
‘obras’ que hacen muy pesada la carga.
El plan de salvación nos ofrece un
panorama espléndido y expedito hacia la tierra prometida.
La obra realizada por Jesús en la cruz es completa (Col
1:3,14;Ap 5:5), no le falta nada, Él cargó con la paga del
pecado (Gl 3:13) y de hecho su acción fue también una acción
no sólo de justicia sino que en Él se manifestó la ira de
Dios al morir sustitutivamente (Ro 5:19;Ro 6:23;Flp 2:7,8).
Por lo dicho anteriormente el juicio divino fue sobre Él (Is
53:5).
Las bases para un juicio favorable
están en todo el texto bíblico (Gn 3:21;Lv
1:4-6;3:2;1Jn2:1,2;Ap 7:14), no podemos discutir que exista
la más mínima idea y sensación de una salvación basada en
nuestras obras (Ro 3:28), porque decir aquello sería torcer
el mensaje de salvación.
El juicio investigador debe
realizarse y sabemos se realiza desde el 22 de octubre de
1844, no para definir si somos o no salvos. Dios no
necesita 162 años para definir quien es o no salvo, los que
necesitan curar su visión con respecto a las acusaciones de
Satanás son los seres vivos de otros mundos y los ángeles
leales. De hecho el juicio investigador tiene un símil en
lo que conocemos como el milenio. En el milenio habrá dos
grupos claramente identificados, los redimidos que habrán
salido de entre los que estuvieron vivos, probablemente los
144.000, junto a los que resucitarán con motivo de la
primera resurrección (1Tes 4:16;Ap 20:4,5). Este grupo
estará en el cielo participando de un juicio donde los
libros son abiertos (Ap 20:4). Esta es una acción de
investigación ahora efectuada por Dios en beneficio ya no de
los ángeles leales o los habitantes de otros planetas, sino
para que los nuevos habitantes del cielo puedan comprobar
que los juicios de Dios son perfectos, justos y de amor (Ap
20:6).
En la tierra por otro lado estarán
los que participan del otro grupo (Ap 20:1-3), los que
estaban vivos al momento de la segunda venida y murieron con
el resplandor de su rostro y además los que habían muerto y
mientras vivieron no aceptaron a Jesús permanecen muertos,
hasta la segunda resurrección cuando desciende la santa
ciudad y cae fuego del cielo que los consume (Ap 20:7-9).
El hecho de la examinación, nos
complica porque sabemos quienes somos y si en realidad
dependiera de los atributos naturales, créanme estamos
perdidos. Jesús vino para hacer lo imposible, lo que no
podíamos hacer por naturaleza (1P 3:18). Cuando fuimos
creados por Dios, la obediencia permitía mantenernos en ese
estado de santidad, pero una vez que caímos en pecado la
injusticia se apoderó y toda virtud fue necesaria
encontrarla en el sustituto Jesús, el Cordero de Dios que
quita los pecados del mundo (Jn 1:29).
El juicio como tal, tiene dos
veredictos conocidos. La vida o la muerte. Lo que los
seres humanos optamos es a vivir por siempre, de hecho Dios
creó al hombre para ello, el hombre debía vivir para
siempre, por lo tanto la virtud de la ‘recompensa’ es el
mismo, vivir por siempre. El otro veredicto es lo
contrario, morir sin esperanza. Es probable que para alguno
la muerte pueda parecer una solución cobarde para enfrentar
los problemas y alguna persona tal vez piensa que no es tan
malo el morir para siempre, sin embargo hasta los que se
suicidan, tienen la esperanza que en la ‘otra’ vida lograrán
la felicidad. La felicidad es una opción a la que el Señor
quiere y desea que participemos, por esto Él murió, para que
tengamos vida (Jn 3:15) y seamos felices.
El veredicto en ningún caso depende
de la investigación que se realiza en el cielo, el veredicto
depende de lo que cada uno de nosotros decidamos. Este es
un punto importante para enfrentar el juicio, el resultado
depende exclusivamente de cada uno de los que se acerca o no
a Dios.
Aquellos que recibirán la
condenación, lo harán no porque sus obras fueron demasiado
malas, lo recibirán porque no quisieron aceptar la salvación
gratis ofrecida por Jesús. En esto si podemos señalar que
la salvación es por fe, la condenación será por obras, la
sustitución cubre sólo a los que aceptan la oferta, el que
no está interesado en el beneficio, vive sólo y se enfrenta
sólo ante el tribunal.
Lo que debemos entender y muy
categóricamente es que lo difícil ya lo hizo Jesús, al
recibir el castigo. La salvación es una oferta disponible
para cada uno, ningún ser humano puede argumentar que la
salvación es algo imposible, porque lo imposible ya lo hizo
el Señor. Podemos dar una mirada esperanzadora, y tener la
certeza en los méritos de Cristo, el juicio está a nuestro
favor, Él ya ganó el derecho de salvarnos, no es algo que
esperamos para el futuro, ocurrió cuando Jesús murió y
resucitó, de esta manera las palabras del apóstol Juan
cobran resonancia especial: “Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que
cree en Él no se pierda, sino tenga vida eterna” (Jn 3:16),
el hecho es creer, aceptar, si vivimos esta experiencia no
debemos temer al juicio y a ningún tipo de investigación.
La investigación dirá que le pertenecemos a Jesús, que hemos
aceptado su sangre y su justicia, que nos cubre, hemos
aceptado su carácter, y ante el Padre puede verse la
justicia y el carácter de nuestro sustituto, Jesús (Mensajes
Selectos 2:37)
©Pr. Aarón A. Menares Pavez (M,Th)
Distrital Arica Central (M.N.Ch.) |