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Para el 28 de Mayo al 3 de Junio del 2005 |
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Predicciones del Fin |
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Lección 10 |
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Dr. Pedro Martínez Para Ministerios PM |
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Cristo había hecho todo esfuerzo posible para mantener a sus discípulos informados acerca de la verdad; les había brindado toda oportunidad de conocerla, y los había invitado a poner toda su confianza en él como el Mesías y comprender su obra y su misión. Pero ellos no tenían aún la debida comprensión acerca de la naturaleza de su reino. Cuando Cristo se lamentó sobre Jerusalén, quedaron afligidos pero no entendieron totalmente el significado de sus palabras. Si Cristo les hubiera abierto el futuro ante ellos, no hubiesen podido soportar la escena. Cuando les habló de la destrucción de Jerusalén pensaban que sería la forma de castigar a los judíos; pero a la vez seguían pensando que los liberaría del yugo romano. Y cuando les dijo claramente que volvería por segunda vez, consideraron que entonces se cumpliría su predicción acerca del templo, de que no quedaría piedra sobre piedra que no fuera derribada, porque consideraban que no había poder humano que pudiera hacer cosa semejante (Review and HeraId, diciembre 27, 1898). Cuando nos entreguemos sin reservas al Señor, los deberes comunes de la vida serán vistos en su verdadera importancia y los realizaremos de acuerdo con la voluntad de Dios. Mientras esperamos la venida del Señor debemos ser tanto vigilantes como diligentes. La espera debe ser acompañada de trabajo y servicio; las dos virtudes deben avanzar unidas, porque de esa manera se desarrollará un carácter cristiano simétrico y balanceado. No debemos pensar en dedicamos exclusivamente a la meditación, el estudio y la oración, ni debemos estar tan ansiosos y preocupados por el trabajo que descuidemos la piedad personal, "en el cuidado no perezosos; ardientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Review and Herald, septiembre 15, 1891).
Domingo 29 de mayo: Las preguntas de los discípulos Jerusalén fue destruida debido a su obstinado rechazo al conocimiento de la verdad. Lo mismo ocurre hoy; los seres humanos rehusan ver la verdad tan claramente expresada en la palabra de Dios. No se acepta un "Así dice Jehová", pero se aceptan palabras humanas como si tuvieran gran autoridad. Y así como los habitantes de Jerusalén fueron castigados, también lo serán aquellos que rechazan la verdad. Dios desea que comprendamos que, en la destrucción de Jerusalén, está representada la terrible destrucción del mundo. Los discípulos no podían entender las declaraciones de Cristo con respecto al templo. Cuando le mostraron las masivas piedras y hermosos edificios, diciéndole: "Mira qué piedras, y qué edificios", mostraron su admiración tanto por la calidad del material, que era mármol de la mayor pureza y perfecta blancura, como también por sus dimensiones que eran masivas. ¡Qué pensamientos habrán llenado la mente del Señor a quien su pueblo rechazaba, cuando los discípulos mostraron su admiración por la magnificencia del templo! En verdad la escena era hermosa y los edificios eran maravillosos. Pero dirigiéndose con tristeza a sus discípulos les dijo con solemnidad que esas hermosas piedras, que parecían indestructibles, serían derribadas. Cuarenta años después la predicción de Cristo se cumpliría al pie de la letra. Se ha declarado que durante el sitio de Jerusalén murió más de un millón de sus habitantes y muchos fueron llevados cautivos. Esta declaración había sido hecha ante un gran número de personas; pero cuando estuvieron solos otra vez, Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron: "¿Cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?" (S. Marcos 13:3). En su respuesta, Cristo no separó los eventos relacionados con la destrucción de Jerusalén, de los eventos que precederían el gran día de su segunda venida. Cuando habló de la destrucción de la ciudad, también se refirió a la destrucción que ocurrirá cuando el Señor se levante para castigar al mundo por su iniquidad. Todo el capítulo es una advertencia para todos aquellos que tengan que vivir durante las últimas escenas de la historia de esta tierra (Review and Herald, diciembre 13, 1898).
Lunes 30 de mayo: Señales del fin La comisión recibida por los primeros discípulos también es dada a aquellos que en estos últimos días han recibido mayor luz del cielo. "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" ha de ser nuestra orden. El mensaje de la gracia salvadora debe resonar en todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos. El Salvador crucificado y resucitado debe ser levantado, tanto en nuestra nación como en tierras lejanas. Pastores, maestros y evangelistas deben golpear puerta tras puerta con el mensaje del evangelio. Los que reciben el conocimiento de la verdad presente no deben establecerse en un lugar y quedarse allí; deben penetrar nuevos lugares. Mientras tanto, aquellos que ya están establecidos en un lugar, deben ganar hombres y mujeres a la verdad, por la fidelidad al evangelio de salvación que muestran en su vida diaria. No todos pueden ocupar el mismo lugar, pero cada uno que se consagra a la influencia del Espíritu Santo estará bajo el control de Cristo y él llevará adelante su obra de diversas maneras y con variados instrumentos. No solamente utilizará a los más talentosos, a los más educa-^ 's, o los que ocupan posiciones de responsabilidad; también utilizará a muchos que no han tenido tantas oportunidades. Por medio de simples instrumentos llamará a aquellos que poseen tierras y propiedades para transformarlos en la mano ayudadora de Dios para el avance de su obra. No siempre son los más brillantes los que hacen el mejor trabajo para el Señor. Él puede hablar a través de cualquiera que se consagre a su servicio. Cuando captemos el espíritu del mensaje que lleva a las almas a elegir entre la vida y la muerte, veremos resultados que ni siquiera hemos soñado. Cuando el espíritu misionero domine la vida de hombres y mujeres, viejos y jóvenes, entonces veremos a muchos andando por los caminos e invitando a los honestos de corazón a entrar (Review and Herald, octubre 27, 1910).
Martes 31 de mayo: La caída de Jerusalén ¡Cuan terrible fue para Cristo, cuyo corazón está lleno de amor por aquellos que ha comprado con su sangre, ver a Jerusalén llenando el registro de iniquidad que se lleva de todas las naciones e individuos!... La retribución que vendría sobre Jerusalén sería demorada sólo un corto tiempo. Y cuando sus ojos descansaron sobre la ciudad condenada, Cristo no vio solamente la destrucción de Jerusalén sino la destrucción de un mundo condenado. Vio la retribución que caerá sobre los adversarios de Dios. En la destrucción de Jerusalén se vieron escenas que se repetirán, en forma aun más terrible, en el gran día del Señor. La destrucción de Jerusalén representa lo que sucederá al mundo, y la advertencia que entonces dio Cristo continúa resonando a través de los siglos hasta nuestros días: "Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas" (Lucas 21:25). Sí, el mar traspasará sus límites, y habrá destrucción en su camino. Hará naufragar los barcos que navegan sobre sus aguas tranquilas, y con el peso de su propia carga irán rápidamente a la eternidad sin tiempo de arrepentirse (Review and Herald, diciembre 7, 1897). Ni un solo cristiano pereció en la destrucción de Jerusalén. Cristo había prevenido a sus discípulos, y todos los que creyeron sus palabras esperaron atentamente las señales prometidas. "Cuando viereis a Jerusalén cercada de ejércitos -había dicho Jesús,- sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estuvieren en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse" (Lucas 21:20,21). Después que los soldados romanos, al mando del general Cestio Galo, hubieron rodeado la ciudad, abandonaron de pronto el sitio de una manera inesperada y eso cuando todo parecía favorecer un asalto inmediato. Perdida ya la esperanza de poder resistir el ataque, los sitiados estaban a punto de rendirse, cuando el general romano retiró sus fuerzas sin motivo aparente para ello. Empero la previsora misericordia de Dios había dispuesto los acontecimientos para bien de los suyos. Ya estaba dada la señal a los cristianos que aguardaban el cumplimiento de las palabras de Jesús, y en aquel momento se les ofrecía una oportunidad que debían aprovechar para huir, conforme a las indicaciones dadas por el Maestro. Los sucesos se desarrollaron de modo tal que ni los judíos ni los romanos hubieran podido evitar la huida de los creyentes. Habiéndose retirado Cestio, los judíos hicieron una salida para perseguirle y entre tanto que ambas fuerzas estaban así empeñadas, los , cristianos pudieron salir de la ciudad, aprovechando la circunstancia de estar los alrededores totalmente despejados de enemigos que hubieran podido cerrarles el paso. En la época del sitio, los judíos habían acudido numerosos a Jerusalén para celebrar la fiesta de los tabernáculos y así fue como los cristianos esparcidos por todo el país pudieron escapar sin dificultad. Inmediatamente se encaminaron hacia un lugar seguro, la ciudad de Pella, en tierra de Perea, allende el Jordán (El conflicto de los siglos, pp. 33, 34). Jesús declaró a los discípulos los castigos que iban a caer sobre el apóstata Israel y especialmente los que debería sufrir por haber rechazado y crucificado al Mesías. Iban a producirse señales inequívocas, precursoras del espantoso desenlace. La hora aciaga llegaría presta y repentinamente. Y el Salvador advirtió a sus discípulos: "Por tanto, cuando viereis la abominación del asolamiento, que fue dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo (el que lee, entienda), entonces los que están en Judea, huyan a los montes" (Mateo 24:15, 16; Lucas 21:20) Tan pronto como los estandartes del ejército romano idólatra fuesen clavados en el suelo sagrado, que se extendía varios estadios más allá de los muros, los creyentes en Cristo debían huir a un lugar seguro. Al ver la señal preventiva, todos los que quisieran escapar debían hacerlo sin tardar. Tanto en tierra de Judea como en la propia ciudad de Jerusalén el aviso de la fuga debía ser aprovechado en el acto. Todo el que se hallase en aquel instante en el tejado de su casa no debía entrar en ella ni para tomar consigo los más valiosos tesoros; los que trabajaran en el campo y en los viñedos no debían perder tiempo en volver por las túnicas que se hubiesen quitado para sobrellevar mejor el calor y la faena del día. Todos debían marcharse sin tardar si no querían verse envueltos en la ruina general (El conflicto de los siglos, pp. 28, 29).
Miércoles 1 de junio: La segunda venida Los seres humanos deben prestar atención a las palabras de Cristo y no descuidarse. Él ha prometido que vendrá por segunda vez para reunir a sus fíeles y traer castigo sobre los que hayan rechazado su misericordia. Así como advirtió a sus discípulos acerca de la destrucción de Jerusalén dándoles señales de la ruina inminente para que pudieran escapar, de la misma manera nos ha advertido acerca del día de la Destrucción final dándonos señales de su cercanía para que podamos huir de la ira que se avecina. Los que presten atención a las señales conocerán "que está cerca, a las puertas". "Velad, pues —dijo Jesús—-porque no sabéis a que hora ha de venir vuestro Señor". Pero el mundo no está más listo hoy para escuchar las advertencias que lo que estaban los judíos en los días del Salvador. No importa cuando venga, el fin tomará desprevenidos a los impíos. Cuando los seres humanos estén sumidos en placeres, en negocios, en viajes, en ansias por hacer dinero; cuando los líderes religiosos estén alabando el progreso y los avances del mundo; cuando la gente esté rodeada de una falsa seguridad, entonces, así como el ladrón llega a medianoche cuando nadie lo espera, llegará destrucción repentina para los incrédulos y los descuidados, "y no escaparán" (Spirit of Prophecy, t. 4, p. 38). "Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre" (S. Mateo 24:23-27). Aquí otra vez se combinan las advertencias relacionadas a la destrucción de Jerusalén con las de su segunda venida. Los discípulos oyeron sus palabras pero no las entendieron plenamente. Fue necesario que el Espíritu Santo los guiara a toda verdad y les recordara claramente lo que Jesús había dicho, porque para ellos era difícil separar los peligros acerca de la destrucción de Jerusalén de los peligros relacionados a los últimos días. En cambio, los que vivimos en esta época, podemos comprender las advertencias que Cristo hizo y colocarlas en su debido tiempo. Este evangelio del reino debe ser llevado a cada nación debajo del cielo, y entonces vendrá el fin. Cristo sabía que los discípulos no comprenderían plenamente su respuesta a la pregunta: "¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?". Sabiendo de antemano el terrible futuro que esperaba al que una vez había sido el pueblo elegido de Dios, y anticipando que los discípulos no estarían preparados para soportar las terribles escenas que ocurrirían en esa ocasión, por misericordia hacia ellos combinó ambos eventos y dejó que fueran ellos los que posteriormente entendieran su significado (Review and Herald, diciembre 27, 1898). Los falsos profetas pretenderán estar haciendo una obra especial para Dios profesando gran piedad y santidad y teniendo visiones y sueños; pero en realidad estarán haciendo la obra del enemigo y quebrantando los mandamientos de Dios. Debemos estar en guardia y cuando aparezcan debemos ponerlos a prueba con la regla bíblica: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isaías 8:20). Debemos prestar atención a las advertencias presentadas por Cristo, por Pablo y por Juan, y no ser engañados por las sutiles estratagemas del enemigo. El Señor ya nos advirtió que estos engañadores harán tales señales y maravillas que podrían engañar aun a los escogidos (Signs of the Times, julio 4, 1895).
Jueves 2 de junio: Esperando su venida "Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad" (S. Marcos 13:33-37). En estas palabras del Salvador se coloca ante nuestras mentes la importancia de estar siempre en guardia. Si consideramos que quien las expresó es el mismo que vendrá muy pronto en las nubes del cielo con poder y grande gloria, deberíamos aceptarlas y velar para que su venida no nos encuentre durmiendo. "Velad" —dijo el Señor. No hay seguridad en un estado de estupor o indiferencia; no hay seguridad en poner nuestros afectos en las cosas de esta tierra. No debemos preocupamos sólo por este tiempo sino por la eternidad. No debemos actuar por impulso o pasión sino por un exaltado sentido del deber. Nuestra religión no debe ser guiada por el sensacionalismo o las emociones sino por un serio deseo de realizar nuestros deberes sagrados de tal manera que estemos en permanente comunión con Dios. Debe ser una religión que ponga al servicio del cielo todo lo que somos y poseemos; que nos lleve a hacer su voluntad y no la nuestra; que nos haga abandonar nuestras inclinaciones camales y a ser guiados por la mente divina. Hay una importante obra que cada uno debe hacer y la misma debe ser hecha teniendo en mente el juicio y la venida del Hijo del hombre en las nubes de gloria. Cualesquiera sean los deberes comunes de la vida, no deben desviamos de nuestros deberes y obligaciones ante Dios. Aunque tengamos mil cosas que hacer, las mismas no deben quitar de nuestra mente la atención a los asuntos eternos. Los triunfos de la cruz deben llegar hasta los mismos portales de la fortaleza enemiga, y para hacerlo debemos mantener una conexión viviente con Jesús, el gran Conquistador (Review and Herald, agosto 18,1885). En vez de vivir en expectación de alguna oportunidad especial de excitación, hemos de aprovechar sabiamente las oportunidades actuales, haciendo lo que debemos hacer, a fin de que las almas puedan salvarse. En lugar de agotar las facultades de nuestra mente en especulaciones con respecto a los tiempos y los sazones que el Señor ha colocado en su solo poder y retenido de los hombres, hemos de entregamos al control del Espíritu Santo, para realizar nuestros deberes actuales, para dar el pan de vida, sin ser adulterado por las opiniones humanas, a las almas que están pereciendo por falta de la verdad (El evangelismo, p. 509).
Viernes 3 de junio: Para estudiar y meditar El Deseado de todas las gentes, pp. 581-591.
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