MARCOS 3
Ver EGW com. Luc. 1: 76-77.
Ver EGW com. Mat. 12: 24-32.
Ojos cerrados ante la evidencia.-
Ellos [los fariseos] atribuían a
influencias satánicas el santo poder de Dios, manifestado en las obras
de Cristo. De ese modo, pecaron contra el Espíritu Santo. Obstinados,
sombríos y duros de corazón, decidieron cerrar los ojos a toda
evidencia, y así cometieron el pecado imperdonable (RH 18-1-1898).
Más fuerte que el hombre fuerte.-
"El que no es conmigo contra mí es; y
el que conmigo no recoge, desparrama". El que está con Cristo y
mantiene la unidad de Cristo, lo entroniza en el corazón y obedece sus
órdenes, está a salvo de las trampas del maligno. El que se une con
Cristo, recogerá para sí mismo las gracias de Cristo, y dará fortaleza,
eficiencia y poder al Señor ganando almas para Cristo. Cuando Cristo se
posesiona de la ciudadela del alma, 212 el instrumento humano se
convierte en uno con él. Cooperando con el Salvador, llega a ser el
instrumento mediante el cual obra Dios. Entonces cuando venga Satanás y
se esfuerce por tomar posesión del alma, encontrará que Cristo la ha
hecho más fuerte que el hombre fuerte armado (MS 78, 1890).
Ver EGW com. Mat. 12: 31-32.
Firme y determinada resistencia
contra la verdad.-
Cristo no luchaba contra hombres
limitados, sino contra principados y potestades, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes. El dice a sus oyentes
que toda clase de pecados y blasfemias pueden ser perdonados si se deben
a ignorancia. En su gran ceguera podrían proferir insultos y burlas
contra el Hijo del hombre, y sin embargo, quedar dentro de los alcances
de la misericordia. Pero cuando el poder y el Espíritu de Dios
descansaron sobre los mensajeros de Cristo, estaban en terreno santo.
Ignorar al Espíritu de Dios, acusarlo de que era el espíritu del diablo,
los colocaba en una posición en donde Dios no tenía poder para llegar a
su alma. Ningún poder en cualquiera de las provisiones de Dios para
corregir a los que yerran [en tales circunstancias], puede
alcanzarlos...
Hablar contra Cristo, atribuyendo su
obra a influencias satánicas, y las manifestaciones del Espíritu, a
fanatismo, no es en sí mismo un pecado para condenación; pero el
espíritu que induce a los hombres a que hagan esas afirmaciones los
coloca en una condición de obstinada resistencia, donde no pueden ver la
luz espiritual. . .
Piensan que están siguiendo un sano
juicio, pero están siguiendo a otro guía. Se han colocado bajo el
dominio de un poder del que están completamente ignorantes debido a su
ceguera. Han rechazado al único Espíritu que podría guiarlos,
iluminarlos, salvarlos. Están siguiendo la senda de la culpabilidad
para la cual no puede haber perdón ni en esta vida ni en la venidera.
No es que cualquier grado de culpabilidad agote la misericordia de Dios,
sino porque el orgullo y la continua obstinación los induce a despreciar
al Espíritu de Dios, a ocupar un lugar donde ninguna manifestación del
Espíritu puede convencerlos de su error. Sus mentes endurecidas no
están dispuestas a ceder.
En nuestros días los hombres se han
colocado donde son completamente incapacitados para llenar las
condiciones del arrepentimiento y la confesión; por lo tanto, no pueden
hallar misericordia y perdón. El pecado de la blasfemia contra el
Espíritu Santo no radica en cualquier palabra o hecho súbito, sino en la
firme y determinada resistencia contra la verdad y la evidencia (MS 30,
1890).
El pecado contra el Espíritu Santo.-
No se debe considerar el pecado
contra el Espíritu Santo como algo misterioso o indefinible; consiste en
la negación persistente a aceptar la invitación al arrepentimiento (RH
29-6-1897).
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