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MARCOS 2
Mateo honró a Cristo delante de
sus amigos.-
Mateo, humildemente agradecido, deseó
demostrar su aprecio por el honor que había recibido, e invitando a los
que habían sido sus compañeros de negocios, placer y pecado, preparó una
gran fiesta para el Salvador. Si Jesús estuvo dispuesto a llamarlo a
él, que era tan pecador e indigno, con seguridad aceptaría a sus
antiguos compañeros que, según creía Mateo, eran mucho más dignos que
él. Mateo tenía el gran anhelo de que compartieran los beneficios de las
misericordias y la gracia de Cristo. Deseaba que supieran que Cristo -a
diferencia de los escribas y fariseos- no despreciaba ni odiaba a los
publicanos y pecadores. Quería que conocieran a Cristo como el bendito
Salvador.
El Salvador ocupó en la fiesta el
puesto más honroso. Ahora Mateo era el siervo de Cristo, y deseaba que
sus amigos supieran la forma en que él consideraba a su Guía y Maestro.
Anhelaba que supieran que se sentía altamente honrado al hospedar a un
huésped tan regio.
Jesús nunca rechazó una invitación a
una fiesta tal. El propósito que siempre estaba delante de él era
sembrar en los corazones de sus oyentes las semillas de la verdad
mediante su encantadora conversación que le ganaba los corazones. En
cada uno de sus actos Cristo tenía un propósito, y la lección que dio en
esta ocasión fue oportuna y apropiada. Por medio de ese acto declaró
que ni aun los publicanos y pecadores estaban excluidos de su
presencia. Estos ahora podían testificar que Cristo los honraba con su
presencia y conversaba con ellos (MS 3, 1898). 239
Ver EGW com. Mat. 9: 12-13.
Alivio en cada caso.-
Cristo era médico tanto del cuerpo
como del alma. Era ministro, misionero y médico. Desde su niñez se
interesó en cada aspecto del sufrimiento humano que observó. Podía
decir con seguridad: No vine para ser servido, sino para servir. En
cada calamidad proporcionaba alivio. Sus palabras bondadosas eran un
bálsamo curativo. Aunque aparentemente no hubiera un claro milagro, sin
embargo no había duda de que había impartido su virtud a quienes veía en
sufrimiento y necesidad. Durante todos los treinta años de su vida
privada fue humilde, manso y modesto. Tenía una relación viviente con
Dios, pues el Espíritu de Dios estaba sobre él y demostraba a todos los
que lo conocían que vivía para agradar, honrar y glorificar a su Padre
en las cosas comunes de la vida (RH 24-10-1899).
Odres nuevos para vino nuevo.-
La obra de Jesús fue revelar el
carácter del Padre y desplegar la verdad que él mismo había pronunciado
mediante los profetas y los apóstoles; pero no había cabida para la
verdad en esos hombres sabios y cautelosos. Cristo, el Camino, la
Verdad y la Vida, tuvo que pasar por alto a los fariseos con su justicia
propia, y tomar a sus discípulos de entre los pescadores ignorantes y
hombres de condición humilde. Los que nunca habían estado con los
rabinos, que nunca se habían sentado en las escuelas de los profetas,
que no habían sido miembros del sanedrín, y cuyos corazones no estaban
trabados con sus propias ideas, a esos los tomó y los educó para su
propia misión. Podía hacerlos como odres nuevos para el vino nuevo de
su reino. Estos eran los pequeños a quienes el Padre podía revelar
cosas espirituales; pero los sacerdotes y gobernantes, los escribas y
fariseos, que declaraban que eran los depositarios del conocimiento, no
podían albergar los principios del cristianismo, posteriormente
enseñados por los apóstoles de Cristo. La cadena de la verdad fue dada,
eslabón tras eslabón, a aquellos que comprendían su propia ignorancia,
pero estaban dispuestos a aprender del gran Maestro.
Jesús sabía que no podía hacer ningún
bien a los escribas y fariseos a menos que se vaciaran de su suficiencia
propia. Escogió odres nuevos para su vino nuevo de doctrina, e hizo de
pescadores y creyentes ignorantes los heraldos de su verdad al mundo. Y
sin embargo, aunque su doctrina parecía nueva al pueblo, en realidad no
era una nueva doctrina, sino la revelación del significado de lo que
había sido enseñado desde el principio. El propósito de Cristo era que
sus discípulos tomaran la verdad sencilla y sin adulteraciones como la
guía de su vida. No debían añadir a sus palabras ni dar un sentido
forzado a sus declaraciones. No debían interpretar en forma mística las
sencillas enseñanzas de las Escrituras ni depender de recursos
teológicos para construir alguna teoría de origen humano. Las verdades
vitales y sagradas fueron debilitadas en su significado cuando se le dio
un sentido místico a las sencillas palabras de Dios, entre tanto que se
le daba importancia a las teorías humanas. En esta forma los hombres
fueron inducidos a enseñar como doctrinas los mandamientos de origen
humano, y así rechazaron los mandamientos de Dios para observar sus
propias tradiciones (RH 2-6-1896).
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