
Ondas de amor -- Parte 2

Misionero para el 28 de Mayo del 2005
Eslabones de la gracia
Comunidad
La semana pasada, ustedes escucharon el relato de unos niños de una escuela adventista de Tennessee (Tenesí). ¿Quién se recuerda lo que hicieron los niños? [Deje que los niños contesten] Sí. Querían juntar dinero para construir una iglesia en las montañas de Papua Nueva Guinea. [Encuentre a Papua Nueva Guinea en el mapa del mundo] ¿Qué hicieron los niños para juntar el dinero? [Deje que los niños contesten] Sí, hicieron dibujos y marcadores de libros. Cuando salieron de la escuela, vendieron los dibujos y los marcadores de libros a los padres que llegaban a recoger a sus hijos. En tres semanas ¡untaron $123. Esto es mucho dinero, pero no es suficiente para construir una iglesia en Papua Nueva Guinea.
Durante el verano, un hombre les ofreció el dinero de las ventas de sus moras si los niños trabajaban recogiéndolas. Los niños juntaron $300 de la venta de las moras. ¿Cuánto dinero tenían ahora? [$423] ¿Era suficiente para construir una iglesia? No. ¡Ellos necesitaban $1,000! Tenían que hacer mucho más para ganar esa gran cantidad de dinero.
Corre la palabra
Después que los niños anunciaron su proyecto en la iglesia, el señor Walton, director del hospital adventista que quedaba al lado de la escuela, habló con la maestra Seeley.
—Nuestro hospital está dispuesto a donar la misma cantidad de dinero que junten los niños para la iglesia en Papua Nueva Guinea, hasta una cantidad de $1,000 —le dijo. La maestra Seeley estaba muy feliz, pero le dijo al señor Walton que les iba a preguntar a los niños si estaban dispuestos a recibir donaciones de otra gente. Los niños decidieron que ellos podían ¡untar $1,000 para la iglesia, y el hospital podía donar otros $1,000 para otra iglesia en Papua Nueva Guinea.
Venta de patio
Los niños y su maestra decidieron hacer una venta en la escuela para ganar más dinero. Hicieron letreros para promover la venta y dibujaron flechas para guiar a la gente a la escuela. Entonces hicieron anuncios para que cada alumno llevara a casa. Los anuncios pedían que limpiaran sus roperos, sus cajas de juguetes y sus garajes para donar a la venta las cosas que no necesitaban.
Por más de una semana, los niños llegaron a la escuela con cajas y bolsas de juguetes, ropa, zapatos y artículos caseros. Los miembros de la iglesia les ayudaron a separar las cosas, a ponerles los precios y a colocar todo en mesas en el gimnasio de la escuela. El jueves por la mañana abrieron las puertas y entró una muchedumbre. Compraron libros, herramientas y ropa usada. Los niños tuvieron mucha oportunidad de practicar sumas, así que sonriente, la maestra les dijo que con todas las sumas que hacían, no les iba a dar tareas de matemáticas ese día.
Al final del día, casi todas las cosas se habían vendido. Todos estaban cansados y acalorados. Colocaron en cajas las cosas que no se vendieron, limpiaron el gimnasio y esperaron mientras la maestra contaba el dinero: —20, 40, 60, 80, 100... 200... 400... 600... Mientras más contaba la maestra, más se entusiasmaban los niños. —800... 900... 1,000... 1,010... 1,015. ¡Ganamos $1,015 hoy día!—exclamó la maestra. Hasta ella estaba asombrada de la cantidad que habían ganado.
—¿Cuánto tenemos en total?— preguntó un niño. Los niños ayudaron a sumar el total. —Tenemos $123 de la primavera pasada, $300 de la venta de moras, y $1,015 de la venta de hoy. En total son $1,438. Y con el dinero que recolectaron en el bazar de la escuela, tenemos $1,600. Esto es más que suficiente para construir la iglesia.
—Y con la donación del hospital, ¡tenemos suficiente para construir dos iglesias!
—¡Viva! ¡Viva! —exclamaron los niños—. ¡Podemos construir dos iglesias! ¡Dos iglesias donde la gente puede aprender del amor de Dios!
El entusiasmo continúa
Los niños decidieron usar el dinero de sobra para
comprar tocacaseteras para la gente de Papua Nueva Guinea, donde muy pocas
personas saben leer. De esta manera, la gente puede escuchar la Biblia en su
idioma, y aprender de Jesús.
Los niños todavía están levantando fondos para las misiones, pero este año
trabajan para sus padres o los vecinos y donan lo que ganan para su próximo
proyecto. Tal vez construirán otra iglesia en la cumbre de una montaña en Papua
Nueva Guinea.
Compilación: Dr. Pedro Martinez (drmartinez@pmministries.com o ministeriospm@hotmail.com)
|
Usted es el Visitante |