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Ondas de amor—Parte 1

Misionero para el 21 de Mayo del 2005


 

Eslabones de la gracia

Comunidad, los alumnos de una escuela adventista deseaban participar en un proyecto misionero. Decidieron construir una iglesia en un país lejano.         

 

Una mañana, cuando la maestra Seeley entró a su clase, sus alumnos de kinder, primero y segundo grado estaban muy ocupados dibujando.

—Buenos días niños y niñas —les dijo—. ¿Qué hacen?

—¡Estamos haciendo dibujos para vender! —anunciaron los niños. La maestra Seeley sonrió al ver el entusiasmo de los niños. Pero esa mañana durante el recreo, vio a los niños vendiendo sus dibujos por tres centavos cada uno a los empleados de un hospital cercano. Los niños le trajeron todo el dinero para que se los guardara.

El día siguiente, los niños hicieron marcadores de libros para vender. De nuevo le trajeron el dinero y le dijeron que lo guardara para las misiones. La maestra Seeley comprendió que los niños estaban empeñados en ganar dinero para las misiones, y les dio materiales para hacer más cosas para vender.

Una iglesia en Papua Nueva Guinea

—¿Qué proyecto misionero les gustaría apoyar?—La maestra Seeley les preguntó un día a sus alumnos. Los niños no estaban seguros, así que la maestra Seeley les mostró un video que trataba de una niña que había ¡untado dinero para una iglesia. Los niños se animaron y decidieron que querían ayudar a construir una iglesia en Papua Nueva Guinea. [Encuentre a Nueva Guinea en un mapa del mundo. Encuentre a Tennessee o a los Estados Unidos en el mapa, y dibuje una línea que conecte a los dos lugares.]

La maestra Seeley estaba feliz de ver a sus alumnos tan entusiasmados con el proyecto misionero, pero una cosa la preocupaba. El año escolar terminaba en sólo tres semanas. ¿Cómo sería posible juntar suficiente dinero para mandar a Nueva Guinea en tan corto tiempo? Los niños no estaban preocupados. Simplemente seguían haciendo marcadores de libros e imanes de refrigerador para vender. Un niño anunció que había vendido un nido de pájaro que encontró abandonado en un árbol.

En tres días la clase de la maestra Seeley había juntado casi $40; en poco más de una semana juntaron más de $80. Y al final del año escolar, los niños habían juntado $123.00 para construir una iglesia en Papua Nueva Guinea. Pero todavía no era suficiente para hacer la construcción.

La maestra Seeley hizo unas llamadas telefónicas y se enteró de que necesitaban muchas iglesias en Papua Nueva Guinea: iglesias grandes en las ciudades modernas, e iglesias más pequeñas y sencillas para las aldeas en las montañas. Un misionero en Papua Nueva Guinea le mandó fotos de una aldea que necesitaba una iglesia. Para hacer esa construcción en la cumbre de una montaña, se necesitaban $1,000 (mil dólares).

Sigamos trabajando

En el último día de escuela, la maestra Seeley les dijo a los niños cuánto de su blanco habían juntado para construir una iglesia en Papua Nueva Guinea. Los niños le rogaron que los dejara seguir trabajando en el proyecto cuando empezara la escuela en Agosto.

—¡Queremos construir la iglesia entera, no sólo una parte! —dijo una niña—. ¡Sí! ¡Sí! —dijeron los demás—. Queremos construir la iglesia entera.

Durante el verano, algunos de los niños trabajaron con la maestra Seeley haciendo planes para juntar el resto del dinero que necesitaban para completar el proyecto.

Un miembro de la iglesia se había enterado del proyecto y llamó con una oferta.

—Tengo un pequeño campo de moras —el hombre le dijo a la maestra—. Y estoy dispuesto a dar todo el dinero de la venta de mis moras al proyecto de sus niños, si los padres están dispuestos a trabajar recogiendo las moras. Esta idea es gustó a los niños. Les contaron a sus padres de la oferta del hombre, y cuando terminaron las clases ese día, los niños se fueron a recoger moras. Al final, ¡untaron $300 para su blanco con la venta de moras.

Déjeme ayudar

Un sábado, los niños anunciaron sus planes en la iglesia. Después de la reunión, Sara buscó a la maestra Seeley. Ella no es alumno de la escuela adventista, pero quería ayudar a construir la iglesia en Papua Nueva Guinea. Los otros niños estaban felices de tener la ayuda de Sara. Cada sábado, Sara traía una bolsita con monedas. A veces tenía $3 pero otras veces había hasta $7 en la bolsita.

—¿Cómo ganas este dinero? —le preguntó la maestra.

—Pinto piedras y las vendo —le contestó Sara.

Los fondos iban creciendo, pero les faltaba mucho para juntar $1,000. ¿Será posible que un grupo' de niños junte suficiente dinero para construir una iglesia en un lugar tan lejos como Papua Nueva Guinea? Vengan la semana próxima y veremos.


 

Compilación: Dr. Pedro Martinez (drmartinez@pmministries.com  o ministeriospm@hotmail.com)

 


 

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