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Manos ayudadoras para Dios

por

Heather Prestan Wheeler y Regina Erickson

Misionero para el 7 de Mayo del 2005


 

Comprar un perro caliente (hot-dog), sacar a caminar o un perro o hacer los arreglos para un paseo por el pueblo en ambulancia podría no formar parle de una descripción de puesto, pero son actividades que ayudan a conducir a personas a los pies de Jesús.
 

 

Los hospitales y centros de atención ayudan a sus pacientes cuando más lo necesitan. Pero las personas que trabajan directamente con los pacientes, a menudo caminan la segunda milla para ser manos ayudadoras de Dios.

Perros calientes y malteadas

"Los pacientes me llaman el hombre hot dog" dice riendo Larry Huston, quien trabaja como capellán en un hospital adventista en Hawai. "Trato de hacer en favor de los pacientes lo que ellos no pueden hacer por ellos mismos. En ocasiones eso significa ir a un restaurante local y comprarle un hot dog o una malteada".

Hace poco Huston le preguntó a un paciente que sufría de una enfermedad terminal si había algo que podía hacer por éL

"Quisiera sentarme en la playa" replicó el hombre débilmente. Huston quería hacerle realidad el sueño al hombre, pero su doctor dijo que estaba demasiado enfermo para salir del hospital. Así que Huston hizo lo mejor que se le ocurrió. Se ofreció para ir en el lugar del paciente y sentarse por él en la playa.

Al regresar, le contó todo lo que vio en la playa: cómo estaba, cómo se sentía el viento y el olor de la rociada del mar. El paciente sonrió contento.

"Trato de hacer cuanto esté en mi poder por traer luz al hospital", dice Huston. "Trato de reflejar lo que dice Mareo 25:45 en mi trabajo; 'Porque tuve hambre, y me trajisteis un hot dog; tuve sed, y me disteis una malteada; fui forastero, y me cuidasteis; estuve enfermo, y me visitasteis; estuve prisionero de mi cuerpo, y te sentasteis en la playa por mí'".

Larry Huston es uno de los muchos capellanes voluntarios y personal de la salud dedicados y desinteresados que brindan felicidad y traen sonrisas a los pacientes en hospitales adventistas en los Estados Unidos y alrededor del mundo. Este ejército de embajadores de buena voluntad ha producido felicidad a incontables personas que se sienten deprimidas y sin esperanzas o que simplemente necesitan una mano ayudadora.

Contemplando las luces navideñas

Linda tenía que usar un ventilador para ayudarle a respirar y vivía en un centro de vida asistida debido a distrofia muscular. Salía de su hogar sólo una vez cada cuatro a seis semanas, cuando se la llevaba al centro médico adventista para su tratamiento. Estos viajes al hospital le daban a Linda una vislumbre breve del mundo exterior: parques verdes y niños jugando. Estos viajes llegaron a ser el momento culminante de su vida.

Cuando dos personas del personal médico del hospital se dieron cuenta de .cuánto disfrutaba Linda al salir de su pequeño mundo, se preguntaron si había algo que pudieran hacer por ella. Decidieron sacarla a pasear, para ver las luces navideñas en diciembre como un regalo especial. Tendrían que alquilar una ambulancia durante la noche así que se dispusieron a reunir fondos para pagar la cuota.

Cuando se comunicaron con la compañía de ambulancias de la localidad, se ofrecieron a proveer el transporte gratuitamente. Después de varias semanas de planeación, finalmente llegó la gran noche. Un grupo de personas muy relices llegaron a la casa de Linda. Quedó gratamente sorprendida de saber que tenía un grupo de visitas. Cuando sus visitantes entraron con regalos y cantando villancicos, Linda no podía dejar de sonreír. Y cuando le dijeron que tenían planeado sacarla a ver las luces navideñas, se le llenó el corazón de gozo.

"Linda vuelve a vivir esa noche en su mente casi todos los días" dicen las persona que la cuidan. "Todavía tiene fotos del evento colgadas en sus paredes. No hay suficientes palabras para expresar cuánta alegría le produjo esa noche.

Ayudándote a ti mismo también

En ocasiones los voluntarios pueden obtener tantas bendiciones como las per­sonas a quienes ayudan. Obtienen la paz y la satisfacción que se derivan de hacer el bien a otros. La voluntaria Connie Sutton ayuda a personas discapacitadas o con enfermedades crónicas. Una de las tareas que más disfruta es la de caminar con pacientes a los que sus médicos han pres­crito programas de ejercicio. Connie desarrolló una buena amistad con una dama con la que sale a caminar dos veces por semana. La paciente ha rebajado unos 12 kg. Y su salud ha mejorado notablemente. Ambas amigas se sienten mejor por haber ejercitado juntas.

"Es una oportunidad maravillosa para liberarme de todo mi estrés y el ejercicio ha mejorado mi calidad de vida" dice Sutton. "Son maravillosos los beneficios que obtenemos cuando ayudamos al prójimo

¿Enfermera o cuidadora de perros?

Mientras que Sutton le agrega kilómetros a su rutina de ejercicio semanal otros están dispuestos a "caminar la segunda milla" de otras formas. Bárbara Gammell es una enfermera que ofrece servicio a domicilio y normalmente está en camino a las 6:30 de la mañana. Aunque sus días comienzan temprano y a menudo terminan tarde, en ocasiones, en sus días libres, ha llevado a sus pacientes a consulta médica. Les lleva alimentos y ha dado a la casa de algunos pacientes una muy necesitada limpieza de primavera. Todo esto lo ha hecho en su "tiempo libre".

"Ir más allá del deber" llegó a otro nivel cuando Gammell se enteró que uno de sus pacientes estaba empeorando, pero se negaba a hospitalizarse porque sabía que nadie cuidaría de su perro. Gammell se llevó a la mascota a casa y lo cuidó mientras su amo recibía la atención médica que necesitaba.

No todos somos médicos ni enfermeros, pero hay algo que cada uno de nosotros puede hacer para ayudar a los que nos rodean que están enfermos y necesitan ayuda. Sólo debemos buscar en qué ayudar.


Heather Presten Wheeler es coordinadora de comunicación para Adventist Health y Regina Erickson es la encargada de comu­nicación y relaciones públicas para el Adventist Health ubicado en Roseville, California.

 

 


 

Compilación: Dr. Pedro Martinez (drmartinez@pmministries.com  o ministeriospm@hotmail.com)

 


 

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