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Las oraciones de tres mujeres

Por

Lynn Rose

Misionero para el 23 de Abril del 2005


 

El cheque de diezmos y una carta airada abrieron un mundo nuevo para un prisionero.

 

 

Doris siempre había deseado tener un bebé: una hija. Durante años lo había pedido en oración. Pero con el paso de los años, se dio cuenta de que su sueño no se haría realidad. Ahora, siendo una viuda de más de sesenta años de edad, Doris vive sola en su hogar en el oeste de los Estados Unidos. Ocupa sus días atendiendo huertas e hileras de zarzamoras. A menudo llega a la cama exhausta al final del día.

Al otro lado del país, Ruthie Papay está sentada sola en su celda de la prisión. Su propia madre murió el mismo año que el esposo de Doris. Ruthie oraba a Dios para que alguien pudiera llenar el vacío que dejó la muerte de su madre.

Ruthie conoció al Salvador en la prisión y compartió su fe con su mamá. El mayor gozo de Ruthie fue ver a su mamá entregar su corazón a Dios. Antes de morir, la mamá de Ruthie dijo, "No fui una buena madre para Ruthie. Sólo le ruego a Dios que ponga a alguien en la vida de Ruthie que la ame completamente".

La vida en prisión

Ruthie tuvo una niñez difícil. A pesar de ello, Ruthie soñaba con llegar a ser enfermera. Tenía 19 años de edad cuando conoció al hombre que le pidió que se casara con él. Ruthie pensó que finalmente tendría un verdadero hogar y familia.

Pero su esposo abusó de ella y la abandonó frustrada y confundida. Un día, en un arrebato de ira, Ruthie mató a otra persona. Fue arrestada y sentenciada a una vida en prisión.

 En la cárcel, Ruthie entregó su vida a Dios y en 1993, envió un cheque pequeño a la Asociación General. Decía que el dinero era su diezmo por lo que ganaba en prisión. Pero la carta que acompañaba el cheque estaba llena de ira y amargura hacia los que la habían lastimado. Mucha de su ira la dirigía hacia su madre, a quien amaba pero culpaba por el desenlace de su vida.

Lynn Rose recibió el cheque y la carta de Ruthie. Su trabajo consistía en hacer el recibo a todas las donaciones, pero no podía olvidar la carta de Ruthie. Se dio cuenta que a menos que Ruthie perdonara a aquellos que le habían hecho daño, jamás podría experimentar el gozo de la salvación en Cristo.

Lynn le escribió a Ruthie y la animó a mirar a Jesús, no a otros humanos y sus debilidades. Ruthie le contestó, pero sus cartas seguían cargadas de ira y falta de perdón. Lynn siguió orando por Ruthie y le envió revistas para ayudarle a encontrar a Jesús.

Pasaron meses hasta que Lynn volviera a escuchar acerca de Ruthie, pero no dejó de orar por ella. Un día le llegó una carta. Al leerla, Lynn no podía creer que fuera de la misma persona. En vez de ira y amargura, su carta estaba llena de alabanzas a Dios por lo que estaba haciendo en su vida.

Ruthie vivía en la misma celda lúgubre de la prisión de antes, rodeada por las mismas personas hostiles e iracundas. Pero había encontrado amor y perdón en su Amigo Jesús. "Jamás imaginé que una cosa tan pequeña [como el cheque y un carta] pudieran cambiar mi vida", dijo Ruthie.

Una misionera en prisión

"Desearía poder salir de prisión" dijo en una carta. "Así podría convertirme en una verdadera misionera".

Regocijándose por el cambio experimentado en la vida de Ruthie, Lynn le contestó.

"¿Te das cuenta que estás en un campo misionero más grande que muchos misioneros?" Lynn le señaló que Dios ubica a sus hijos en el campo misionero donde él quiere que colaboren y a menos que él le mostrara lo contrario, su campo misionero era esa prisión.

Las cartas de Ruthie siguieron llegando. Irradiaban esperanza y gozo en Jesús. Otros prisioneros y miembros del personal notaron el cambio en su vida. Algunos de los prisioneros venían a ella en busca de consejo y muchos comenzaron a estudiar la Biblia con ella. Pero el gozo más grande de Ruthie llegó el día que su mamá aceptó a Jesús como su Salvador personal.

Lynn le siguió enviando literatura religiosa para que leyera y compartiera con los demás prisioneros. Las políticas de la prisión hacían difícil que se colocaran los libros religiosos en la biblioteca de la prisión, pero cuando la "caja de libros" de Ruthie se llenaba, donaba algunos de ellos a la biblioteca para que otros prisioneros también los pudieran aprovechar. De esta manera introducía libros a la prisión que de otra forma, habrían sido rechazados.

Ruthie dejó de pedirle a Dios que la librara de la prisión, porque ahora comprende que por el momento, su campo misionero es la prisión en Ohio. Cuando llegue su momento, la llamará a otro campo misionero fuera de los muros de la prisión.

     Una carta sorpresa

La historia de Ruthie apareció en el folleto de escuela sabática para adultos (en inglés) en la sección titulada "Inside Story". Doris fue conmovida por la fe de Ruthie y la pérdida de su madre así que le escribió una carta. Ruthie rápidamente le contestó y ambas descubrieron que tenían mucho en común. Desde el inicio encontraron consuelo en su amistad y en sus respectivas pérdidas.

Mientras que Ruthie permaneció en prisión continuó con su ministerio en su campo misionero. Les escribe a los demás prisioneros y les anima a permanecer cerca de Jesús, a mantener sus vidas en perspectiva y balanceadas. Así como el apóstol Pablo, aprendió a estar contenta donde Dios la tiene. Nunca sabrá, hasta que llegue al cielo, la cantidad de personas cuyas vidas cambiaron gracias a su ministerio en la prisión.

Una vida nueva

Ruthie se enteró que pronto la van a liberar de prisión. Está haciendo planes de vivir con Doris y ayudarle con el trabajo de su huerta. Pronto llegará a ser su hija y mejor amiga. Las dos mujeres se sienten sumamente bendecidas por haberse hallando la una a la otra. Ambas quieren ayudar al prójimo a conocer el gozo de ser un cristiano adventista. Esto simplemente comprueba que Dios contesta oraciones a su propia manera y tiempo.

Tres mujeres oraron, las tres oraciones han sido contestadas. Ruthie encontró una nueva mamá; Doris encontró una hija que pensaba que jamás tendría la dicha de tener; y la última oración de la mamá de

Ruthie fue que Ruthie tuviera la familia cristiana que siempre deseó tener.

 

 


Lynn Rose es jubilada de la Asociación General y vive en Silver Spring, Maryianá.

 

 

 


 

Compilación: Dr. Pedro Martinez (drmartinez@pmministries.com  o ministeriospm@hotmail.com)

 


 

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