
| Los últimos días en el Templo | ||
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Para el 28 de Mayo de 2005 |
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Material Auxiliar |
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Texto Clave: Marcos 11:27-33 |
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Objetivos para el Maestro 1. Comprender por qué razones Jesús enfrentó hostilidades. 2. Enfatizar que los críticos de Jesús eran conscientes de la conducta engañosa de ellos. 3. Destacar que Jesús ministró aun a quienes lo atacaban.
Bosquejo de la Lección
A. A diferencia de sus críticos, Jesús usaba las palabras para clarificar los temas. B. El don profético de Juan era generalmente reconocido; y él, a su vez, reconoció a Jesús. C. Los críticos de Jesús rehusaban reconocer la verdad, aun cuando estuvieran directamente confrontados con ella.
A. La alianza de los fariseos con los herodianos ilustra la naturaleza de su oposición a Jesús. B. Sus críticos estuvieron dispuestos a afirmar falsedades, para debilitar a Jesús. C. Esto ilustra la necesidad de cuidar nuestro lenguaje y la tendencia a ser engañados por la adulación.
A. Tener un mero conocimiento de lo que dice la Escritura no es lo mismo que almacenar sus palabras en nuestros corazones. B. Como los fariseos, Jesús creía en la resurrección de los muertos. C. Pero Jesús veía, a diferencia de ellos, a quienes creían en él como participando en el presente de la vida eterna.
Los fariseos y otros grupos que confrontaron a Jesús estaban convencidos de que él quería hacerles daño; por eso, quisieron hacer todo lo posible para debilitarlo. A pesar de eso, Jesús siguió procurando la salvación de ellos. Él anhela que todos nosotros sigamos su ejemplo.
Esta semana estudiamos cinco planteos (Mar. 11:27-12:44) que Jesús respondió en su confrontación con los dirigentes de sus días. I. La pregunta sobre la autoridad (Mar. 11:27-33). Los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos estaban detrás de la conspiración para entrampar a Jesús con preguntas astutas. De estos grupos estaba constituido el Sanedrín, en el que reposaba toda autoridad religiosa. Por eso, la pregunta: “¿Con qué autoridad haces estas cosas?” (vers. 28). “Estas cosas” se refería a la purificación del Templo (vers. 15-17). Jesús se ofreció a responder si le contestaban otra: “El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme” (vers. 30). Para las autoridades era un dilema: si atribuían el ministerio de Juan a Dios, les haría la pregunta: Entonces, ¿por qué lo rechazaron? Por otro lado, decir que Juan estaba engañado hubiera enojado al pueblo, que amaba a Juan. Los judíos contestaron que no sabían. Como los dirigentes evadieron su pregunta, Jesús rehusó contestar la de ellos. II. La pregunta sobre la mayordomía (Mar. 12:1-12, 41-44). La mayordomía a menudo se entiende mal, como si fuera un asunto solamente de dinero; pero es más que de dinero, pues involucra una relación de fidelidad y de entrega total a Dios. La parábola de los labradores malvados comienza con Dios, el Dueño de la viña. Dios confía su viña (Israel) a los labradores (los dirigentes religiosos), con la esperanza de que serán fieles en su trabajo y devolverán al Dueño lo que le corresponde. En el tiempo de la cosecha, el Dueño envía a sus siervos (los profetas), pero los inquilinos rechazan a los siervos con violencia y con la muerte. El Dueño finalmente envía a su único Hijo, pero los labradores lo matan. Ahora, la pregunta de Jesús es: “¿Qué, pues, hará el señor de la viña?” (vers. 9). La respuesta es seria: rechazar al Hijo asegura el rechazo propio por parte de Dios. Jesús habló de una mujer mayordomo, que no tenía poder ni posición social. Un corazón entregado era su guía; el compromiso con Dios la motivaba. De allí la bendición de Jesús sobre la pobre viuda: “Pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento” (vers. 44). Para el mundo era una desdichada, pero el Cielo la consideraba un mayordomo genuino y fiel. III. La pregunta sobre el pago de impuestos (Mar. 12:13-17). Ahora les tocaba a los fariseos y los herodianos, que, generalmente hostiles entre sí, se confabularon para preguntar a Jesús: “¿Es lícito dar tributo a César, o no?” (vers. 14). La pregunta implicaba un tema candente para entrampar a Jesús. Si Jesús respondía que sí, lo habrían puesto en contra de los judíos, molestos a causa de su dependencia de Roma. Si respondía que no, ellos lo habrían acusado de sedición ante el Imperio. Jesús pidió una moneda y contestó con otra pregunta: “¿De quién es esta imagen y la inscripción?” Por supuesto, de César. Entonces, dijo Jesús: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (vers. 17). ¿Dios o César? La pregunta sigue siendo válida. Como ciudadanos de este mundo, tenemos ciertos deberes; pero, como ciudadanos del cielo, tenemos obligaciones aún más altas. Así, Jesús transformó la pregunta de una elección entre Dios y el César en un llamado a vivir en un terreno más elevado de adoración y servicio al Creador. IV. La pregunta sobre la resurrección (Mar. 12:18-27). Los saduceos negaban la resurrección, y basaron su interrogante en la provisión del levirato que hizo Moisés (Deut. 25:5). Ésta requería que el hermano de un hombre que moría sin heredero se casara con la viuda. Los saduceos presentaron un caso imaginario de una mujer que se casó con siete hermanos, después de que cada uno de ellos muriera sin dejar descendencia. Entonces, preguntaron: “En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer?” (Mar. 12:23). Jesús dio su respuesta en dos partes. Primero, acerca de la relación matrimonial en el cielo: “¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? Porque cuando resuciten de los muertos [...] serán como los ángeles que están en los cielos” (vers. 24, 25). Los saduceos eran culpables de una falacia básica: Ellos imaginaban la vida eterna como una extensión de la vida en la tierra. En eso, estaban equivocados. La vida después de la resurrección no es una extensión sino una transformación de la actual, una vida nueva enteramente libre del pecado. Y, por lo tanto, es equivocado proyectar las condiciones terrenales hacia la vida celestial. La segunda parte de la respuesta de Jesús se ocupó de la resurrección, y su respuesta fue inequívoca: “¡Qué equivocados están ustedes!” (vers. 27, TLA). Aquél que creó a los seres humanos también puede resucitarlos. Jesús los remitió a Moisés, al que habían citado sobre la ley del levirato. Dios dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (vers. 26). ¿Qué quiso decir Moisés? “Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos” (vers. 27). “Dios cuenta las cosas que no son como si fuesen. Él ve el fin desde el principio, y contempla el resultado de su obra como si estuviese ya terminada. Los preciosos muertos, desde Adán hasta el último santo que muera, oirán la voz del Hijo de Dios, y saldrán del sepulcro para tener vida inmortal. [...] Esta condición, que se anticipa en su propósito, es contemplada por él como si ya existiese” (DTG 558). V. La pregunta acerca de lo esencial (Mar. 12:28-34). La quinta pregunta la hizo un escriba: “¿Cuál es el primer mandamiento de todos?” (vers. 28). Los fariseos habían identificado unas 613 ordenanzas, de modo que la pregunta iba más allá de los Diez Mandamientos. La respuesta de Jesús (Deut. 6:4, 5; 11:13-21; Mar. 12:29, 30) definió no sólo el mandamiento más importante, sino también el propósito mismo de la vida: creer que Dios es uno y amarlo en forma suprema (Mar. 12:30). Le dijo al escriba que el amar a Dios tiene un corolario inevitable: “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (vers. 31). “Estos dos mandamientos son la expresión del principio del amor. [...] Cuando Dios ocupe en el trono del corazón su lugar legítimo, nuestro prójimo recibirá el lugar que le corresponde. Lo amaremos como a nosotros mismos” (DTG 559).
Textos para estudiar: Isaías 5:1-7; Mar. 11:27-12:44. 1. “Nuestro problema no es tanto que no sabemos lo que tenemos que hacer”, dijo Peter Marshall, uno de los grandes predicadores del siglo XX. “Lo sabemos perfectamente bien... pero no queremos hacerlo”.–Mr. Jones, Meet the Master, p. 128. ¿Cómo podemos evitar la suerte de los líderes de los días de Jesús, cuyos prejuicios les impidieron abrazar nuevas vislumbres espirituales? 2. Los dirigentes judíos, al oír la parábola de los labradores (Mar. 12:1-12) “procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola” (vers. 12). ¿Cómo hubiera respondido un buscador honesto de la verdad a esta parábola? ¿Puedes pensar en otras aplicaciones a situaciones que enfrentamos hoy? 3. En su audiencia había personas ansiosas de ungir a Jesús como el Rey-Mesías, así como también había personas que querían librarse de la opresión romana. No obstante, Jesús animó a la gente a ser leal a Roma y a Dios (Mar. 12:17). ¿Cuán práctico es este consejo hoy? ¿Bajo qué circunstancias podría argumentarse que las leyes humanas podrían ser ignoradas para mantenerse obedientes a Dios? Indica, por lo menos, tres ejemplos específicos. 4. Para algunos la pregunta: “De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?” (Mar. 12:28, NVI) es típicamente farisaica. Todavía discutimos los puntos “más finos” de la obediencia. (¿Es matar a alguien en defensa propia tan malo como matar a alguien por accidente?) Jesús guió a sus oyentes a ver, por encima de conductas específicas, los principios que están detrás de ellas. Por ejemplo: ¿Cuál es el principio espiritual que hay detrás de la compra de una casa? ¿De mirar televisión? ¿De escoger un cónyuge? ¿De decidir dónde iremos de vacaciones? ¿Se aplican los mismos principios a cada persona en todas las situaciones?
¿Cómo defines la palabra vecino? ¿Amigable? ¿Entrometido? ¿Hostil? ¿Quejoso? ¿Ayudador? ¿Amigo? ¿Enemigo? Comoquiera que definas la palabra personalmente, un vecino es alguien que vive muy cerca de ti. Alguien que, potencialmente, tiene un impacto directo, positivo o negativo, sobre tu vida. Un buen vecino iluminará tu día; un mal vecino puede enviarte cerca de la depresión. En el antiguo Lejano Oeste norteamericano, los troperos y los pastores eran malos vecinos: de aquí la frase Los cercos hacen buenos vecinos. Los troperos necesitaban grandes áreas abiertas para que sus ganados tuvieran amplias praderas para pastar. También necesitaban caminos bien marcados para llevar su ganado al mercado; por eso, los cercos eran una abominación para ellos. Por otro lado, los pastores no querían que sus animales se dispersaran muy lejos. Ellos preferían poner cercos, para mantener limitados a sus animales. Años de luchas entre ambos grupos los hicieron amargos enemigos. Finalmente, tuvieron que recurrir a la ley para tener paz, ya que eran incapaces de sostenerla por sí mismos. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mar. 12:31). Eso no es tan fácil cuando no tienes buenas relaciones con tus vecinos. No obstante, Jesús nos dijo que este mandamiento es el segundo en importancia después de amar a Dios con todo el ser y las fuerzas. Por eso, ¿cuál es la forma más importante de demostrar nuestro amor a los vecinos? ¡No debemos retener el plan de salvación de ellos! Algunos no aceptarán esta afirmación. Después de todo, ¿no corremos el riesgo de que nos rechacen cuando testificamos? Posiblemente, pero ¿cómo responderás en la segunda venida de Cristo cuando tu vecino te diga: “Todos esos años vivimos lado a lado; ¿por qué no te interesaste lo suficiente como para compartir la historia de Jesús, de modo que pudiéramos estar preparados para este momento?” Tú estás haciendo todo lo posible a fin de prepararte para la segunda venida de Jesús, ¿verdad? Por eso, ¿has compartido el plan de redención con tu vecino en un acto máximo de amor fraternal?
Rompamos el Hielo: “Los pueblos paganos que observaban el amor mutuo de los cristianos se maravillaban de lo que veían, y clamaban: ‘¡Miren cómo se aman entre ellos!’ El renombrado abogado romano Marcos Minucio Félix, del siglo II, llegó a ser cristiano, y testificó de los primeros cristianos: ‘Se amaban unos a otros, aun antes de conocerse personalmente’. Por supuesto, muchos pueblos paganos siguieron siendo lo que eran y se burlaron del cristianismo. Por ejemplo, Luciano, también del siglo II, escribió socarronamente: ‘Su Maestro (Jesucristo) les ha hecho creer que son todos hermanos’ ”.–Bible Illustrator.. Preguntas para Reflexionar: 1. Hay familias de víctimas de asesinato y de otros crímenes aberrantes, que van más allá del perdón. ¿Cuáles crees que son las razones para tomar esta actitud? ¿Es realmente necesario transitar la segunda milla en el perdón? ¿Son estos actos un resultado de la culpa inconsciente o de la verdadera convicción de que hay que amar al prójimo como a sí mismo? 2. En su trato con los fariseos, Jesús siempre fue puesto en una posición defensiva. Se lo obligó a justificar sus creencias y hechos. Los fariseos lo aislaron porque era diferente de los otros maestros de su tiempo. En forma similar, la Iglesia Adventista es diferente de las otras iglesias; nuestras creencias y hechos también son cuestionados por la mayoría. ¿Cómo reaccionamos ante esto? ¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Jesús en este respecto? Preguntas de aplicación: 1. Hoy, mostrar amor y compasión a los extraños puede, con frecuencia, invitar al peligro. ¿Qué papel desempeña el sentido común en nuestros intentos de vivir el mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”? ¿Cuándo sería mejor actuar en forma colectiva en vez de hacerlo en forma individual? 2. Jesús nunca creó reglas y mandamientos como los de los fariseos. ¿Qué podemos aprender acerca de la evangelización efectiva por medio de la forma en que Cristo presentó la Ley? 3. Como se puso en evidencia en Rompamos el hielo, el amor fue una característica reconocible de la iglesia cristiana del primer siglo. ¿Cuáles son las características distintivas de la iglesia de hoy? ¿Ocupa el amor el lugar que debería tener? Menciona algunos ejemplos.
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