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El viaje final
 

 
 

Para el 21 de Mayo de 2005

 

Material Auxiliar

Texto Clave: Marcos 10:33, 34

 

 

Objetivos para el Maestro

1.      Subrayar la importancia central de los días finales de Jesús, para su ministerio en conjunto.

2.      Enfatizar que la crucifixión y la muerte de Jesús no fueron meros accidentes desafortunados de la historia.

3.      Mostrar la naturaleza mesiánica de los actos finales de Jesús.

Bosquejo de la Lección

I.  Ceguera espiritual (Mar. 10:52).

     A. Todos nosotros sufrimos de diversos grados de ceguera espiritual.

     B. Jesús vino para ofrecernos una vislumbre de Dios, que de otro modo nunca hubiésemos experimentado.

     C. La divinidad que observamos en Jesús nos ayuda a comprender nuestras propias vidas en forma más completa.

II.  La entrada triunfal (Mar. 11:2-10; Mat. 21:4, 5).

     A. Jesús enfatizó su identidad mesiánica al cumplir profecías del Antiguo Testamento.

     B. La purificación del Templo no fue sólo un desafío a la autoridad sacerdotal, sino una afirmación de la autoridad divina de Jesús.

     C. Como Mesías, Jesús vino para reformar las prácticas religiosas que se habían corrompido y habían perdido su significado.

III.  La maldición de la higuera (Mar. 11:20-25).

      A. La higuera que Jesús maldijo simboliza, entre otras realidades, las creencias y los agregados que ya no eran útiles.

      B. Al comentar esto con Pedro (Mar. 11:22-26), Jesús llama su atención a la fe en Dios y a la eternidad.

      C. Muchas de las cosas que consideramos como espiritualmente importantes pueden ser, como la higuera maldecida, sin frutos.

 

Resumen

Aunque podemos sentir que estamos teniendo vidas espirituales según lo mejor de que somos capaces, Jesús puede tener algo mejor para nosotros, así como lo tenía para el pueblo de su tiempo. Por eso, es nuestro deber escuchar lo que Dios está tratando de decirnos, y no meramente caer en hábitos espirituales/religiosos.

 

Comentario

“Iban por el camino subiendo a Jerusalén” (Mar. 10:32). Así comienza el estudio de esta semana. Por tercera vez (Mar. 8:31; 9:31; 10:32), Jesús habló de su camino a la cruz. Cada vez el informe llega a ser más sombrío. No obstante, aun cuando la crisis estaba cercana, él se ocupó de cuatro situaciones: ambiciones no santificadas, fe intensa, cruz versus corona, y maldición y purificación.`

I. Ambición no santificada (Mar. 10:35-45).

Previamente, Jesús había definido la grandeza en términos de servicio, y advirtió a quienes buscaban ser los primeros que serían realmente los últimos (Mar. 9:33-37). ¿Por qué, entonces, pidieron Santiago y Juan que Jesús les permitiera sentarse a la derecha y a la izquierda, en su trono celestial? (Mar. 10:35-37). El requerimiento pudo haber sido sincero y fervoroso, pero ¿no era ambicioso e inaceptable? Los cristianos no deberían pedir a Dios que se haga lo que ellos desean; en cambio, deben acercarse a él con la actitud de No mi voluntad, sino la tuya sea hecha. Si, como piensan algunos, Santiago y Juan probablemente hayan sido primos de Jesús (ver 5 CBA 453) es posible que esperaran que él les concediera el pedido. Probablemente, estaban en mejor situación que los demás, en lo social. (Su padre era suficientemente rico como para emplear siervos; ver Mar. 1:20.) Pero dejaron de percibir un principio importantísimo: “En el Reino de los cielos, no se alcanza la posición por favoritismo. No se la gana ni se la recibe como un regalo arbitrario. Es el resultado del carácter. La corona y el trono son las prendas de una condición alcanzada; son las arras de la victoria sobre sí mismo por medio de nuestro Señor Jesucristo” (DTG 503).

Jesús es nuestro ejemplo. “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45).

II. Fe intensa (Mar. 10:46-52).

Jesús iba a Jerusalén para observar la Pascua. Lo seguía una gran multitud; pero ninguna muchedumbre era demasiado grande como para impedirle que notara el clamor de la fe. Esta vez, el clamor provino de Bartimeo, un mendigo ciego. Con un impedimento físico, socialmente excluido, golpeado por la pobreza y condenado como pecador, detuvo al Señor del universo en la calle principal. Ésa es la belleza y la maravilla del evangelio: Jesús se interesa en cada individuo. Ni su agonía inminente ni el ruido de la multitud impidieron que Jesús atendiera las necesidades de una sola persona impotente.

Bartimeo era un mendigo. No tenía nada. Fue su corazón el que conquistó sus circunstancias. La fe no requiere ojos ni oídos, pies ni manos. Todo lo que necesita es un corazón anhelante por conectarse con su Hacedor.

“Su fe perseverante es recompensada. [...] Todos los que sienten necesidad de Cristo como la sintió el ciego Bartimeo, y tengan tanto fervor y tanta determinación como él tuvo, recibirán como él la bendición que anhelan”.–“Comentarios de Elena G. de White” (5 CBA 1.086).

III. La cruz versus la corona (Mar. 11:1-12).

La tercera situación que analizaremos en el estudio de esta semana es muy delicada: la ansiedad de la multitud de hacer rey a Jesús, y la resolución de Jesús de ir, en cambio, a la cruz. Pareciera que la gente había esperado esta ocasión por demasiado tiempo. El Hacedor de Milagros ciertamente era digno de la coronación, porque con una palabra podía conquistar al ejército romano y establecer el trono de David. Expresaron sus esperanzas de este evento con fuertes hosannas (vers. 9). Sin embargo, Jesús “permaneció fiel a la humilde suerte que había aceptado. Debía llevar la carga de la humanidad hasta el momento de dar su vida por la del mundo” (DTG 526).

Nuestros conceptos acerca de Jesús están limitados por nuestros deseos egoístas. Sin embargo, Jesús tenía una visión más amplia. La gente esperaba que se proclamara como el Mesías de un reino terrenal. Pero el concepto del Mesías y de su reino que tenía Jesús era totalmente diferente del de ellos. Llevar la cruz debe preceder al gozar de la corona.

IV. La maldición y la purificación (Mar. 11:12-24).

Marcos 11:12 al 24 presenta la cuarta situación para nuestro estudio de esta semana: la maldición de una higuera estéril y la purificación del Templo. Llevar fruto es una parte necesaria de la vida. En lo personal, debemos estar arraigados en el terreno de la fe para llevar el fruto del Espíritu. Los creyentes deben arrepentirse, adorar a su Hacedor, alabar su nombre y entregarse a su servicio. Sin embargo, si todo lo que tenemos es el frondoso follaje de la pretensión, Jesús debe actuar. Con la justicia en sus labios, con un látigo en sus manos (Juan 2:15), el Señor maldijo la higuera estéril y purificó el Templo de sus prácticas impías.

Donde la fe en Dios sea profunda y permanente, la higuera producirá frutos y el Templo llegará a ser el lugar de la habitación de Dios. La fe genuina tiene el poder de abrir las puertas del Cielo, contra las cuales las puertas del infierno no prevalecerán.

 


 

Estudio Bíblico Inductivo

Textos para estudiar: Marcos 10:32-11:26.

1.      Cuando Bartimeo oyó que Jesús pasaba cerca, hizo un llamando: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Mar. 10:47). A pesar de las burlas de la multitud, no dejó que lo silenciaran hasta que captó la atención de Jesús. Su persistencia dio resultados: Jesús le restauró la vista. El testimonio de las Escrituras es: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19). ¿Qué te enseña este versículo?

2.      La entrada triunfal (Mar. 11:1-11) fue una de las pocas veces, en su ministerio público, que Jesús permitió que sus seguidores lo honraran como el Mesías. La forma en la que entró en Jerusalén fue el cumplimiento de una profecía. No obstante, Jesús sabía que antes de que terminara la semana él sería abandonado por sus amigos, condenado por sus enemigos y crucificado. ¿Qué conceptos equivocados acerca de Jesús todavía persisten entre los cristianos y los no cristianos? ¿Qué podemos hacer para corregir estos conceptos?

3.      Una “justa indignación” rara vez es ambas cosas. ¿Qué derecho tenía Jesús de interrumpir las ceremonias del Templo al volcar derribar las mesas de los cambistas? ¿En qué forma esta indignación es diferente de la que podemos sentir para vencer el mal?

4.      Elena de White escribió: “La maldición de la higuera era una parábola llevada a los hechos” (DTG 535). Ella sigue diciendo que fue una advertencia contra el orgullo, la suficiencia propia y la ausencia de humildad, amor y benevolencia. Pasa unos momentos reflexionando sobre la riqueza y el talento, representados por nuestros feligreses e instituciones alrededor del mundo. Compara éstos con los sencillos principios del Reino demostrados por los miembros. NOTA: No es que unos somos buenos y los otros malos; todos necesitamos llevar adelante la comisión que Cristo nos dejó.

 

Testificación

En nuestro estudio de esta semana, el autor nos habla de la intensa oscuridad espiritual que rodea a los que no han encontrado todavía a Jesucristo como su Amigo y Compañero personal. Esta imagen es contrastada con la explosión de una intensa luz, que envuelve al pecador en el momento de su conversión espiritual. La luz lleva al converso a una vida que sigue el modelo del ejemplo mismo de Cristo.

Muchos de los milagros que Jesús realizó durante su ministerio aquí, en la tierra, involucraban mejorar la calidad de vida de quienes los recibieron. Jesús estaba profundamente conmovido por la fragilidad humana y el sufrimiento producido por los ataques incesantes de Satanás y sus ángeles malignos. El Hijo de Dios sanó a los enfermos, los inválidos, los lisiados y los dementes endemoniados. El bienestar físico, mental y emocional a menudo fueron restaurados mediante la naturaleza amante y compasiva de Cristo.

Hoy, nuestra iglesia obra mediante una enorme red de instituciones del cuidado de la salud alrededor del mundo. Incontables vidas han sido tocadas y mejoradas mediante este ministerio de persona a persona. Por toda la tierra hay hospitales, clínicas, lanchas misioneras, centros de rehabilitación y otras instituciones, operadas por los adventistas del séptimo día, con profesionales dedicados y comprometidos. Miles de hombres, mujeres y niños de todas las culturas y trasfondos sociales, creyentes y no creyentes por igual, experimentan diariamente el toque sanador de este ministerio ubicado en sus propias comunidades.

Ministrando a los niños del mundo, hay miles de educadores adventistas comprometidos, que sirven en el sistema educacional de la iglesia para marcar una diferencia en la vida de cada niño. Estos soldados de infantería del ejército de Cristo están dedicados con determinación a transformar sus circunstancias mediante la educación de la mente, el corazón y el alma.

El cuidado de la salud y la educación: éstas son sólo dos de las áreas en las que la iglesia está en acción; dos áreas del ministerio donde tu contribución como voluntario o como empleado es muy valiosa. Tu participación producirá una diferencia en la calidad de vida de los que alcances. Serás un portaluz que sigue el modelo de Jesús, la Luz del mundo.

 

Aplicación a la Vida

Rompamos el Hielo: ¿Qué harías si te dijeran que sólo te quedan 24 horas de vida? ¿A quién verías? ¿Qué clase de remordimientos tendrías acerca de la vida que has llevado hasta ese momento? ¿Serían, las últimas 24 horas, similares a los demás días? Si fuera así, ¿qué clase de afirmación de tu vida ofrecería ese último día? ¿Qué pasaría si ese último día estuviera repleto de esfuerzos por hacer lo que hubieras querido hacer, o dejaste de hacer en tu vida?.

Preguntas para Reflexionar:

1.      La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén fue el cumplimiento de la profecía mesiánica de Zacarías. ¿Qué otras razones tenía Jesús para entrar en la ciudad de esa manera?

2.      Cuando Jesús entró en Jerusalén le salió al paso una multitud gritando “Hosanna”, animándolo a hacerse rey. No obstante, menos de una semana más tarde, muchas personas de esa misma multitud estaban gritando que lo crucificaran. ¿Qué hizo que estas personas cambiaran de idea tan rápidamente? ¿Por qué la raza humana es tan voluble?

3.      En la tradición judía, un rey que cabalgaba en un pollino simbolizaba una venida pacífica, mientras que si montaba un caballo, simbolizaba guerra. Jesús, el Conquistador del mal, escogió montar un pollino. ¿Por qué? Este mismo Jesús es mencionado también como un cordero y a la vez como un león. Explica esta aparente contradicción de términos. ¿De qué modo se relacionan con el carácter de Cristo?

Preguntas de aplicación:

1.      Durante la última semana de la vida de Cristo, su mente estaba cargada y agotada con muchos cuidados. ¡Tantas cosas habían de ocurrir en un período tan corto! No obstante, en su camino a Jerusalén, se tomó el tiempo para detenerse y sanar a Bartimeo. En el mundo agitado de hoy, ¿qué podemos aprender acerca de las prioridades, por medio del ejemplo de Jesús durante sus últimos días?

2.      Los días finales de la vida de Jesús estuvieron repletos de urgencias. Había tanto trabajo que hacer. A pesar de esta atmósfera estresante, Jesús mantuvo la capacidad de distinguir lo que era urgente de lo que era importante. Él sabía que purificar el Templo era importante; él sabía que sanar a Bartimeo era importante. ¿Cuál es la diferencia entre lo urgente y lo importante? ¿De qué manera, a veces, lo urgente estorba la realización de lo que deberíamos hacer?

3.      De muchas maneras, vivir hoy es como estar parado a la puerta de Jerusalén, esperando que Jesús entre cabalgando por segunda vez. ¿Cuáles son los elementos de nuestra vida que pueden cegarnos e impedirnos que reconozcamos al Rey cuando venga para llevarnos a casa? ¿Qué cosas en nuestra vida pueden hacernos traicionar a Jesús?

 

 

 

 

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