
| Predicción de la Pasión | ||
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Para el 7 de Mayo de 2005 |
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Material Auxiliar |
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Texto Clave: Marcos 8:31-33 |
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Objetivos para el Maestro 1. Comprender por qué fueron necesarios el sufrimiento y la muerte de Cristo. 2. Enfatizar que, a los ojos de Dios, todos somos igualmente valiosos y dignos de salvación. 3. Explicar cómo la Pasión de Cristo era central en su calidad de Mesías.
Bosquejo de la Lección I. En la cruz (Mar. 8:31). A. La muerte de Cristo fue un éxito, no una vergüenza o un fracaso. B. Sin la muerte de Cristo, su vida y sus enseñanzas habrían tenido poco sentido. C. Si Cristo no hubiera sido quien decía ser, su muerte hubiera tenido poco o ningún significado. II. La imparcialidad de Cristo (Mar. 7:26-29). A. En sus comentarios acerca de la mujer sirofenicia, Cristo estaba satirizando las actitudes de su tiempo y su cultura. B. El ejemplo de Cristo, en este incidente, nos anima a poner a un lado los prejuicios de todo tipo. C. El tesón de la mujer es un ejemplo para los creyentes que se enfrentan a circunstancias desanimadoras. III. ¿Quién es él? (Mar. 8:27-29). A. No cabe la posibilidad de afirmar que Jesús fue sólo un hombre bueno. B. Si aceptamos que Jesús era el Mesías –y divino–, debemos aceptar también la necesidad de su sufrimiento y muerte por nosotros, y de seguir su ejemplo. C. La muerte de Jesús fue efectiva para nuestra salvación, porque él era Dios.
Resumen Muchos se conforman con aceptar que Jesús fue un hombre extraordinariamente bueno y un “gran maestro”. Los cristianos que toman la Biblia en serio, sin embargo, deben considerar que esas descripciones son ciertas, pero inadecuadas. Jesús no fue solamente ni un gran maestro ni un buen hombre, sino el Mesías Prometido y el Hijo de Dios.
Comentario Nuestro estudio de esta semana enfoca a Jesús como el Señor de todo, el Hijo de Dios, el Señor de la Cruz y el Señor de gloria. I. Jesús, el Señor de todos. Ninguna figura religiosa ni ningún filósofo enseñó alguna vez la unidad de la humanidad como lo hizo Jesús. Él mismo fue el Creador y Redentor, y no admite factores divisivos que se interpongan entre las personas: género, raza, tribu o casta (Gál. 3:28). Dos milagros que analizaremos en el estudio de esta semana enfatizan que Jesús no reconocía esas barreras. El primer milagro ocurrió cuando una mujer sirofenicia se acercó a Jesús en favor de su hija poseída por un demonio. Considera los factores que había en contra de ella: era una mujer; era gentil; hablaba griego. Todas estas cosas la condenaban, ante la mentalidad judía, como la peor de las paganas. No obstante, su fe, combinada con su amor maternal, la animó a ir a Jesús. Añade el amor maternal por su hija a su fe en Cristo, y tendrás una combinación poderosa. Pero la respuesta del Salvador pareció dura: “Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos” (Mar. 7:27). Sin embargo, la fe de la mujer miraba más lejos. En medio de lo que parecía cruel, ella percibió la esperanza. En primer lugar, Jesús usó la palabra griega kunária, que se refiere a perritos como mascotas, en vez de usar la palabra kúon que se refiere a un perro ordinario, de la calle. Segundo, su fe hizo que no pidiera panes enteros, sino sólo las migas. La fe salvadora se aferra de cada oportunidad que ofrece Jesús, por pequeña que ésta sea. La hija de la mujer fue sanada, y los discípulos aprendieron que Jesús es el Señor de todos; que los gentiles no estaban fuera del alcance de su misericordia. El segundo milagro es la alimentación de los cuatro mil (Mar. 8:1-9). Mientras que la alimentación de los cinco mil (Mar. 6:35-44) ocurrió entre judíos, este milagro sirvió a los gentiles, mostrándoles que Jesús, el Pan del cielo, es para ambos grupos. “Las castas son algo aborrecible para Dios. Él desconoce cuanto tenga ese carácter. A su vista, las almas de todos los hombres tienen igual valor. [...] Sin distinción de edad, jerarquía, nacionalidad o privilegio religioso, todos están invitados a venir a él y vivir” (DTG 370). II. Jesús, el Hijo de Dios. “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” (Mar. 8:27). La respuesta que demos a este interrogante determinará nuestro destino. Es sorprendente que Jesús haya hecho esta pregunta en Cesarea de Filipo, donde Baal reinó una vez, y los dioses romanos y la mitología griega toleraban un estilo de vida permisivo y promiscuo. Pero, tal vez, frente a los numerosos dioses e indulgencias, Jesús ofreció una elección de importancia eterna. La respuesta inicial de los discípulos fue una evasiva. “Algunos dicen esto de ti, otros lo otro”. Para Jesús, lo que otros hayan dicho no tiene importancia; lo que vale, para él, es tener tu respuesta personal a su persona. Así que, Jesús repitió la pregunta en forma algo diferente: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?” Entonces, Pedro expresó una confesión que puede ser la mayor y más decisiva de la historia: “Tú eres el Cristo” (Mar. 8:29), el Hijo de Dios, el Salvador del mundo. De esta confesión depende el destino de cada uno de nosotros. III. Jesús, el Hombre de la cruz. La confesión de Pedro llevó a Jesús a bosquejar ante los discípulos el sendero que estaba ya delante de él. La entrada de Cristo en nuestra historia, dejando su trono celestial para tomar sobre sí la carne humana con toda su humillación (Fil. 2:5-8), tenía un propósito divinamente ordenado. Él no vino sólo para enseñar, sanar o revelar su Reino; el vino para morir en la cruz (vers. 8). Él previó que debía “padecer mucho, y ser desechado [...] y ser muerto, y resucitar después de tres días” (Mar. 8:31). La Cruz era un insulto insufrible para algunos, y un misterio para otros; pero siempre constituye una parte inevitable del plan redentor de Dios (Col. 1:19-22). Satanás querría que renunciáramos a ella, porque sin ella la salvación es un imposible (Mar. 8:33). Cristo, que llevó la cruz por nosotros, nos pide que llevemos nuestra cruz al seguirlo (vers. 34). No podemos ser discípulos si rechazamos cualquiera de estas cruces. IV. Jesús, el Señor de gloria. En el Monte de la Transfiguración, Pedro, Santiago y Juan vieron por anticipado al Jesús glorificado y escucharon la confirmación del Cielo acerca de su ministerio (Mar. 9:2-8). Moisés y Elías conversaron con Jesús. Ellos simbolizaban a todos los santos que heredarán el Reino de Dios: Moisés representa a los que serán resucitados en ocasión de la segunda venida de Jesús, mientras que Elías lo era de los discípulos de Jesús que estarán vivos y serán llevados al cielo cuando él venga (1 Tes. 4:16-18). Por causa del evento que ocurrió en el Monte, Pedro, Santiago y Juan quisieron hacer del lugar su hogar permanente. Pero, antes de la gloria viene el trabajo y el sacrificio, trabajo que involucra escuchar a Jesús y seguirlo cargando nuestra propia cruz.
Estudio Bíblico Inductivo Textos para estudiar: Mateo 15:21-28; Marcos 7:24-9:13; Lucas 9:28-36; 2 Pedro 1:16-21. 1. Uno de los legados más vergonzosos transmitidos por las generaciones previas de practicantes de la religión es la arrogancia espiritual: la idea de que Dios ama más a algunos y no tanto a los demás de religiones diferentes o de razas diferentes. Describe una ocasión en la que dejaste tu “zona de comodidad” para ayudar a alguien que era diferente de ti. Relata alguna ocasión en la que fuiste ayudado por alguien que pertenecía un trasfondo religioso, cultural o racial diferente del tuyo. 2. Llega un momento, en nuestra experiencia religiosa, en el que todos tenemos que responder a la pregunta de Jesús: “¿Quién decís vosotros que soy?” (Mar. 8:29). Nuestra respuesta tiene relevancia eterna, pero también es importante para el presente. ¿De qué modo tu respuesta marca una diferencia en tu vida cotidiana? 3. Compara el concepto de tomar la cruz (Mar. 8:34) con la idea de entregar tus cargas a Jesús (Mat. 11:28-30). ¿Cuáles son las implicaciones prácticas que resultan de la combinación de estos dos conceptos?
4.
Jesucristo es sólo un personaje histórico hasta
que irrumpe en nuestra existencia mortal con una demostración de
su poder y presencia sobrenaturales. ¿Qué experiencia, en tu
vida, ha hecho que Jesús sea real para ti? ¿Cómo has crecido en
tu relación con él desde aquella experiencia?
Testificación Nuestro estudio de esta semana contiene numerosas declaraciones reveladoras que invitan a mirarlas más de cerca. “Jesús nació... para morir”. ¡Sorprendente! Sería inconcebible para nosotros que trajéramos un hijo al mundo con el propósito expreso de entregarlo para morir. No obstante, Cristo, uno con el Padre y Señor del universo, dejó su trono y su hogar celestial, para nacer en forma humana con el único propósito de perder su vida en la cruz. Él, voluntariamente y con amor, tomó sobre sí mismo la inimaginable carga de los pecados de la humanidad; los pecados de todos los que alguna vez hayan vivido sobre la tierra. Él ofreció su vida sin pecado a Dios el Padre, como sustituto por la humanidad, porque era la única forma en que la Ley de Dios podía ser cumplida. Contar a todos los que podamos acerca de este increíble don de la salvación debería ser el propósito principal de nuestra vida aquí, sobre la tierra. Si no estamos haciendo de esto una prioridad en nuestras vidas, ¿qué más sería necesario que ocurriera para que lo hagamos? ¿Qué podría hacer Cristo para captar nuestra atención completa? “Es un testimonio atemorizador acerca del mal del prejuicio el hecho de que, aun entre los que asisten a la iglesia, males como el racismo, el tribalismo, el nacionalismo desenfrenado y el fanatismo hayan quedado arraigados”. ¡Otra declaración difícil de digerir! ¿Es posible que estés pensando que hace mucho que debería haber sido expresada esta declaración, porque hay personas a tu alrededor a quienes se aplica? ¿Estás absolutamente seguro de que no se aplica de ningún modo a ti? ¿Qué te hace sentir tan seguro de que estás exceptuado de mostrar este tipo de conducta? De acuerdo con la afirmación de que tú “diriges con el ejemplo”, ¿qué ejemplo estás dando a otros en esta área? ¿Estarías preparado para mirar muy adentro de tu alma y, si no te gustara lo que encuentras allí, darías el siguiente paso para corregir el mal? ¿Cuál es el siguiente paso? “Si, como Pedro, ellos reconocen a Jesús como el Mesías, sus vidas no pueden seguir siendo las mismas”. Cuán cierto es esto. Y qué afirmación poderosa, para meditar en ella.
Aplicación a la Vida Rompamos el Hielo: La nieve que se arremolinaba y un frío intenso amenazaban las vidas de Sadhu Sundar Singh, evangelista de la India, y su compañero, mientras cruzaban un paso en el Himalaya. Peleando contra el “sueño de la muerte”, tropezaron contra un montículo en el sendero: era un hombre, casi muerto. El compañero rehusó detenerse, y continuó su camino. Singh, sin embargo, cargó al hombre de la mejor manera que pudo. Por medio de su esfuerzo comenzó a entrar en calor, y también el hombre inconsciente. Al acercarse a la aldea, encontraron al compañero, congelado por el frío. Preguntas para Reflexionar: 1. La Cruz es un símbolo destacado de lo que trata el cristianismo: dolor, sufrimiento, sacrificio y, por último, la victoria. La Cruz era algo que sólo una Persona en todo el universo podía soportar. En el mundo mercantilista de hoy, la Cruz a veces no es más que una afirmación de moda. ¿Qué simboliza la Cruz? ¿De qué manera la percepción que tiene la sociedad de la Cruz afecta su simbolismo cristiano? 2. Pablo es un ejemplo perfecto de lo que significa llevar la cruz y seguir a Jesús. Este hombre renunció a todo lo que tenía para seguir a Jesús; procuró que el yo nunca tuviera lugar en su caminar con el Señor. ¿Qué significa llevar la cruz y seguir a Jesús hoy? ¿Espera Dios que renuncies a todo, como lo hizo Pablo? ¿De qué maneras llevar la cruz es lo mismo hoy que en aquel entonces? ¿De qué modo es diferente? 3. ¿Cuál es el papel de la cruz, de acuerdo con el versículo para memorizar de esta semana: “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mar. 8:34)? Preguntas de aplicación: 1. Llevar nuestra cruz es más que meramente aceptar a Cristo y seguir su ejemplo. Tiene que ver con nuestra abnegación completa; tiene que ver con morir a tu naturaleza pecaminosa y que Cristo viva en ti. ¿De qué modos prácticos puedes llevar tu cruz en tu vida diaria? 2. “Santiago, el hermano de Jesús, y Santiago el hijo de Zebedeo predicaron y fueron muertos por turbas en Jerusalén; Mateo fue asesinado a espada en Etiopía; Felipe fue colgado en Frigia; Bartolomé, desollado vivo en Armenia; Andrés fue crucificado en Acaya; Tomás fue atravesado por una lanza en la India Oriental; Tadeo fue muerto a flechazos; una cruz se levantó en Persia para Simón el Celote, y otra en Roma para Pedro; Matías fue decapitado; sólo Juan escapó de la gracia de ser un mártir”.–Frank S. Mead, en Draper’s Book of Quotations for the Christian World, cita 2825. Esos fueron hombres que llevaron su cruz. ¿Por qué fue tan valiosa para ellos? ¿Estarías listo para hacer lo mismo hoy, como testimonio de tu compromiso con el Señor?
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