
| En Galilea | ||
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Para el 23 de Abril de 2005 |
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Material Auxiliar |
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Texto Clave:
Marcos 4:10, 11 |
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Objetivos para el Maestro 1. Comprender que las parábolas y los milagros de Jesús, registrados en Marcos, nos hablan del Reino de Dios. 2. Demostrar cómo este Reino se manifiesta en medio del mundo nuestro de todos los días. 3. Aplicar las lecciones de las parábolas y los milagros a nuestras propias vidas.
Bosquejo de la Lección I. El Reino es como una semilla (Mar. 4:30-32). A. El Reino de Dios es diferente del mundo, pero está insertado en él. B. La gente tiene la opción de ignorar o rechazar el Reino. C. El Reino de Dios contrasta con las autoridades terrenales, que gobiernan con el recurso de la fuerza. II. Cosas jamás vistas (Mar. 4:35-40). A. La fe puede no siempre significar una respuesta racional a los eventos externos. B. En tiempos de prueba es fácil creer que Dios no se interesa o ni siquiera existe. C. Podemos tener fe, a pesar de nuestros sentimientos de duda. III. Fe tóxica (Mar. 5:25-28). A. Las interpretaciones falsas, de las enseñanzas religiosas del tiempo de Jesús, llevaron a muchos a ubicar mal su fe o a perderla enteramente. B. Las enseñanzas legítimas pueden ser mal interpretadas de tal manera, que lleguen a ser peligrosas para la fe verdadera. C. Debemos ser cuidadosos acerca de cómo aplicar nuestras creencias y prácticas profundamente arraigadas.
Resumen Jesús fue y es ampliamente conocido por sus milagros y parábolas. Todos ellos, especialmente los presentados en Marcos, no fueron milagros y maravillas hechos al azar, sino que estaban estrechamente centrados en el mensaje y en la misión de salvación de Jesús. Hasta hoy, nos enseñan verdades esenciales acerca de la naturaleza y el carácter de Dios, y su voluntad para nosotros.
Comentario El estudio de esta semana se ocupa de cuatro parábolas y cuatro milagros que presentan a Jesús como el gran Maestro y el Señor de todo poder. I. Jesús: el gran Maestro. La parábola del sembrador (Mar. 4:3-20). La primera lección que enseña esta parábola es cuán generosamente otorga Dios su verdad y su gracia a la humanidad. Dios siembra la semilla de la verdad en forma amplia. Sin embargo, no obliga a nadie a aceptarla. El resultado de esta siembra depende de las condiciones del suelo, el corazón humano. Ésa es la segunda lección de esta parábola. La diferencia entre los primeros tres tipos de suelo y el último es el desarrollo de raíces y el llevar fruto. El llevar fruto requiere una respuesta absoluta a la Palabra de Dios y una firme raigambre en ella. La parábola de la semilla que crece (Mar. 4:26-29). Esta parábola sólo se encuentra en Marcos. Su énfasis no está en la respuesta humana sino en que no se puede evitar el reinado de Dios. No podemos crear el Reino; su crecimiento es tan imperceptible y seguro como la vida en una semilla. Su consumación es real, y conducirá a una cosecha o a un juicio. La parábola de la semilla de mostaza (Mar. 4:30-32). Esta parábola toma la figura de la semilla más pequeña y muestra cómo crece hasta un tamaño astronómicamente mayor que el de sus comienzos. (Se necesitan unas veinte mil semillas de mostaza para que pesen treinta gramos o una onza.) Jesús, a menudo, habló acerca del valor de lo pequeño: la blanca de la viuda, la moneda perdida, una taza de agua fría, uno de estos pequeños (Mat. 10:42; Luc. 15:8-10; 21:2-4). En estos símbolos minúsculos de la existencia brilla la gloria de Dios. Los fariseos se referían a las aves del cielo como un símbolo de los gentiles. Como la planta de mostaza proveía abrigo a las aves del cielo, así el Reino crea un lugar para “anidar” a todos los pueblos de la tierra. La parábola de la lámpara (Mar. 4:21, 22). Aquí, Jesús reveló ciertos elementos esenciales del Reino que ningún cristiano puede ignorar. El Reino es luz. Debemos evitar que la luz sea suprimida por la indiferencia descuidada o el almacenamiento egoísta. Los discípulos genuinos no esconderán la luz debajo de un balde de abundancia o una cama de comodidad. II. Jesús: el Señor del poder. Nuestra lección se refiere a cuatro milagros que testifican que Jesús es el Señor que tiene poder sobre la naturaleza, los demonios, la enfermedad y la muerte. (Mar. 4:35-5:43). Calmó la tempestad (Mar. 4:35-41). El mar de Galilea se encuentra a doscientos metros bajo el nivel del mar, y está rodeado de colinas. Los vientos que soplan a través de esas colinas a menudo causan tormentas repentinas. Por eso, una tormenta no era una sorpresa; pero aquí se describe el pánico del ser humano y el poder de la Deidad. Los discípulos habían presenciado el poder de Jesús sobre la naturaleza muchas veces. No obstante, con temor, lo despertaron para hacerle la pregunta más asombrosa: “¿No tienes cuidado? (vers. 38). La incredulidad es la madre del pánico; y persiste en la naturaleza humana, a menos que ésta continuamente se someta a Dios. La curación del endemoniado (Mar. 5:1-20). El endemoniado era un retrato patético de la desgracia humana; pero con la presencia y la intervención de Jesús se produjo un cambio. Los demonios ciertamente conocían a Jesús, y su destino inminente provocó un pedido extraño: “Envíanos a los cerdos” (vers. 12). De este modo, una piara de dos mil cerdos se precipitó por el despeñadero a su muerte. Sin embargo, el endemoniado surgió a una vida nueva. Los aldeanos vieron el milagro, pero eso no produjo ninguna diferencia en su cosmovisión: los negocios eran más importantes que la transformación de un alma. La curación de una mujer enferma y la resurrección de una niña muerta (Mar. 5:21-43). Además de que estos dos milagros muestren el valor que asignaba Jesús a una sola persona, exhiben, también, que para él no hay hombre o mujer, judío ni gentil. Él no es sólo el Señor de la vida, sino también el que destruye toda barrera que divide y degrada la vida. La mujer había sufrido durante doce años de una hemorragia, y había gastado todo lo que poseía buscando una curación. Sin embargo, la fe conquista montañas. Ella creyó que sólo con tocar a Jesús recibiría gracia y sanidad. Conocer a Jesús no es lo mismo que dedicar tu vida a él; la mujer escogió lo último, y el poder divino fluyó del Creador a su cuerpo enfermo. “Ella lo tocó con fe, creyendo con una fe desesperada, y él se detuvo. El toque de una mujer anónima, en una multitud, detuvo al Señor de la gloria. Ésa es la verdad gloriosa de este incidente. Ella lo tocó. También podemos hacerlo nosotros”.–Peter Marshall, Mr. Jones, Meet the Master, p. 182. La resurrección de la hija de Jairo (Mar. 5:22-24, 35-43) también revela que Jesús no hace acepción de personas. Es la necesidad y la fe de la persona lo que define el ministerio salvador de Jesús. La fe de Jairo fue una fe salvadora, y comenzó cuando Jairo rechazó el prestigio social y religioso que había en su cargo. Puso a un lado su dignidad, su orgullo y, tal vez, sus amigos más cercanos, para buscar a Jesús. La fe dio a Jairo la esperanza de que Jesús trajera a su hija otra vez a la vida. Jesús hizo precisamente esto. “Niña, a ti te digo, levántate” (Mar. 5:41), ordenó Jesús. Luego, indicó que le dieran de comer. ¡Qué cuadro de compasión en un momento en el que las niñitas eran consideradas sólo cosas para hacer trabajos que estaban más allá de la capacidad de su edad! La lección no tiene límite de tiempo. Los niños son preciosos a la vista de Jesús. El abuso de los niños viola su inocencia y pone sobre el niño una carga para toda la vida. Es un pecado mortal; los abusadores no pueden escapar del juicio, a menos que se arrepientan y abandonen esa conducta. Pero, aun para ellos la gracia de Jesús es suficiente.
Estudio Bíblico Inductivo Textos para estudiar: Marcos 4:1-5:43. 1. Lo frustrante en la jardinería es que no podemos obligar a que algo crezca. Podemos preparar el suelo, proveerle fertilizante y agua, pero el crecimiento mismo de la semilla está fuera de nuestro control. En la parábola del sembrador (Mar. 4:3-9), la única diferencia entre el éxito y el fracaso fue el tipo de suelo. ¿De qué modo podemos ayudar a Dios a transformar el suelo pedregoso y lleno de espinas en suelo fértil? 2. Debe de haber sido una tormenta muy severa la que azotó a los pescadores experimentados y que ahora estaban aterrorizados. Gradualmente, su atención pasó de la tormenta a la inactividad de Jesús en su favor. Dijeron: “Maestro, ¿no tienes cuidado?” (Mar. 4:38). A menudo, luchamos con circunstancias que parecen insalvables. Pero, así como Jesús respondió a los discípulos con una pregunta, él nos dice: “¿Por qué estaban tan asustados?” (Vers. 40, TLA). Invita a los miembros de tu clase a compartir brevemente el relato de alguna ocasión en la que se sintieron abandonados por Dios y cómo se les recordó su presencia constante. 3. La historia del endemoniado (Mar. 5:1-20) es otro ejemplo de cómo la misma situación provocó reacciones muy diferentes entre las personas involucradas. Algunos vieron a Jesús como un Salvador; otros, como una amenaza. Ninguno pudo permanecer neutral. Las instrucciones de despedida de Jesús al hombre que estuvo poseído por los demonios son aleccionadoras (vers. 19): Nuestra misión no es tanto convertir a los extraños, como testificar acerca de la misericordia de Dios en nuestras vidas en nuestro ámbito cercano. ¿Cuál es la esencia de tu testimonio? 4. Los milagros de Jesús en favor de la mujer enferma y la niña muerta involucraron el hecho de la restauración. Él no sólo las devolvió a la salud y a la vida; las restituyó a sus familias, a sus comunidades, a vidas de servicio para Dios. ¿Cómo estás usando tu vida en Cristo para servir a Dios y a los demás?
Testificación La preparación para ser un gran violinista debe comenzar temprano en la vida. Practicar con fidelidad y constancia produce mejoras: una mejor interpretación de la música, un mayor control de los dedos, mayor comprensión del instrumento, su flexibilidad y sus limitaciones. A medida que pasa el tiempo, tras muchas horas de práctica, una firme determinación y con una concentración invariable, los sonidos avanzan de ser desastrosos a ser emocionantes. Sin embargo, el proceso puede llevar toda una vida. Así ocurre con la experiencia cristiana. Nuestra jornada espiritual comienza el día de nuestra conversión. A veces, parece que cuanto más tratamos de seguir el plan de Dios para nuestra vida, tantos más fracasos encontramos. El diablo trabaja incansablemente para desanimarnos y desviarnos de toda manera posible. Sin embargo, si mantenemos nuestros ojos constantemente fijos en Jesús, permaneceremos inmunes a los engaños de Satanás. Como Pedro lo aprendió por dura experiencia, cuando quitamos los ojos de nuestro Salvador, aun por un momento, comenzamos a perder el control y nos hundimos rápidamente. Nada agrada más a Satanás que ver a los hijos de Dios en dificultades; nada complace más a Dios que responder a nuestro clamor por ayuda. Tómate el tiempo, esta semana, para responder a las siguientes preguntas: ¿Por qué resulta tan difícil para nosotros pedir ayuda, cuando sabemos que nuestro Padre celestial desea intensamente escucharnos? ¿Por qué no hacemos mayores esfuerzos para ayudar a otros, a quienes vemos luchar con el pecado? ¿Por qué demasiado a menudo parecemos clamar a Dios sólo cuando estamos desesperadamente en necesidad? Los que nos rodean, que no han aceptado todavía a Jesús como su Salvador personal, no han comenzado aún su derrotero espiritual. No debemos perder ninguna oportunidad para abrir el plan de salvación ante ellos. Satanás hará cualquier cosa que pueda para arrojar piedras de tropiezo en nuestro camino, a fin de impedirnos testificar. Prepárate para grandes olas en esos momentos: cuanto más difícil el camino, más dulce es el destino.
Aplicación a la Vida Rompamos el Hielo: Un oficial militar y su esposa estaban a bordo de un barco que fue atrapado por una furiosa tormenta oceánica. Viendo la mirada angustiada en los ojos de su esposa, el hombre trató de calmarla; pero, por más que le hablaba, la mujer seguía histérica. Él puso la mano sobre la empuñadura de su espada. –¿Tienes miedo de esto? Sin vacilación, ella respondió: –¡Por supuesto que no! –¿Por qué no? –le preguntó él. –Porque está en tu mano, y tú me amas demasiado como para herirme.
A esto, él
sonrió y contestó: Yo conozco a aquél que tiene el viento y las aguas en la palma de su mano, y seguramente nos cuidará. Preguntas para Reflexionar: 1. El mar de Galilea tenía una mala reputación; así que, cuando Jesús calmó sus aguas, realmente era un hecho muy importante. ¿Qué tuvo que ver este milagro con su afirmación de ser Dios? ¿Qué clase de seguridad nos da el saber que Dios tiene dominio sobre toda la creación? 2. Los discípulos tuvieron temor de la tormenta, y estaban molestos porque Jesús parecía no preocuparse por el peligro inminente. Pero entonces, aun después de que despertaron a Jesús y él calmó la tormenta, los discípulos siguieron con temor. ¿Era diferente el temor que tuvieron antes de la tormenta del que tuvieron después de ella? Explica tu respuesta. ¿Por qué siguieron con miedo después de que Jesús calmó la tempestad? ¿Con qué clase de experiencias semejantes puedes identificarte en tu vida? 3. Los mismos discípulos que habían presenciado milagros anteriores de Jesús estaban asombrados cuando calmó el mar. ¿Por qué, entonces, crees que hicieron la pregunta: “¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Mar. 4:41)? ¿Qué quisieron decir cuando cuestionaron su identidad? Preguntas de aplicación: 1. Siendo que Jesús estaba durmiendo durante la tormenta, los discípulos supusieron que él no estaba interesado en ellos. ¿Qué te hace cuestionar si Jesús se preocupa por ti o no? ¿Cómo puedes descubrir su cuidado por ti? ¿De qué modo el conocimiento de que Dios está en el control total del universo marca una diferencia para ti? 2. ¿Qué lecciones puedes obtener del milagro de la tempestad, que te puedan ayudar a soportar las adversidades de la vida? ¿Por qué el mero conocimiento teórico de Dios es insuficiente para atravesar tiempos difíciles? 3. ¿Qué significa la palabra fe en la historia en la que Jesús calmó la tormenta? Piensa en una ocasión en la que el temor te impidió actuar con fe. ¿Cómo te sentiste acerca de esa situación? ¿Qué temores te estorban para compartir a Jesús más fácilmente con otros?
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