
| Traición y arresto | ||
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Para el 11 de Junio de 2005 |
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Material Auxiliar |
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Texto Clave: Marcos 14:24, 25 |
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Objetivos para el Maestro
Bosquejo de la Lección
Al afirmar la divinidad de Jesús, es importante recordar que su muerte y su sufrimiento fueron reales. Nosotros, así como las personas y los eventos que rodearon a Jesús, somos partícipes en las causas y los efectos del evento más importante de la historia.
Nuestro estudio de esta semana (Mar. 14:1-50) presenta diversas reacciones ante la Cruz. También estudia la Cena del Señor como un recordativo de la muerte de Jesús y de su lucha en el Getsemaní. I. La Cruz: reacciones humanas. Nuestra lección registra tres reacciones posibles ante la Cruz. Aceptación (Mar. 14:3-9). En la casa de Simón, María de Betania quebró “un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio” (vers. 3) con el que ungió a Jesús, honrando así su muerte. Su acto despertó críticas al instante. ¿Por qué este desperdicio?, protestaron algunos, siendo Judas el promotor del desacuerdo (ver Juan 12:4, 5). ¿Cuántos pobres podrían haber sido auxiliados? Pero el dinero no es la medida de la gratitud del corazón: Jesús vio en el acto de María su aceptación de la Cruz, y definió su devoción como el ungimiento de su cuerpo para la sepultura (Mar. 14:8). “Por su gracia, ella llegó a ser participante de la naturaleza divina” (DTG 521). Traición. El reconocimiento que dio Jesús a María fue el acto final que condujo a Judas a “los principales sacerdotes para entregárselo” (Mar. 14:10). La traición de Judas implicó una degradación lenta e imperceptible. El yo dominaba tanto a Judas, que el discipulado, para él, era sólo una manera de alcanzar su propia gloria. Todo lo que él podía ver era el dinero; todo lo que él podía sentir era lo inmediato. Era totalmente insensible a la verdad de que la vida consiste en algo más que lo material. En el reino de Judas, no había lugar para la Cruz; y por eso lo traicionó. Fracaso. Cuando Jesús predijo que Pedro lo negaría tres veces antes de que el gallo cantara dos veces, Pedro insistió en que no lo haría, y que aun estaba listo para morir con Jesús (Mar. 14:27-31). Pedro tenía demasiada confianza propia como para reconocer los peligros y el precio del discipulado o el poder del tentador. Cuando llegó el momento, Pedro no sólo negó haber conocido alguna vez a Jesús, sino también “comenzó a maldecir y a jurar” (vers. 66-72). Sin embargo, el remordimiento siguió a la negación; y Pedro lloró amargamente. Las lágrimas de arrepentimiento son positivas para que comencemos de nuevo. Pedro hizo exactamente eso, ¡y qué apóstol de la Cruz llegó a ser! II. Éste es mi cuerpo; ésta es mi sangre. Jesús estableció el rito de la Cena del Señor en la víspera de la crucifixión. La Cena era un recordativo de que “la noche que fue entregado” (1 Cor. 11:23), llegó a ser el Cordero pascual anunciado en el ritual hebreo. El pan y el vino eran símbolos de su cuerpo a punto de ser quebrantado y de su sangre lista para ser derramada para la remisión de los pecados (Mar. 14:24; ver también Mat. 26:28). La afirmación de Jesús de que su sangre fue “por muchos derramada” (Mar. 14:24) es vital para experimentar y apreciar la salvación. Su sangre habla acerca del pecado. El pecado es real; se cobra un precio muy alto. Las garras del pecado son tan inmensas y mortales, que el perdón del pecado, y la libertad de su poder y su culpabilidad son imposibles sin la “preciosa sangre de Cristo”, que es su vida (1 Ped. 1:19). Al terminar la Cena, Jesús prometió no repetirla hasta que estuvieran juntos otra vez en el Reino del Padre (Mat. 26:29). Este voto brinda, a la Cena del Señor, un matiz escatológico. Con nuestra experiencia firmemente arraigada en la Cruz, esperamos la segunda venida de Cristo. III. Getsemaní: aceptación de la copa. Getsemaní fue la última batalla que libró Jesús antes de la crucifixión. La importancia de esta batalla radica en que aun entonces él podía elegir volver al Padre. Nada podía detenerlo, porque él no había pecado. Su obra fue ordenada por la Deidad y, como parte de la Trinidad, escogió tomar sobre sí la debilidad de la carne humana, y en esa misma carne derrotar a Satanás. El Getsemaní presenta una serie de lecciones de supervivencia espiritual en medio de la crisis. En primera instancia, nos muestra el lugar que ocupa la oración en nuestra relación con Dios. Sólo la oración puede conectarnos con él para hacer su voluntad. “Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Mar. 14:36). ¿Qué era esa copa que Jesús temía? La copa de Cristo “no simbolizaba el dolor físico de ser azotado y crucificado, ni la angustia mental de ser menospreciado y rechazado [...] sino, más bien, la agonía espiritual de cargar los pecados del mundo; en otras palabras, de soportar el castigo divino que aquellos pecados merecían”.–John Stott, The Cross of Christ, p. 76. Segundo, el Getsemaní reconoce que una relación sustancial con Dios es esencial para afrontar cualquier crisis. Una persona debe poder decir: “Jehová es mi pastor” antes de que pueda afirmar: “Nada me faltará”. Tercero, el Getsemaní es un llamado a renunciar al yo y a aceptar la voluntad de Dios, aun cuando eso demuestre ser una copa amarga. “Había llegado el momento pavoroso, el momento que había de decidir el destino del mundo. La suerte de la humanidad pendía de un hilo. Cristo podía aún negarse a beber la copa destinada al hombre culpable. [...] Podía decir: Reciba el transgresor la penalidad de su pecado, y yo volveré a mi Padre” (DTG 641). Pero él escogió cumplir la misión para la que había venido.
Textos para estudiar: Marcos 14:1-50; Juan 18:1-11. 1. La narración de la mujer que ungió los pies de Jesús (Mar. 14:3-9) es la historia de alguien tan apasionado acerca de la gracia que hace algo totalmente impetuoso. Impetuoso no es una palabra que la mayoría de la gente usaría para describir a los adventistas (tal vez sería sistemático). En tu congregación, ¿es la impetuosidad aceptada o condenada? ¿Qué clase de espontaneidad estimularía tu congregación? ¿Qué clase sería desanimada? 2. Es posible que el motivo de Judas al traicionar a Jesús fuera un intento de forzar a Cristo a defenderse a sí mismo, ejerciendo sus prerrogativas divinas y estableciendo su Reino. Si fuera así, Judas malinterpretó seriamente la naturaleza del Reino que Jesús vino a establecer. En los últimos dos mil años, los cristianos han usado métodos no similares a los de Cristo para edificar ostensiblemente el Reino de Dios. ¿Qué clase de Reino quiere establecer Dios en nuestras vidas? ¿En nuestras comunidades? ¿Cómo podemos asegurar que nuestros métodos están en armonía con el carácter de Cristo? 3. Que no haya dudas: Pedro hablaba en serio cuando le aseguró a Jesús: “Aunque todos se escandalicen, yo no” (Mar. 14:29). Pero Pedro no se conocía a sí mismo tan bien como lo conocía Jesús. Cuando nos desviamos de hacer la voluntad de Dios, a menudo no lo hacemos deliberadamente; es que no nos conocemos a nosotros mismos. ¿Qué te ayuda más a verte como Dios te ve? ¿De qué modo eso te ha ayudado en tu desarrollo espiritual? 4. La palabra que usó Jesús para dirigirse a su Padre, Abba, es un término cariñoso, reservado para una de las relaciones humanas más íntimas: la de un padre y un hijo. ¿De qué maneras ha demostrado Dios su cercanía a ti? ¿En qué momentos de tu vida has sentido esa proximidad?
Te deja un sabor muy amargo en la boca. Ves todo “rojo”, porque la ira ciega y cruda cubre todo alrededor de ti. Puedes planificar tu propia venganza. El dolor te inunda. Parece capaz de tragarte. Prometes que nunca permitirás que alguien llegue a estar tan cerca de ti, para que nunca te puedan hacer lo mismo otra vez. Comienzas a mantener a la gente a la distancia; de esa manera, piensas que disminuyes la posibilidad de ser herido. Todas estas reacciones, y muchas otras, son comunes ante el hecho de haber sido traicionado. Aunque nuestro Señor sufrió grandemente como resultado de un acto de traición a manos de uno de sus propios discípulos, él no demostró una reacción típicamente humana; más bien, reconoció el acto (aun cuando aceptó el beso de Judas en el proceso) sin proferir amenazas, y animó a los que estaban con él a que hicieran lo mismo. Su ejemplo, a menudo, parece ser difícil de seguir. ¿No somos nosotros mismos, a veces, los culpables de la traición? ¡Absolutamente, no!, podrías decir. Sin embargo, cada vez que encontramos excusas para no asistir a la iglesia, ¿no estamos engañando a Dios? Cuando perdemos las muchas bendiciones asociadas con devolver un diezmo fiel, ¿no estamos defraudando a Dios? Cuando dejamos de aprovechar las oportunidades para testificar, que él nos proporciona, ¿no estamos negando a Dios? Cuando rehusamos usar nuestros dones espirituales como Dios quisiera que lo hiciéramos, especialmente en el área de ministrar a los no creyentes, ¿no estamos desperdiciando los recursos que él nos ha confiado? Así como lo hizo Pedro, podemos negar a nuestro Señor de muchas maneras, pero nuestro Señor no nos negará. Él no se separará de nosotros; para que haya una separación, nosotros debemos apartarnos de él. Él nos ha asegurado que perdonará nuestros repetidos fracasos cuando estén acompañados por oraciones de contrición sincera, que emanen del corazón. Los que todavía no tienen una relación personal con Jesucristo necesitan escuchar sus promesas y su plan de redención. Dios está esperando que lo ayudemos a compartir su amor y su mensaje celestial. Respondamos diariamente a su llamado a servir.
Rompamos el Hielo: Reflexiona sobre esta oración: “Gracias, Padre, por estas lágrimas que me han mostrado la profundidad de tu amor. ¿Cómo podría haber conocido tu plenitud sin la vacuidad, tu aceptación sin el rechazo, tu perdón sin mi fracaso, tu cercanía sin esta terrible soledad? Tú me has traído al Getsemaní, y ¡oh!, qué gozo es encontrar que ya estás allí. Amén”.–Bonnie Barrows Thomas en Draper’s Book of Quotations for the Christian World, cita 1.512. Preguntas para Reflexionar: 1. Judas siempre ha sido considerado un mal hombre, el hombre que traicionó a Jesús. Pero considera sus probables intenciones: Judas creía que sus acciones forzarían a Jesús a establecer su Reino. ¿Por qué crees que Judas no podía ver más allá de su perspectiva? Identifica áreas, en la iglesia, donde el “síndrome de Judas” podría repetirse. 2. Jesús vino a la tierra para morir por nuestros pecados. La Monomanía es una pasión ardiente por una sola cosa. ¿Podría Jesús ser considerado monomaníaco? ¿Tomó él la forma humana SÓLO para salvarnos del pecado? Si fuera así, ¿por qué sanó a los enfermos, reclutó discípulos y relató parábolas? ¿Por qué sencillamente no descendió, murió y se fue? Explica tu respuesta. 3. Los discípulos pasaron más tiempo con Jesús que cualquier otra persona. No obstante, ellos no comprendieron la importancia de esa noche en el Getsemaní. Estaban cegados por sus propios preconceptos del Salvador y sus propias debilidades humanas. ¿Cómo nos comparamos con el comportamiento de los discípulos, esa noche en el Getsemaní? Preguntas de aplicación: 1. “El gozo más elevado del cristiano casi siempre viene por medio del sufrimiento. Ninguna flor puede florecer en el paraíso que no haya sido trasplantada del Getsemaní”.–Ian Maclaren, en Illustrations Unlimited, p. 18. El huerto del Getsemaní era uno de los lugares favoritos de Jesús; pero, al final de su vida humana, llegó a ser su lugar de agonía. Algunas veces, las pruebas del cristianismo producen agonía. ¿Qué lecciones podemos aprender de la última noche de Jesús en el Getsemaní, que nos puedan ayudar en medio de los cambios repentinos de fortuna en la vida? ¿Cómo podemos aplicar esto en nuestras vidas? 2. En sus momentos más oscuros, Jesús se retiró a un lugar tranquilo para conectarse con su Padre. Solía orar, como un medio de escapar del dolor y las exigencias de la realidad. Compara y contrasta esta oración con los “escapes” que ofrece el mundo. ¿De qué modo la oración puede ser una vía de escape valedera, así como un consuelo? Identifica los lugares tranquilos en tu vida. 3. Pedro, Santiago y Juan eran los discípulos más cercanos a Jesús. Pero la fe de Pedro colapsó, y negó a Jesús. ¿Cómo puede alguien que está tan cerca de Cristo caer tan fácilmente? Comparte ocasiones en tu vida cuando no alcanzaste tus propias expectativas espirituales.
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