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Para el 21 de Mayo de 2005 |
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| Notas de Elena White | |||
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Lecciones en Audio (Real Audio) |
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| Lectura para la Semana | |||
| Marcos 10:32; 11:25 | |||
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UN VISTAZO A LA SEMANA ¿Por qué oramos, a veces, por cosas equivocadas? ¿Qué significa vivir en la luz, a diferencia de vivir en la oscuridad? ¿Por qué limpió Jesús el Templo por segunda vez? ¿Por qué maldijo Jesús a la higuera? |
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PARA MEMORIZAR |
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“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45) |
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UNA CUEVA DE LADRONES (Mar. 11:12-19) |
Lectura Bíblica Acompañante del Día |
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En el pasaje para hoy, lee cuidadosamente el versículo 17, que Jesús citó del Antiguo Testamento. ¿Qué se esperaba que fuera el Templo? ¿Qué lección importante hay aquí para nosotros, no sólo como individuos, sino también como iglesia? _____________________________________________________________________________________________________ _____________________________________________________________________________________________________ _____________________________________________________________________________________________________
Así como Jesús había atraído deliberadamente la atención sobre sí mismo por su manera de entrar en Jerusalén, su primer acto en la ciudad fue uno que seguramente despertó la ira de los líderes religiosos. Públicamente desafió las prácticas de quienes eran responsables por la adoración, poniendo su autoridad frente a la de ellos. Este acto de purificación del Templo exhibió su papel como Mesías, cuya autoridad sobrepasaba a la de todos los demás. En el tiempo de Jesús, el sacerdocio y el Templo estaban en manos de los saduceos. Al controlar las ceremonias en el Templo, los saduceos habían ganado mucha riqueza. Los peregrinos que venían a Jerusalén tres veces cada año no podían traer sus propios sacrificios consigo; por ello, tenían que comprarlos en Jerusalén. Los sacerdotes controlaban esta venta de animales. Además, los animales sólo podían comprarse con la moneda del Templo, de modo que los peregrinos primero debían cambiar su dinero por la moneda del Templo y luego comprar sus animales para los sacrificios. En ambas transacciones –el cambio de moneda y la venta de animales–, las autoridades del Templo se beneficiaban grandemente. De este modo, la adoración en el Templo se había corrompido. Lo que debía haber sido una casa de oración para todas las naciones, se había degradado a una treta para lucrar, al explotar a la gente común y enriquecer a los líderes religiosos. No es de extrañar que Jesús ardiera con santa indignación. Las palabras no eran suficientes: echó a los animales y derribó las mesas de los cambistas. Pero, al hacerlo, selló su destino. No había forma en que los líderes religiosos lo toleraran por más tiempo. Él había tocado sus bolsillos, y ellos no descansarían hasta sacarlo del camino. ¿De qué modo podemos, individualmente o como iglesia, apartarnos de nuestra misión al concentrarnos en mejorar nuestra suerte y, sin embargo, pensar que lo hacemos en favor de la verdad?
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