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Para el 9 de abril de 2005

     

Libro Complementario

Año Bíblico: 1 Crónicas 25 26 27 28

Intro 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13

 

Unión Mexicana del Sur

Notas de Elena White

 Lecciones en Audio (Real Audio)

 

 

  Lectura para la Semana  
  Marcos 1:21-2:17  
 

UN VISTAZO A LA SEMANA

¿Qué prueba comenzó dando Jesús acerca de su poder? ¿De qué modo la curación de la suegra de Pedro revela los principios de una vida cristiana? ¿Cómo mostró Jesús el vínculo entre la vida espiritual y la física? ¿De qué modo quebró Cristo algunas de las tradiciones antiguas de sus días?.

     

PARA MEMORIZAR
 

“Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio” (Mar. 1:41

 

El Leproso (Mar. 1:40-45)

Lectura Bíblica Acompañante del Día

 

Estudia la curación del leproso relatada en Marcos 1:40 al 45. ¿Cómo se muestra la compasión de Jesús? ¿Por qué le hizo al hombre sanado una fuerte advertencia? ¿Cuál fue el resultado de este milagro?

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En el Nuevo Testamento se usa la palabra griega lepra. Sin embargo, parece evidente que la palabra se usaba para diversas enfermedades que afectaban la piel. El Diccionario bíblico adventista, al referirse a la descripción de la lepra que se encuentra en Levítico 13, nota: “Los diversos síntomas [...] dan a entender que el término lepra se usaba, evidentemente, en un sentido más general que hoy. Algunos han sugerido que Lev. 13 abarca 7 enfermedades diferentes bajo el vocablo ‘lepra’. Ciertos síntomas se parecerían a [...] [la] psoriasis [...] en vez de [la] lepra, aunque ciertamente está incluida” (p. 706).

En el Antiguo Testamento se encuentran instrucciones explícitas para el caso de aquéllos a quienes el sacerdote diagnosticaba que tenían lepra. Eran expulsados del hogar y de la sociedad (Núm. 5:1-4; 12:9-15; 2 Rey. 15:5), y se les prohibía entrar en las ciudades (2 Rey. 7:3). El leproso debía vestir ropa rasgada, dejar su cabello suelto y gritar: “¡Inmundo, inmundo!”, si alguien se acercaba a él (Lev. 13:45, 46). Aparentemente, esas convenciones estaban todavía en vigor en la época de Jesús. Los diez leprosos que se encontraron con Jesús en las afueras de cierta aldea se mantuvieron a distancia y le gritaron desde allí (ver Luc. 17:12). Sin embargo, el leproso, en Marcos 1:40, se acercó directamente a Jesús y le suplicó de rodillas que lo limpiara.

Como seres humanos, todos tenemos una enfermedad peor que la lepra, y ésta es el pecado. Sin embargo, ¿de qué forma un Dios santo y sin pecado responde y nos trata, de todos modos?

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El hecho de que Jesús no sólo permitiera que el leproso se acercara a él sino también le extendiera la mano y lo tocara –transgrediendo las convenciones profilácticas de la época– muestra vívidamente la compasión del Salvador. Nosotros tampoco debemos subestimar el poder sanador del toque. Empleado con la discreción apropiada, el toque de amor –ya sea una mano extendida o un abrazo– va mucho más allá que las palabras, para muchas personas heridas.

Y aunque (en la mayoría de los casos) ninguno de nosotros tiene el poder de curación sobrenatural en su toque, como cristianos, todos debemos tener el poder del amor, la compasión, la misericordia y el interés abnegado por los demás. ¿Cuál es tu actitud hacia los leprosos modernos? ¿Qué necesitas cambiar en ti mismo para mostrarles la misma compasión que demostró Jesús? ¿Por qué, a menudo, es tan difícil de hacerlo?

 

 

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