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Para el 11 de Junio de 2005

     

Libro Complementario

Año Bíblico: Salmos 129 130 131 132

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Unión Mexicana del Sur

Notas de Elena White

 Lecciones en Audio (Real Audio)

 

 

  Lectura para la Semana  
  Marcos 14:1-51  
 

UN VISTAZO A LA SEMANA

¿De qué modo justificó Judas su traición a Jesús? ¿Por qué Jesús dijo que no bebería más del fruto de la vid hasta que estemos en el Reino de Dios? ¿Por qué Pedro negó a Cristo a pesar de su clara afirmación de que nunca lo haría? ¿Qué significa llamar Abba a Dios? ¿Por qué todos los discípulos fallaron miserablemente en esa hora culminante?

 

     

PARA MEMORIZAR
 

 “Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones” (Mar. 13:10)

 

¡Abba! (Mar. 14:32-42)

 

 

El Jardín de Getsemaní era un lugar favorito de Jesús. A menudo se había retirado allí para encontrar descanso y alivio de la presión de las multitudes. Sin embargo, esa noche, el lugar de paz llegó a ser el lugar de su agonía.

Medita en la historia del Getsemaní, leyendo y releyendo el relato en los informes de los evangelios (Mat. 26:35-56; Mar. 14:32-42; Luc. 22:40-53; Juan 18:1-12). Nota que, en su súplica al Padre, Cristo usó un término cariñoso: Abba. Sugiere un afecto profundo; lo podríamos traducir como Papito. De este modo, en medio del increíble e insondable sufrimiento, y el sentimiento de separación entre él y su Padre, Jesús todavía confiaba lo suficiente en el amor del Padre como para llamarlo con ese término. Es un testimonio de una fe total, desnuda, en medio de un total abatimiento.

Elena de White describe lo que Cristo debía afrontar en la cruz: “Cristo asumía ahora una actitud diferente de la que jamás asumiera antes. [...] Hasta entonces, había obrado como intercesor por otros; ahora anhelaba tener un intercesor para sí.

“Sintiendo quebrantada su unidad con el Padre, temía que su naturaleza humana no pudiese soportar el venidero conflicto con las potestades de las tinieblas. [...] Frente a las consecuencias posibles del conflicto, embargaba el alma de Cristo el temor de quedar separado de Dios. Satanás le decía que, si se hacía garante de un mundo pecaminoso, la separación sería eterna. Quedaría identificado con el reino de Satanás, y nunca más sería uno con Dios” (DTG 637, 638). Sin embargo, aun ante la expectativa de esto, Cristo todavía pudo exclamar: ¡Abba!

Pablo nos dice que, como discípulos de Cristo adoptados en la familia de Dios, también nosotros podemos clamar a nuestro Padre celestial con ese término de confianza y afecto: ¡Abba! Lee Romanos 8:15 y Gálatas 4:6 (no te olvides de leerlos en el contexto). ¿Qué enseñan estos versículos? ¿Qué sucedió para que nosotros también podamos llamar a Dios ¡Abba!?

Si alguien te preguntara cómo puede desarrollar esa clase de relación con Dios que se describe en los versículos anteriores, ¿qué le dirías? 

 

 

 

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