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Para el 11 de Junio de 2005 |
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| Notas de Elena White | |||
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Lecciones en Audio (Real Audio) |
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| Lectura para la Semana | |||
| Marcos 14:1-51 | |||
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UN VISTAZO A LA SEMANA ¿De qué modo justificó Judas su traición a Jesús? ¿Por qué Jesús dijo que no bebería más del fruto de la vid hasta que estemos en el Reino de Dios? ¿Por qué Pedro negó a Cristo a pesar de su clara afirmación de que nunca lo haría? ¿Qué significa llamar Abba a Dios? ¿Por qué todos los discípulos fallaron miserablemente en esa hora culminante?
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PARA MEMORIZAR |
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“Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones” (Mar. 13:10) |
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La Última Cena (Mar. 14:12-26) |
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La última cena de Jesús con sus discípulos ha sido conmemorada por los cristianos desde el mismo comienzo de la iglesia. Unos veinte años después de que Jesús se sentó con los Doce ese último jueves de noche, los seguidores de Jesús, en Corinto, reunidos probablemente en un hogar-iglesia, celebraron la Cena del Señor (1 Cor. 11:17-22). Pablo les escribió para corregir ciertos abusos que se habían introducido en sus prácticas. Hoy, casi todas las iglesias cristianas observan la Cena, pero su manera de entenderla varía considerablemente. Lee Marcos 14:24 y 25. ¿Qué está señalando Jesús aquí? ¿Qué referencia clara ves aquí a la Segunda Venida? ¿Por qué estaría Jesús hablando acerca de la Segunda Venida en ese momento, en el contexto de su propia muerte? Considera lo que Jesús está diciendo, no sólo a sus discípulos, sino también a nosotros. Sus palabras revelan la intimidad, el lazo, la unidad que él siente con aquéllos que estarán con él en el Reino de Dios. Él no beberá más del fruto de la vid hasta que haya venido el Reino de Dios (ver Luc. 22:18); es decir, hasta que todos los que hayamos sido salvados por su sangre derramada estemos con él. “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mat. 26:29). En otras palabras, él mismo no lo beberá hasta que estemos allí para beberlo con él. Otra vez, tenemos que recordar quién está hablándonos (Juan 1:1-3; Col. 1:16, 17; Heb. 1:2); no obstante él nos considera con un gran sentido de intimidad. ¡Qué testimonio del amor de Dios! Nota, además, cómo Cristo pone su sangre derramada en el centro de todo; es sólo por causa de esa sangre que podremos un día estar con él en el Reino de Dios y beber con él el fruto de la vid, símbolo de su sangre. ¡Cuán inadecuada es cualquier teología que ensombrezca la centralidad de la sangre derramada de Cristo en el plan de salvación! Reflexiona acerca de lo que mencionamos recién respecto de la cena en el Reino, con Jesús. ¿Qué clase de consuelo, esperanza y seguridad te da esto? ¿De qué modo esta maravillosa revelación del carácter de Dios te ayuda en tu desánimo actual?
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