William G Johnsson

 
Up Lección 3 PDF Domingo 10 Lunes 11 Martes 12 Miércoles 13 Jueves 14 Viernes 15 Lección Juvenil Auxiliar Maestro Notas de Elena White Auxiliar White CBA White William G Johnsson CBA Marcos 3 Dr Lester Bannett UNASP CPB Prof Sikberto Marks Unión Italiana Walla Walla College Dr Carlos E Espinosa Dr Bruce Cameron Creative Ministries Dr. Ausberto Castro Powerpoint MPM Flash MPM Dr Mario Pereyra

 


Un Hombre que Inspira Controversia
(Marcos 2:23-3:35)

Para el 16 de Abril del 2004


 

TENGO UN PROBLEMA con los cuadros de Jesús en los medios impresos: Lo presentan como un ser gentil y delicado. Se deben a una tradición que se remonta a la Edad Media, quizá a la perspectiva de monjes enclaustrados y enfrascados en la oración y la contemplación y que presentaron a Jesús según su propio aspecto macilento.

Pero el Jesús de los Evangelios y del Evangelio de Marcos en particular, no era ni por lejos un personaje tal. Bronceado por una vida al aire libre, con músculos fortalecidos por el trabajo físico arduo, fácilmente pudo echar a los mercaderes y cambistas del templo, volteando sus mesas y esgrimiendo un rudo látigo. Lo vemos a menudo discutiendo con los líderes religiosos acerca de sus palabras y acciones. Es un hombre que inspira controversia.

Jesús ciertamente era benévolo, suficientemente benévolo para guiar su rebano como un pastor y llevar en sus brazos a los corderos (Isa. 40:11). También era humilde, pero no en el sentido de dejarse atropellar por los demás, sino porque estuvo dispuesto a rendir su voluntad y ambiciones. ¿Pero apacible y tierno? De ninguna manera. Un Jesús tierno no habría sido considerado una amenaza tan grave por los líderes religiosos y políticos de su tiempo, que, desde el inicio de su ministerio, comenzaron a planear cómo matarlo, según el pasaje de Marcos 3:6. Un Mesías apacible no hubiese terminado ejecutado en el Calvario.

A lo largo de los capítulos dos y tres de Marcos, el tema dominante es la controversia. Ya hemos visto a Jesús en conflicto con los maestros de la ley por haber perdonado al paralítico que fue bajado del techo (Mar. 2:6, 7), lo hemos visto asistir ala fiesta en casa de Leví Mateo (vers. l6) ,y su renuencia a pedirles a sus seguidores que ayunen (vers. 18). Ahora estudiaremos cuatro incidentes que colocan a Jesús en el centro del conflicto: los discípulos que espigan y comen cebada en el sábado (vers. 23-28), la restauración de un hombre con una mano seca en el sábado (Mar. 3:1-6), la acusación de que estaba en liga con el diablo (vers. 22-30), y las tensiones dentro de su propio círculo familiar (vers. 20,21, 31-35).

 

Controversias respecto al sábado

Los Evangelios registran siete milagros sabáticos de Jesús (Juan 5:1-15; Marcos 1:21-28; Marcos 1:29-31; Marcos 3:1-6; Juan 9:1-41; Lucas 13:10-17; Lucas 14:1-4). En cada caso sanó a alguien, y en cada caso la persona no estaba en una situación o condición de emergencia.

Además, sus milagros en sábado todos ocurrieron en lugares públicos, a veces con los maestros de la ley como testigos. Es de entender que los maestros quedaron muy molestos por lo que consideraban transgresiones flagrantes del sábado, y a menudo resultaron en acaloradas disputas.

El hecho es que Jesús podría haber evitado muchas controversias si hubiese escogido otro tren de acción. Podría haber esperado hasta la puesta de sol o haber tomado aparte a los enfermos para sanarlos en privado. Obviamente decidió hacer del sábado y su relación con el mismo un elemento definitorio de su misión.

Necesitamos observar cuidadosamente las acciones y las palabras de Jesús en relación con el sábado, y buscar entender por qué actuó de ese modo en el cumplimiento de su misión. También debemos dar un paso atrás y considerar sus acciones y palabras a la luz del testimonio total de las Escrituras; no de una manera defensiva, sino manteniendo en mente que "toda la Escritura es inspirada por Dios" (2 Tim. 3:l6) y que cada parte arroja luz sobre las otras.

Muchos cristianos, sin un estudio cabal de la Biblia o la historia de la iglesia primitiva, creen que Jesús abolió el sábado; pero un estudio más amplio muestra precisamente lo contrario. Él mismo dijo: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mat. 5:17, 18). El sábado, en última instancia, antecede a la caída de la humanidad. Tiene sus raíces en la creación, no en la salvación. Debido a que Jesús es nuestro Salvador, el sábado tiene mayor significado para nosotros que para los judíos, nunca menos.

En el conflicto de Jesús con los líderes religiosos acerca del sábado, nunca estuvo en juego cuál era el día de reposo ni si debía ser guardado. Lo que estaba en juego era cómo debía observárselo. Jesús, por precepto y acción, rompió con las antiguas tradiciones sabáticas y colocó el sábado en un plano nuevo y —para los escribas— un tanto incómodo. A su vez, esto hizo que la autoridad de Jesús quedase bajo la luz de un reflector. El tema verdadero detrás de las controversias sabáticas era la cuestión de su identidad y si tenía el derecho de descartar los reglamentos rabínicos.

Para los judíos, el sábado quizá era la demostración suprema de su lealtad hacia Dios. Algunos rabinos tardíos enseñaron que si todo Israel guardase el sábado dos veces, vendría el Mesías. Por eso los fariseos, quienes eran muy apegados a la ley, comprensiblemente se sintieron molestos por la conducta de Jesús y sus discípulos. Los líderes religiosos habían elaborado un conjunto complejo de costumbres religiosas en base al mandamiento sabático de Éxodo 20:8-11. Estos "cercos" alrededor del mandamiento existían sólo en forma oral en los días de Jesús, pero más tarde los rabinos los codificaron en 39 tipos de actividades (en el tratado titulado "Sábado" en el Talmud) que cubrían el trabajo regular, los viajes, la preparación y el consumo de los alimentos.

Cuando los fariseos vieron a Jesús y los discípulos que cruzaban los sembrados (Mar. 2:23, 24) no consideraron que estaban dando un paseo, sino que estaban violando los reglamentos contra los viajes en el sábado. Además, al arrancar espigas maduras, quitarle la paja y comer los granos, los discípulos también quebrantaron la ley por haber recogido y preparado alimentos.

Jesús da una respuesta iluminadora a los críticos. A primera vista parece justificar un "pecado" con otro; cita el ejemplo de David y sus hombres, quienes comieron del pan consagrado que sólo debían comer los sacerdotes. Y añade: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo" (vers. 27).

Por sus palabras, Jesús reorienta radicalmente el propósito del sábado. Los maestros de la ley habían cargado el mandamiento del sábado con una multitud de detalles que lo convirtieron en una carga en vez de una delicia. Jesús vino a librar a hombres y mujeres de las cadenas físicas, mentales y espirituales. Inevitablemente, mientras hacía tal cosa, sacudió los eslabones de la tradición asociados con el sábado.

Las palabras son tan sencillas que fácilmente ignoramos el giro radical que representan. El Antiguo Testamento llama al sábado "mi día santo [de Dios]" (Isa. 58:13). Ahora Jesús lo está convirtiendo en el día de la humanidad. Todavía es el día de Dios, el día santo de Dios, pero también es nuestro. Es un día de gozo, de libertad, de alabanza y de bendición.

Pero hay más. La referencia de Jesús a David y sus hombres va mucho más allá de una excusa un tanto pobre que recurre a alguien más que ha violado una regla. El tema de la cita es que el rey —un fugitivo de la ira de Saúl aunque ya había sido ungido como el gobernante futuro— y sus hombres se encontraban en una misión (ver 1 Sam. 21:1-6). Hambrientos y apresurados, llegaron al tabernáculo de Nob y pidieron aumentos. El sacerdote no tenía nada que darles excepto el pan consagrado que había sido reemplazado recientemente con pan fresco. Aunque en condiciones normales, sólo los sacerdotes comían el pan viejo, la necesidad desesperada de David y sus hombres anuló la regla.

Y Jesús se encuentra en una misión con sus discípulos. Viajan en el sábado para cumplir esa misión. Trasciende las barreras contra los viajes durante el sábado especificadas por los maestros religiosos. Sucede lo mismo con el espigamiento de parte de los discípulos: estos tienen hambre, y las necesidades de los discípulos en su misión conjunta con Jesús anulan la regla rabínica.

Pero el tema real es Jesús, no el sábado. El sábado meramente es el motivo de discusión que hace que el asunto central salga a la luz. ¿Qué acerca de este Jesús? ¿Tiene la autoridad para reorientar la comprensión del sábado? ¿Tiene una misión que justifique descartar las reglas tradicionales respecto de la observancia del sábado?

El pasaje que sigue inmediatamente (Marcos 3:1-6) destaca agudamente la decisión acerca de Jesús. Ocurre en la sinagoga, la institución religiosa más común del judaísmo en los tiempos de Jesús y hasta los nuestros. Se refiere a la religión de sus días, y la confronta con sus declaraciones y su mensaje. El asunto no es si los enfermos deberían recibir ayuda en el sábado —no se trata de si ofrecer asistencia humanitaria o no— sino las acciones de Jesús. ¿Son buenas o malas? ¿Es su mensaje con la afirmación que implica respecto a quién él es un mensaje válido?

"El ministerio urgente y el mensaje de Jesús acerca del reino de Dios que se acerca es el contexto inmediato de esta historia. Marcos 3:1-2 sugiere que sus críticos ya sospechan lo que él hará, y los Evangelios contienen otros recuentos de sanidad sabática por Jesús (Luc. 14:1-6; 13:10-17; Juan 5:2-18; 7:22-24; 9:1-17); lo que nos lleva sospechar que Jesús quizá sanó deliberadamente en sábado como una señal del significado de sus obras. En otras palabras, el que sanara en sábado conectaba sus milagros con un día que simbolizaba para los antiguos judíos el reino futuro de Dios, cuando cesaría el cautiverio y comenzaría la era de gozo y celebración mesiánica. Sus milagros de sanidad en sábado debían considerarse como primicias y señales del reino que él anunciaba tan confiadamente. Además, por supuesto, al sanar en el sábado Jesús obligaba a la gente a tomar una decisión acerca de sus obras y su mensaje; porque si él no había sido llamado por Dios para ser un heraldo del reino venidero, si él no era lo que sus milagros de sanidad realizados en sábado afirmaban que él era, entonces era un violador del sábado. En todo caso, no podía ser catalogado como otro de tantos sanadores inofensivos. Él no permitió que así fuese por la manera en que efectuó sus milagros de sanidad, lo cual los convirtió en un asunto controversial" (Hurtado, p. 36).

 

Controversia respecto del poder de Jesús

Marcos 3:20-35 contiene un relato dentro de otro relato. Comienza y termina con un recuento de la actitud de la familia de Jesús hacia él (vers. 20, 21, 31-35), y en el medio, la crítica de los maestros de la ley acerca de la fuente del poder de Jesús. Encontramos una técnica similar de narración en otras partes del Evangelio de Marcos (ver Marcos 5:21-42; 6:7-32; 11:12-25).

Los escribas que habían venido de Jerusalén a Galilea, supuestamente para espiar a Jesús, le lanzaron una vigorosa acusación. "Decían que tema a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios" (Mar. 3:22). Beelzebú probablemente surgió del antiguo nombre de un dios cananeo, Baalzebul, que significa "señor de los lugares altos". Encontramos una mención de este dios en 2 Reyes 1:2-6, 16. El término que aquí se emplea es Baalzebub, "señor de las moscas", quizá una modificación deliberada del nombre para burlarse de una deidad rival de Yahweh.

Que los maestros de la ley recurrieran a una acusación tal muestra el impacto de los milagros de Jesús. Sus exorcismos eran tantos y de una naturaleza tan dramática que sus críticos no podían negarlos. Lo único que pudieron hacer era decir que estaba en liga con el diablo.

 Los otros Evangelios aclaran que los líderes religiosos frecuentemente expresaron la misma acusación contra él (Mat. 12:24; Luc. 11:15; Mat. 9:34; Juan 7:20; 8:48, 52; 10:20). En efecto, la percepción de Jesús como un hechicero tiene una larga historia en el judaísmo según el Toledoth Jesu. (En la actualidad, muchos eruditos judíos presentan una interpretación mucho más favorable de Jesús.)

La respuesta de Jesús a la acusación lo ilógico que ésta era. Da dos ilustraciones cortas —una casa dividida y un reino dividido— para argumentar que si Satanás lo estaba usando a él para echar fuera los demonios, estaba obrando en contra de sí mismo y esto provocaría su fin. No, los exorcismos de Jesús no pueden ser resultado del poder del diablo. Más bien indican que uno más poderoso que Satanás está liberando a sus cautivos.

En la conclusión de su defensa, Jesús hace una declaración que ha confundido a muchos cristianos: "De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno" (Mar. 3:28, 29).

En mi primer trabajo como obrero de la iglesia, serví durante varios años como decano de varones y maestro de Biblia en una escuela con internado en las montañas de India. Algunos de los estudiantes eran hijos de misioneros, y un día uno de ellos se me acercó profundamente atribulado. "Señor —me dijo —, creo que he cometido el pecado imperdonable. Dios ya no me escucha cuando oro. Intento hablar con él, pero cuando termino me siento igual".

"Juan [un pseudónimo] —le contesté —, tú no has cometido el pecado imperdonable. El hecho de que te sientes preocupado de que quizá has hecho tal cosa de por sí es evidencia de que no lo has hecho. Una persona que comete tal pecado ya no siente deseos de acercarse a Dios ni se preocupa por su relación con él".

"Y eso de que parece que Dios no conteste tus oraciones, significa que estás basándote en tus sentimientos. Los sentimientos no son confiables, no puedes depender de ellos. Pero la fe es mayor que nuestros sentimientos. Cuando oramos en el nombre de Jesús, creyendo, Dios escucha y responde, no importa si nos sentimos diferentes o no. A veces los sentimientos acompañan a las respuestas de Dios a nuestras oraciones, pero a menudo no advertimos cambio alguno. Eso en realidad no importa, porque Dios siempre cumple sus promesas".

Larry Hurtado captura el significado de lo que dijo Jesús: "La declaración de 3:28, 29 distingue entre decir cosas malas contra el Espíritu Santo y otros pecados, en que no hay perdón para lo primero. La idea de un pecado imperdonable ha acuciado la mente de gente sensible a lo largo de los siglos del cristianismo, pero tal ansiedad no tiene razón de ser. Según lo aclara el contexto, la advertencia de Jesús condena el descuido de su mensaje al llamarlo satánico (ver 3:30), una acción bastante específica. una persona que haga tal cosa no se preocupará por recibir el perdón de Cristo. Así es que, la misma ansiedad por haber hecho algo que nos prive del perdón de Cristo, irónicamente es evidencia de que uno cree que Cristo fue enviado de Dios, y por lo tanto, prueba de que no pudo haberse cometido el pecado sobre el cual se nos advier­te aquí" (p.51).

En el clásico libro de Elena de White, El Deseado de todas las gentes, ella incluye un detalle adicional sobre los motivos de los críticos de Jesús:

"Los fariseos a quienes Jesús dirigió esta amonestación no creían la acusación que presentaban contra él. No había uno solo de aquellos dignatarios que no se sintiese atraído hacia el Salvador. Habían oído en su propio corazón la voz del Espíritu que le declaraba el Ungido de Israel y los instaba a confesarse sus discípulos. A la luz de su presencia, habían comprendido su falta de santidad y habían anhelado una justicia que ellos no podían crear. Pero después de rechazarle, habría sido demasiado humillante recibirle como Mesías. Habiendo puesto los pies en la senda de la incredulidad, eran demasiado orgullosos para confesar su error. Y para no tener que confesar la verdad, procuraban con violencia desesperada rebatir la enseñanza del Salvador. La evidencia de su poder y misericordia los exasperaba. No podían impedir que el Salvador realizase milagros, no podían acallar su enseñanza; pero hacían cuanto estaba a su alcance para representarle mal y falsificar sus palabras. Sin embargo, el convincente Espíritu de Dios los seguía, y tenían que crear muchas barreras para resistir su poder. El agente más poderoso que pueda ponerse en juego en el corazón humano estaba contendiendo con ellos, pero no querían ceder" (p. 289).

Sus palabras me hacen pensar. La Biblia nos advierte que en los últimos días habrá fuerzas demoníacas que harán señales y milagros que, de ser posible, engañarán al pueblo de Dios. Jesús nos dice que estemos en guardia para que no seamos arrastrados por la demostración de un poder falso (Mar. 13:22, 23). Sin embargo, sus consejos en Marcos 3:28,29 proveen un importante contrapeso. A mí me dicen que aunque estemos alerta, debiéramos ser cautelosos para acusar a cualquiera que haga milagros y exorcismos de estar en liga con el diablo. Puede que sea así, pero puede que no. Satanás es el acusador. Dejémosle a él la tarea de acusar, mientras nosotros cumplimos la obra que Dios nos ha señalado, la proclamación de las buenas nuevas.

 

Controversias en la familia

Aunque la evaluación del ministerio de Jesús de parte de los propios miembros de su familia no fue tan maliciosa como la de los maestros de la ley, fue no obstante severa. "Está fuera de quicio", dijeron y decidieron actuar. Lo arrebatarían de la multitud que lo seguía y tomarían control de su vida (vers. 20, 21).

El incidente revela un nivel elevado de tensión en la familia. Expone cuan diferente era Jesús de sus hermanos y hermanas, y cuan lejos del suyo se encontraba el concepto de la voluntad de Dios y su misión que estos tenían. Para los que creemos, los que hemos aceptado que Jesús era el Hijo de Dios y nuestro Señor y Salvador, el punto de vista de la familia parece sorprendente y casi incomprensible. A la misma vez, sin embargo, refuerza nuestro sentido de que Marcos nos dice la verdad al compartir con nosotros información inesperada.

¿Estuvo de acuerdo la madre de Jesús con la idea de que Jesús había perdido la razón? No podemos saber. El versículo 21 simplemente dice que me "su familia". Pero María acompañó a los hermanos de Jesús cuando fueron para llevarlo a casa (vers. 31). Quizá María, perpleja e insegura de lo que debe hacerse, simplemente se dejó llevar por las circunstancias. En otras partes de las Escrituras se presenta que ella ponderaba el significado y la misión de su extraordinario hijo Jesús (Luc. 2:19, 51), de manera que la decisión de cambiar a Jesús probablemente se originó con los hermanos y no con ella.

En otras partes, Marcos nos dice que Jesús tenía cuatro hermanos: Santiago, José, Judas y Simón. También nos informa que había hermanas, pero no las nombra (Mar. 6:1-3). Si se cuenta a Jesús, la familia tenía al menos siete hijos, y esto ha causado bastante especulación. Particularmente confunde a aquellos que siguen el dogma católico y ortodoxo oriental que afirma que María no sólo era una virgen en la concepción de Jesús (según creen los protestantes), sino que siguió siéndolo por siempre, por lo que nunca tuvo relaciones sexuales con su esposo y por lo tanto no tuvo ningún otro hijo después de Jesús. Esta tradición surgió al comienzo del cristianismo bajo la influencia de ideas sobre el celibato, la pobreza y otras formas de auto-negación que habían ganado apoyo entre los creyentes. Siglos más tarde la virginidad perpetua de María se convirtió en una enseñanza oficial de las ramas romanas y orientales de la iglesia

Aquellos que sostienen el dogma de la "virginidad perpetua" tienen que explicar la información de Marcos sobre los hermanos y hermanas de Jesús. Argumentan que eran hijos de José, el padre de Jesús, de un matrimonio previo, o primos de Jesús. Esta última posición es bastante débil.

La primera opinión tiene méritos (sin tener que suscribimos a la virginidad perpetua de María). En el concejo familiar de Marcos 3:21 no encontramos mención del padre de Jesús. Él ciertamente habría tomado la iniciativa en la adopción de una decisión como esta, y en el intento de arrebatar a Jesús de las multitudes si hubiese estado vivo. El silencio de Marcos respecto de José dice bastante. Creo que podemos asumir apropiadamente que ya había muerto. Además, la manera en que los hermanos de Jesús se relacionan con él sugiere fuertemente que eran mayores que él (no sólo aquí, sino en Juan 7:3-5).

Si reunimos la información y las deducciones derivadas de las Escrituras, formamos un cuadro bastante claro de la familia de Jesús. José, el padre legal, no biológico, de Jesús, era un hombre mayor al momento de su nacimiento. Un viudo que ya tenía varios hijos de su primer matrimonio. María era mucho más joven que él, probablemente unos 16 o 18 años de edad cuando se casaron. Quizá tuvo otros hijos con José. Ciertamente no permaneció virgen para siempre.

Toda familia tiene su propia dinámica, con afecto, dolores y resentimientos. Cada hijo forma su propia perspectiva mientras va creciendo dentro de la familia, y a menudo almacena recuerdos de dolor y daños o injusticias percibidas que otros miembros nunca notaron o han olvidado hace mucho tiempo. La familia es el crisol de la personalidad que nos moldea para bien o para mal.

Sabemos lo suficiente como para concluir que Jesús no tuvo una infancia libre de dolor, o una relación de adulto con su familia exenta de tensiones. En El Deseado de todas las gentes encontramos este discernimiento:

"Siendo mayores que Jesús, les parecía que él debía estar sometido a sus dictados. Le acusaban de creerse superior a ellos, y le reprendían por situarse más arriba que los maestros, sacerdotes y gobernantes del pueblo. Con frecuencia le amenazaban y trataban de intimidarle; pero él seguía adelante, haciendo de las Escrituras su guía... Jesús no era comprendido por sus hermanos, porque no era como ellos" (págs. 66, 67).

Las acciones de los hermanos de Jesús registradas en Marcos 3, continuaban entonces un patrón establecido mucho antes. Era hora de controlar a este hermano menor que siempre había sido tan difícil de entender.

Pero Jesús no cedió un ápice. Cuando se le dijo que su madre y sus hermanos lo buscaban, los dejó esperar afuera y continuó ocupado en lo que hacía. Amaba a los miembros de su familia, pero amaba más a Dios, y a aquellos que se abrían a la voluntad de Dios. Miró a aquellos que lo rodeaban sentados en círculo y dijo: "He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre" (Mar. 3:34, 35).

Ahora entendemos mejor el llamado de Jesús al discipulado. Cuando dijo: "El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí" (Mat. 10:37), habló de su experiencia personal. Aquel que tuvo que enfrentar la hostilidad de los líderes religiosos de sus días, soportó un dolor aun más agudo: el rechazo de sus propios familiares.


 

 
 

[Acerca de Nosotros]  [Centro Internacional de la Escuela Sabática]  [Ministerios de Iglesia][Ministerio de la Salud] [Ministerio de la Palabra]  [Ministerio Profético] [ Ministerios Apologético] [Ministerios de Música]  [Ministerios Audio-Visual [Centro White MPM]  [Centro de investigación]  [Centro de Noticias MPM] [Historia IASD]  [Iglesias ASD en la Red]  [Escríbenos]  [Conozca a Marissa]  [Conozca al Dr. Martínez]  [Foto-Album  Familia Martínez]   [Home]

 

Usted es el Visitante FastCounter by LinkExchange