William G Johnsson

 
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¡Ciertamente Ha Resucitado!
(Marcos 15:42-16:8)

Lección 13

Para el 25 de Junio del 2005


 

UNO DIFÍCILMENTE puede imaginar un fundamento menos promisorio para una nueva religión. El fundador muere, ejecutado como un criminal común y abandonado por sus seguidores cuando llega la prueba crucial. Perece solo, olvidado por la humanidad y por Dios. Cualesquiera hayan sido las ideas grandiosas que él pueda haber abrigado respecto a sí mismo o expresado a otros, obviamente eran una ilusión. Todo está terminado.

Pero no es así, porque su influencia apenas ha comenzado. Desde la tumba de este hombre brotará una nueva religión que se extenderá desde Jerusalén al norte y al sur y al este y al oeste. Llegará a ser el más propagado y duradero de todos los credos. Las centurias no opacaran la luz de este Hombre y su mensaje. Reyes y reinos surgirán y caerán; las ideologías cubrirán las naciones, florecerán y desaparecerán; las tecnologías, las invenciones y los descubrimientos seguirán su curso; pero este Hombre no ha sido eclipsado, ni jamás lo será.

En sus enseñanzas Jesús a menudo contó historias con una conclusión inesperada. A veces remataba la sorprendente conclusión con las palabras: "De modo que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros". Su propia historia proporciona el trastrocamiento más grande de todos los tiempos. Él que murió como el último de los últimos resultó el Primero de los primeros. "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Fil. 2:9-11).

¿Cómo pudo ocurrir esto? ¿Qué sucedió para hacer la historia de Jesús de Nazaret más extraña que cualquier ficción; tan sorprendente, tan increíble, que rompe los límites de la razón y la experiencia humana y que en última instancia usted puede sólo aceptarla por fe o rechazarla como algo nunca visto?

Jesús se levantó de los muertos. Él realmente murió en ese viernes terrible y fue pronunciado muerto por los romanos y sus seguidores creyeron que estaba muerto. Pero el domingo de mañana él resucitó, dejando la tumba vacía.

No fue una resucitación. De tanto en tanto personas que han sido declaradas muertas y que se creía que estaban muertas, han vuelto a la vida; después de horas de inmersión en agua fría, por ejemplo. No estaban muertas; sólo parecían estarlo. Y con procedimientos médicos modernos otros cuyos corazones dejan de latir son vueltos a la vida. El personal de salas de emergencia se especializa en revertir el estado de la muerte.

Pero Jesús resucitó, no tuvo una resucitación. El cuerpo resucitado difiere marcadamente de nuestros cuerpos actuales. Si bien Jesús tenía un aspecto familiar para sus amigos cuando conversó con ellos y aun cuando comió con ellos después de su resurrección, por lo menos en dos ocasiones apareció repentinamente entre ellos, aun cuando habían cerrado la puerta del cuarto donde estaban reunidos (Juan 20:19, 26).

La resurrección es el milagro culminante de Jesús. Muestra que él era quien afirmó ser: el Hijo de Dios. Los terribles eventos de ese viernes no fueron meramente una parodia de justicia y una ejecución vil. Sobre todo, demuestran que Dios aprobó a este "criminal" que murió entre dos ladrones; ciertamente lo aprobó mediante la vindicación máxima de levantarlo de los muertos.

Cada historia humana termina en una muerte, excepto la de este Hombre. Para él la muerte no fue el fin sino el preludio de un grandioso y soberbio final. Su muerte fue el más grande de todos los comienzos.           :

La resurrección de Cristo es el comienzo de nuestra esperanza de que la muerte tampoco tendrá la palabra final en nuestras vidas. Que, como Jesús, nosotros también volveremos a la vida, no mediante una resucitación médica, sino que seremos resucitados [gloriosamente] con nuestra individualidad intacta y con cuerpos que jamás se enfermarán, envejecerán o morirán.

Fue el comienzo de una nueva religión, con un mensaje de esperanza para cada hijo e hija de Adán. Una religión que contiene enseñanzas y encarna una ética para la existencia cotidiana, pero mucho más que eso, que se centra en la persona de Jesús de Nazaret. Una religión que no trata de ocultar el hecho y los detalles de ese viernes terrible, pero que afirma que en esos mismos eventos Dios estaba llevando a cabo un propósito divino: la salvación del mundo: "Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él" (2 Cor. 5:21, NRV 2000). Y una religión que confiadamente enfrenta el futuro, que proclama que el antiguo enemigo yace derrotado y que porque Jesús rompió las ataduras de la tumba y vive para siempre, nosotros también viviremos en él.

Sin la resurrección de Jesús, el Calvario era una conclusión sin significado de una vida buena. Una banda descorazonada de seguidores había abandonado a su Señor como ratas a un barco que se hunde. Sin la resurrección de Jesús no hay un mensaje de esperanza. La muerte reina todavía. Y sin la resurrección de Jesús no habría una iglesia cristiana.

 

La sepultura

Como ocurre con otras partes de la historia de Jesús, los cuatro escritores de los evangelios difieren en detalles concernientes a la resurrección, pero concuerdan en los elementos esenciales. Sólo Mateo nos dice que un ángel descendió y quitó la piedra de la boca de la tumba (Mat. 28:2-4) y que Jesús se encontró con los discípulos restantes en una montaña en Galilea (vers. 16-20). Lucas proporciona el detalle sobre el encuentro en el camino a Emaús (Luc. 24:13-35). Por el Evangelio de Juan nos enterramos de la aparición de Jesús a María Magdalena (Juan 20:11-18), de su intercambio con el dubitativo Tomás (vers. 24-29), y de la reunión después de la expedición de pesca de los discípulos (Juan 21:1-24).

En este capítulo me concentraré en el relato de Marcos. Al contribuir cada uno de los otros escritores evangélicos con detalles tan interesantes y vitales, es difícil confinar la exposición a Marcos, pero esto es lo que necesitamos hacer para oír claramente su versión de la historia. El relato de Marcos es ciertamente maravilloso en la manera en que él lo narra, pero tiene un elemento de sorpresa, como veremos.

A lo largo de todo el Evangelio de Marcos, él dice qué ocurrió en forma simple y directa, informando antes que comentando. Deja que los lectores interpreten, captando por sí mismos el significado de lo que él está escribiendo.

Primero, Marcos nos dice qué ocurrió después que Jesús dio "una gran voz" y expiró (Mar. 15:37). Un nuevo personaje entra en la narración: José de Arimatea. No hemos oído de él antes de esto, ni oiremos nada después. Se coloca bajo el foco de la atención y juega un papel clave en un momento crítico.

Jesús está muerto, pero todavía pende de la cruz. De acuerdo con la práctica romana, las personas que eran crucificadas por el crimen de insurrección, como fue el caso de Jesús, permanecían allí por días después de muertos, y sus cuerpos en descomposición servían como una advertencia a cualquiera que se atreviese a desafiar a la poderosa Roma. Sólo el gobernador podía dar la orden de que el cuerpo mese bajado antes.

Ni los discípulos de Jesús ni los miembros de su familia se adelantaron para pedir ese favor. Pero José de Arimatea sí lo hizo. Sin duda lo hizo exponiéndose a cierto riesgo personal frente a las autoridades romanas, que podrían haberlo marcado como un compañero de viajes de Jesús y por lo tanto una persona peligrosa, y frente a los dirigentes judíos, quienes lo considerarían como un simpatizante secreto (como en efecto lo era). No sabemos exactamente qué impulsó a Pilato a acceder al pedido de José: el hecho de que José era una persona de cierta prominencia puede haber ayudado; o el dirigente romano podría haber sentido cierto remordimiento de conciencia por el papel que él había tenido en los sórdidos eventos.

Marcos nos dice que Pilato se sorprendió al oír que Jesús ya estaba muerto. El gobernador romano citó al centurión para asegurarse de que era así. La muerte por crucifixión a menudo demandaba varios días y la víctima eventualmente sucumbía por los estragos de la exposición a la intemperie, la pérdida de fluidos corporales y el dolor. Pero Jesús murió en sólo unas seis horas.

"José compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro cavado en una peña. Después hizo rodar una piedra a la puerta del sepulcro" (vers. 46, NRV 2000).

Todos estos detalles destacan una cosa: Jesús realmente murió. José dijo que Cristo estaba muerto. El centurión le dijo a Pilato que estaba muerto. Luego José preparó el cuerpo para la sepultura, lo colocó en una tumba excavada en una peña, e hizo rodar una gran piedra contra la entrada. Y más adelante, leemos que María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé compraron especias aromáticas para ungir el cuerpo de Jesús (Mar. 16:1). Las especias no eran con el propósito de preservar el cuerpo, sino para encubrir temporariamente el olor de la descomposición. Las mujeres también creían que Jesús estaba muerto; ¡usted no unge a alguien que espera que reviva!

El punto es elemental pero tan básico que debe ser machacado: Jesús realmente murió. No se desmayó y más tarde revivió en la frialdad de la tumba, como alegan algunos críticos. Todos los que estaban allí, los testigos, afirman que el Señor estaba muerto. Pablo recalca este hecho en su resumen del evangelio: "Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que me sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce" (1 Cor. 15:3-5).

Debiéramos notar otro hecho importante que emerge del relato de Marcos: Jesús no fue enterrado en secreto. José sabía dónde fue colocado el cuerpo de Jesús, como también las mujeres que observaron todo durante la sepultura y vinieron nuevamente el domingo de mañana. (Mateo añade que los enemigos de Jesús, temiendo que algo podría ocurrirle al cuerpo, colocaron una guardia [Mat. 27:62-66].) De modo que podemos descartar cualquier teoría basada en la idea de que los discípulos hurtaron el cuerpo de Jesús, lo enterraron secretamente, y fraguaron la historia de que volvió a la vida.

 

¡La tumba está vacía!

Vayamos por lo tanto al domingo de mañana, y oigamos la historia directamente de Marcos: "Muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo" (Mar. l6: 2-8).

Casi podemos oír a las mujeres hablando entre sí mientras recorren su camino a la tumba a la luz de las primeras horas de la mañana. No especulan en cuanto a si de algún modo podrán ver nuevamente a Jesús, ni esperan encontrar su lugar de descanso en una condición diferente a como lo habían visto justo antes de que comenzara el sábado.

En cambio, su conversación se refiere a un asunto práctico: ¿Cómo entrarán en la nimba para ungir el cuerpo de Jesús? Justo antes de dejar la escena el viernes al anochecer vieron a José de Arimatea, probablemente ayudado por sirvientes, haciendo rodar una gran piedra enfrente de la boca del sepulcro. Para llegar al cuerpo de Jesús primero deben entrar en la tumba. La piedra es demasiado pesada para que ellas la muevan, ¿pero podrán encontrar a alguien que la mueva para ellas?

Yo admiro a estas mujeres. Mostraron incansable devoción a Jesús, primero en Galilea, luego en Jerusalén. Pedro y los otros abandonaron a su Señor, pero no estas mujeres. Durante las largas horas de ese viernes oscuro se mantuvieron de pie y contemplaron todo, sufriendo con Jesús en la cruz, llorando con un dolor que no puede describirse con palabras. Lo que hicieron fue arriesgado. Las autoridades romanas podrían fácilmente haberlas crucificado por compadecerse de alguien que estaba siendo crucificado como un traidor a Roma. Pero cuando él exclamó el fuerte grito y exhaló su último suspiro, ellas todavía estaban allí. Cuando José vino y bajó el cuerpo de la cruz, ellas lo siguieron y observaron cómo él envolvió el cadáver en lienzos, lo colocó en la tumba, e hizo rodar la piedra enfrente de la entrada. Sólo cuando el sol proyectó sus largas sombras sobre el paisaje ellas finalmente se fueron.

Pero después del sábado —esto es, el sábado de noche— ellas compraron más especias aromáticas para ungir el cuerpo. Y ahora, con la primera luz del siguiente día, se reunieron y fueron a realizar este último acto de devoción para Aquel a quien amaban tanto.

Todos los demás podrían haber abandonado a Jesús, pero no ellas.

Todos los demás podrían haberse entregado a la confusión y a la duda, pero no ellas.

Y todos los demás podrían estar repensando su relación con él, pero no ellas.

Lo habían amado en otro tiempo, y todavía lo amaban, a pesar de todo lo que había ocurrido y cualquiera mese el costo.

Pero no necesitaban haberse preocupado por la piedra. Al acercarse, vieron que ya estaba removida. Con sentimientos mezclados de sorpresa y aprehensión entraron en la tumba. ¡El cuerpo había desaparecido! En vez de encontrar a Jesús, vieron a un joven vestido de blanco sentado en el lado derecho de la tumba.

¿Qué podía significar esto? "No os asustéis —dijo el ángel—; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron".

El ángel continuó: "Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo" (vers. 6, 7).

¡Galilea! El jueves de noche antes de su arresto Jesús les había dicho a los doce: "Después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea" (Mar. 14:28). Sus palabras les habían parecido incomprensibles. Ahora el ángel envía un mensaje recordándoles lo que Jesús había dicho.

Las palabras del ángel en Marcos 16:6, 7 contienen tres verdades que se encuentran en el corazón del cristianismo.

Primero, Jesús ha resucitado. La tumba está vacía; el cuerpo ha desaparecido. Él había sido colocado en la tumba, pero ha vuelto del otro lado del río de la muerte. Segundo, el Señor resucitado extiende el perdón a esa cuadrilla de cobardes que' lo abandonaron cuando él más los necesitaba. Y especialmente a Pedro, el líder natural del grupo, pero últimamente el fracaso más grande de todos ellos. "Decid... a Pedro": qué adición compasiva y llena de consideración al mensaje. Díganle a Pedro que yo no lo he abandonado, aunque él me abandonó a mí. Díganle a Pedro que quiero encontrarme con él. Díganle que vaya a Galilea, porque tenemos una cita allí.

Yo soy Pedro. Tal vez, querido lector, tú también. Aunque podamos hacer gran profesión de fe, no practicamos lo que hablamos. Pero alabado sea Dios, el Cristo resucitado todavía nos llama por nombre, escogiéndonos individualmente para que nos encontremos con él.

Tercero, el Señor resucitado nos llama para compartir la historia con otros. María Magdalena, María la madre de Jacobo, Salomé: díganles a los discípulos y a Pedro las buenas nuevas de que Jesús ha resucitado. Discípulos míos y Pedro, proclamen las buenas nuevas de que Jesús ha resucitado. Seguidores de Jesús en estos días, anuncien al mundo que la tumba está vacía, que Jesús el Nazareno ha resucitado de los muertos, y que él ofrece esperanza y perdón a todos y el privilegio de compartir con otros las buenas nuevas.

Luego Marcos registra lo siguiente: "Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque teman miedo" (Mar. l6:8). Todo fue demasiado repentino y demasiado tremendo para ellas: la piedra removida, el cuerpo desaparecido, el joven y su sorprendente mensaje. En el camino a la tumba habían conversado entre ellas, pero ahora huyeron en silencio. Estaban despavoridas y perplejas, temerosas y temblando.

Y esto nos recuerda cómo comenzó la historia de Jesús contada por Marcos. Cuando Jesús comienza a enseñar y sanar, esto llena a sus oyentes de admiración y sorpresa. "¿Qué es esto?", preguntan (Mar. 1:27). "Nunca hemos visto tal cosa" (Mar. 2:12).

Jesús, hombre de maravillas, confunde a la gente al comienzo de su ministerio y en el mismo fin.

 

La terminación del Evangelio de Marcos

Hasta este punto podemos estar seguros de que poseemos la historia de Jesús como Marcos la escribió. Pero después de Marcos l6:8 se multiplican las preguntas.

El Nuevo Testamento es el ejemplo mejor atestiguado de cualquier literatura de tiempos antiguos. Es cierto, no tenemos los "autógrafos", las palabras originales escritas por Marcos, Mateo, Lucas, Juan, Pablo, Pedro, Santiago o Judas. Pero tenemos una valiosa colección de manuscritos antiguos, con un fragmento que data de comienzos del siglo II d.C. Además de manuscritos antiguos en el griego original, tenemos traducciones tempranas, más porciones de la Escritura en "leccionarios" (similares a las lecturas de la Escritura al término de nuestro himnario).

Este vasto volumen de material antiguo capacita a los eruditos para recuperar con un alto grado de certeza el texto original de los escritos del Nuevo Testamento. La gente escribió el Nuevo Testamento a mano y lo copió —y lo copió y volvió a copiar— a mano directamente hasta la invención de los tipos movibles en el siglo XV. Inevitablemente, se introdujeron errores: errores de deletreo, exclusión de una palabra, supresión de una línea, y así sucesivamente. Ocasionalmente, los escribas hacían un cambio deliberado, tratando de aclarar algo que no sonaba bien o que (a ellos) no les parecía correcto teológicamente. De modo que los manuscritos muestran muchas variaciones, la gran mayoría de ellas triviales en su naturaleza. Pero debido a que el volumen del material es tan grande, los eruditos pueden trazar el origen de un "error" en un manuscrito antiguo a su perpetuación en manuscritos posteriores. Con pocas excepciones, cuanto más antiguo el manuscrito, más confiable es su texto.

Ahora, vayamos al Evangelio de Marcos. No hay duda en cuanto al texto hasta Marcos 16:8, pero después de ese punto entramos en un área de elevada incertidumbre. La terminación que se encuentra en Marcos 16:9-20 no aparece en los manuscritos griegos mejores y más antiguos, ni los "padres" de la iglesia de los primeros cuatro siglos consideran estos versículos como procedentes de la mano de Marcos.

Por otra parte, encontramos otra terminación del evangelio ligada a algunos de los primeros manuscritos. Estos versículos vienen después de Marcos l6:8: "Ellas refirieron brevemente a los compañeros de Pedro lo que se les había anunciado. Luego, el mismo Jesús hizo que ellos llevaran, desde el oriente hasta el poniente, el mensaje sagrado e incorruptible de la salvación eterna" (tomado de una nota de la Biblia de Jerusalén).

¿Suena esto como la voz de Marcos? Aun en la traducción las palabras resultan chocantes: es evidente que otra persona está escribiendo. El contraste es aun mayor en el original griego.

¿De qué modo, entonces, concluyó Marcos la historia de Jesús? No sabemos con seguridad. Es posible que incluyó las palabras registradas bajo los versículos 9-20. El Comentario bíblico adventista analiza la cuestión y, mientras reconoce las dificultades implicadas, opta por seguir incluyendo estos versículos (ver tomo 5, p. 644).

Yo no estoy tan seguro. Aparte del apoyo débil en materia de manuscritos, el pasaje, para mí, lleva las señales de algo añadido por otra mano, por alguien que sintió que terminar en el versículo 8 era algo demasiado abrupto y que el libro necesitaba una conclusión "apropiada".

Y hay otra razón. Sólo en este material cuestionable encontramos estas palabras supuestamente provenientes del Jesús resucitado: "Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán" (Mar. 16:17,18).

El pasaje ha conducido a algunas extrañas aberraciones del cristianismo. En las montañas de West Virginia, hasta el día de hoy algunos que invocan el nombre de Jesús toman serpientes de cascabel y las pasan a mano a lo largo de los asientos en el servicio de adoración. Para ellos, la capacidad de sobrevivir a esta práctica excéntrica "prueba" que son verdaderos creyentes. Encuentro repulsiva la costumbre y la teología detrás de ella; está muy distante de la experiencia del apóstol Pablo, quien sobrevivió a un encuentro con una serpiente venenosa, que tuvo no intencionalmente sino en el curso del servicio cristiano (ver Hech. 28:3-6). , ¿Cuáles son, entonces, las opciones para la conclusión de Marcos?

  • 1. Marcos escribió todo, incluyendo Marcos 16:9-20. Después de todo, ésta puede ser la respuesta correcta al problema.

  • 2. Marcos escribió una conclusión después del versículo 8, pero se perdió. Sintiendo que el trabajo estaba incompleto, alguien en el siglo II escribió la conclusión que conocemos como los versículos 9-20. Y otra persona, también en el siglo II, escribió la terminación diferente, más corta, mencionada anteriormente. En realidad, en siglos posteriores encontramos otros intentos de una conclusión.

  • 3. Marcos se propuso que su Evangelio terminara en Marcos l6:8. Debido a que la conclusión parece abrupta, muchos lectores del Evangelio, desde el siglo II hasta hoy, piensan que él debe haber escrito más. Pero algunos eruditos, rastreando cuidadosamente la historia de Marcos como un todo, piensan que es enteramente posible que Marcos decidió concluir la historia animismo, dejando al lector asombrado y pasmado como a las mujeres.

Pienso que ellos tienen razón. Marcos nos dice desde su línea inicial que su libro será sobre "Jesucristo, Hijo de Dios". ¿Qué mejor manera para terminar? Ni una palabra desperdiciada, el caso está cerrado... y el lector, en el borde de la silla, se ve forzado a contestar la pregunta penetrante de Jesús: "¿Pero quién decís vosotros que soy?"

 

La última palabra

Ya sea que sepamos o no cómo concluyó Marcos su Evangelio, su última palabra no cambia. Aun si nos detenemos en Marcos 16:8, el cual es incuestionablemente auténtico, Marcos nos ha dicho que Jesús, el que fue traicionado, sentenciado a muerte, abandonado, crucificado, muerto y enterrado, que Jesús resucitó de los muertos, vindicado por Dios para ser lo que afirmó ser: el verdadero Mesías de Israel y el Hijo de Dios.

El escritor evangélico nos dice que la tumba estaba vacía, y más aún, que Jesús — el Señor resucitado— se encontraría con sus discípulos en persona. Éstas son las líneas idénticas de evidencia para la resurrección presentadas por Mateo, Lucas y Juan. Todos describen la tumba como vacía y todos registran diferentes encuentros de Jesús con otros individuos.

Nosotros que creemos podemos añadir una tercera línea de evidencia de que Jesús está vivo. Tal vez es una extensión de la segunda presentada arriba. Es ésta: Sabemos que Jesús se levantó de los muertos porque él se encuentra con nosotros personalmente. Aunque no podemos verlo, como lo hizo María Magdalena; oír su voz, como en el caso de Cleofas y su compañero en el camino a Emaús; o tocarlo, como lo hizo Tomás, él es igualmente real, el encuentro y la conversación son igualmente reales.

El testimonio de nuestras vidas resuena con la experiencia de sus primeros seguidores. Jesús está vivo! No seguimos a un Maestro que hace mucho murió y desapareció, sino a Uno que aunque ciertamente murió, salió de la prisión de la muerte. Jesús está vivo!

Sí, el mismo Jesús que mostró compasión a los hombres y mujeres de Galilea derrama en abundancia su compasión sobre tí y sobre mí. Jesús está vivo!

El mismo Jesús que trajo esperanza y sanidad a los hombres y mujeres de antaño trae esperanza y sanidad para tí y para mí. Jesús está vivo!

El mismo Jesús que perdonó y dio vida abundante a la gente todavía perdona y hace que tú y yo gocemos de una vida plena. Jesús está vivo!

  • Éste es Jesús, vencedor de Satanás, victorioso sobre la muerte.

  • Éste es Jesús, ¡vivo para siempre!

  • Éste es Jesús, ¡el Hijo de Dios!


 

 
 

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