
El Comienzo del Evangelio
(Marcos 1:1-20)

Para el 2 de Abril del 2004
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HACE VARIOS AÑOS, una erudita australiana, Bárbara Thiering, escribió un libro sensacionalista sobre Jesús. Jesús el hombre: Una nueva interpretación de los rollos del Mar Muerto. En él argumentaba que Jesús no murió en la cruz, sino que revivió, se casó con María Magdalena, engendró tres hijos, luego se divorció de María y se casó con otra mujer, y finalmente murió anciano. Lo sorprendente es que esta fantástica trama ficticia haya encontrado una casa publicadora seria (Doubleday). Se trata quizá del ejemplo más extremo de un fenómeno común: la hechura de un Jesús a la imagen del hombre. Según el erudito o el escritor, Jesús resulta ser un fanático religioso, un cuentista exagerado, un rebelde político, un feminista o lo que fuese que el autor particular buscaba. Los eruditos han investigado al Jesús histórico, con la intención de averiguar cómo era en realidad, durante más de 200 años. No obstante, sus reconstrucciones pocas veces han tenido un impacto popular, y han circulado mayormente entre estudiosos. Hoy día la explosión de las comunicaciones ha ido eliminando tabúes y ya no queda tema o persona sagrado. Jesús, al igual que cualquier otra celebridad, se ha tomado un objeto de análisis, disección y críticas. En este libro tenemos el propósito de interpretar las palabras del Evangelio de Marcos según su significado más obvio. Yo creo que nos ofrecen un recuento fidedigno acerca de Jesús, y que al estudiarlas podemos llegar a obtener un cuadro verdadero del Jesús histórico. Cada vez hay más eruditos y miembros del público informado que criticarían esta posición. Parece necesario, por lo tanto, brindar cierta atención al porqué podemos confiar en el Evangelio de Marcos, y, por asociación, en los cuatro Evangelios, como fuentes seguras para nuestro entendimiento de Jesús. Después de esto observaremos el término Evangelio y veremos cómo evolucionó bajo el impacto de la vida y la obra de Jesús de Nazaret. Finalmente, buscaremos entender lo que Marcos quiso decir cuando comenzó su relato con las palabras: "Jesucristo, el Hijo de Dios".
La confiabilidad del recuento de Marcos Creo que podemos estudiar confiadamente el Evangelio de Marcos, al igual que los otros tres Evangelios en el Nuevo Testamento, como mentes seguras por las siguientes razones: 1. La evidencia de testigos oculares: Lucas no fue un seguidor de Jesús que pudiese recurrir a sus recuerdos personales del Maestro, pero acudió a aquellos que fueron testigos oculares. Nos dice: "Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia, de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido" (Luc. 1:1-4). El Evangelio de Lucas es la primera de una obra de dos partes, y en la segunda, el libro de Hechos, nuevamente subraya el papel de aquellos que habían estado con Jesús durante su vida terrenal: "Después de haber padecido, [Jesús] se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios... Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección" (Hechos 1:3, 4, 21-22). El Evangelio de Juan igualmente destaca que su recuento responde a testigos oculares: "Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis" (Juan 19:35). "Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero" (Juan 21:24). El Evangelio de Marcos no menciona directamente el aspecto de fuentes oculares, pero Marcos escribe como alguien que recuerda de primera instancia la vida y el ministerio de Jesús. Este Evangelio presta comparativamente poca atención a los dichos de Jesús, más bien encadena una serie de vividas descripciones verbales de Jesús en acción. Al estudiar este Evangelio encontramos que Marcos suple detalles omitidos por Mateo y Lucas cuando estos relatan el mismo incidente. Por ejemplo, sólo Marcos incluye las palabras textuales de Jesús cuando resucitó a la hija de Jairo ("Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate", cap. 5:41). Y sólo Marcos nos dice que al sanar al sordomudo Jesús le dijo en arameo "Efata", que significaba: "Sé abierto" (Mar. 7:34). Aunque Marcos no era uno de los doce discípulos originales de Jesús, es muy probable que estuviese presente en algunos de los acontecimientos que describe en su libro. Sólo en su Evangelio encontramos este intrigante detalle del arresto de Jesús en el Jardín de Getsemaní: "Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas él, dejando la sábana, huyó desnudo" (Mar. 14:51, 52). ¿Se tratará de una referencia al mismo Marcos? Parece que así es. De otra manera, sería difícil entender por qué mencionaría al joven, quien no juega ningún otro papel en el relato. El libro de Hechos y las cartas de Pablo contienen varias referencias a Marcos, quien también era conocido como Juan Marcos. Era el primo de Bernabé y el hijo de María (Hechos 12:12, 25; 13:5, 13; 15:37-39; Col. 4:10; Fuentón 24; 2 Tim. 4:11; 1 Ped. 5:13). La tradición afirma que Marcos fue a Egipto y fundó la iglesia de Alejandría. Llegó a ser el anciano a cargo de la iglesia pero murió durante la persecución desatada por el emperador romano Nerón. Su Evangelio, al igual que los otros tres en el Nuevo Testamento, lleva el toque de la autenticidad, la intensidad y la atención al detalle que sólo un testigo ocular puede proveer. Viene de alguien que estuvo allí o al menos escuchó a aquellos que estuvieron. 2. La evidencia de la historia: A comienzos del segundo siglo, Papías, obispo de Hierápolis, en Asia Menor, reunió información sobre el origen de los Evangelios. Cada vez que encontraba a alguien que había conocido a alguno de los apóstoles, inquiría diligentemente acerca de lo que Andrés, Pedro, Felipe, Tomás, Santiago, Juan, Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor había dicho y hecho. Papías escribió una obra en cinco tomos titulada "Una exposición de los oráculos del Señor". Su obra ha desaparecido ahora, pero otros escritores citan fragmentos de la misma. Así me como el primer historiador de la iglesia, Eusebio, en su Historia eclesiástica, preserva estas palabras de Papías acerca del Evangelio de Marcos: "Marcos, intérprete de Pedro, escribía totalmente con diligencia cuantas cosas encomendaba a la memoria; pero que sin embargo, no exponía ordenadamente los dichos y hechos del Señor. Pues él nunca había oído ni seguido al Señor, sino que había vivido después con Pedro, como he dicho, el cual predicaba el Evangelio para utilidad de los oyentes, no para tejer una historia de los discursos del Señor. Por ese motivo, en nada faltó Marcos, que escribió algunas cosas tal como las sacaba de la memoria. Porque una sola cosa deseaba, a saber, no omitir nada de lo que había oído, ni agregar a ello alguna falsedad" (Comentario bíblico adventista, t. 5, pp. 551, 552). Esta voz sumamente temprana de la historia cristiana afirma la confiabilidad del Evangelio de Marcos: "En nada faltó Marcos", en otras palabras, Marcos no cometió error. La referencia de Papías a que Pedro era la fuente del recuento de Marcos concuerda con la evidencia del Evangelio mismo: Cuando Pedro entra la narración de Marcos, el recuento se toma particularmente vivido (Mar. 1:36, 40; 2:1-4; 3:5; 5:4-6; 6:39, 40; 7:34; 8:33; 10:21; 11:20, etc.). Es interesante el que Pedro, en su carta, se refiere a Marcos como su "hijo" (1 Ped. 5:13). 3- La evidencia de las fechas: En 1985 un grupo formado independientemente de 74 eruditos de varios seminarios y universidades, mayormente en los Estados Unidos, se reunió bajo el nombre de "Seminario sobre Jesús" para encontrar al "verdadero" Jesús detrás de los Evangelios, los co-fundadores, Robert Funk yjohn Crossan, se dedicaron a liberar al Jesús histórico de los "mitos" que —según ellos— lo han rodeado desde el primer siglo. Comenzaron por rechazar de raíz los milagros: nadie puede sanar a los enfermos, ni los muertos (incluyendo a Jesús) pueden recobrar la vida. El Seminario sobre Jesús analizó cada uno de los 1.500 pasajes atribuidos a Jesús y votó con cuentas de colores para opinar si Jesús profirió tales pasajes o algo similar. Una cuenta rosada significaba que probablemente había dicho tal cosa; una cuenta gris implicaba que aunque quizá no lo dijo, las ideas eran similares a las suyas; y una cuenta negra indicaba que Jesús no había dicho tal cosa. ¿Cuáles fueron los resultados? El grupo opinó que un total de 82 por ciento de las declaraciones evangélicas no se originaron con Jesús. La mayor parte del 18 por ciento restantes era dudosa y sólo el 2 por ciento fue considerado auténtico. Cuando el Padrenuestro emergió del escrutinio del Seminario sobre Jesús, ¡las únicas palabras que quedaron fueron "Padre nuestro"! Como es de entender, el Seminario sobre Jesús ha recibido agudas críticas de muchos eruditos. Los medios de comunicación, no obstante, se enteraron de los resultados y les dieron amplia publicidad (aunque no merecida). Esto cumplió los deseos del grupo, el cual siempre deseó alcanzar con su trabajo al público general en vez de al mundo académico. El efecto del Seminario sobre Jesús ha sido una debilitación masiva de la confianza en los Evangelios como fuentes confiables, y por ende en el Jesús que estos presentan. Pero las conclusiones del Seminario, junto con otras similares de parte de otros eruditos del pasado y el presente, fracasan ante un punto crucial: el factor tiempo. Sea cual fuere su posición respecto de la confiabilidad de los cuatro Evangelios, los eruditos los fechan todos en el primer siglo: Marcos, el primero, en la década del 60, Mateo y Lucas en los 70 u 80, y Juan en los 90. Algunos eruditos colocan a Mateo, Marcos y Lucas antes de 70 d. C., basados en que si sus escritos fueron posteriores a la caída de Jerusalén habrían reflejado más claramente el evento. Por varias razones, muchos eruditos consideran que Marcos fue el primero de los escritores de los Evangelios. Señalan que Mateo y Lucas contiene material que se encuentra en Marcos, a veces palabra por palabra. De hecho, sólo 31 versículos en Marcos no encuentran paralelos ya sea en Mateo o en Lucas. Los argumentos a favor o en contra de la "prioridad de Marcos" son complejos y no vienen al caso. El punto clave es que los eruditos han considerado que Marcos fue escrito muy tempranamente, a más tardar entre los años 60 y 70 de nuestra era. Pero esto lo coloca a apenas una generación del ministerio de Jesús, cuando muchas personas habrían estado vivas para refutarlo si hubiese sido tan terriblemente inexacto como aseguran los críticos. El Evangelio de Marcos contiene numerosos relatos de los poderosos hechos de Jesús: cómo restauro la vista de los ciegos, echó fuera demonios, sanó a los sordomudos alimentó a las multitudes, resucitó a los muertos y finalmente dejó vacía su propia tumba. ¡Cuan fácil habría sido para los incrédulos y críticos detener de golpe el nuevo movimiento de los seguidores de Jesús con sus testimonios: "¡De ninguna manera! Vimos a Jesús en Nazaret y Galilea. No hizo milagros ni caminó sobre el agua. Y su cuerpo se encuentra en una cueva en Jerusalén. ¡Todas estas historias son pura basura!" Si Marcos hubiese compuesto su Evangelio un siglo después, los eruditos que lo critican hoy habrían tenido un argumento más razonable. Tendríamos que considerar seriamente su tesis de que sus seguidores adornaron la historia de Jesús, de manera que habría sido la iglesia, no Jesús, quien dio origen a las declaraciones que se le atribuyen. Pero ese no es el caso. El Evangelio de Marcos apareció unos 30 años o menos después que Jesús murió en la cruz, Es demasiado cerca de los hechos para brindar credibilidad a la tesis de los críticos. Y hay una evidencia sumaria. 4. La evidencia que brota de la adoración cristiana primitiva: En la carta de Pablo a los Filipenses, pareciera que éste súbitamente prorrumpe en canción. Note cómo las palabras de la edición Reina-Valera intentan capturar el sentido poético de las palabras de Pablo: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Fil. 2:5-11).
En efecto, Pablo estaba cantando o citando uno de los primeros himnos cristianos. Hizo lo mismo en otros lugares, por ejemplo, en 1 Timoteo 3:16. Pero veamos nuevamente Filipenses 2:5-11 y notemos lo que este himno de la iglesia cristiana primitiva enseña:
Pablo les escribió a los filipenses alrededor del 62 d. C. y cita un himno que debe haber resultado conocido a sus lectores. ¿Cuánto tiempo debe haber transcurrido para que un himno como este fuese compuesto y esparcido hasta llegar a la iglesia de Filipos? No tenemos manera de saberlo, pero es razonable concluir que el himno se originó por lo menos cinco o diez años antes, quizá mucho antes. Lo que quiero decir es lo siguiente: En el mismo comienzo de la iglesia cristiana los seguidores de Jesús que lo adoraban como el Dios verdadero, creían en la Encarnación, proclamaban su muerte en la cruz y valientemente afirmaban que él era el Señor resucitado. Para mí esto es muy significativo. He aquí las alternativas: Por un lado, el Seminario sobre Jesús y otros críticos arguyen que Jesús no fue más que un hombre, un maestro que no hizo milagros y quien murió como cualquier otra persona. La narración en el Evangelio de Marcos, dicen ellos, refleja mitos inventados por la iglesia. Muy bien, pero ¿cuánto tiempo se necesita para que se desarrollen estas condiciones? ¡Mucho más del tiempo del que disponen! La posición alterna es que la resurrección de Jesús confirmó a sus seguidores en aquello hacia lo cual señalaban sus palabras y sus milagros: que él era en realidad Dios en la carne. En seguida lo estaban adorando como Dios y componiendo himnos dedicados a él como el Señor de todas las cosas. Y el Evangelio de Marcos, al igual que los otros tres, no fue una invención de la nueva religión, sino un recuento exacto de lo que verdaderamente ocurrió con el Hombre de Galilea. Yo he tenido algo de experiencia con "hombres dioses". Viví en la India y en dos ocasiones distintas encontré supuestas encarnaciones: Mehar Baba de Ahmednagar, y Rajneesh de Puna (más tarde residente de Antelope, Oregón). Ambos atrajeron y fueron reverenciados por miles de seguidores a nivel internacional. Y ambos afirmaban tener poderes divinos. Pero ambos murieron. Y ambos dejaron de ser. Veinte años más tarde no encontrará congregaciones que les canten himnos. Sus movimientos desaparecieron con su muerte. Usted puede estar totalmente seguro: Marcos le dará información certera sobre Jesús.
Las mejores noticias Marcos comienza su Evangelio con la palabra "evangelio", en minúscula: "Principio del evangelio de Jesucristo". La palabra griega euaggelion, que usualmente se traduce "buenas nuevas", en efecto indica las mejores noticias. La palabra en sí tiene una historia fascinante. El término se remonta a tiempos remotos. En la Odisea de Hornero significa "recompensa por buenas nuevas", pero más tarde tomó el sentido de "buenas nuevas", especialmente respecto de victoria en la batalla. "Euaggelion es un término técnico para 'nuevas de la victoria'. El mensajero aparece, levanta su mano derecha en señal de saludo y clama en alta voz: chaire... niko-men [regocijaos, hemos ganado]. Ya por su apariencia se sabe que trae buenas noticias. Su rostro brilla, su lanza está adornada con laurel, su cabeza lleva una corona, en la mano lleva una rama de palmas, la ciudad está llena de gozo, se ofrecen euaggelia [sacrificios], se decoran los templos, se tiene una agón [asamblea], se colocan coronas según los sacrificios y aquel para quien es el mensaje, es honrado con una guirnalda" (Theological Dictionary of the New Testament, t. 2, p. 722). Durante el primer siglo d. C. el culto al emperador romano como divino gradualmente se fue imponiendo. Y la misma palabra, euaggelion, sin embargo, resultó conectada con el fenómeno. La gente celebraba la ascensión al trono del emperador en términos de la introducción a una nueva era que traería paz al mundo y era "evangelio" para todas las personas. Cuando moría, se decía que ciertas señales en el cielo declaraban que se había incorporado al mundo de los dioses. Pero cuando los cristianos empleaban euaggelion, no se referían a César. Para ellos se refería a otro individuo, uno que era de cuna humilde, un maestro detestado que había muerto sobre una cruz, pero que había resucitado de los muertos. "Evangelio" significaba buenas nuevas de victoria, el triunfo definitivo sobre el pecado, la muerte y la tumba. ¡Qué corrientes históricas se arremolinan en torno a esta palabra familiar! En un nivel, César y Cristo tienen mucho en común —ambos fueron celebrados como salvadores, ambos fueron adorados como Dios en la carne— pero pertenecen a mundos diferentes. Si el nacimiento y la ascensión de César eran "buenas nuevas", ¡la vida de Jesús, su muerte y su resurrección eran noticias aun mejores! Desde los antiguos griegos hasta César y Jesús el concepto expresado por euaggelion se desarrolló aun más. Comenzaron a aparecer escritos acerca de Jesús, el de Marcos probablemente el primero de todos. No eran biografías en el sentido común, porque omitían detalles que usualmente esperamos en una biografía. Por ejemplo, no tenemos una descripción del aspecto de Jesús, y se ignora gran parte de su vida con menciones mínimas o silencio total. Marcos, como Juan, no dice una palabra sobre su nacimiento o su adolescencia. Más bien, los cuatro escritores de los Evangelios se concentran en los tres años de su ministerio, y todos le dedican un espacio desproporcionado a la Semana de la Pasión. Y todos trascienden las meras crónicas o informes están saturados de fe. Juan declaró claramente su significado: "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:30, 31). Jesús de Nazaret domina estos escritos de una manera sorprendente. Son más que buenas nuevas acerca de él: él es el Evangelio. Así me como con el transcurso del tiempo los escritos mismos llegaron a ser conocidos como Evangelios. Mateo, Marcos, Lucas y Juan no fueron los únicos que intentaron escribir un Evangelio. Lucas nos dice, recuerde, que "muchos" habían intentado tal tarea antes que él lo hiciera (Lucas 1:1). No sabemos cómo eran aquellos otros "Evangelios" del primer siglo; no sobrevivieron. El Espíritu Santo, quien había guiado a los cuatro escritores que conocemos, también supervisó el proceso de selección para ser incluidos en el canon del Nuevo Testamento. Sabemos que la fascinación con la historia de Jesús continuó generando otros "Evangelios" después del primer siglo. Algunas de esas obras han sobrevivido. Intentaron obtener credibilidad atribuyendo su escritura a uno u otro de los apóstoles; falsamente, porque los apóstoles ya habían muerto desde hacía tiempo. Tales "Evangelios" a menudo contenían material bastante extraño. Por ejemplo, según uno de ellos el niño Jesús ya conocía el alfabeto antes que su madre comenzara a enseñarle a leer. ¡Hace palomas de arcilla, las lanza al aire y vuelan! El Evangelio de Tomás (no escrito por Tomás) consiste enteramente de dichos de Jesús. ¡Concluye con la declaración de que la mujer debe convertirse en hombre para entrar en el reino de los cielos! He aquí algo más acerca de los Evangelios: la forma más elevada de alabanza es la imitación. En la última parte del segundo siglo, cuando la historia de Jesús se había propagado por todas partes y el cristianismo había comenzado a desafiar el antiguo orden de los dioses griegos y romanos, los paganos publicaron una contraparte del Evangelio acerca de Apolonio de Tiana, un supuesto obrador de milagros del siglo anterior. Por haberse escrito mucho después de los hechos, no tuvo mucho impacto. ¿Cómo podría? Sólo ha existido y existe un Jesús, y un evangelio verdadero.
El Hijo de Dios A lo largo del Evangelio de Marcos, encontramos que los discípulos no podían captar quién era Jesús en verdad. Aunque estuvieron constantemente a su lado para observar sus poderosas acciones, al parecer no captaron las conclusiones obligadas de sus actos. A veces podemos estar tan cerca de un ser amado o un amigo que no podemos ver el cuadro entero, y no advertimos quiénes son en realidad. Sólo cuando esa persona ya no está con nosotros, separada por la distancia o la muerte, es que despertamos y advertimos el tesoro que teníamos a nuestro alcance. Marcos nos dice que Jesús hizo el esfuerzo concienzudo de evitar la publicidad, y frecuentemente les decía a las personas que había sanado que mantuvieran las cosas en secreto (ver Marcos 1:43-45; 5:42, 43). Aunque algunos comentadores han argumentado que el enfoque de Jesús era en realidad una estrategia de psicología a la inversa (basada en que si uno le dice a alguien que no haga algo, es más probable que lo haga), esta explicación parece forzada. Yo creo que la verdad es más bien que Jesús deliberadamente evitó las connotaciones populares del Mesías (uno que libraría a los judíos de sus amos romanos) y quería suprimir la agitación pública que él sabía que sus milagros causarían. Por eso es que —especialmente en el Evangelio de Marcos— el mesianazgo de Jesús es algo secreto. Quizá su plan confundió a sus discípulos, porque Marcos frecuentemente nos dice (a los lectores) que estos no entendían (ver Marcos 4:13, 41; 6:51, 52; 8:17-21). Estuvieron al lado mismo de Jesús, pero no lo vieron. Únicamente después de la resurrección captaron quién era. Sin embargo, Marcos desea que entendamos. Nos dice en sus palabras introductorias que Jesús es el Hijo de Dios. Pero no se limita a reportar detalles sobre Jesús de Nazaret, sino que nos comunica inmediatamente el significado de esos detalles. El relato todo señala hacia una conclusión: Jesús es el Hijo de Dios. En el Evangelio de Marcos, como en los otros tres, el término favorito de Jesús para referirse a sí mismo es "Hijo del hombre". Pero otros términos utilizados en Marcos refuerzan la declaración del autor al comienzo de su Evangelio. Dos veces el Padre declara que Jesús es su Hijo: en ocasión de su bautismo (Mar. 1:11) y en el Monte de la Transfiguración (Mar. 9:7). Los espíritus malignos claman, "Tú eres el Hijo de Dios" (Mar. 3:11; ver también 5:7). Es por cierto irónico el que la gente e incluso los discípulos no reconocen quién es Jesús, pero los demonios lo saben y lo reconocen. En una ocasión Jesús simplemente se denomina a sí mismo el Hijo, en relación con el Padre (Mar. 13:32). En su juicio, el sumo sacerdote le preguntó: "¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?" (Mar. l4:6l). Y Jesús contestó: "Yo soy" (vers. 62). Finalmente, el centurión que estuvo de tumo durante la crucifixión y vio cómo Jesús murió se vio obligado a confesar: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mar. 15:39). Pero ¿qué quiso decir precisamente Marcos en sus palabras de apertura? ¿Es Jesús el Hijo de Dios debido a la Encarnación, o es que el título —que por supuesto se repite en otras partes del Nuevo Testamento— tiene un significado aun más profundo? Todos somos lujos de Dios, sus hijos e hijas, porque él es el Padre de todos. Pero Jesús es "Hijo" en un sentido muy diferente. El uso que Marcos hace de "Hijo de Dios" respecto de Jesús sugiere una intimidad con Dios que ninguno de nosotros puede reclamar. Cuando Dios habla audiblemente del cielo y se dirige a Jesús como "mi Hijo amado" expresa una relación única. En otras partes del Nuevo Testamento el término Hijo es clave. Hebreos 1:1-4, por ejemplo, hace tres afirmaciones maravillosas concernientes al Hijo. En primer lugar, él es el resplandor de la gloria de Dios. La palabra traducida "resplandor", apaugas-ma, sugiere un rayo brillante de luz, una iluminación. Otras traducciones la rinden como "efulgencia" (NEB), "brillo" (K[V), "reflejo" (RSV), o "radiantez" (Phillips). Esta descripción nos eleva al reino de la gloria, donde el Hijo brilla en un día eterno. Allí mora en una luz inaccesible, él es la Luz de luces. Él también es "la imagen misma de su sustancia" (vers. 3). Aquí la metáfora cambia al concepto de un sello y su impresión sobre la cera. La palabra es la misma de la cual derivamos la palabra "carácter" y nos dice que el Hijo es la misma estampa de la esencia divina. Lo que Dios es, también el Hijo lo es. La terminología de Padre e Hijo puede confundirnos. Inevitablemente la asociamos con tiempo y origen. Los hijos derivan su ser de sus padres, y un padre es primero que el hijo. Pero Jesús como Hijo eterno no se originó del Padre. Más bien, el lenguaje bíblico de Padre e Hijo se refiere a un ser, igualdad y esencia divina compartidas. Y los judíos en efecto entendieron estas palabras, porque cuando Jesús llamó a Dios su Padre, los ofendió porque advirtieron que se estaba haciendo "igual a Dios" (Juan 5:18). Las declaraciones de Elena de White sobre la eterna preexistencia de Cristo y su deidad siguen la misma línea. Su cita que dice que "En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra" (El Deseado de todas las gentes, y. 447), se ha tomado en una declaración clásica, pero la que sigue no es menos significativa: "Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo... Al hablar de esta preexistencia, Cristo hace retroceder la mente hacia las edades sin fin. Nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno. Aquel cuya voz los judíos escuchaban en ese momento había estado junto a Dios... Es el Hijo eterno y existente por sí mismo. "Aunque la Palabra de Dios habla de la humanidad de Cristo cuando estuvo en esta tierra, también habla definidamente acerca de su preexistencia. El Verbo existía como un ser divino, como el Hijo eterno de Dios en unión y en unidad con el Padre" (El evangelismo, pp. 6l4, 6l5). Mientras que afirmaba su condición de Hijo eterno, Elena de White sugiere que la Encamación lo hizo Hijo de una manera diferente: "Si bien era el Hijo de un ser humano, llegó a ser en un nuevo sentido el Hijo de Dios. Así estuvo en nuestro mundo: el Hijo de Dios, y sin embargo unido a la raza humana por su nacimiento" (Mensajes selectos, t. 1, p. 266). Esto es, consecuentemente, el comienzo del evangelio: Jesucristo es el Hijo de Dios. Todo lo que Dios es, él es, me y será para siempre. ¡Dios ha venido a la tierra a morar entre nosotros!
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