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Curaciones, y corazones duros

Lección 3

Para el 16 de Abril del 2005


Versículo para memorizar: “También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aún del día de reposo” (Marcos 2.27, 28).

 

 

Introducción

 

En el conflicto milenario desatado por Lucifer contra el gobierno de Dios, y más específicamente contra el Señor Jesucristo y la Ley del amor, no debería extrañarnos que él concentrase sus ataques contra lo que fue establecido para unir al hombre con Dios: el sábado. Ese fue el día en el que Dios descansó, lo bendijo y lo santificó, y que instituyó para que fuera el modo de unir en amor a El con sus criaturas, las criaturas con Él, y además las criaturas entre sí.

 

El propio Señor vino en forma humana para enseñarle al hombre el camino a la vida eterna. No sería extraño que el enemigo se volviese en contra de aquello que une a las personas a Cristo, que es el sábado. Para poder hacer eso, Satanás (que también estudio, y mucho, las profecías), hizo que los líderes judíos reglamentaran la observancia del sábado con centenares de reglas sobre cómo debía el pueblo guardarlo. Obsérvese que no fue Dios quien lo hizo; ni siquiera autorizó u ordenó que tal cosa fuese llevada a cabo. Todo eso provino de Satanás. Al ser humano, que es un ser creado (no un Creador), no le compete reglamentar la Ley y mucho menos alterarla. Cuando Jesús estuvo por aquí, es evidente que Él no seguiría esas reglas, hechos por hombres. Como Rey ¿se sometería a lo que dirían sus súbditos en materia de su legislación? ¿Qué pasaría en un reino en el que las leyes fueran elaboradas por los gobernados, no por el que gobierna? Con todas esas leyes en vigencia, el sábado se volvió extremadamente gravoso de santificarlo. Habían creado artificios para convertir en legítima una obediencia aparente… y eso fue una trampa para Jesús y los verdaderos adoradores. Cuando Jesús vivió entre nosotros, fue observado todo el tiempo para ver si seguía dichas tradiciones o no, así como fue observado para ver si guardaba la verdadera Ley.

 

Jesús sanó en sábado. Eso no era permitido según los doctores de la Ley, pero era permitido según el Legislador, quien estaba allí presente. Lo que el Legislador había establecido en la Ley, y que está registrado en el cuarto mandamiento (Éxodo 20:8-11), era que en el sábado toda criatura con capacidad de recordar qué día es, no hiciese trabajo alguno. En Levítico 23 aprendemos que el trabajo que la Ley prohíbe es el trabajo productivo, por el cual ganamos el pan de cada día. Dios descansó –y descansa– en sábado; Él jamás nos ha informado que cambió ese día por el domingo, ni lo haría jamás, porque eso es absolutamente ilógico: ¿qué gobierno sería ese, en el cual los hombres mortales determinan lo que Dios debe o no hacer? ¿Cómo puede ser que los meros seres humanos pueden hacer alteraciones en la Ley de Dios?

 

Dios descansó durante el sábado, pero no dejó de sustentar lo que creó, continuó obrando manteniendo su creación, pero sin crear nada durante ese día. Así también nosotros debemos hacer lo que sea necesario para que nuestra vida subsista, pero no debemos trabajar en ese día para obtener lo que necesitamos para existir. Eso puede hacerse durante los seis días precedentes de la semana. El sábado es santo, fue santificado (separado) para servir como medio de comunión entre Dios y sus criaturas.

 

Era de esperar que, al venir el Creador a este mundo, este asunto fuese atacado más intensamente, puesto que es evidente que Satanás intentaría romper todo aquello que ligara a las criaturas con el Creador. Si no hacía esto, su guerra estaría perdida desde el principio. Los ataques a la Ley de Dios (los mandamientos) se vienen sucediendo desde que el conflicto comenzó, y se extenderán hasta el final. Habrá una impresionante controversia en relación a este asunto. Ya se ha iniciado, pero se intensificará hasta límites extremos. Esa controversia sobre la observancia de la Ley ya se dio en tiempos de Jesús, pero en la actualidad se centrará en el verdadero día de descanso, el sábado o el domingo. La controversia se extenderá hasta que se nos confronte sobre cuál ley es la que deberemos observar, si la que está en los catecismos o la que está en la Biblia. ¡Es vital estudiar sobre este tema!

 

 


 

Hecho para el hombre (Marcos 2:23-28)

 

Una extensa –e intensa– polémica se dio en aquellos días en torno al sábado, sobre cómo este día debe ser santificado. En primer lugar es importante destacar lo que ellos no cuestionaban. En ningún momento hubo ni siquiera un mínimo debate sobre la eliminación del día de reposo luego de la resurrección del día de Jesús, y mucho menos de que sería sustituido por el domingo. Es importante observar esto porque hoy la polémica que se viene dando es otra, si es el sábado, o el domingo, el día que debe ser santificado. Los doctores de la Ley discutieron con Jesús sobre cómo guardar el sábado, no sobre la validez o no de ese día para cualquier tiempo futuro.

 

Dicho esto, podemos entonces detenernos un poco más sobre el motivo de la controversia. El texto bíblico narra que, durante un sábado, Jesús estaba caminando por un campo donde había plantaciones. Los discípulos sintieron hambre, y recogieron algunas espigas para comer. Los espías también estaban allí, siempre había alguno de ellos de guardia para atrapar a Jesús en alguna transgresión flagrante. Por lo tanto, hasta Satanás sirvió de testigo de la inocencia de Jesús, pues en verdad, nunca encontraron nada de que acusarle.

 

Es así que los discípulos recogieron algunas espigas y comieron. Jesús, de inmediato, fue acusado por esos espías (que eran líderes religiosos) de que no le importaba la supuesta transgresión de la Ley por parte de sus discípulos. En realidad, lo que ellos habían transgredido fue alguna reglamentación sobre el sábado que había sido elaborada por los judíos luego del cautiverio babilónico, para que no se repitiera aquél grande fracaso de Israel. Unos siglos antes, los judíos habían sido llevados al cautiverio porque habían transgredido la Ley, especialmente el cuarto mandamiento, practicando además la idolatría a semejanza de los pueblos que estaban a su alrededor. Los líderes entonces elaboraron un conjunto de reglas a manera de actitud preventiva, para no caer en el mismo error en el cual habían caído innumerables veces: la desobediencia y la idolatría. Pero esas reglamentaciones no eran necesarias, pues alcanzaba con obedecer tal como el Creador había estipulado en los Diez Mandamientos. Esas reglas eran producto del interés de Satanás, no de Dios. Satanás, no mucho después de que Jesús ascendiera al Cielo, generó la idea de que debía anularse la Ley, basado en la aparente transgresión llevada a cabo por Jesús. Pero lo que Jesús hizo fue desobedecer los reglamentos judíos, los que ni siquiera constan en la Biblia. El, el Legislador en persona, vino a enseñarnos cómo se obedece a Dios a través de los Diez Mandamientos, y Él obedeció hasta sus últimos momentos en la cruz, bajo las peores condiciones y presiones del enemigo.

 

Pensemos un poco en relación a lo que los discípulos hicieron, y por qué no fueron reprendidos por el Legislador. El trabajo que el cuarto mandamiento prohíbe es el productivo, aquél llevado a cabo para obtener bienes, alimento, vestimenta, etc. (tal como lo expresa Levítico 23:7, 21, aunque debiéramos leer el capítulo entero). En sábado, así como en los días ceremoniales de la antigüedad, no se debía hacer ninguna obra servil, es decir, alguna obra productiva, algo para más adelante, para acumular con finalidad de sustento. Dios terminó la creación en el viernes, pero al siguiente día (sábado) Él no dejó de mantener lo que había creado. Si dejase de hacer esto (sustentar), al ponerse el sol del viernes ¡la creación colapsaría!

 

Entonces razonemos: ¿es pecado sacar una fruta de la frutera para el desayuno? Ciertamente que no. ¿Es pecado poner esa fruta sobre la mesa, para que los que están en casa se sirvan de ella? ¡Es evidente que no! ¿Sería pecado tomar una fruta directamente del árbol, no teniéndola en casa, para ponerla sobre la mesa? Tampoco. Porque ese simplemente no es un trabajo servil o productivo. Sería pecado si, en ese día, tomásemos una cantidad excesiva para ese día, hacer jugo para guardar en el freezer, o recogerla para envasarla o procesarla. En estos casos, sería actividad productiva, y eso es lo que está penalizado por el cuarto mandamiento. Por lo tanto, Dios no prohibió las pequeñas actividades necesarias para la vida: la higiene personal, el vestirse, el trasladarse, etc. Estas actividades son necesarias. Sin embargo, habían sido prohibidas por los líderes judíos, y así convirtieron al sábado en un día de prohibiciones, justamente, de aquello de lo que no se podía prescindir para una vida confortable. Influenciados por Satanás, estaban generando el hecho de que el sábado fuera rechazado por casi todos. Y eso dio resultado, pero fue un engaño impresionante, pues el Legislador jamás abolió la santidad de ese día, ni jamás lo transfirió para otro. Y menos aún, hacerlo para el domingo, el día en que los paganos adoraban al sol. Los judíos, ingenuamente quizás, prepararon las condiciones para que, más adelante, los líderes de la iglesia de Roma, valiéndose de la antipatía así generada en relación al sábado, completaran la obra y transfirieran el día santificado por la Ley de Dios (que es el sábado) hacia el domingo de Satanás, y así se mantuviese hasta ahora. Hacia el final de los tiempos habrá una gran controversia sobre esta cuestión, y muchos católicos sinceros, protestantes, evangélicos, y de otras denominaciones religiosas, entenderán esta cuestión vital, y corregirán sus prácticas de adoración. Este cambio de actitud está predicha (Apocalipsis 18:4), pronto ocurrirá, en pequeña escala ya es una realidad. ¡Feliz el que abandona Babilonia, y viene al Reino de Dios!

 

Lo que Jesús enseñó en aquellos días es la necesidad de obedecer a los mandamientos de la Biblia, no a los reglamentos que los judíos habían establecido. Y Jesús fue tajante, al decir que Él era el Señor del sábado (Marcos 2:28). El había sido quien lo había instituido, y Él tiene el poder para decir cómo debe ser guardado. David y sus soldados, durante una campaña militar, con mucha hambre, fueron a pedirle pan al sacerdote, pero no había. Entonces comieron del pan consagrado, el que únicamente los sacerdotes podían comer. Con este ejemplo, Jesús ilustró que no se debe radicalizar con normas insignificantes algo que es muy simple. Lo que él quiso decir, finalmente, es: ¿Qué hay de equivocado en arrancar las espigas necesarias para quitar el hambre? Ellos no estaban cosechando el grano, ni siquiera en parte. Era lo mismo que tomar el alimento de la mesa. Sólo habían tomado el alimento necesario para comer.

 

Entonces Él dijo que el sábado fue hecho por causa del hombre y no el hombre por causa del sábado (Marcos 2:27). Eso significa que el sábado existe porque hay seres inteligentes que lo guarden (nótese que el cuarto mandamiento se inicia con “Acuérdate…”) y se beneficien con ello. El sábado fue hecho por causa del hombre, porque al santificarlo, el hombre se relaciona estrechamente con el Creador. Es por eso que deben cesar las actividades productivas. No hay modo de dedicarme en amor al Creador si yo continúo trabajando todo el día, obteniendo el sustento. Esa es la cuestión vital: amar a Dios, o adorar a Dios, que significa lo mismo. El sábado fue establecido para que el hombre adorara a Dios. Si el hombre no fuese un ser creado, entonces el sábado no tendría sentido, pues no habría criatura racional para adorar al Creador. Era el Creador quien quería mantener los lazos de amor con sus criaturas, y por eso instituyó el sábado. De esa relación de amor entre la criatura y el Creador depende nuestra comunión con los demás seres humanos, la armonía, la paz, y la felicidad. En ese sentido el sábado fue creado por causa del hombre, y no a la inversa.

 

 


 

El hombre de la mano seca

 

Satanás posee una inteligencia distinta de aquella que poseen las personas de principios. El no es sabio, pues la sabiduría “para” y “por” el bien de los demás. Es astuto, si, al obrar para el mal; es egoísta, para sí mismo. El principio que gobierna la sabiduría es el amor, que es altruista, pero el “antiprincipio” que gobierna la astucia es el odio, que desea todo para sí. Y en eso se convierten también aquellos que son esclavizados por Satanás.

 

Los líderes judíos de aquellos tiempos eran auténticos esclavos de Satanás. Fueron enredados por él de tal manera que no lograron discernir lo correcto, ni siquiera el hecho de que Jesús era el Hijo de Dios, aunque eso fuera tan evidente, aunque estuviera escrito, y a pesar de que ellos lo sabían muy bien. ¡Hasta ese punto de ceguera llegaron! Es necesario meditar sobre esto: no lograron identificar a su Creador a causa de sus intereses personales. Y esto fue a causa de un radical dominio satánico.

 

Pero ellos fueron más lejos todavía. Querían matar a Aquél que había venido a salvarlos. ¿Cómo logró Satanás tanto poder? Su capacidad de engañar es increíble. Y desde ese entonces, podemos creer que suponer para entrampar ha aumentado. ¿Cuáles son las personas que hoy más fácilmente son engañadas? ¿Son las que poseen más o menos conocimiento? ¿Qué piensas de ello?

 

Por increíble que parezca, Satanás tiene mayor poder sobre aquellas personas más estudiosas. En la actualidad, en colegios y universidades, se estudia la teoría que, en gran parte, fue desarrollada por Satanás. El culto se vuelve tan ciego que cierra las avenidas del corazón hacia la luz de la Biblia. Así, estas personas están virtualmente “vacunadas” contra la pura verdad bíblica, mientras que los “menos instruidos” no tienen esta limitación. Pero para enredar a los menos instruidos, Satanás inventó las supersticiones, las creencias, que no parecen ser más fáciles de esclarecer.

 

Y para los que creemos en la Biblia, en estos últimos tiempos, ¿Satanás no ha inventado nada? ¡Creo un sistema que es extremadamente poderoso! Lo resumo en una palabra con la que, en estos últimos comentarios, estoy insistiendo: la mundanalidad. Algunos creen que en él se librarán de la muerte eterna. Quiero que los lectores y lectoras meditaran más tiempo sobre lo que significa el mundanismo. Mediante este recurso, Satanás hace que las personas permanezcan en la iglesia, actúen en ella, sean líderes, incluso pastores, pero que estén también en el mundo. Es decir, con un pie en la iglesia, y con el otro, en el mundo. La diversidad de cosas que podemos tomar de la mundanalidad es enorme, y prácticamente ya nos hemos acostumbrado a tenerlas en nuestro medio.

 

El efecto de las ataduras de Satanás es extremadamente poderoso. En los tiempos de Jesús fueron siempre los líderes los que combatieron a Jesús. ¿Hoy sería diferente? A lo largo de la Edad media fueron los líderes los que mataron a los que se mantenían fieles, ¿hoy sería diferente? El pueblo nunca es superior a sus líderes, por eso el Señor fue bastante duro con Moisés. Si ellos llegaron hasta el punto de querer matar a Jesús, y finalmente lo hicieron, eso es para nosotros un llamado de alerta, puesto que eso hoy no debiera ser diferente. Así como aquellos estudiosos fueron engañados, también nosotros podemos serlo. Y efectivamente eso se producirá si no somos humildes.

 

Los que lideraban querían poder. El imperio romano les concedió ese poder, y así fueron engañados, puesto que tenían el poder que tanto deseaban. Jesús representaba una amenaza a ese poder, Él tenía otro poder, el de desenmascararlos. En eso residía todo el odio que ellos sentían contra Jesús. Sin embargo, es evidente que tales cosas no podían revelarlas en público. Entonces cayeron en otra trampa que había sido preparada por Satanás. El demonio llevó a los propios líderes, en épocas anteriores, a reglamentar la ley. Lo que tenía validez ahora eran las reglamentaciones acerca de la Ley. Y en eso encontraron un argumento para acusar al Legislador: Jesús no estaba cumplido con la Ley que ellos habían inventado. Los que debían haber obedecido la Ley estaban queriendo hacer que el Rey y Legislador les obedeciera, y que no los estorbase en sus privilegios de origen pagano. ¿Se puede admitir esto? ¿Podemos estar de acuerdo con el hecho de que el Rey del Universo se someta a personas vendidas al imperio enemigo? Jamás. Ni en aquél tiempo, ni en tiempo alguno. No hay manera de aceptar la estupidez de sus pretensiones. Pero ellos creían que tenían razón. El poder de origen pagano los encegueció. Todas las cosas de origen pagano enceguecen, y en cada época de la historia hay cosas que vienen del paganismo, del mundo, que ciegan a las personas, y así las conducen a la perdición, aunque piensen que tienen toda la razón. Así fue con los desgraciados líderes de los cuales hoy estamos estudiando. Prestemos atención: no es diferente en nuestros días. Satanás está nervioso. Anda como león rugiendo buscando a quien devorar. Si el logró engañar a los grandes estudiosos de la Ley, a punto tal de llevarlos a rechazar a Jesús, ¡imagina de lo que él será capaz en nuestros días, con dos mil años más de práctica y aprendizaje activo! ¿Será que está dormitando?

 

¿Qué es lo que Dios quiere decir cuando pide que seamos santos tal como Él es santo?

 

¿Y por qué Jesús dijo que, al volver, quizás no encontraría fe en la tierra?

 

Ser santo no es algo para considerar livianamente.

 

 


 

Los doce apóstoles (Marcos 3:7-19)

 

Habían pasado pocos días del comienzo del ministerio de Cristo y ya su fama estaba por las nubes. No era eso lo que Jesús quería, pero era inevitable, pues el pueblo estaba necesitando alguien como Él. La fama era un problema, aunque sea algo apreciado por los seres humanos de todos los tiempos. Para enfrentar este problema, fue a orar al monte, durante toda la noche. Dios fueron sus motivos de oración: el problema de la popularidad, que provocaría que surgiese oposición por parte de aquellos que la perderían (tal como sucedió) y la necesidad de escoger a los apóstoles, que en un número de doce (tal como fueron doce los hijos de Jacob que conformaron el pueblo de Israel) conformarían el núcleo de la iglesia cristiana. De una nación Cristo formaría su iglesia, pues esa nación lo estaba rechazando, sus líderes ansiaban prestigio, fama y poder. Ante esta situación, Jesús tuvo que orar, y fue esa oración lo que garantizó fuerzas para continuar venciendo.

 

En la elección de los doce había dos objetivos: “aprender” para “enseñar”. El seleccionaría hombres para que estuvieran temporalmente bien cercanos a él, más cerca que los demás. Para convertirse en apóstoles, debían aprender muchas cosas para después enseñárselas a todo el mundo. Ellos aprenderían a adquirir el carácter de Jesús, es decir, que pondría en sus corazones y mentes su Ley. La Ley de Dios, su carácter, los Diez Mandamientos, que Él vino a cumplir, no a abrogar. Les enseñaría cómo se obedece la Ley, es decir, cómo se ama a Dios y cómo se ama al prójimo. Y en esto Él fue el máximo ejemplo, pues aún muriendo, superó todas las provocaciones del enemigo. Esa es sabiduría de vida. Los apóstoles fueron escogidos para aprender de Jesús este secreto de la vida, y ellos debían prepararse para enseñarle esto a todos los demás. En el futuro serían predicadores y mensajeros de la verdad, maestros y ejemplos del amor de Dios y de la vida eterna.

 

Satanás evidentemente estuvo atento. Si Cristo escogía las personas equivocadas, eso haría que la obra fracasase. El podía convertirse en Salvador, pero la iglesia no avanzaría, y por cierto que no pasaría de aquellos días. No podemos negar el hecho de que la iglesia de Cristo era la única en el mundo con una fuerte oposición de parte de Satanás. Era la mayor candidata a no prosperar, por la fuerte oposición que tuvo en tiempos de Jesús. Hay una diferencia considerable entre la iglesia de Cristo y las demás, que apenas transfieren pecadores de un lugar a otro, pero dentro del imperio de Satanás: la iglesia de Cristo saca a pecadores del imperio de Satanás, los rescata para vida eterna. Y eso constituye el mayor motivo de oposición por parte de Satanás. Por esa razón Jesús oró tanto para que al siguiente día tomase las decisiones correctas. Fue entonces que él escogió a hombres de curioso “perfil”: varios pescadores, un recaudador de impuestos, un zelote (integrante de un partido político-religioso reaccionario, subversivo), y otros hombres de dudoso carácter, o violentos. Pero Dios mira el corazón. En todos ellos, menos en Judas (que él no escogió, sino que fue seleccionado por indicación de otros), había una necesidad interior de un cambio, había humildad, había posibilidades de trabajar con ellos y de transformarlos. El sabía que, como Maestro, podía hacerlos poderosos para una obra tan gigantesca, que los líderes cultos no haría, puesto que no se someterían a las condiciones adversas que deberían enfrentar, se convertirían en evangelistas “de escritorio”, jefes, no saldrían a luchar enfrentando el peligro. Los rudos hombres que Jesús escogió tenían una virtud: eran maleables al poder transformador del amor de Cristo. Y Juan fue el más cambió a lo largo de aquellos tres años y medio: de “hijo del trueno” a “discípulo del amor”.

 

Por eso fue importante que Jesús subiera al monte “a orar” al Padre. El hizo lo correcto, pues hasta hoy su iglesia subsiste, y su destino es ser victoriosa, esa iglesia que durante doce siglos permaneció refugiada en el desierto de la aflicción, hoy nos ha alcanzado la verdad de la vida y de la adoración, a pesar de la fuerte oposición. ¡Dios escuchó su oración! ¿No creen? ¡Cuán valiosa fue aquella noche en oración!

 

Esta actitud de Jesús nos sirve de estímulo y de ejemplo para que oremos más. Una sugerencia para nuestros lectores: ¿por qué no seguir la práctica de Daniel y orar tres veces al día? No estamos hablando de oraciones rutinarias (desayuno, almuerzo y cena…) sino de oraciones a solas con Dios. Si cada uno dedicara al menos cinco minutos en oración, verá cuánto aumentará su poder de comprensión de las cosas espirituales. ¡Experiméntalo! ¿Acaso Daniel no venció mediante esas oraciones? ¡Y qué magníficas victorias obtuvo!

 

 


 

Jesús y Beelzebú (Marcos 3:22-30)

 

El episodio narrado en Marcos 3:20-30 es un síntoma de lo que hace Satanás por medio de las personas, y en este caso, por personas que decían creer en la verdad. Los líderes del pueblo eran estudiosos de las Escrituras, eran maestros de la Ley, esto es, le enseñaban al pueblo acerca de la verdad. Sería de esperar que ellos hubieran sido los primeros en orientar al pueblo a escuchar a Jesús, a que lo aceptaran, explicando tal como Juan el Bautista, la misión de Jesús. Pero tal cosa nunca sucedió. Hicieron lo contrario, obstaculizaron el trabajo del Salvador, e intentaron interrumpir esa obra. En eso sólo podemos ver las acciones de Satanás.

 

Luego de haber escogido a los apóstoles, y habiéndose esparcido su fama de manera extraordinaria, hasta los parientes de Jesús se levantaron en contra suya, diciendo que estaba “fuera de si”. Fueron tras de él para “prenderle”. Los escribas estaban diciendo que Él obraba con el poder de Beelzebú, el mayor de los demonios, o sea Satanás. Pero, prestemos atención, los líderes sabían que Él era Cristo, de eso tenían pleno conocimiento, había visto sus milagros, asistieron a su bautismo en el cual Dios dio testimonio de su Hijo como Mesías. Percibieron que Él era diferente a ellos, que predicaba palabras diferentes, anulaba sus tradiciones inconvenientes e inútiles y su pervertido modo de vida. La necesidad de reforma también los alcanzaba, era obvio que era necesaria una conversión en sus vidas. Estos hombres, orgullosos, que dominaban sobre el pueblo, sintieron que debían cambiar radicalmente. Necesitaban arrepentirse y convertirse. Sabían eso, lo percibieron claramente, pero dudaron. Cerraron sus corazones al Salvador. No se humillaron, sino que –por el contrario– mantuvieron las apariencias delante de los hombres, pero delante de Dios ya estaban condenados. Rápidamente se volvieron en contra de Jesús. Y así permanecieron a lo largo de los más de tres años que Él estuvo en la tierra, hasta que lo llevaron a la cruz. Así actuaron en contra de lo que Jesús les había dicho ante su acusación de trabajar con Beelzebú. Jesús les había respondido que eso era un absurdo, pues Satanás jamás obraría contra sí mismo. Si lo hiciera, fracasaría, y estaría destruyéndose a sí mismo. Nadie es tan estúpido para luchar contra si mismo en un intento de vencer al enemigo, puesto que ese es el camino más rápido para la derrota.

 

Aquí tenemos una estrategia poderosa más de Satanás: el genera una situación de pequeña resistencia inicial. La resistencia, sin embargo, va creciendo, el orgullo va aumentado, la arrogancia, y la persona pierde completamente el humilde sentido de la necesidad de un cambio radical, y se cierra sobre sus errores. En tal caso, cosa que ocurre con la mayoría de los seres humanos, la persona –consciente o inconscientemente– se decide por Satanás, y en contra de Jesús. Al permanecer en esto, endurece a tal punto su mente que pasa a considerar como correcto lo incorrecto y equivocado lo que es verdadero. Esta situación llega a tal extremo que tales personas resisten cualquier llamado, cualquier evidencia, cualquier palabra de parte de los mensajeros de Dios. Técnicamente diríamos que para ellas el perdón es imposible, puesto que es sistemáticamente rechazado. No se puede perdonar a quien rechaza el perdón, puesto que –aún siendo perdonado– es ineficaz. Por lo tanto, estas personas pecan contra el Espíritu Santo, ellas no escuchan la voz del Consolador, enviado por Jesús para llevar a cabo la obra de la salvación.

 

Hay en esto un llamado de alerta para nosotros. Aquellos líderes rechazaron al propio Salvador en persona. Si Satanás logró engañar a esas personas, doctores de la Ley, lo hará de manera más intensa en nuestros días, cuando con pavor ve que los acontecimientos se están desencadenando a alta velocidad. El intensificará su trabajo. Quien posea un sincero anhelo de salvarse, deberá velar, orar y trabajar mucho, para no ser enredado en esos lazos. La capacidad de engañar está hoy en su punto máximo. No debemos considerar la astucia del enemigo como algo actuando en segundo plano.

 

 


 

La madre y los hermanos de Jesús (Marcos 3:31-34)

 

¡Qué situación extraña e inédita! ¿Te has imaginado siendo hermano de Jesús? Considera los hechos. Nace un niño llamado Jesús. Es hijo de segunda esposa de José. Hay otros hijos, mayores que Jesús, fruto del primer matrimonio de José. Convivieron con Jesús por más de treinta años. El se mostró perfectamente humano. Nada se podía ver en él que indicase más que humanidad. Sus hermanos estaban acostumbrados a ver a Jesús como un ser humano como cualquiera, excepto que era extremadamente educado.

 

Ahora, de un día para otro, este hermano pasa a decir que es Hijo de Dios, y esta noticia se esparce en todos los lugares. Y más aún, hace milagros y predica algo muy diferente de aquello que los doctores de la Ley enseñaban y exigían, entrando en conflicto ¡con esos respetables hombres! Y estos hombres estaban amenazando con matarlo. Se genera una polémica sin precedentes con un miembro de la familia. Un gran número de personas lo sigue, pero los líderes de la nación están en contra de él. Ante todos estos hechos ¿cómo reaccionaríamos ante esta situación?

 

Parece ser natural la actitud de los hermanos de Jesús. Evidentemente, desde el comienzo, no entendieron lo que Jesús hacía. Para ellos parece que era obvio que no era el Mesías. Habían convivido con él desde que era un bebé, y más que nadie sabían quién era él. Todo conducía a que creyera que él no era sino otro de los falsos mesías que habían aparecido antes (los que también aparecieron después de Jesús, y hoy mismo en nuestros días). Y justo ahora, aquél chico tan obediente y que tan bien se comportaba, decide generar un problema de alcance nacional, capaz de atraer sobre sí la ira de las autoridades que los dominaban. Seguramente los hermanos de Jesús estaban preocupados con su integridad física, con la seguridad de la familia, y con la repercusión de estos hechos ante las autoridades del imperio romano. El podía traerles serios problemas relacionados con la seguridad nacional. Entonces llegaron a la conclusión que quien hacía estas cosas debía ser porque estaba loco.

 

Jesús fue contrastante. El era tan humano que ni siquiera sus hermanos lo vieron como Mesías. En la familia de ellos estaba el mismo Hijo de Dios, pero sólo lo veían como hermano, apenas un ser humano, nada más.

 

Sin embargo, podemos decir que los hermanos de Cristo actuaron como seres humanos sensatos. Al principio, fue un desengaño. Pero al poco tiempo vieron quién era Aquel, y de un día para otro pasaron a actuar de manera diferente. Y cuando descubrieron la verdad, humildemente se convirtieron en sus seguidores, conforme lo relata Hechos 1:14 y Gálatas 1:19.

 

¡Aprendemos una importante lección con los hermanos de Jesús! Todo ser humano puede caer en engaño, pero si es sabio, aquél que admite el engaño, entonces se reubica, acertando en su modo de actuar. Y eso es conversión, cambio de rumbo.

 

 


Aplicación de estudio

 

Durante esta semana estudiamos la postura de Jesús en relación a la posición de los líderes del pueblo en relación al sábado. Pudimos entonces constatar los siguientes puntos clave:

 

·          Los líderes habían burocratizado la observancia de la santidad del sábado. Así lo convirtieron en una rutina sin sentido, una carga, algo que debía cumplirse sólo por imposición, tal como se lo exigieron a Jesús y a sus discípulos.

·          El pueblo guardaba el sábado pero entendía el significado de esta observancia. Es como sucede hoy en muchas industrias: hay estándares de procedimientos que los operarios obedecen para no ser castigados, pero no saben los motivos de esas normas.

·          El verdadero objetivo de sábado fue apartado de la mente de los adoradores. El sábado fue separado de los demás días para generar condiciones perfectas para amar a Dios y al prójimo, y esa fue una lección que Jesús tuvo que enseñar puesto que ni siquiera los líderes lo entendían así.

·          También Jesús tuvo que enseñar la razón de la observancia del sábado: había sido instituido por Dios por causa del hombre, y no al revés. Eso significa que existe el sábado para que el hombre tenga una buena relación con Dios y sus semejantes. Esa relación, en el plano divino se llama “adoración”; en lo que tiene que ver con los semejantes, se llama “honra”, que debe ser conferida partiendo de nuestros padres.

·          Jesús claramente dijo que Él era el Señor del Sábado, por lo tanto nadie tiene el derecho de decidir cualquier cosa relacionada con ese día de adoración. Los judíos habían agregado patrones en la observancia del sábado, y fueron severamente reprendidos por el Autor del sábado. Imagina cuál será la reprensión para los que alteren su Ley, sustituyendo el sábado por el domingo. ¿Piensan ellos que el Señor del sábado no vendrá para arreglar cuentas con ellos en relación a este entrometimiento?

·          En relación al sábado podemos ver cuán incansablemente trabaja el antiguo enemigo del Señor y de sus seguidores. Hoy eso se da con mayor intensidad. Pronto tendremos una polémica global en relación a este asunto. Eso está previsto proféticamente, y las señales indican que ocurrirá en nuestros días. De hecho, ya ha comenzado, pero la controversia se da por ahora en un nivel discreto.

·          Los sanamientos que Jesús llevó a cabo en sábado nos enseñan que la actividad de liberación para los enfermos deben ser realizadas en ese día. El sábado no debe ser una carga, sino una bendición. En ese día debemos ocuparnos de nuestra subsistencia, pero también podemos hacer el bien, liberar a los oprimidos por Satanás, aliviar el sufrimiento de las personas. La observancia del sábado debe seguir una línea central: sin desvíos a derecha ni a izquierda. Es decir, sin caer en el fanatismo, burocratizando la santificación del sábado; ni liberales, relajándonos en su observancia. La reforma del sábado significa adoptar un cuidado coherente con el mandamiento, no llevando a cabo actividades productivas, puesto que ellas desvían nuestra atención de nuestra relación de amor para con nuestro Creador. Pero tampoco debemos estar ociosos, y dormir la siesta durante toda la tarde del sábado (para luego poder ver películas hasta la madrugada, como muchos hacen). Es día de descanso, pero no de pereza o vagancia. Es el día para liberar a las personas del imperio de Satanás. Eso Jesús nos lo autorizó a hacer.

 

Una última palabra final. Quiero agradecer en forma conjunto por los correos electrónicos que recibo de ustedes, mis amados, de todos los continentes, exceptuando Australia. Ustedes me incentivan y es muy bueno para mí leer palabras tan amables de parte de ustedes. Cada día siento mayor aprecio y estima por personas que sólo conozco a través de este medio. En la página http://www.advir.com/sikberto estamos publicando comentarios sobre los hechos proféticos actuales. En la descripción de esos hechos insertamos explicaciones provenientes de las profecías bíblicas, de la Historia, y de las probables tendencias. Son comentarios que me esfuerzo en mantener la profundidad exigida por personas de cultura elevada. Son escritos pensando en ejecutivos, profesionales liberales, empresarios, etc. Entiendo que nuestro ministerio involucra también una dedicación a esos hijos de Dios; son pocos los que ven en ellos a hombres y mujeres por los cuales Jesús también murió. Todos los que lo deseen, pueden diseminar estos artículos, que saldrán publicados de dos a cuatro veces por mes. También, con humildad, estoy abierto a sugerencias de todos ustedes, mis buenos amigos, para mejorar este ministerio, el cual exige mucho de mi tiempo para el estudio y la preparación. Sabemos que sólo conoceremos los resultados de esta obra en el futuro, pero tengo absoluta certeza, y eso me hace muy feliz, que se alcanzarán muchos resultados positivos, con la ayuda de la computadora y de muchos que distribuirán estos artículos. En especial, esta obra es hecha posible por la bondad de los hermanos responsables de AdVir, quienes hacen la publicación inicial.

 

Dios nos ilumine a todos ¡Amén!

 

Prof. Sikberto Renaldo Marks


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© Prof. Sikberto Renaldo Marks marks@unijui.tche.br

El Profesor Sikberto Renaldo Marks, ha autorizado al Doctor Martínez a traducir y/o publicar sus comentarios semanales de la escuela sabática

 Traducción al español en esta semana: Profesor Rolando Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com.ar).  Agradecimiento a Recursos de Escuela Sabática (RES)

 


 

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