
Asombroso obrador de milagros

Lección 2
Para el 9 de Abril del 2005
Versículo para memorizar: “Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio” (Marcos 1:41).
Introducción
Marcos, en el comienzo de su evangelio, pasa fugazmente por Juan, el Bautista, menciona la tentación de Jesús, y luego lo muestra iniciando su ministerio por Galilea, en donde llama a sus primeros discípulos. En este punto, pareciera que el apóstol ingresa en su tema preferido: los milagros. El primer milagro que narra es el sanamiento de un endemoniado. Era el comienzo del ministerio de Cristo, y el demonio, no hacía mucho tiempo, había estado intentando derrotarlo. Ahora, victorioso en la primera batalla, Jesús estaba predicando sobre su Reino, estaba iniciando la proclamación del Reino del amor, y trabajaba para liberar a los esclavos del reino de Satanás.
Evidentemente Satanás quedó extremadamente preocupado, y sin poderse contener, atacó al Maestro utilizando el cuerpo de una pobre persona, que estaba bajo su control. Eso lo podemos leer en Marcos 1:21-28. “¡Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno!” dijo el demonio. Estaba intentando intimidar al Salvador, desmoralizarlo delante de las personas. “Sé quien eres, el Santo de Dios”, dijo Satanás mientras poseía el cuerpo de un ser humano, sin lograr contenerse de exclamar tales palabras. Estaba desafiando al Hijo de Dios, ante el cual recientemente había perdido una batalla, y ahora buscaba una confrontación pública. Eso lo intenta Satanás también ahora. Por ejemplo, para él sería algo muy bueno el poder llevar a alguno de nuestros líderes ante la televisión para desprestigiarlo delante del gran público. Pero Jesús le dio la respuesta adecuada: “¡Cállate, y sal de él!”. Ante esas simples palabras –pero con el poder del Creador– Satanás no tuvo otra alternativa que salir, una vez más, derrotado ante el poder superior de Alguien que era Dios.
Entonces vinieron otros milagros, la curación de la suegra de Pedro y otros muchos más. Pero Marcos no dejó de registrar que Jesús fue de madrugada a un lugar solitario para orar.
El endemoniado (Marcos 1:21-28)
Ya nos hemos referido a este milagro previamente. Entonces podemos hacer algunas consideraciones más sobre él. Algunas implicancias que podemos extraer de él pueden ser:
· Era el inicio de la obra de Jesús, y Satanás estaba viendo que sería muy difícil para él. Entonces intentó, de alguna manera, desestabilizar esa obra, generando un clima de desconfianza hacia Cristo.
· Jesús hizo su primera predicación, y fue con poder. Las personas se sentían preocupadas, ante su mensaje, por su condición de pecadores. Desde luego, ello generó posturas radicales por parte de sus oyentes: aquellos que sentían que debían cambiar de vida, y aquellos que se sentían señalados y no querían convertirse. La oposición surgió de inmediato. Para fortalecer esa oposición, Satanás se manifestó, el quería crear una alianza de poder con los opositores en potencia. Y hoy hace lo mismo.
· Satanás vio que su situación estaba bajo seria amenaza, y que sería desenmascarado. Satanás engaña a los seres humanos desde los tiempos de Nimrod, cuando éste consolidó el primer imperio satánico desde el Diluvio. Desde entonces, el paganismo se infiltró en la vida de las personas como hoy se infiltra la mundanalidad. Era como una maleza dañina que cubrió toda la sociedad, tanto en las naciones paganas como entre los propios judíos, el pueblo de Dios, el escogido para alcanzar a los demás pueblos.
· De esta manera, Satanás logró influir de manera poderosa sobre la humanidad. Ahora llegaba el Creador e inicia el proceso para desenmascarar al diablo. Era el final para el imperio del mal. Satanás vio que debía hacer algo inmediatamente. Fue tal el pavor que sintió, que ataca a Jesús a quemarropa, sin un buen plan de acción. La confrontación duró algunos segundos, quizás algunos minutos, pero fue rápida. Satanás se vio en la obligación de huir de aquél lugar, por orden de Aquél a quien había desafiado. Y el hombre fue liberado del demonio.
· En la primera confrontación pública de Cristo contra un agente de Satanás, quizás hasta con el mismo diablo, quedó absolutamente claro quién era más poderoso. Ante los ojos de muchos, Satanás tuvo que sufrir una derrota humillante, y apartarse de allí. Jesús comenzaba así su escalada de victorias, aunque todavía debía enfrentar muchas confrontaciones más.
· En la actualidad, Satanás utiliza otras estratagemas para esclavizar a las personas, métodos que –aparentemente– pueden ser compatibles con la ciudadanía del reino de Dios, pero que no lo son. En aquél tiempo, las personas estaban presas bajo la autoridad sutil de Satanás, y hoy no es muy diferente. En aquél tiempo, era por medio de una fuerte idolatría, hoy es a través de la mundanalidad. En aquél tiempo, Juan vino para predicar acerca de la venida del Reino de Dios, hoy somos nosotros los que debemos hacer eso. Juan predicó, como lo había hecho Elías, y entonces vino el poder de Dios, en Jesucristo. Luego fueron los discípulos los que llevaron el mensaje al mundo entero. Hoy es también así: nosotros –con el poder del Espíritu Santo– debemos ir al mundo entero liberándolo del poder de Satanás.
La suegra de Pedro (Marcos 1:29-39)
Todo era novedad. El ministerio de Jesús estaba comenzando. Y fueron a la sinagoga para adorar y al terminar el programa, se dirigieron a la casa de Simón Pedro y Andrés. Allí vivía también la suegra de Pedro. Ella no había ido al culto, estaba enferma. Al llegar a casa, Jesús fue informado de su enfermedad. El se dirigió inmediatamente hasta donde se encontraba la mujer, tomó su mano, e inmediatamente la fiebre la dejó. Al sentirse restablecida, se levantó y pasó a servirle el alimento a sus visitantes. La suegra de Pedro no estaba bien de salud. No tenemos información de cuál era la enfermedad que padecía, pero no debía haber sido poca cosa, pues estaba en cama. Podía ser alguna infección, intoxicación, inflamación, o algún otro problema. El hecho es que ella se sentía, por lo menos, muy débil como para ir incluso hasta la sinagoga. Ni siquiera en su propia casa podía estar parada, por eso estaba acostada. Es siempre algo muy malo estar enfermo, pero como nos sentimos de bien cuando tomando la medicina correcta, sentimos que estamos mejorando. Elogiamos al médico, al medicamento, al laboratorio, a los enfermeros y enfermeras, y hasta a veces sobran elogios hasta para Dios, que brindó el conocimiento para que se diera todo lo demás. En esos casos las personas hablan bastante, se alegran, lo que es muy bueno. Entonces, imagina cómo se debieron sentir aquellas personas que vieron cómo -repentinamente– aquella señora fue sanada. ¿Será que tuvieron tiempo para ocuparse de cualquier asunto trivial? Seguramente, por algún tiempo, ese fue el tema exclusivo de las conversaciones, y permaneció en la memoria de ellos durante mucho tiempo. Había sido un milagro, el triunfo del poder sobre la enfermedad, una cura instantánea.
Las personas, al hablar entre ellas, esparcieron las noticias. Si hubiera sido hoy, si el Creador estuviera entre nosotros, sin ningún Diploma de la Facultad de Medicina, y si hiciese milagros, ciertamente sería arrestado por la autoridad interviniente, y procesado por delito. Estaría en graves problemas. Es curioso, pero en aquél tiempo también hubo problemas para quien hacía milagros.
El leproso (Marcos 1:40-45)
La lepra, y otras enfermedades de la piel, era contagiosa, y por lo tanto, peligrosa, en una sociedad casi sin recursos en cuanto a tratamiento médico como en equipamiento y remedios de alta tecnología, tal como los que tenemos hoy. Así, para que una enfermedad tan peligrosa no eliminara a un pueblo entero, la recomendación era que esos enfermos fueran separados de las personas sanas. Imaginemos cuánto sufría aquél que era alcanzado por una enfermedad de esas, cómo sería la vida de un ser humano en esas condiciones, especialmente si la enfermedad no tenía cura. Ese enfermo continuaba siendo un ser humano con sus sentimientos normales. Si era una madre, sentiría nostalgias de su familia, de sus hijos. Si era un hijo o una hija, sentiría nostalgias de sus padres, de sus hermanos. ¿Y qué planes podía hacer un joven en esas condiciones? Sin ir muy lejos en nuestros pensamientos, podemos imaginar pálidamente cuán sufrida era esta situación para estos enfermos y para sus familiares y amigos. Era como perderse su compañía antes de la muerte, dejarlo para morir. Eso es simplemente algo horrible.
De allí podemos obtener una débil idea de cuán angustioso fue el pedido del leproso que corrió en dirección a Jesús, transgrediendo las normas que establecían que no debía acercarse a las personas sanas. El hombre, desesperadamente, ansiaba ser curado, y Jesús era su única posibilidad. Se aproximó a Jesús y arrodillado ante su Creador, en forma humana, le dijo “si quieres, puedes limpiarme” (Marcos 1:40).
ES obvio que eso era lo que Jesús quería, pero ante aquél llamado desesperado, ante aquellos ojos y semblante suplicantes, frente a su última oportunidad, el Maestro sintió, tanto como ser humano como Ser Divino, una profunda compasión (Marcos 1:41). Sin esperar un instante más, pues cada momento que pasaba era un instante de sufrimiento más para una de sus criaturas, el Maestro extendió inmediatamente su mano en dirección al leproso. Este tomó su mano, y sintió el amor como hacía tiempos no sentía. Eso le hizo mucho bien. Si Jesús no hubiera podido hacer nada más que eso, este toque habría sido algo grandioso para el leproso, ¡puesto que hacía mucho tiempo que no sentía el toque de otro ser humano! ¡Cuán bueno debió haber sido eso para este pobre hombre! Pero las cosas transcurrían demasiado aprisa que no logró saborear demasiado la delicia de ser tocado por otro hombre, puesto que escuchó palabras como nunca antes había oído: “Quiero, sé limpio”.
¡Ahhhh…! Escuchar estas palabras fue algo maravilloso. Hacía mucho tiempo que nadie se había puesto de acuerdo con alguna proposición del leproso. Las personas ni siquiera se le acercaban, y si él era el que se aproximaba a otras personas, ellas lo ahuyentaban. Ahora nada menos que el Maestro estaba de acuerdo con él. Pero tan pronto como fueron pronunciadas esas palabras, se dio otra cosa, la más increíble, el se vio entera y totalmente curado. Todo eso ocurrió en menos de un minuto. Cuando en nuestra desesperación nos entregamos íntegramente a Jesús, El puede hacer por nosotros mucho más de lo que imaginamos, pues nos ama.
¿Cómo crees que este hombre se sintió después de su sanamiento? El debe de haber quedado maravillado. Veía su piel sana, suave, como la de un bebé, y se sentía bien. ¡Cuán bueno debe ser sanado instantáneamente, cuando una cura gradual ya es algo maravilloso! ¡Cuán buena será la transformación en aquél día en que, en un pestañear de ojos, seremos hechos perfectos, teniendo la vida eterna en nuestro cuerpo! Será indescriptible la felicidad que entonces sentiremos por algo que tan ansiosamente esperamos. Vale la pena toda la preparación que podamos hacer en tal sentido. Nada en este mundo es tan valioso para sustituir a la vida eterna. Dios nos ama, y Él no tiene límites en cuanto a hacernos felices. El es infinitamente creativo.
Jesús, viendo la euforia del hombre, percibió que eso podría perjudicarlo en la obra que recién estaba iniciando. Jesús le advirtió que no le contase a nadie el milagro que acababa de hacer, sólo que cumpliese con la obligación legal de presentarse ante el sacerdote y ser declarado curado, para así integrarse nuevamente a la sociedad.
Pero esa recomendación no sirvió de nada. El hombre no se contuvo. El salió de allí, sin pensarlo, para propagar este milagro y otras cosas respecto de Jesús. Eso estorbó bastante el trabajo de Jesús, que debido a eso no pudo más entrar en las ciudades pues era demasiada la afluencia de personas, especialmente de aquellas que deseaban obtener alguna ventaja con el poder de Cristo. La predicación del Evangelio debe ser hecha con inteligencia para no obtener un efecto negativo. Y sin el Espíritu Santo es muy fácil cometer errores.
Hoy hay enfermedades peores que la lepra. La lepra separaba a los enfermos de las personas sanas, pero el pecado separa a las personas de Dios. Además separa a las personas entre sí, pues fácilmente nos desentendemos. Para librarnos del pecado necesitamos mucho más de Jesús de lo que el leproso necesitaba de él para curarse de la lepra. Es decir que es mucho más difícil vencer al pecado que vencer la lepra. Esta enfermedad, en aquellos tiempos, era prácticamente incurable, y el pecado era algo difícil de vencer. Hoy, la lepra puede ser curada, pero el pecado es mucho más difícil de vencer. Es a través de los potentes atractivos de la mundanalidad que Satanás prende con cada vez mayor poder a las pobres personas en su imperio de crueldad. Y las personas llegan a gustar de él mientras que no logran percibir su destino final. Quedan fascinadas por las estrategias de Satanás. Y él las ha perfeccionado a un grado sumo. Estamos en los tiempos finales, y él está haciendo sus máximos esfuerzos para alejar a las personas de su Creador. ¡Cuán importante es el testimonio de la verdadera felicidad que Jesús promete que le dará a todos los que se entreguen a Él!
El paralítico (Marcos 2:1-12)
Es impresionante la historia del paralítico. En su juventud, había abusado de su salud, involucrándose en el libertinaje, y su parálisis era fruto de ello (así lo expresa el espíritu de profecía, a través de Elena de White). Había cosechado para sí, producto de su descuido, sufrimiento para el resto de su vida. La medicina de la época no tenía ningún recurso para curarlo o al menos aliviarlo de su estado, o mejorar su condición de vida. Aún joven, había perdido toda esperanza de concretar los sueños normales de cualquier persona, de tener un futuro feliz. Para él, sólo cabía esperar la muerte, que por cierto no demoraría demasiado. El no tenía futuro, solamente sufrimiento. Fue ante los sacerdotes, y ellos lo condenaron por infractor de la ley, por eso era que estaba sufriendo y debía continuar sufriendo. Fue a los médicos, pero la medicina de aquel tiempo era demasiado limitada, basada en muchas cosas en supersticiones inútiles. Los amigos no podían hacer demasiado. ¿Qué esperanza podía tener alguien en tales condiciones?
Un día, como muchos otros, escuchó hablar de Jesús. Supo que él hacía milagros, sanaba de enfermedades al instante, y tenía increíble poder. Se acrecentó en él la esperanza, había una oportunidad para él. Pero como no tenía muchos amigos, ya que los que muchos que estuvieron con él en la hora del libertinaje no son la clase de amigos cuya amistad dura para siempre, necesitaba de alguien que lo llevase hasta Jesús. Y esto era algo difícil.
Llegó el día en que Jesús vendría a Capernaúm nuevamente. El hombre se enteró, pues algunos buenos amigos se lo informaron. Cuando Jesús llegó a una casa, tal vez donde vivía, o la de un amigo, no perdieron tiempo. Cuatro amigos lo llevaron hasta Jesús. Aquí extraemos una lección. Si no hubiera sido por estos hombres amigos, el paralítico jamás habría podido llegar hasta el poder que lo curaría. Ese es un trabajo que debe ser hecho: llevar personas hasta los pies de Jesús.
El paralítico tenía mucha prisa. No necesitaba tanto de la sanidad física, sino que su mayor sufrimiento era el remordimiento, el sentido de culpa. El necesitaba perdón. Obteniendo el perdón, teniendo la certeza de la salvación, su vida sería radicalmente diferente, aunque no fuese sanado. Si era sanado, sería más de lo más ansiaba. No podía esperar hasta que finalizara la reunión que tenía aquella gente que estaba con Jesús. Eso podía demorar algunas horas. ¿Y qué era ese poco tiempo para quien estaba paralítico desde hacía varios años? Seguramente Jesús lo iba atender, sólo era una cuestión de tiempo. Pero era grande e incontenible su deseo de perdón. No pudiendo entrar en la casa debido a lo apretada que estaba la gente en aquél lugar, decidieron sacrificarse, se subieron al techo y habiendo calculado el lugar donde estaba Jesús, abrieron un hueco sobre él y por allí bajaron al paralítico. Esos eran verdaderos amigos, pues hicieron por él más de los que muchos estarían dispuestos a hacer. Ellos compartían el sufrimiento de su amigo.
Una vez delante de Jesús, el paralítico quedó en silencio. Es Jesús quien habla, diciendo: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. ¡Qué alivio sintió el hombre! Eso era lo que más deseaba.
Pero algunos que estaban allí se escandalizaron. Los escribas, que ya tenían los ojos puestos en Jesús para encontrar algún defecto, parecía que habían encontrado uno. Perdonara pecados era, y es, una prerrogativa divina. Podemos, y debemos perdonarnos unos a otros, pero sólo podemos perdonar a quien nos ha ofendido. No podemos brindar perdón en lugar de otra persona, y mucho menos en lugar de una ofensa contra Dios. La regla lógica del perdón es que sólo quien es ofendido puede perdonar, otro –en su lugar– no puede. No tendría sentido pues eso jamás sería perdón. Ahora… ¡imagina a un ser humano perdonando en lugar de Dios! Es una blasfemia total.
Pero Jesús era Dios, en forma humana. Allí Él aprovechó para probar eso. Era mucho más fácil blasfemar que curar instantáneamente a alguien en la situación del paralítico. Los demás no pudieron sentir el alivio que sintió el paralítico por el perdón obtenido, pero para completar las necesidades del hombre, vino la segunda parte: la sanidad. Y ella vino para brindarle una prueba más a quien aún tuviese alguna duda sobre quién era Jesús.
Viendo Jesús que los hombres discurrían sobre lo que había hecho, desafió sus pensamientos partiendo desde la lógica. Preguntó si era más fácil decir que los pecados eran perdonados (aún siendo blasfemia), o mandar al paralítico que se levantara y anduviera, otorgándole así una sanidad instantánea. Es evidente que ellos concluyeron que perdonar en nombre de Dios era demasiado fácil, cualquiera de los que estaban allí presente podría haberlo dicho. Pero mandar que el hombre se levantara eso no lo iban a hacer porque caerían en el ridículo porque la orden no iba a dar resultado en razón de su falta de fe. Surgió entonces un dilema. Si Jesús le decía al hombre que se levantara, ¿sería curado, se levantaría? Imagina lo que hubiera pasado si Jesús les hubiera dado un tiempo para razonar, para sólo así dar la orden de sanamiento. ¿Qué sucedió entonces? El hombre, por su fe, por su deseo de ser sanado después de haber sido perdonado, por su firme creencia en Cristo, se levante, queda de pie, de manera normal. La cura fue rápida, instantánea, algo increíble. Todos quedan atónitos, perplejos, estaba sucediendo algo fuera de lo normal. ¡Y qué alegría para los cuatro que estaban todavía en el techo, observando todo! ¿Y la alegría de los escribas, sin tener nada más que decir? Para quien fuese lo suficientemente humilde para reconocerlo, allí estaba el Mesías prometido, pero para los soberbios, allí estaba un hombre contra el cual no podían competir. No querían ver en él otra cosa. Cuanto más revelaba Jesús acerca de su naturaleza, más procuraban convencerse a sí mismos de que Él debía ser muerto. En su arrogancia, orgullo y soberbia, se convirtieron en instrumentos de Satanás. Este quería, a toda costa, matar a Jesús antes del tiempo que Él mismo se había planificado.
¿Qué hacemos hoy nosotros con Jesús? ¿Aceptamos las evidencias acerca de quién era El, o de quién El es? Seamos como los cuatro amigos del paralítico, y tendremos el placer de conocerlos, así como también al personaje central de esta historia. No habrá nada de interesante en conocer, por algunos instantes, a aquellos escribas, justamente cuando estén sitiando la ciudad santa, un poco antes de la destrucción final de Satanás y de sus esclavos…
Leví Mateo (Marcos 2:13-21)
Jesús vino para salvar a los pecadores. Así él mismo lo dijo. Pero ¿qué quiere decir esto, si todos por aquí somos pecadores? Es que hay muchos que se creen menos pecadores, y por lo tanto se consideran más santos, más cerca del favor de Dios. Pues no fue para ellos que Jesús vino a anunciarles el evangelio, puesto que ya se creían salvos. Y eso fue en aquellos tiempos y también ahora. Él vino a salvar a todos los pecadores, los que se sienten de ese modo, y así perciben la dependencia del Salvador.
Mateo era un publicano (cobrador de impuestos), considerado por los fariseos como perteneciente a la clase de la más baja calaña. Era un empleado del imperio romano, aunque era judío. Tenía privilegios legales, pero no morales. El imperio le imponía metas de recaudación anual, y los publicanos, que no eran pocos (había de ellos en todos los lugares) trataban de recaudar ese monto. Tenían además, el derecho de recaudar algo más para vivir de eso. Hasta ahí, todo bien, mientras no hubiera afán de ganancia. Pero, como en cualquier nación, las leyes no siempre son hechas con criterios anti-corrupción. En este caso, la corrupción era facilitada a un grado sumo, ya que el recaudador podía cobrar lo que deseara más allá del monto estipulado para él, y eso era legal, pero era condenable moralmente. Ante este mecanismo nadie podía hacer nada contra ellos, sólo sentir rabia. Tanto el sistema como los que se involucraban con él eran mal intencionados, y se valían de los privilegios.
Jesús escogió, justamente, uno de esos publicanos para ser apóstol. Y este deja todo, y sigue a Jesús. Y después da una fiesta a la cual asiste el propio Jesús. Muchos se preguntaron cómo podía Jesús hacer eso. ¿Acaso él no conocía a Mateo? ¡Era de la peor calaña, un traidor, el que se aprovechaba de su posición para enriquecerse!
Pero ¿qué fue, de hecho, lo que aconteció con Mateo? El dejó todo y siguió a Jesús. Los que lo criticaban, ¿harían eso? Nosotros, los seres humanos, vemos la apariencia externa, pero Dios ve los corazones humanos, y conoce sus intenciones. Mateo se convirtió en un apóstol de verdad. Fue un pecador, indeseable para los demás, pero por el cual Jesús también murió y que estará en la Tierra Nueva.
¿Cuántos encontraremos en la Tierra Nueva que aquí, en la Tierra, fueron considerados los peores seres humanos? ¿Y cuántos, que aquí fueron considerados ejemplares, no estarán allí? Dios puede transformar a cualquiera, mientras que sienta la necesidad de esa transformación. Transformó a Mateo, pero no transformó a Judas porque se resistió. Aparentemente era alguien tan apto para la obra...
Aplicación del estudio
Marcos, como sabemos, tuvo como motivación de su evangelio los milagros que Jesús llevó a cabo. De hecho, o una religión lleva a cabo milagros, o no sirve para nada. Aún más, o hace milagros genuinos, de parte de Dios, o es falsa. Si existen milagros, pero no se puede percibir en esa religión una completa sumisión a la voluntad de Dios, según su palabra, entonces es necesario tener cuidado porque los milagros pueden venir en realidad del enemigo de Dios. En tal caso, tales maravillas serán las que hace referencia la profecía, al anunciar que se intensificarán en el tiempo del fin, lo que en verdad hoy ya está sucediendo.
En esos días finales, uno de los indicadores que el tiempo se ha cumplido serán los milagros. Sabemos que habrá mucha discusión en cuanto a este asunto. Tanto los milagros de parte de Satanás, como los de parte de Dios, se harán cada vez más intensos, ya sea en número, como en poder. Satanás está peleando por las personas vivas, atrayéndolas mediante milagros. Dios no entra en esta rivalidad, pero Él se revela al ser humano, y una de las muchas maneras de concretarlo es a través de milagros. Por lo tanto, en tales casos, a cada uno nos corresponde valernos de las características que identifican el origen de los milagros, para identificar si son de Dios, o del enemigo. Para saber si las personas vinculadas a un milagro son de Dios deben ser plenamente obedientes a la Palabra de Dios, especialmente si lo hicieran por otra persona. Le fe que profesen debe ser conforme a la Biblia. Esto es una obviedad. ¿Cómo podrías confiar en un funcionario de cualquier gobierno si no sigue la Constitución de su país? ¿Podríamos confiarle a el nuestras demandas? Jamás. Entonces, ¿cómo podríamos confiar en personas que hablan en nombre de Dios pero que no siguen enteramente lo que El ha determinado en su Palabra? ¿Cómo podemos aceptar las invocaciones que ellas hacen, y los milagros que por ese medio suceden, como venidos de Dios, si ellas no lo aceptan plenamente? Cuidado… con la vida eterna no se juega.
El día en que estoy elaborando este comentario (7 de marzo de 2005) hemos, como familia, tenido que despedirnos del abuelo (mi suegro). Luego de completar este comentario fuimos hasta el hospital y pudimos estar con él en sus últimos momentos. Fue una calma despedida, un milagro real, sin desesperación. Luego de una radiografía realizada a media mañana se constató la ruptura del intestino en el lugar que, hace dos años se comprobó un cáncer que, debido a las oraciones, durante todo ese período estuvo dominado. Al mediodía estaba saliendo hacia el quirófano, pero antes de eso hechos maravillosos sucedieron. Pudimos hablar con él, totalmente lúcido, las últimas palabras. Como es un hombre muy sensible, estábamos preocupados con su reacción. Pero por primera vez en su vida, el estaba enteramente calmado, sin derramar una lágrima. El pastor de nuestra iglesia llegó a tiempo para dirigir unas palabras y hacer una oración, y percibimos en él una apariencia de plena paz, sin el menor rasgo de preocupación, mostrándose totalmente confiado. Dos veces le preguntamos si tenía temor, pero sin demora respondió que no. Parecía que estaba saliendo a pasear… ¡y eso fue en realidad lo que sucedió!
Su corazón, de ochenta y cinco años, no soportó la cirugía. Tuvo cuatro paros cardíacos y a las tres de la tarde descansó totalmente. Fue algo bueno para él. Cuando aún estaba con lucidez, pudimos hablarle acerca de lo extremadamente serio de su operación. Pero vimos a un hombre en paz con Dios y con todos. No había motivos en él para pedirle perdón a alguien. Sentimos, en momentos en que el pastor dirigía la palabra, una atmósfera de solemnidad en esa despedida temporaria. Sentimos que Dios también estaba allí, y que estaba con el abuelo todo el tiempo, pues nunca lo vimos tan calmado; simplemente no estaba preocupado por nada. Tres horas después de ser anestesiado, descansó de la vida. A Arthur Nowack, en el día en que Jesús vuelva, y para el cual se preparó desde la infancia, Dios le dará nueva vida, nuevo nombre, el nombre eterno. El ahora ya está listo para ser juzgado, y eso ocurrirá en cualquier momento, y en todos nosotros hay una certeza de que será aprobado, que la sangre que Jesús vertió por él no ha sido en vano. En no se dejó atrapar por las tentaciones de este mundo, vivió de manera sencilla, no desviándose ni a derecha ni a izquierda. Ahora descansa, junto a su esposa, de la cual psicológicamente nunca se separó. En la mañana de la resurrección será la primera persona que encontrará, ambos jóvenes, vigorosos, aptos para la vida eterna.
En cuanto a nosotros, la lucha continúa…
Prof. Sikberto Renaldo Marks
Desígnio Global
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© Prof. Sikberto Renaldo Marks marks@unijui.tche.br
El Profesor Sikberto Renaldo Marks, ha autorizado al Doctor Martínez a traducir y/o publicar sus comentarios semanales de la escuela sabática
Traducción al español en esta semana: Profesor Rolando Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com.ar). Agradecimiento a Recursos de Escuela Sabática (RES)
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