Prof Sikberto Marks

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Se presenta al Hijo de Dios

Lección 1

Para el 2 de Abril del 2005


 

Versículo para memorizar:Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Marcos 1:11)

 

Introducción

 

Cada evangelio, y son cuatro, hace énfasis en un aspecto diferente. Mateo es el más completo y detallado. Y esto debido a que Mateo había aprendido a prestar atención a los detalles, no se le podía escapar nada en tiempo en que había sido recaudador de impuestos. Marcos es el más escueto, casi es un resumen. Su énfasis está en los milagros de Cristo, el se centra en lo que su Maestro hizo. Tiene un estilo directo, de ir al grano, sin muchos prolegómenos. Lucas es el más cuidadoso en cuanto a las fuentes de la información. El tuvo que investigar para escribir acerca de Cristo, e hizo un cuidadoso relevamiento con las personas que estuvieron junto a Jesús. Juan es el más sensible, y el enfatiza su evangelio en el amor, esto es, en la Ley que llevó a Jesús a la cruz. Marcos y Juan se centran más intensamente en Jesús; uno en sus milagros, el otro, en su amor.

 

Durante esta semana estudiamos cómo Marcos presenta a Jesús en sus escritos.

 

Juan Marcos, el autor

 

El libro de Marcos es anónimo. Papías, obispo de Hierápolis, aproximadamente en el 140 d.C. afirmó que Marcos era su autor. Y así creemos que es. La fecha en la cual el libro fue escrito –por lo menos– cerca del año 50 d.C., porque se halló en cercanías del Mar Muerto un fragmento de Marcos 6:53 que los eruditos sostienen que no puede ser posterior a esa fecha.

 

Los cambios en Juan Marcos fueron significativos a lo largo de su vida. El era nativo de la isla de Chipre (Hechos 4:36). Al comienzo, deja ver que él era un hombre no demasiado resuelto en situaciones complejas y adversas. Es un hecho que él retrocedió ante ellas (Hechos 13:13). En la Biblia no figuran las razones para ello. Los eruditos especulan sobre la posibilidad de una difícil relación con Pablo, sobre las dificultades del viaje, sobre los desacuerdos en cuanto a qué hacer, incluso sobre nostalgias del hogar. Si la cantidad de posibles razones por las cuales Marcos desistió de continuar su trabajo misionero es tan variada, es porque nunca lo sabremos con certeza, sino sólo cuando él mismo nos lo diga.

 

Pero lo curioso es que en este episodio, que involucró a Marcos, Pablo y Bernabé, hubo una influencia de Satanás. En el primer viaje a Chipre, en Perge, Marcos desistió de seguir adelante, dejando a Pablo y Bernabé sin un ayudante. Éstos habían llevado a Marcos para que sirviera de apoyo en su obra, y su participación era muy importante. Seguramente Satanás se alegró con este hecho, pero Dios es más poderoso. Más adelante, en el segundo viaje para Chipre, Bernabé le sugirió a Pablo para que en esta oportunidad llevaran junto con ellos a Marcos. Pablo no estuvo de acuerdo, y al insistir Bernabé con este asunto, no hubo entendimiento entre ellos. Parece que Marcos quería una oportunidad para redimirse, y Bernabé entendió sus sentimientos, pero Pablo permaneció impertérrito. En la discusión, acalorada, Pablo y Bernabé decidieron separarse. En este momento, Satanás debería haber estado exultante. Sin embargo, los dos eran excelentes misioneros, y no era ideal que permaneciesen juntos. Separados, abarcarían el doble del territorio. Entonces Bernabé se fue con Marcos a Chipre, y Pablo escogió a Silas y se fue en otra dirección.

 

De este hecho aprendemos dos cosas importantes. Cuando Satanás se entromete en el trabajo que hacemos con esmero para Dios, aún los problemas que surgen nos llevan a algo mejor. Pablo y Bernabé eran dos grandes líderes y muy bien preparados para la predicación. ¿Por qué debían entonces permanecer juntos? Separados, cada uno llevó a alguien menos experimentado junto con él y la obra se expandió. Aprendemos aquí que dos grandes hombres no deben permanecer juntos, deben separarse y llevar consigo a gente menos experimentada, así la obra se expande con mayor rapidez. También aprendemos que Satanás no puede hacer nada contra la obra de Dios. Intentando confundir, lo que logra en realidad es favorecer la obra. ¿Y cómo puede ser esto realidad? Es que la capacidad, el poder, la inteligencia de Dios es tan grande que nadie logra diseñar siquiera un proyecto contra Él y salir ganancioso. Esa es una de las razones por la cual la iglesia que sigue rigurosamente la Biblia (y por eso es más combatida) será, aún así, la iglesia victoriosa. Dios está al mando, y Él no se deja escarnecer. Nuestros errores, Él los transforma en ventaja para la iglesia, mientras no cometamos esos errores de manera intencional, o por arrogancia, o para engrandecernos. En esos casos, la solución radical y definitiva será el zarandeo.

 

Otro punto, no menos curioso, es que los eruditos dicen que este libro fue el primer evangelio escrito. Dicen que Mateo copió seiscientos versículos de Marcos, que tiene 661, o sea el 91 %. Lucas también copió porciones de Marcos, cerca del 60 %. Por lo tanto, el aparentemente inútil Marcos se convirtió, más tarde, en una poderosa referencia para otros grandes apóstoles y escritores. Y nosotros también nos podemos incluir entre los que aprendieron de Marcos.

 


 

Marcos 1:1 – Comienza el Evangelio

 

Marcos inicia sus escritos yendo directo al grano. El habla acerca de Juan el Bautista, luego va hacia el bautismo de Jesús, su tentación, el llamado de los discípulos y el inicio de la actividad misionera de Cristo. Y todo eso en una sola página. De allí en más, tendremos enfrente a un libro que le da mucho énfasis al poder de Cristo. Marcos se enfatiza en los milagros de Jesús.

 

Marcos comienza haciendo referencia al “evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Eso es muy significativo. Está diciendo poco, en relación a la cantidad de palabras, pero mucho en términos de contenido: Jesús es el Hijo de Dios. De eso él estaba convencido. El no pierde tiempo para discutir y probar que Jesús era el Hijo de Dios. Simplemente parte de esa verdad esencial que no tiene necesidad de mayor fundamentación que la convicción de que Cristo era el Hijo de Dios.

 

“Evangelio” es una buena nueva, relacionada con la victoria. Y Jesús, en su persona, es una noticia así. Marcos se refiere al principio al “evangelio de Jesús” (Marcos 1:1) como un punto de partida del inmenso proceso de salvación de los hombres. Esto es una realidad, porque sin Cristo, ni siquiera habría alguna buena noticia. Marcos comienza a escribir iniciando directamente en la obra de Jesús, en su trabajo de salvación, ya en su edad madura. El versículo 2 es una lacónica introducción, pues en el versículo siguiente el cambia de tema, nada relacionado con aquél. Marcos habla ahora de Juan el Bautista. Es un prólogo lacónico, fulminante, breve y profundo.

 


 

El mensajero

 

Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). El verdadero Dios no es un señor místico, de oscuridad, de misterios, sino es de revelación. El ilumina, aclara, orienta, anticipa informaciones para que podamos tomar las decisiones correctas. El es un Dios que se revela, que no se esconde y hace revelaciones por medio de las personas más allegadas a Él, los profetas.

 

Antes de la venida de Jesús, Dios levantó a un humilde y poderoso profeta: Juan, el Bautista. Se dice en la Biblia que sobre él vino el espíritu de Elías, esto es, la forma de trabajar que Elías seguía, denunciando la maldad y llamando a las personas a un nuevo camino, el de la vida eterna.

 

Si no hubiese surgido Juan, el Bautista, la obra de Cristo, tal vez, no hubiese sido posible. La preparación, al ser una providencia del Gobierno Celestial, era necesaria, y fue exitosa. Juan preparó la curiosidad del pueblo en dos sentidos: acerca de su condición espiritual y sobre el que vendría después de él. Juan allanó el camino para que Jesús, luego, realizara un excelente trabajo, lo que finalmente se dio.

 

Marcos dice, al respecto de Juan, que éste fue como un ángel enviado delante de la faz de Dios (Marcos 1:2), que predicaba y decía que después de él vendría Uno más poderoso (Marcos 1:3, 7). Aquellos que escucharon las palabras de Juan pasaron a esperar al Mesías, que vendría luego, y estas personas fueron gente común, no los líderes del pueblo. Cuando el Mesías vino, y fue bautizado por el propio Juan, muchos de los presentes ya estaban preparados para escucharlo como Mesías, no como un hombre cualquiera. Juan había preparado el camino, y el que aceptaran al Mesías prometido sería más fácil. ¿Pero fue en realidad así? Sabemos que fue muy difícil, puesto que había una gran oposición Imagina entonces cómo hubiera sido sin el trabajo adelantado de Juan. Jesús seguramente sería rechazado plenamente, y su obra considerada en forma superficial. Hubiera sido así. Esto se lo podremos preguntar a Jesús cuando estemos delante de Él.

 

¿Y en nuestros días? ¿Cómo será? ¿Quién hará la obra de Juan, el Bautista, es decir, de Elías, de reparar los portillos y preparar la venida de Jesús? ¿Será un gran profeta? ¿Algunos de ellos? ¿O serán muchos?

 

Ya surgió una profetisa, pero ésta vino para preparar una iglesia, la última. Fue providencia de Dios para preparar la llegada del tiempo del fin. Pero para el final de los tiempos, para los últimos días antes de la segunda venida, antes de que finalice el tiempo de gracia, ¿cómo será Dios revelado?

 

Todos los fieles siervos de Dios serán profetas. Ese evento, la segunda venida, es tan importante y definitorio, que no será suficiente la actividad de un solo profeta, sino de muchos, todos los que se comprometan con Jesús. Dice Joel (2:28, 29): “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”. Estas son palabras para nuestro tiempo, y muy pronto se harán realidad. Cuando se promulgue el decreto dominical. Cuando parezca que la iglesia de Dios desaparezca, cuando diere la impresión de que los hijos de Dios ya no tienen que comer, entonces vendrá del Cielo un poder tan grande como jamás se vio en la Tierra. Cada uno sabrá qué hacer y qué decir; sabrá dónde ir y con quién hablar. Habrá una coordinación global de la obra misionera en la Tierra que vendrá directamente de lo alto, de la mente de Dios hacia la mente de cada siervo. Cada uno obrará según las orientaciones divinas procedentes del trono del Universo. Así se terminará la obra en tiempo record, en alucinante velocidad, y este evangelio será predicado a todo ser humano sobre la Tierra, y todos tendrán la suficiente información para hacer la decisión consciente en cuanto a quién adorar. De hecho, cuando todos hayan tomado esa decisión, entonces cesará la predicación, se cerrará la puerta de la gracia y caerán las plagas. Luego Jesús volverá, mientras transcurre la séptima plaga.

 

Presta atención a lo siguiente: tú, querido lector, podrás formar parte de esta importantísima actividad misionera global. Más aún. En esos días, o estarás cumpliendo con tu parte en ello, o estarás perdido; serás siervo de Dios, o esclavo de Satanás. No habrá más de dos grupos, y únicamente esos dos. Por favor, apártate de la mundanalidad, que es la más sutil trampa de Satanás para estos días finales. Ninguno de nosotros hoy debe servir de ejemplo de vida sino el propio Jesús, puesto que corremos el riesgo de perder la vida eterna.

 


 

El cometido

 

El libro escrito por Marcos, como ya hemos dicho, es el más resumido pero también es el que más se enfoca en Jesús, su vida de ministerio y –en especial– en sus milagros. En relación a Juan, el Bautista, Marcos apenas hace una ligera referencia. Sin embargo, el destaca el hecho que Jesús fuera bautizado por Juan, y la forma como Dios honró a Jesús, diciendo: “Este es mi Hijo amado, en ti tengo complacencia” (Marcos 1:10, 11).

 

Al principio de su carrera ministerial, Marcos parecía débil. Sin embargo, en su texto el está revelando su centro: ¡Jesucristo! Marcos es un buen ejemplo para los cristianos de hoy. En estos días de distracciones debemos saber enfocar nuestra atención al lugar correcto: el Cielo, y hacia la persona correcta, la única que nos sirve de ejemplo: Jesús, nuestro Salvador. Vivimos en días de grandes decisiones; días en los que millones se están decidiendo, o por Jesús o por Satanás. Esas personas no pueden tener a Jesús como ejemplo, por ejemplo, puesto que aún no lo conocen plenamente. Ellas toman como ejemplo a quienes dicen conocerlo mejor. Pero si estos últimos asimilan hábitos y prácticas mundanas, ¿de qué modo aquellos que buscan a Jesús lo encontrarán? La estrategia de Satanás es extremadamente astuta, el esparce mundanalidad dentro de la iglesia para que los de afuera, que quieren entrar, no encuentren allí a Jesús, sino al mundo, y no se conviertan a Jesús, sino que permanezcan en el mundo, incluso estando dentro de la iglesia. Esta es una estrategia muy inteligente del enemigo. Es decir, permitir que las personas se bauticen, pero sin convertirse plenamente, pues las personas que ya hace un tiempo que están en la iglesia todavía no han cambiado; muy por el contrario, simpatizan con las cosas que son avenidas de Satanás (la televisión, las revistas, la moda, etc.).

 

La estrategia, invisible para muchos, funciona así: utilizando como ejemplo una escala, digamos de 0 a 100 %, las personas que están en el mundo están ocupadas entre el 50 y el 100 % con cosas mundanas; las de la iglesia, entre el 0 y el 20 %. Estas son proporciones solamente ilustrativas, sólo a efectos didácticos. En realidad, es difícil medir el índice de mundanalidad en la práctica. Utilicemos, como ejemplo, el teñirse el cabello, un caso evidente de mundanalidad. En el mundo, la gente se tiñe el cabello con colores chillones, estrafalarios; en la iglesia también se da, pero con tonos más discretos, y tanto en hombres como en mujeres. Y sólo estamos citándolo como ejemplo. ¿Qué dice Dios al respecto? “¡Ah...! –me dirán algunos– ¡Él ni siquiera escribió de este asunto en la Biblia!” Pero tampoco escribió en la Biblia acerca de fumar marihuana…

 

¿Será que Dios no dice nada al respecto? ¿Será que no nos dejó sin principios para guiarnos? Veamos…

 

·          Delante de las canas te levantarás…” (Levítico 19:32)

·           “Cabellos blancos son corona de honor…” (Proverbios 16:31, Biblia de Jerusalén)

·          La gloria de los jóvenes radica en su fuerza; la honra de los ancianos, en sus canas” (Proverbios 20:29, NVI).

 

Ante estos versículos, que nos dan con claridad el concepto que Dios tiene acerca de la belleza, en abierto contraste con el concepto mundano, ¿todavía tenemos el coraje de preguntarle si Él aprueba estas tinturas? ¿Si Él cree que está bien? La televisión nos dice que los cabellos de color natural se ven horribles… Si Dios halla bueno el color del cabello que Él blanqueó, y exige que sean respetados por los demás, ¡cuánto más deben ser respetados por los que los poseen! Y si son tan lindos para Dios, ¿quién es el hombre para decir que son feos? (A no ser aquellos que quieran ganar dinero vendiendo tinturas) Y si las canas son tan aceptables, ¿por qué no lo serán aquellos que aún no han perdido el color?

 

¿Está equivocado este razonamiento?

 

Este es, apenas, un pequeño ejemplo. Es uno de los motivos porque muchos, todavía, no pueden venir hacia la iglesia verdadera, y necesitan esperar hasta el zarandeo, para que la iglesia sea purificada. En la última hora, serán llamados, y vendrán para vida eterna. La cuestión aquí es decidir a cuál señor serviremos, si a Dios, el Creador, o a la televisión, instrumento de Satanás, o a las fábricas de tinturas, que quieren ganar dinero y no vacilan en inculcar conceptos errados en la mente de las personas. En las tentaciones de Cristo, primero Satanás intentó hacer que se le obedeciera, en dos oportunidades. Finalmente, intentó que el Salvador lo adorara. Ese es el camino. Primero Satanás lleva al pueblo de Dios a obedecerlo en esas pequeñas cosas como las que hicimos referencia, luego vendrá la ley dominical, a través de la cual intentará que lo adoremos, y logrará su cometido, pues la debilidad se desarrollará durante el período en el cual absorbimos propaganda mundana. Abramos los ojos, los que deseemos salvarnos…

 

Hermanos y hermanas, no me tomen a mal. Es por amor a vuestras vidas que escribo de esta manera, ya que si no lo hiciera, Dios me pedirá cuentas de ello. Durante años me he resistido a escribir con esta tónica con la que estoy escribiendo hoy, pero creo que ha llegado la hora, cuando muchos que deberían hacerlo, en realidad están indiferentes, o incluso aprobándolo, llevando al bautismo a personas sin que hayan dejado de lado flagrantes conductas mundanas. Dios también les pedirá cuentas. Y esto es realmente serio, se trata de la vida eterna, es una cuestión de inteligencia espiritual.

 

¿Y por qué hemos insertado esta reflexión en esta sección? Es muy simple la conexión. Marcos se enfocó en Jesús, y él nos sirve de ejemplo en donde debemos poner el centro de nuestras vidas: únicamente en Jesús, el único ejemplo que tenemos para mirarnos. Y él es uno de los señores. En realidad Él es el Señor, pero hay otro que, todavía, también sirve como alternativa de elección. Marcos se enfocó directamente en Jesús y su poder de hacer milagros. Tal vez sea ése el poder más necesario en nuestros días. Ya que hemos traído sobre el tapete la cuestión del mundanismo y la tintura, ¿será que Jesús se teñiría sus cabellos? Jamás. El es el Creador, y sabe lo que es bueno para Él y para nosotros. El detesta lo artificial, lo común, lo rutinario, la moda (que es lo mismo que común, lo que todos se ponen). El es partidario de lo original, lo creativo, de la libertad, de lo genuino, de lo natural… Finalmente, ¿a qué señor seguiremos?

 

Marcos se centró en Jesús, ¿sobre quién dirigiremos nuestra mirada en estos días finales?

 


 

Comienza el ministerio

 

Juan, el Bautista, predicaba sobre la necesidad de arrepentimiento para la remisión de los pecados. Jesús, a continuación, predicó sobre la necesidad de arrepentimiento porque el tiempo ya había llegado y el Reino de Dios estaba cerca (Marcos 1:15). ¿Qué significaba este mensaje?

 

Se trata del cumplimiento de la profecía de Daniel, la de los 70 años (Daniel 9:24, 26). Lo que el Señor le había a Adán y Eva (Génesis 3:15), en relación a que habría una batalla entre la serpiente (Satanás) y la simiente de la mujer (Jesús), previsto por Daniel para que ocurriera en la mitad de la última de las setenta semanas (Daniel 9:26). Y eso ya estaba ocurriendo. Recordando la profecía de las Setenta Semanas (equivalentes a 490 años, cada semana vale por siete años, cada día vale un año): las primeras siete semanas (49 años) fueron necesarios para reconstruir a Jerusalén, entonces hubo 62 semanas más (434 años), y –después– vino el la última semana del período de las setenta semanas (la profecía dice que después de las 62 semanas sería muerto el Ungido, es decir, en la semana 70 -62 más las 7 iniciales-). En esa semana se manifestaría el Mesías. El predicaría durante la primera mitad, en los primeros tres años y medio, y sería muerto a la mitad de esa semana. Al final de ella se ratificaría el rechazo del Mesías por parte de la nación judía a través de la muerte de Esteban.

 

Es decir que vino a la Tierra el Rey del Universo, y en la cruz el reconquistó la Tierra para el Reino de Dios. En este contexto, el reino de Dios estaría realmente muy cercano, algo que –máximo– debía tardarse tres años y medio, tiempo contado desde el inicio de la predicación de Jesús.

 

Al morir Jesús –para eso había venido– y resucitar, El venció. Desde entonces, el pueblo de la tierra, todo aquí pertenece nuevamente al reino de Dios. Este lugar del Universo no puede ser más dominado por Satanás, ya que él es un intruso que Dios todavía está soportando. Desde la victoria de Cristo en la cruz, se inició su reino de naturaleza espiritual en este planeta, y ese reino es su iglesia. Debido a que su iglesia es una embajada del Reino de Dios en la tierra, es el lugar donde se está ya no en el imperio de Satanás, sino el Reino de Dios.

 

Y de ese reino surgen embajadores para predicar a los esclavos de Satanás, para conquistar a muchos para el Reino del amor. Pero el imperio de Satanás está fuera de lugar, su situación es como la de una persona sin tierra, un paria, pues no hay aquí lugar para él.

 

Es así como Juan, el Bautista, predicaba la necesidad del arrepentimiento para entrar en el Reino de Dios, y Jesús –el propio Rey– predicaba que ése Reino ya estaba llegando, y que el tiempo se estaba cumpliendo. Predicaban la necesidad del arrepentimiento, es decir de dejar atrás el pasado para pasar a un futuro radicalmente diferente: del odio al amor.

 

Los hombres que luego se convirtieron en sus discípulos, con ansiedad aguardaban el Mesías. Aunque eran humildes, estudiaban sobre el tema, y escucharon lo que Juan estaba anunciando. Una vez que conocieron al Mesías, dejaron todo y lo siguieron.

 

Esa debe ser también nuestra actitud, dejar todo lo que el mundo nos quiere imponer, y seguir a Cristo, pues –insisto– vivimos en tiempos solemnes: la segunda etapa de la instauración definitiva del Reino de Amor en esta Tierra, lo cual no es otra cosa que la segunda venida para rescatar a los que se arrepintieron. En la tercera venida, la última etapa, será hecha efectiva la erradicación total del pecado y la instauración definitiva (para siempre) del Reino de Dios en esta tierra.

 


 

Aplicación del estudio

 

Para hacer todo lo que Jesús hizo, cualquier ángel podía hacerlo en su lugar. Pero para que tuviera valor para nuestra salvación, únicamente podía hacerlo Jesús. Un ser creado, especialmente un ángel no caído, con gratitud se expondría a sufrir todo lo que Jesús sufrió, y tal vez vencería sin pecar. Suponiendo que eso hubiera ocurrido, ¿cuál sería la posición de Satanás ante este hecho?

 

Es algo simple de entender. Satanás estaba desafiando a Jesús como Rey del Universo; ansiaba su trono. El quería convertirse en miembro de la Trinidad, quería ser Dios, semejante al Altísimo. El no estaba desafiando a otro ser creado, no ambicionaba el puesto de alguna otra criatura.

 

En caso de que hubiera venido un ángel a luchar como Jesús, la batalla sería cuestionada por Satanás, y con razón. El diría: “¿Por qué no se ha presentado aquél que yo estoy desafiando? Se acobardó, por eso mandó una criatura. El puede hacer cuantas criaturas quisiera, eso es muy fácil para él. Pero el está rehuyendo la lucha porque no se garantiza el cumplimiento de sus principios. El no puede arriesgarse en una confrontación abierta. ¿Y entonces por qué huye? Porque mis argumentos son válidos, la Ley de Dios no puede ser cumplida, ni por Él mismo, ¡cuánto más sus criaturas!”.

 

Estos argumentos, son válidos, pero no son los más importantes. Hay un argumento superior que exigía que fuese el propio Jesús el que muriera por nosotros, y no un ser creado en su lugar. El Creador es el responsable de su criatura. Cuando hay que defender a esa criatura, así como la norma por la cual se desea que la criatura viva, quien debe responder por eso es el Creador, nadie más. Es el mismo caso que se da cuando hay un edificio en el que se cuestiona su solidez, quien responde es el ingeniero, no algún operario. Y quienes deben responder por las normas de edificación son los técnicos que elaboraron el Código de Edificación, no quien los aplicó fielmente. Si hubiera algún problema con las normas de edificación, quien debe dar explicaciones son aquellos que las elaboraron, no de aquellos que las aplican.

 

Si un ángel hubiera venido a morir por nosotros, si él hubiera sufrido todo sin pecar, eso sería algo muy interesante, sería una buena prueba de que aquella Ley cuestionada puede ser obedecida en casos extremos, sin duda. Pero no pasaría de eso, o sea que nuestros pecados no podrían ser perdonados mediante la muerte del ángel, o de cualquier otra criatura. Sucede que ese ángel no responde por nosotros, él no es nuestro creador, sino una criatura como lo somos nosotros. El tampoco es nuestro soberano, ni tiene la capacidad de transformarnos, de regenerarnos y de sustentar nuestra vida, mucho menos la de resucitarnos cuando morimos. Y más aún. El no tiene la capacidad de sustituir nuestros pecados porque no tiene ese derecho. Sólo quien es Rey puede perdonarnos. Los pecados necesitan ser considerados como una ofensa particular contra quien fueron practicados. Por lo que, habiendo un acto contra algunas de esas criaturas, eso ofende a su creador. Y siendo así, esa ofensa evidentemente sólo puede ser perdonada por el ofendido, o sea el propio Creador. Es para perdonar esos pecados que Jesús murió. Podemos perdonarnos los unos a los otros, pero nadie tiene el derecho de perdonar la parte de la ofensa en contra del gobierno celestial, con excepción de un integrante de ese gobierno, en este caso, Jesús. Tampoco es válido que una persona perdone las ofensas cometidas, ya no en contra de ella, sino contra alguna otra persona.

 

Ante estos hechos, únicamente Jesús podía venir en forma humana por nosotros. El no podía dejarle su lugar a nadie. Aquí fue un ser humano tal como nosotros lo somos, pero al mismo tiempo, también era Dios, si bien su Divinidad estuvo escondida.

 

A su vez, para podernos aliarnos a Jesús, y así obtener la vida eterna, necesitamos liberarnos del mundo, de las cosas que nos llevan a cometer ofensas los unos contra los otros, y contra Dios. Fue eso lo que hicieron los apóstoles y discípulos. Ellos dejaron dos cosas: sus actividades profesionales, y sus relaciones con los atractivos de este mundo. Quien desee dedicarse íntegramente a la obra de Dios necesita obrar así. Sin embargo, quien prefiere vivir de su trabajo secular, no necesita dejar esa actividad. Además, no todos necesitan actuar de esa manera. Muchos son los que necesitan financiar las actividades de aquellos que hoy son como los antiguos levitas, que se dedican íntegramente a la obra de salvar a las personas. Pero todos sí necesitan liberarse de la mundanalidad, y eso debe ser en su totalidad. No hay un estado intermedio, por ejemplo, sólo acariciar un poquito de mundanismo, y aún así salvarse. Esa es la condición mediante la cual muchos se perderán la vida eterna aún estando dentro de la iglesia. Estas personas decidirán ser cizaña, algo muy parecida al trigo, pero que no lo es. Pero será necesario sacarla fuera.

 

Obramos con mucha inteligencia si dejamos los atractivos de este siglo para asegurarnos todo, para la eternidad. Eso es algo que si vale la pena, aunque parezca significar algún sacrificio. No hay nada que pueda compararse con la eternidad, en plena felicidad. No hay modo de imaginar ahora las cosas tan buenas que Dios está preparando para nosotros. Será algo formidable cuando lleguemos allí. Entonces sabremos que todo el esfuerzo que hicimos para desprendernos de algunas cosas que podrían habernos llevado a la muerte eterna ha valido la pena.

 

Prof. Sikberto Renaldo Marks


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© Prof. Sikberto Renaldo Marks marks@unijui.tche.br

El Profesor Sikberto Renaldo Marks, ha autorizado al Doctor Martínez a traducir y/o publicar sus comentarios semanales de la escuela sabática

 Traducción al español en esta semana: Profesor Rolando Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com.ar).  Agradecimiento a Recursos de Escuela Sabática (RES)

 


 

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