
“LOS
ÚLTIMOS DÍAS EN EL TEMPLO”
SEGÚN LOS TEXTOS DE MARCOS 11:27 AL 12:44

Lección 9
Para el 28 de Mayo del 2005
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“El Odio se afirma
precozmente en el espíritu como un engranaje de extraordinario
poderío.
“A la inversa de la docencia,
que se desarrolla sobre la mansa superficie del pizarrón,
El Maestro emprendió el camino a la cruz llegando a Jerusalén, su último viaje. Durante la semana final ocurrieron sucesos memorables que el relato evangélico recoge con mayor detalle que cualquier otra etapa de la vida de Jesús. El texto de estudio de esta semana corresponde a los episodios del día martes, que parecen transcurrir en el escenario del templo, que no es sólo el campo de batalla sino el trofeo de la controversia. Fueron horas de tenaces disputas, donde el Maestro tuvo que enfrentar solo una violenta oposición por parte de sus enemigos.
Los temas de discusión pueden
sintetizarse en seis preguntas. No fueron pláticas baladíes o
anodinas sino debatieron temas básicos que diseñaron las diferencias
entre Jesús y sus enemigos, las fronteras que los separaron para
siempre. ¿Cuáles fueron los temas de discusión? La segunda cuestión versó sobre la mayordomía (12:1-12), aunque en la realidad fue la respuesta que había quedo inconclusa de la disputa sobre la autoridad. Jesús recurre a una parábola. Relata la historia de una viña o finca, que el dueño edificó con mucho esfuerzo. Luego la arrendó a unos labradores, que resultaron ser malvados y homicidas, ya que maltrataron y mataron a todos los enviados por el dueño. Finalmente, envío a su hijo con la esperanza de que a él lo respetarían, pero al contrario, lo mataron y tiraron el cadáver lejos. La pregunta fue: “¿Qué hará el dueño de la viña?” (v.9). La respuesta es obvia: “Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros” (v.9). Allí estaba la respuesta que los sacerdotes buscaban. La autoridad de Jesús proviene de Dios, su Padre celestial. Ellos son los que están usurpando ilegítimamente el poder religioso, ya que no cumplen con la voluntad de Dios. La tercera cuestión, que en esencia continúa el tema de la autoridad, fue la siguiente: “¿Es lícito pagar tributos a César o no?” (vs.13-17). Fue formulada por “algunos fariseos y herodianos” (v.13). Era una trampa maquinada con mucha astucia. Cualquier respuesta podría traerle consecuencias nefastas al Señor. ¿Cómo hizo Jesús para sortear la emboscada? Pidió un denario, la moneda romana. “¿De quién es esta imagen y la inscripción?” Al contestarle que era de César, estableció el principio de la separación de la iglesia y el estado: “Dad al César lo que es de César y a Dios, lo que es de Dios” (v.17). Aunque el tema de debate era la autoridad religiosa no la política, el Señor distinguió los dos tipos, estableciendo una clara frontera entre ambos ámbitos. El cuarto asunto de confrontación fue el tema de la resurrección (vs.18-27). Aparecen en escena “unos saduceos” que rechazaban la creencia en la resurrección. Le plantean el caso de una mujer que se casó con un hombre que tenía siete hermanos. El hombre falleció y de acuerdo a la ley del levirato, la mujer se casó con uno de los hermanos. También falleció y se volvió a casar con otro hermano y así ocurrió hasta casarse con los siete hermanos. “En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer?” (v.22). El Señor respondió estableciendo los criterios de autoridad para elucidar éste y otros problemas: “Erráis, ignorando las escrituras y el poder de Dios” (v.24). Esos son los principios para juzgar y ejercer la autoridad, conocer las enseñanzas que Dios ha dejado en su palabra y ser merecedor de la gracia celestial. El quinto asunto fue presentado por un escriba, que preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” (v.28). Jesús contestó diciendo que habían dos grandes mandamientos: “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu menta y con todas tus fuerzas” (v.30) y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v.31). Esa es la síntesis de la ley y los profetas. El escriba lo reconoció y admiró la respuesta del Maestro, que le dijo que siguiera con esa actitud, que no estaba “lejos del Reino de Dios” (v.34). Aunque posteriormente les aconseja a los discípulos a que tuvieran cuidado con los escribas (vs.38-40), porque les gustan hacer ostentación con su ropa y ocupando los primeros lugares en la sinagogas y se aprovechan de los necesitados.
La última cuestión no fue un
planteamiento realizado a Jesús sino presentados por él mismo a sus
adversarios. “¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de
David?” (v.35), si David mismo lo reconoce como su Señor en el Salmo
110:1. Jesús contestó las cinco preguntas controversiales que le
habían formulado pero nadie fue capaz de responderle su pregunta
teológica. Esa cuestión estaba orientada a que reconocieran a
Jesucristo como hijo de David en la carne y como Hijo de Dios en su
naturaleza. Investigar la cristología podía ayudarlos a comprender
realmente el problema de autoridad que estaba en la base de todas
las controversias. LA PSICOLOGÍA DE LA ADULACIÓN
"Y tú, hijo de hombre, pon tu
rostro contra las hijas de tu pueblo
Los evangelios sinópticos narran
la actitud de “algunos fariseos y herodianos” que estaban al asecho
para sorprender a Jesús en alguna expresión que pudieran acusarlo y
entregarlo a las autoridades, que envían “unos espías, que fingieran
ser justos” (Lc. 20:20; BJ) y con palabras lisonjeras, le dicen:
“Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie,
porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con
franqueza el camino de Dios” (Mr.12:14), para hacerle la pregunta
del pago de los tributos. El Señor inmediatamente capto la adulación
y contestó: “¿Por qué me tentáis?” (v.15). No siempre es fácil
descubrir la actitud que mueve las preguntas capciosas o engañosas,
ya que son como “vendas” o “velos mágicos” que se ponen sobre la
cabeza, para “cazar las almas”, dice el profeta Ezequiel. ¿Cómo
hacer, pues, para enfrentar la adulación? El tipo 2, es el “sentimental”, que se caracteriza por la compulsión a la adulación. A través de agradar y servir a los demás, intenta ganarse la aprobación de los que lo rodean. Evita fijarse en sus propias necesidades, y esto es, en el fondo, una estrategia defensiva, pues mientras más adula o está al servicio de las necesidades de los otros, más busca que le quieran o le den afecto. En razón de tal disposición, puede llegar a ser un gran manipulador afectivo. Probablemente, el sujeto escogido por los fariseos y herodiano era un tipo 2 puro del eneagrama, sumamente hábil en ejercer ese manipulación emocional. Otro experto en adulación se lo identifica como el “complejo de Casanova”. El término proviene de el prototipo histórico, Jacques Casanova de Seingalt, quien en el S. XVIII hizo de la seducción una carrera. A lo largo de su vida hizo incursiones en el teatro, el ejército, el juego y la estafa pero, en su afán por cultivar los sentidos, practicó con constancia la persecución del sexo femenino. Sea cual sea la edad cronológica o el estatus que ocupa este hombre, se caracteriza por ser un "buscador de emociones", por no poder vivir sin novedad y excitación. Es por ello que cuando descubre a una mujer que le resulta atractiva comienza su estrategia de juego y habilidad para conseguir el ansiado trofeo; sus pasos son meticulosamente calculados, lo que requiere concentración y autocontrol. La adulación se convierte en un arte que cultiva con fruición, haciendo de la seducción toda una ciencia, reemplazando el sentimiento por la técnica y la pasión por la precisión. Estas son, grosso modo, las características y peculiaridades de un Casanova. Se trata de una patología susceptible de ser tratada. ¿Cuál es la terapia apropiada para los aduladores patológicos? ¿De que manera se le puede devolverle la calma que no disfrutan? El filósofo y moralista francés, Francois de La Rochefoucauld (1613-1680), dijo cierta vez, con mucha razón: "La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad." Los halagos y agasajos que suelen dar la gente cosechan sus víctimas entre los presuntuosos o los soberbios, es decir, aquellos que se atribuyen todos los méritos de sus logros y aún de los ajenos. Cuando se reconoce que toda la gloria pertenece al Señor, y se tiene la humildad para reconocerlo se está inoculado ante las alabanzas o las vanaglorias, ya sean sinceras o engañosas, como el truhán contratado para destruir a Jesús. El remedio para la curar la adulación fue prescripto por EGW, en estos términos: “El verdadero cristiano debe sentir siempre que depende de su Hacedor. Y no se avergonzará de reconocer esta dependencia. Como Daniel, no se atribuirá méritos a sí mismo. Dará todo el honor a Dios, haciendo conocer tanto a los mundanos como a sus hermanos que depende del Señor, y quitará de su vida todo aquello que contraste al Espíritu Santo” (Alza tus ojos, pág.156)
“La búsqueda de la sustancia
divina
EGW afirma: “La ley divina nos demanda amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Sin el ejercicio de este amor, la más elevada profesión de fe es mera hipocresía” (1MS, 255). Es decir, esos mandamientos supremos también son la clave para evaluar el carácter de la fe, la sinceridad de la creencia, si estamos en el bando de los fariseos y escribas o entre los auténticos discípulos de Jesucristo. En definitivo, los enemigos tenían conocimiento, aún cierto grado de sabiduría y de devoción religiosa, pero carecían de amor, y, por lo tanto, esa ausencia los incapacitaba para ejercer la autoridad y administrar los bienes sagrados.
El CBA (tomo 5, pág. 446), agrega
otro comentario sugestivo al tema: “Es la voluntad de Dios que el
hombre refleje el carácter divino, y ese carácter puede resumirse en
la palabra "amor" (1 Juan 4: 7-12). Al reflejar el carácter, o sea
el amor de Dios, le amaremos sobre todas las cosas y a nuestro
prójimo como a nosotros mismos (ver com. Mat. 22: 37, 39).” También,
la práctica del más grande mandamiento es encontrarse con la
sustancia divina, que posibilita alcanzar la transformación de la
personalidad, que convierte en una “nueva criatura” (2 Cor.5:17), o,
en otros términos, la clave del ser cristiano. Así, pues, las
palabras de Jesucristo dichas en aquel memorable martes de la última
semana no han quedado sepultadas por el polvo de los tiempos,
todavía resuenan con una sonoridad única que hace vibrar cada
palabra, con el desafío que incita y provoca a vivir a la altura de
esos mandamientos, ya que ellos están próximos y nos acercan al
Reino de Dios (12:34). Referencias bibliográficas
Abreviación
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El doctor Mario Pereyra ha autorizado a Ministerios PM a publicar sus comentarios de la Escuela Sabática en Ministerios PM
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