Dr Mario Pereyra

Up Domingo 8 Lunes 9 Martes 10 Miércoles 11 Jueves 12 Viernes 13 Auxiliar Maestro Misionero Misionero Niños Leccion PDF Lección Juvenil Notas de Elena White Auxiliar White William G Johnsson CBA Marcos 9 CBA Marcos 10 Michael Fracker Walla Walla College Dr Lester Bannett UNASP Unión Sur Audio Unión Australiana Powerpoint MPM Flash MPM PowePoint Zip CPB Unión Italiana Dr Pereyra PDF Dr Mario Pereyra Pr. Isaac López

 


Instrucción a los discípulos

Lección 7

Para el 14 de Mayo del 2005

 

 

 

La naturaleza de la conciencia implica, que se lance delante de sí misma en el futuro,

no se puede comprender lo que es sino por lo que será,

se determina en su ser actual por sus propias posibilidades:

es lo que Heidegger llama "la fuerza silenciosa de lo posible”.

Jean Paul Sastre (El hombre y las cosas)

 

“¡Todo es posible para quien cree!”

 

“Ninguna cantidad de obstáculos que se amontonaron frente a él

podían hacer que considerara la obra como una imposibilidad,

pues comprendía que "al que cree todo le es posible”

EGW (MS, 114).

Después de la experiencia gloriosa de la transfiguración, todavía sintiendo la ingrávida beatitud de aquella atmósfera refulgente, descienden del monte con la placidez transparentándoles el semblante. Al llegar al llano, ocurre un contraste patético con la cruda realidad que a cada instante asalta la vista y atruena el oído. Un epiléptico con crisis frecuentes había sido traído a los discípulos para que lo curen. Habían fracasado. Al traerlo donde estaba Jesús, el muchacho sufre una nueva crisis, experimentando convulsiones violentas, lanzando espumarajos por la boca. El padre des-esperado le suplica al médico de los médicos: “si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros” (9:22). Jesús reacciona, reprochándole esa expresión de incredulidad: “¡Qué es eso de si puedes!”, le dice, para luego declarar algo sorprendente: “¡Todo es posible para quien cree!” (v.23). El padre “estallando en lágrimas, comprendiendo su propia debilidad, el padre se confió completamente a la misericordia de Cristo, exclamando: ‘Creo, ayuda mi incredulidad’” (EGW, DTG, 395).

¿Todo es posible? ¿No existen imposibles en la vida humana? ¿Toda enfermedad es curable, todo puede cambiar, nada es radical e irrealizable? ¿El establecimiento de "un cielo nuevo y una tierra nueva" (Ap.21:1) es algo realizable y posible? El teólogo católico, Fernando Boff (1971, 59), ha enfatizado la “primacía del elemento utópico” en la creencia del Reino de Dios venidero, para rescatar sus efectos inmanentes y humanísticos, en la acción de "regeneración" ("palingene-sia", Mt.19:28) terrena que provee el "principio-esperanza" (Ernest Block), pero rechazando el sentido prospectivo trascendente de algo posible y real. Muchos teólogos y filósofos afirman que la creencia cristiana en que todo es posible corresponde al ámbito de la mitología o la utopía, pero no al real. El poeta romántico Charles Baudelaire, lo calificaba de: “¡Sueños, siempre sueños! Y cuanto más delicada y ambiciosa es el alma, más la alejan los sueños de lo posible” (1999, 128). En tanto los escritores marxistas, como Mario Benedetti, lo denomina utopía, al definirla: “Las utopías no son pronósticos ni proyecciones de datos ni resultados de encuestas ni siquiera presagios; más bien son destellos de la imaginación, aspiraciones casi inverosímiles que llevan en sí mismas el germen de lo posible” (2000, 55).

La afirmación de Jesús, de que todo es posible para quien cree, ¿es un sueño, un “destello de la imaginación”, una utopía o una manifestación sobrenatural de la fe? Siguiendo algunas ideas que escribimos en nuestro libro Psicología de la esperanza (Pereyra, 1997, 135-136), podemos afirmar: “La utopía es por definición el reino de la imposibilidad. Postula un ‘ideal concebido como deseable pero reconocido como irrealizable’ (Ferrater, 1965). Construye un espacio que está fuera del territorio de lo real presente y futuro. Al contrario, la esperanza es la convicción de algo posible y realizable, es la respuesta a la pregunta de Kant sobre ‘¿qué puedo esperar?’ Entonces, ¿podemos esperar realmente el advenimiento de Cristo, la resurrección de los muertos y la restauración total de esta tierra para construir un mundo nuevo y mejor? ¿Acaso esa creencia no es una utopía más que una esperanza? ¿Puede ser tal cosa posible?

“Es llamativo que de las 32 veces que aparece la palabra ‘posible’ (δυvατός1 ) en el Nuevo Testamento 132  están referidas al ‘poder’ (de igual raíz que ‘posible’) de Dios (o de Jesucristo) y a su capacidad para hacer ‘todo posible’, especialmente en quienes creen en Él (5 veces3 ). Varias veces se repite en los Evangelios: ‘Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios’ (Lc.18:27; ver Mt.19:26, Mr.10:27; 14:36). Pero insólitamente, la Biblia avanza al punto de llegar a destrozar todo condicionamiento y abrir todo horizonte humano, cuando declara: ‘Si puedes creer, al que cree todo le es posible" (Mr.9:23). Es decir, la categoría de lo posible, en la revelación bíblica, aparece supeditada a la fe. La única condición es ‘creer’. Cuando se pronuncia la palabra de la fe estallan todas las fronteras, se aniquilan todos los imposibles, no hay tumba que de-tenga, ‘Sorbida es la muerte con victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? —exclama Pablo triunfante—, ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria?’ (1 Cor.15:55). Es la fiesta de la alegría exultante de la vida victoriosa, de la liberación del principal opresor del hombre, la muerte. Así la promesa que palpitaba en las fiestas rituales y sabáticas se actualiza en la nueva dispensación de la gracia divina con la esperanza del florecimiento eterno.”

  • 1  El término griego "dunatós"=posible, fuerte, poderoso, deriva del verbo "dunamai"=poder, del cual deriva el sustantivo "dunamis"=potencia, virtud, maravilla, del cual extraemos el vocablo castellano "dinamita", como algo poderoso y explosivo.

  • 2  Mt.19:26; 26:39; Mr.10:27; 14:35, 36; Lc.1:49; 18:27; 24:19; Hch.2:24; Rm.9:22; 11:23; 2 Tim.1:12; Heb.11:19.

  • 3  Mr.9:23; Hch.11:17; Rm.4:21; 2 Cor.10:4; 12:10.

“¿Pero, acaso, todos estos textos no son la más clara demostración que estamos en el universo de la utopía? ¿No son éstas las lejanas constelaciones de lo inalcanzable? Así es para la utopía pero no para la esperanza. El pensamiento utópico es filosofía; construcciones abstractas de la razón, subsidiaria de las leyes de la lógica. Sabe de sus limitaciones, conoce que esta avanzando más allá de la realidad por el país de lo inexistente, es consciente que no puede creer en las fantasías idealizadas del deseo omnipotente ni en un Dios Todopoderoso, que se niega a ser apresado entre los parámetros del pensamiento humano o de la ciencia experimental. Pero, esas restricciones no atan a la auténtica esperanza. Ella no es incrédula ni se fija límites a su capacidad de trascendencia. Si hay algo que realmente sabe es que ‘todo es posible para el que cree’. Por eso San Pablo proclama con entusiasmo: ‘Todo lo puedo en Cristo que me fortalece’ (Fil.4:13). Esa es la otra nota insoslayable, ‘en Cristo’. La esperanza, entonces, adquiere la forma de la confianza en Aquel que es la Palabra ("logos") que fue desde el ‘principio’ (Jn.1:1) y por el cual ‘todas las cosas fueron hechas’ (Jn.1:3), ‘el Alfa y la Omega, principio y fin, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso’ (Ap.1:8; ver 21:6 y 22:13). El exégeta católico Kuss interpreta este fenómeno de convicción íntima en el poder de Dios, diciendo: ‘Dios nos ha dado el Espíritu y con él la plenitud de la certeza... La esperanza viva del creyente nace de la certeza del amor de Dios, creada en el hombre por Dios mismo... La esperanza no engaña, porque el Espíritu, dado por Dios, crea en nuestros corazones la plenitud de la certeza de ser amados por Dios’ (Citado, Alfaro, 1972, 61)”.

 

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DEL “SÍNDROME DE LUCERO”

“Si te remontares como águila,

y aunque entre las estrellas pusieres tu nido,

de ahí te derribaré, dice Jehová”.

Abdias 4

“Porque el que se enaltece será humillado,

y el que se humilla será enaltecido”.

Mateo 23:12

Mientras regresaban a la casa, en el camino, se produjo una discusión entre los discípulos. Debatían cuál sería el mayor o el líder del grupo. Quizás Pedro, Santiago y Juan, quienes habían sido distinguidos acompañando a Jesús a la cima del monte, cuando éste fue investido de sus cualidades divinas durante la transfiguración, abrogasen por algún tipo de privilegio jerárquico dentro del círculo. El hecho fue que Jesús descubrió la existencia del conflicto, al preguntarles: “¿De que discutíais por el camino?” (v.33). Ellos quedaron callados, por la vergüenza de estar compitiendo. El Señor vio la necesidad de darles instrucciones ce como contrarrestar el veneno de la serpiente antigua, el espíritu de exaltación propia, lo que podríamos llamar el “Síndrome de Lucero”

Lucero, quien se convirtió en Satanás o el Diablo, fue el creador de un patrón de comportamientos intensamente maligno, de la más alta peligrosidad. Ese tipo de conducta fue el origen de todos los males y enfermedades existentes, es decir, la matriz productora de los todos los trastornos, tanto psicológicos como físicos. ¿Cuáles son las características distintivas o signos que definen este cuadro patológico, el Síndrome de Lucero (SL)?

De acuerdo a las explicaciones que ofrecen los textos de Ezequiel 28:14-17 e Isaías 28:12-14, en primer lugar, el rasgo sobresaliente es la actitud desmedida de auto exaltación y soberbia, que llega al delirio de grandeza (megalomanía) al creerse un dios. Lucero ocupaba un cargo elevado en la organización celestial, por lo cual, hay que inferir que hay ciertas condiciones que favorecen la altanería, como ocupar posiciones elevadas en la política, en el deporte, en el ejército, en la vida económica, etc., además de tener éxito o logros importantes reconocidos por el medio social. Esas condiciones favorecen que el sujeto víctima del SL se siente el más grande del mundo, alguien inigualable, y aún experimentar la tentación de que Dios es menos que él. Asimismo, esa ambición insaciable de poder y de ser reverenciado, va incrementándose aún cuando sea cuestionada por otros por medios de consejos, exhortaciones y llamados al cambio. Igual como ocurrió con Lucero (White, 1955, 549s), quien desoyó las advertencias, rechazándolas obstinada y pertinazmente, persistiendo en la arrogancia. Otro signo distintivo del SL es, cuando asumen cargos o posiciones relevantes, tienden a ser autoritarios, violentos, exigiendo de sus súbditos reconocimiento, devoción y un servicio incondicional.

El SL es un proceso que presenta dos etapas diferenciadas, una de ascenso y otra de "caída". Debido a su ambición y cualidades de inteligencia, belleza o capacidad de logros, Lucero, se des-taca, triunfa, despierta admiración, ascendiendo a la cúspide del éxito. Allí se siente un dios y actúa despóticamente. Pero, las fuentes inspiradas, aseguran que luego sobreviene la "caída", esto es, la pérdida brusca y notoria de los logros y privilegios obtenidos, cayendo en la ruina y el fracaso. Como aquel personaje de la mitología griega, Sísifo, que debido a su desobediencia fue condenado por los dioses a subir una gigantesca piedra a la punta de la montaña, sufriendo entonces la fatalidad que todo ese tremendo esfuerzo de subir hasta la cumbre se desvanecía en el mismo instante de llegar, pues la piedra rodaba aceleradamente hacia abajo. Así, ocurre con todos los que se sienten astros como Lucero. Y, ahora, ¿que ocurre cuando llegan nuevamente al bajo? El sujeto vive resentido, susceptible y rencoroso, en un estado permanente de enfado, criticando ácidamente a sus sucesores y las más leves faltas observables. Son los pleiteros, litigantes, aquellos que se instalan en un espacio de continuo reclamo y exigencia de reivindicación.

El SL se observa en jugadores de fútbol, boxeadores y otros deportistas, en modelos, artistas y los “ídolos” de la pantalla, en políticos, dirigentes, personas adineradas y quizás hasta lo descubra en usted mismo al leer el cuadro que aparece más abajo. Pero, la pregunta importante es, ¿tiene cura el SL? ¿Puede rehabilitarse quienes sufren la locura de Lucero? Sí, hay esperanza cuando se sigue las prescripciones del tratamiento adecuado. La Biblia presenta una enorme cantidad de recetas con antídotos para ese mal (Pr.16:19; 29:23; Is.57:15; Mt.18:4; Lc.22:26; Rm.12:3; Stg.4:10; 1 P.5:5). Los textos de Marcos que relatan el momento cuando Jesús diagnosticó el SL en sus discípulos presentan varias prescripciones que diera el mismo médico de los médicos. Ellas son las siguientes:

  • 1. INVERSIÓN DEL SL Considerando que SL tiene un movimiento de ascenso para acabar en la bancarrota, la terapia pasa por invertir el proceso, en lugar de exaltarse y exigir adoración, rebajarse y ser el servidor. Fue enunciado en estos términos: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos” (v.35).

  • 2. HUMILDAD. El polo opuesto del complejo exacerbado de superioridad es la humildad. Comprende una percepción realista de sí mismo, reconociendo las debilidades y flaquezas. Implica saber dominarse a sí mismo, estar satisfecho con lo que se tiene, estimar las virtudes y valores que tienen los otros (Fil.2:3).

  • 3. INTERÉS POR LOS DEMÁS, ESPECIALMENTE POR LOS MÁS PEQUEÑOS. “Y tomando a un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: ‘El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado’” (vs.36-37). Significa ejercitar el espíritu solidario, la bondad, la ternura, la benevolencia y sentir como propias las necesidades ajenas.

  • 4. SEGUIR EL EJEMPLO DE JESÚS. Es el modelo más completo de vida pura, santa y sana. Es el ejemplo absolutamente opuesto al protagonizado por Lucero. Su historia de humillación y vaciamiento de sí mismo (del griego: kenosis), ha sido sintetizada por el apóstol Pablo en este bello himno: "El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos" (Fil.2:6-10).

 

 

CRITERIOS PARA EL DIAGNÓSTICO DEL SÍNDROME LUCERO

1. Afán desmedido de superioridad por la ambición enfermiza de "ser como dios", expresado en conductas soberbias, grandilocuencia, narcisismo, gestos altivos, búsqueda de poder y notoriedad. Son condiciones facilitadoras de este criterio: A) ocupar altas posiciones de jerarquía (a nivel político, económico, en el ejército, etc.) y el éxito en los emprendimientos; B) ciertas cualidades personales superiores reconocidas por el medio social, como belleza física, inteligencia, habilidades de mando y otras asociadas a los parámetros de éxito en la cultura respectiva.

2. Afirmación progresiva del patrón de conductas del punto 1, desoyendo las advertencias de los efectos perniciosos de este proceder o argumentando en contra de ellas, hasta asumir una posición irreductible de rechazo, a la vez que se instala el delirio de grandeza divina (megalomanía mística).

3. En tanto ocupan cargos o posiciones relevantes, tienden a asumir conductas autocráticas, sádicas, eliminar toda oposición y una búsqueda incesante de elogio, reverencia y sumisión total.

4. Los criterios anteriores son fases de un proceso que culmina en la "caída", esto es, pérdida brusca y notoria de los logros y privilegios obtenidos, con amplio reconocimiento y repercusión social, haciendo atribuciones de ruina y fracaso.

5. Posteriormente a la "caída", el sujeto manifiesta conductas litigantes, crítica social corrosiva y exigencias de reivindicación, con altos montos de resentimiento sobre un fondo permanente de en-fado.

 

 

INDISOLUBILIDAD DEL MATRIMONIO

“Un matrimonio feliz es una larga conversación

que siempre parece demasiado corta.”

Andre Maurois

Otra de las instrucciones que Jesús da durante este trayecto que narra Marcos, ocurrió a partir de una pregunta de los fariseos, que nuevamente lo abordan, con la intencionalidad malévola de ponerlo a prueba. “¿Puede el marido repudiar a la mujer?” (10:2), preguntan. ¿Cuál era la trampa que estaban tendiendo? No se ve muy claro ya que el divorcio estaba permitido por la ley bajo ciertas circunstancias e incluso Jesús mismo lo había reconocido en los casos de adulterio (Mat.5:31-32). La intriga se percibe mejor en la versión de Mateo, quien amplía la pregunta de los fariseos, agregando si el marido puede repudiar a la mujer “por cualquier motivo” (Mat.19:3). “Se puede suponer, en efecto, que habían tenido conocimiento de declaraciones de Jesús contrarias al divorcio y que esperaban ponerle en contradicción con la ley de Moisés y con la tradición” (Bonnet y Schroeder, 408).

La instrucción fue clara: “al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (10:6-9). La idea del divorcio fue introducida debido a la “dureza de vuestro corazón” (v.5).

Stephen Arterburn y Fred Stoeker han escrito dos libros excelentes sobre el matrimonio y las luchas de los hombres por dominar sus fantasías sexuales. Se titulan “La batalla de cada hombre” (2003) y “El deseo de cada mujer” (2003). En esta última obra, Fred Stoeker relata su difícil experiencia conyugal, durante sus primeras etapas, que lo llevaron al borde del divorcio. Su esposa llegó a decirle: “Mis sentimientos hacia ti están muertos”. Tuvo que hacer cambios extraordinarios para salvar su matrimonio. En ese proceso comprendió algunas verdades fundamentales. Entendió que cualquier “piedra de tropiezo que pongamos en el camino de la unidad con nuestras esposas es pecado. Debilita el propósito de Dios para el matrimonio y hace ostentación de nuestro liderazgo a expensas de la obra de Dios”. La unidad conyugal es el diseño primario de Dios para el matrimonio, por lo tanto, atacarla con ojos inquietos que se van detrás de cualquier dama atractiva que se nos cruza, es pecado. También es pecado todo atropello a los sentimientos de nuestro cónyuge, desconocimientos de sus derechos, falta de comprensión y cariño, actitudes de indiferencia, reacciones descomedidas.

La unidad matrimonial es un objetivo sobre el cual hay que trabajar. Al casarse se jura la fidelidad y el amor mutuo, pero no significan que estén unidos. La fusión de los dos en una sola “carne” es una meta que requiere acción. No sólo hay que evitar dañar o hacer cosas que enfríen la relación sino que hay que trabajar positivamente en desarrollar el vínculo sagrado del amor conyugal. ¿Cómo se logra? ¿De que manera se consigue alcanzar este importante objetivo? EGW, lo expresa en las siguientes palabras: “Si se cumple la voluntad de Dios, ambos esposos se respetarán mutuamente y cultivarán el amor y la confianza. Cualquier cosa que habría de destruir la paz y la unidad de la familia debe reprimirse con firmeza, y debe fomentarse la bondad y el amor. El que manifieste un espíritu de ternura, tolerancia y cariño notará que se le recíproca con el mismo espíritu. Donde reina el Espíritu de Dios, no se hablará de incompatibilidad en la relación matrimonial. Si de veras se forma en nosotros Cristo, esperanza de gloria, habrá unión y amor en el hogar. El Cristo que more en el corazón de la esposa concordará con el Cristo que habite en el del marido. Se esforzarán juntos por llegar a las mansiones que Cristo fue a preparar para los que le aman” (HC, 104).

La receta que extiende la inspiración de la mensajera del Señor, aunque no es exhaustiva, es bastante completa, ofreciendo varios objetivos específicos sobre los cuales trabajar la unidad. Podríamos sintetizarla en 8 puntos básicos.

  • 1) respeto mutuo;

  • 2) cultivar el amor;

  • 3) cultivar la confianza;

  • 4) fomentar la bondad;

  • 5) manifestar ternura y cariño;

  • 6) mostrar tolerancia;

  • 7) permitir que reine el Espíritu de Dios en la relación de pareja;

  • 8) esforzarse por llegar juntos a las mansiones celestiales.

 


 

Referencias bibliográficas

 

  1. Arterburn S. y Stoeker F. (2003). El deseo de cada mujer. Editorial Unilit, Miami

  2. Arterburn S. y Stoeker F. (2003). La batalla de cada hombre. Editorial Unilit, Miami

  3. Baudelaire, Ch. (1999). Pequeños poemas en prosa (El Soleen de París). Edimat Libros, Madrid.

  4. Benedetti, M. (2000). Perplejidades de fin de siglo. Seix Barral, Editorial Planeta, Bs.As.

  5. Boff, F. (1971). Jesucristo el Liberador, ensayo de cristología crítica para nuestro tiempo. Editorial Sal Terrae, 2da. edición, Santander, España.

  6. Bonnet, L. y Schroeder, A. (1970). Comentario del Nuevo Testamento. Casa Bautista de Publicaciones, Vol.I, Bs.As.

  7. Pereyra, M. (1997). Psicología de la espeanza con aplicaciones a la práctica clínica. Psicoteca editorial, Bs.As.

 


Abreviación

  • BJ= Biblia de Jerusalén

  • MS= Mensajes Selectos

  • DTG= Deseado de todas las Gentes

  • HC= El Hogar Cristiano

 

  

El doctor Mario Pereyra ha autorizado a Ministerios PM a publicar sus comentarios de la Escuela Sabática en Ministerios PM

 

 

[Acerca de Nosotros]  [Centro Internacional de la Escuela Sabática]  [Ministerios de Iglesia][Ministerio de la Salud] [Ministerio de la Palabra]  [Ministerio Profético] [ Ministerios Apologético] [Ministerios de Música]  [Ministerios Audio-Visual [Centro White MPM]  [Centro de investigación]  [Centro de Noticias MPM] [Historia IASD]  [Iglesias ASD en la Red]  [Escríbenos]  [Conozca a Marissa]  [Conozca al Dr. Martínez]  [Foto-Album  Familia Martínez]   [Home]

Usted es el Visitante    FastCounter by LinkExchange