
En Galilea
MARCOS 4:1 AL 5:43

Lección 4
Para el 23 de Abril del 2005
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El Maestro divino desde sus ojos
atravesados por las coordenadas de una luz celestial,
"Mientras la muchedumbre pasa, yo
observo que, aunque ella no mira al cielo,
El Maestro y sus discípulos inician la segunda gira misionera en Galilea (3:20-5:43). Marcos presenta un cambio de estrategia y de los espacios de la proclamación. No hay tantos milagros sanitarios y hay más enseñanza de lecciones de vida y de exposición de doctrinas (ver 4:2). El Mar de Galilea se convierte en el centro de operaciones y una vía de escape del asedio de los enemigos. Las parábolas se convierten en el método ilustrativo por excelencia. ¿Por qué Jesús recurre a las parábolas para enseñar los “misterios del reino de Dios” (4:11)? La respuesta es extraña: “para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados” (vers.12). Jesús hace alusión a un texto del profeta Isaías (6:9-10), que contiene varios hebreísmos, que pueden interpretase en el sentido de que aquellos que no creerán, no vean ni entiendan o que lo hagan en proporción a su disposición para aprender, “a treinta, a sesenta, y a ciento” por ciento. La primera parábola fue la del sembrador, que se constituye en paradigma o modelo de todas las otras parábolas. Por eso “les dijo” ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?” (vers.13). Es como la clave para entender todas las demás. ¿Por qué? Por sus diferentes niveles de interpretación y aplicación. Los expertos en la comunicación humana distinguen tres componentes básicos del discurso, a saber: sintáctico, semántico y pragmático. La sintaxis se refiere a las relaciones de las palabras entre sí, a la organización de la oración y las leyes que rigen la gramática. Por su parte, la semántica trata de las relaciones entre las palabras y los significados, lo que quiere decir la parábola. Finalmente, la pragmática se refiere a las aplicaciones, a como la palabra se integra al contexto, o más específicamente, como se emplea a los oyentes. Esta parábola es modelo porque la semántica está íntimamente vinculada con la pragmática, es decir, su significado está al servicio de su aplicación. “El sembrador es el que siembra la palabra” (vers.14). Así comienza el Maestro a desplegar la semántica de la parábola, su significado. Pero al mismo tiempo captamos su aplicación, —el nivel pragmático—, ya que advertimos que la misma parábola es también palabra, por lo cual la parábola es la semilla que en ese momento el sembrador —que es Jesús—, está cultivando entre sus oyentes, que son el terreno donde la semilla está cayendo y siendo recibida. Así los diferentes terrenos donde la semilla desciende representan diferentes tipos de oyentes, a saber: el tipo “camino”, aquellos que son más expuestos a la acción depredadora de Satanás (15); el tipo “pedregal” donde la palabra no se arraiga, no echa raíces profundas; el tipo “espino”, aquellos en quienes la palabra queda asfixiada por los “afanes”, “las riquezas” y “las codicias” (18-19); y el tipo “buena tierra”, donde la palabra fructifica en diferentes grados (vers.20). Así la parábola explica, interpreta e interroga a cada oyente, de aquella y de todas las épocas, con el llamado a la reflexión de que tipo de terreno soy yo a la palabra del Maestro. De acuerdo al grado de tal receptividad será el resultado o fruto que la palabra tendrá en la vida del oyente. Así Jesús abre el discurso a nuevas formulaciones que postulan diferentes significados, mapas o marcos interpretativos, que resultan accesibles a la disponibilidad o al interés de comprensión de los oyentes, según el esfuerzo que realicen en aprehenderla. Por ejemplo, la parábola es susceptible de múltiples interpretaciones y aplicaciones. Así el sembrador puede ser Jesús, sus discípulos o cualquier persona que predique la palabra, en tanto, la semilla es la palabra que se enuncia verbalmente como la palabra escrita o algún trozo especial de ella que se tome como motivo de reflexión. También los terrenos pueden asumir distintos niveles de significados, desde tipos de personas, como actitudes de aceptación de la palabra, que pueden referirse en general o en determinadas situaciones, donde una misma persona, puede adoptar uno o más de uno de esas diferentes modelos de receptividad, convirtiéndose la tipología de personas en rasgos de carácter o cualidades psicológicas de las personas, donde el “camino”, puede ser la razón, el “pedregal”, las emociones, los “espinos”, el activismo y la “buena tierra”, la espiritualidad. A diferencia de los escribas y fariseos, que con sus rígidas interpretaciones exclusivistas, cierran las puertas del reino de Dios no entrando ni dejando entrar (Mat.23:13), Jesús abre de par en par el reino de los cielos, con un lenguaje transparente, rico y altamente sugestivo, donde su toque mágico todo lo convierte en lecciones perdurables que traducen, describen, diseccionan el universo para desembarazarlo de la apariencia realista y percibir las analogías que descubren los misterios del reino de los cielos.
“Aquel día, cuando llegó la
noche, les dijo: Inmediatamente después de inscribir la palabra bajo la forma de parábolas como método privilegiado de hablar —“Y sin parábolas no les hablaba”, reza el 4:34—se abre el texto de Marcos más allá de sus referentes concretos y directos al habla analógica y a la interpretación de las signos. El siguiente texto es un desafío a evaluar cuánto hemos aprendido, a la vez que una invitación. El Maestro propone “pasar al otro lado”. ¿A cuál lado se refiere? ¿Qué significa ese “otro lado”? Estamos en el lado de la comprensión del lenguaje parabólico que se propone a los oyentes en ejercicio normal de su intelecto, ¿qué sucederá con aquellos que no tienen capacidad de comprensión por tener su pensamiento perturbado? ¿Cómo opera la palabra entre los anormales o alienados? Se nos advierte que “llegó la noche”, que el cruce se realizará entre las sombras, que no tendremos una explicación esclarecedora como en el caso de la parábola del sembrador. Si hemos aprendido el método, entonces estaremos en condiciones por nosotros mismos de disipar las oscuridades e interpretar sin que Jesús tenga que darnos todas las claves para hacerlo. Así que avanzamos por esos lugares sombríos hacia el otro lado. Se trata de una travesía peligrosa. En medio del mar estalla una violenta tormenta huracanada que casi hace zozobrar la embarcación. Grandes olas como tsunami caen sobre “la barca, de tal manera que ya se anegaba” (4:37). Dejar los espacios seguros del pensamiento inteligible para cruzar los límites de la normalidad significa correr altos riesgos. El relato narra que los discípulos se sintieron impotentes y angustiados, sin saber como enfrentar la crisis, acudiendo desesperados a Jesús, quien dormía tranquilamente en la parte trasera de la nave. “La necesidad extrema del hombre constituye la oportunidad de Dios”, dice EGW (2MS, 428). “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza” (vers.39). El Maestro pregunta: “¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (vers40). Los discípulos impactados por el milagro estaban estupefactos, preguntándose admirados: "¿Quién es éste que aun el viento y el mar le obedecen?" (vers. 41). Esta interrogante instalada en la frontera entre ambos lados, que emerge de un espíritu conmocionado ante lo milagroso, también podría ser el preludio de lo que vendrá: “Éste que es capaz de dominar las fuerzas naturales, ¿será igualmente capaz de vencer los poderes sobrenaturales?” Finalmente llegan al otro lado. El relato de Marcos informa que estamos en territorio extranjero, donde apacientan cerdos, lo que significa que estamos fuera de la geografía del pueblo de Dios, ya que esos “animales inmundos” (Lev.11:7) no existían entre los judíos. También se trata de una tierra hostil y turbulenta, porque apenas ponen el pie en esa orilla barrosa, son atacados por un ser monstruoso y violento, que se abalanza sobre ellos lanzando gritos desaforados. Los discípulos alertas y tensos que seguían a Jesús en forma sigilosa al observar el espectáculo terrorífico de ese engendro humano que sorpresivamente irrumpe, aullando como una fiera y arrastrando cadenas, salen corriendo hacia la barca para alejarse lo más rápido posible. Sólo queda Jesús en la playa, observando esa piltrafa humana con lástima y sino miedo. El poseído, desnudo, con heridas sangrantes en su cuerpo, continúa su furiosa carrera hasta llegar ante la presencia del médico divino. "El loco vocifera/ a solas con su sombra y su quimera./ Es horrible y grotesca su figura;/ flaco, sucio, maltrecho y mal rapado, / ojos de calentura iluminan su rostro demacrado..." (2). Entonces, se produce el histórico encuentro. ¿Cuáles eran los males del endemoniado gadareno? ¿De qué abismos de locura debía ser liberado? ¿Cuáles eran los síntomas de su enfermedad? La narración de Marcos precisa los signos que deberían ser comprendidos y revertidos. Primeramente se indica que es un habitante de los sepulcros (5:2-3) que padecía una morbosa atracción hacia esos lugares de sombra y de muerte. Tal patología se conoce con el nombre de necrofilia, amor a la muerte. El término se emplea para una perversión consistente en poseer sexualmente un cadáver, pero que ha sido definido por Erich Fromm (3), como la atracción o fascinación por lo muerto, los despojos, las heces, la basura, las cosas marchitas y todo lo aquello no tiene vida, como son las máquinas (PC, TV, DVD, etc.), metales, enfermedades, noticias policiales y necrológicas. Agrega el relato que el poseído tenía además un "espíritu inmundo” (2), que luego fu “legión” (9) y después penetró en los “dos mil” cerdos (13). ¿Qué incluye estos “dos mil” tipos de espíritus inmundos? Probablemente la mayor parte de las llamadas “parafilias”, un trastorno que se “caracterizan por impulsos sexuales intensos y recurrentes, fantasías o comportamientos que implican objetos, actividades o situaciones poco habituales. Estos trastornos producen malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Las parafilias incluyen el exhibicionismo, el fetichismo, el frotteurismo, la pedofilia, el masoquismo sexual, el sadismo sexual, el fetichismo transvestista, el voyeurismo, y la parafilia no especificada.” (DSM-IV, 505). Elena de White explica que al poseso le crujían los dientes y echaba espuma por la boca, presentando una activación excesiva de la conducta y una exacerbación de las emociones, con estados de furia, que lo “asemejaban más a una fiera que a un hombre” (DTG, 304). Padecía de trastornos del estado del ánimo, de la ansiedad y del control de sus impulsos, con trastornos explosivos intermitentes (“se caracteriza por la aparición de episodios aislados en los que el individuo no puede controlar los impulsos agresivos, dando lugar a violencia o a destrucción de la propiedad”, DSM-IV, 625) y probablemente “tricotilomanía”, una perturbación, que “se caracteriza por un comportamiento recurrente de arrancarse el propio cabello por simple placer, gratificación o liberación de la tensión que provoca una perceptible pérdida de pelo” (Íbid). ¿Cuál es la parábola de este dramático y patético relato? ¿Cómo se interpreta? Parece decirnos que no hay geografía humana que Dios no llegue. Aun las potestades del Diablo pueden ser alcanzadas por el Ser divino para operar el milagro de la restauración. Nada de lo humano le es ajeno a su intervención. La duda de si Jesús podría con las potencias del infierno tiene una reconfortante y esperanzadora respuesta, Él pudo y puede vencer cualquier forma del mal. Si no hubiera derrotado al enemigo estaríamos expuestos a los poderes diabólicos sin ninguna posibilidad de redención, víctimas indefensas de la perfidia de los espíritus de las tinieblas. En aquella playa de Gadara, se libró una de las batallas decisiva del gran conflicto cósmico. En la otra orilla se jugó la posibilidad de la libertad humana y el derecho a la salud mental de todos los hombres.
La fe crea el espacio de lo
sagrado, una dimensión sobrecogedora y sublime,
El relato de Marcos nos retrotrae
nuevamente a la orilla del territorio del pueblo de Dios, a los afanes y
las actividades normales del diario vivir. Entonces otra vez se reúne
una gran multitud y Jesús nuevamente es requerido para administrar
sanidad (5:21). Dos personajes sobresalen del resto, un principal de la
sinagoga llamado Jairo (vers.22) y “una mujer que desde hacía doce años
padecía de flujo de sangre” (vers.25). Mientras el hombre explica que
tiene una hija en estado terminal, rogándole que vaya a realizar la
sanidad, la mujer no realiza ningún trámite ni pedido, solamente busca
acercarse a Jesús, con el pensamiento fijo y definido de “Si tocare tan
solamente su manto seré salva” (vers.28). Se trata, pues, de dos
aproximaciones al Médico divino, dos formas de abordaje, dos estilos de
la fe.
Muy diferente fue la fe de la mujer
enferma de metrorragia. No arrastró a Jesús hacia su necesidad como
Jairo, sino ella se deslizó trabajosamente hacia él. No tuvo que
explicarle nada al Maestro, ya que ella sabía de la omnipresencia
divina. No hizo ningún exhibicionismo de su problema porque era algo
íntimo, ni ejerció influencia social, porque no la tenía. Sólo buscó ese
toque, movido por una fe inclaudicable. Su estilo fue silencioso y
reservado, pero lleno de una fuerza interior notable. Tanto Jairo como
la mujer, representan la “buena tierra” donde cae la semilla, pero
mientras en el hombre el fruto fue de treinta y sesenta por ciento, en
la mujer llegó al ciento por ciento, un ejemplo inolvidable de lo que
puede lograr una fe como un grano de mostaza (Mat.17:20; Luc.17:6).
Referencias bibliográficas
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El doctor Mario Pereyra ha autorizado a Ministerios PM a publicar sus comentarios de la Escuela Sabática en Ministerios PM
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