
MARCOS 2:23 AL 3:35
Lección 3

Para el 16 de Abril del 2005
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“Hemos de vivir bajo los rayos
templados y suaves del Sol de Justicia.
" Quién no ha afrontado la
adversidad Los textos de estudio de esta semana avanzan por un terreno escabroso para los intereses de Jesús. El antagonismo de los fariseos, herodianos y escribas se intensifica a través de críticas y recriminaciones (2:24), emboscadas y ardides (3:2) y planteamientos capciosos o arteros (3:22), procurando enredarlo en una maraña de atolladeros y tropiezos, para desacreditar su ministerio y hacerlo fracasar. Como los adversarios fracasaron en sus esfuerzos destructivos, aún llegaron a concebir y planificar la muerte de Jesús (3:6). ¿Cómo hacer la obra en medio de tantas fuerzas hostiles y destructivas? ¿Qué hacer contra semejante trama de oposición? ¿Cuáles son los caminos para afrontar la adversidad y continuar adelante en forma exitosa como hizo Jesús? ¿Qué estrategias nos enseña el Maestro divino para hacer frente a la adversidad? Hay un punto previo que es oportuno destacar: la concepción del hombre de los enemigos en contraste con la actitud de Jesús. Los enemigos se conciben en oposición y no en diálogo, en una disposición autosuficiente y no necesitada del otro. Son individuos sin lo alter, lo otro, la alteridad. El otro (en este caso Jesús) no aparece como complemento sino como cuestionamiento, otro peligroso para su propio identidad, una amenaza al ser, es decir, se trata de una actitud de que yo soy cerrándome en mí, definiéndome por el encierro en la individualidad y la agresión. Es la vida entendida como defensa y oposición contra los otros. Por otra parte, observamos a Jesús en una acción de entrega y servicio por los demás, sanando a los enfermos, liberando a los esclavos de los demonios, enseñando, organizando y capacitando a sus discípulos para continuar con esa tarea solidaria y salvadora. Es la vida concebida en el amor al prójimo, donde el otro es mi prójimo o próximo, alguien cerca, que me constituye como persona. Con respecto a las estrategias contra la adversidad que nos enseña el texto de la semana, en primer lugar, es necesario enfatizar que Jesús nunca provocó la oposición. No se ve que los haya atacado previamente, ni desafiado, ni hecho alarde de conductas levantiscas. Los enemigos reaccionaron por su propia inconsistencia de personalidad, como expresamos más arriba, porque se sintieron cuestionados por los actos de amor y servicio de Jesús, porque quizás percibieron en su éxito un peligro para su estatus y ejercicio del poder. EGW nos exhorta: “No debemos excitar la oposición ni provocar represalias o venganzas… podemos presentar verdades bíblicas que no provoquen las fuerzas opositoras que ya están actuando. Sin embargo, aún sin provocarla la oposición llegó y progresó en su antagonismo. ¿Qué hacer entonces? ¿Qué hizo Jesús? Varias cosas. Las enfrentó sin temor, con diferentes tipos de argumentos, que exhibían la falta de consistencia de las críticas y en ocasiones realizó movimientos evasivos con el propósito de apaciguar la resistencia. La estrategia evasiva aparecen realizándolas cuando la intransigencia llega a un punto crítico, como ocurre cuando los enemigos se confabulan para matarlo (3:6); entonces Jesús se retira al mar (7). En otra ocasión, se retiró a zonas desiertas durante algún tiempo (1:45). De esa forma sagaz, Jesús va evaluando el grado de la oposición, manejando los tiempos y la contrariedad, para aprovechar los espacios de calma y avanzar en su misión. Alguien ha dicho que la verdadera desesperanza no nace ante una adversidad obstinada, sino que surge cuando ya no se ve razón para luchar. Significa que la verdadera adversidad es la propia, el espíritu derrotista, el bajar los brazos, el creer que no vale la pena seguir luchando, el renunciamiento resignado que se deja hundir en los pantanos de la pasividad y la indiferencia. La actitud valiente de Jesús, enfrentando a sus enemigos y confrontándolos con ellos mismos, en sus contradicciones y mezquindades nos enseña que jamás debemos aceptar la siniestra invitación a vivir bajo la figura de la renuncia a nuestro destino y misión. El propio destino aparece como una laboriosa arquitectura edificada sobre la rebeldía en el sentido más elevado del término y la decisión tenaz de no desertar a los imperativos de la voluntad de Dios para nuestra vida.
LA DUREZA DE CORAZÓN
“Y les preguntó a ellos: ‘¿Es
permitido hacer bien en sábado
El relato de Marcos de la sanidad del hombre de la mano seca (3:1-6) representa uno de los momentos más agudos de la confrontación entre Jesús y sus enemigos. Ocurrió un sábado en la sinagoga judía, es decir, en el escenario que los fariseos defendían de la incursión de Jesús, que ellos vivían como amenaza a sus derechos y privilegios. La curación que Jesús administró a ese pobre hombre le significó un notable incremento de oposición, que seguramente había calculado. Sin embargo, contra su política de precaución y de no despertar excesiva contrariedad que estaba llevando a cabo (ver 1:44) se arriesgó igualmente a realizar ese a acto escandaloso para los fariseos y sacerdotes. La necesidad de un hombre enfermo fue superior a cualquier estrategia política y al menoscabo que pudiera sufrir por esa causa. Como había enseñado anteriormente (2:27), la necesidad humana estaba por encima del sábado y de cualquier otra costumbre. La narración de lo ocurrido aquel día en la sinagoga es de un dinamismo y vitalidad notable. El relato es breve pero igualmente expresivo y sugestivo. Nos induce a imaginar que los enemigos llevaron a ese hombre con la mano seca para colocarlo delante de Jesús como una provocación a su magnanimidad y sensibilidad por los enfermos. Marcos registra la actitud maliciosa y tramposa de los fariseos, acechando “para ver si lo sanaría en sábado”, con el propósito avieso “de acusarlo” (3:2). “Entonces Jesús dijo al hombre de la mano seca: ‘Levántate y ponte en medio’” (3). Hay un momento de tensión. ¿Qué ocurriría? Se avecina el desenlace. Pero Jesús no realiza el acto milagroso de la curación, sino hace una pregunta. Intenta hacerlos reflexionar, quizás una tregua, un espacio libre de disputas teológicas ya que están siendo convocados por una emergencia. Ante una necesidad extrema, hay que deponer actitudes de luchas y controversias. “¿Es permitido hacer bien en sábado o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla?” (4). Ahora la gravedad tensa pasa al bando de los fariseos y sacerdotes. Son ellos los que tienen que contestar, si la rivalidad con Jesús era más importante que la necesidad del hombre discapacitado. Pero ellos conservaron la disposición rivalizante en un silencio obstinado, endureciendo su insensibilidad, con un desprecio increíble a las necesidades del sufriente. Las escrituras utiliza frecuentemente el término corazón, algunas veces en sentido literal (por ej.,1 Sam.25:37;2 Rey.9:24) y muchas veces en sentido figurado para referirse a las “diversas actitudes y emociones y de la inteligencia” (CBA, 248), como es el caso del texto de Marcos 3:5. La expresión “dureza de corazones”, nos hace recordar el endurecimiento del corazón de Faraón (Ex. 8:32) que fue una manifestación de terquedad, intransigencia y de desconocimiento de Dios, como alude Hebreos 3:7-10. Otra expresión paralela que utiliza el texto bíblico es “corazón de piedra” (por ej., Ezeq.11:19) para describir la insensibilidad o indiferencia espiritual ante los llamados del Altísimo. El sentido contrario a la dureza y la condición cardíaca pétrea es el “corazón de carne” o “corazón nuevo” al cual se refiere Ezequiel 11:19 y 18:31, que estaría en armonía con la idea de un cambio total de actitudes y comportamientos, es decir, la conversión como “metanoia”, un cambio de mente (2 Co. 5:17). Jesús esperaba una respuesta de “corazón de carne” no que actuaran como el faraón del Éxodo que sucumbió bajos las aguas del furor de Jehová. Nuevamente el ser divino se “enoja” y se “entristece” (5), pero no lanza un diluvio de agua, sino la bendición de la restauración, sanando al hombre con la mano muerta. ¿Qué extraña combinación de cinismo e insensibilidad en representantes religiosos que deberían ser ejemplos de bondad y misericordia? ¿Cómo es posible esa bestial indiferencia ante el sufriente? ¿Cómo se puede poner la sensibilidad en el congelador y adquirir ese aspecto de agente funerario? Ante la disyuntiva extrema, ¿cómo preferir el mal al bien, matar una vida antes que salvarla? La actitud de Jesús sobresale y resplandece en este contexto, como un estremecido ejercicio de ternura y bondad aplicada. Al ordenar al hombre que extendiese su mano discapacitada para restaurarla para una acción benéfica a favor de otros, paralelamente estaba convirtiendo la mano recogida de aquellos religiosos en manos secas y muertas, ya que fueron incapaces de extenderlas para el bien. El corazón duro es el corazón estrecho y seco, de quienes no pueden vibrar de compasión ante el dolor humano. Se trata, pues, de un relato que trastoca una incapacidad en acción y la inclemencia en crueldad. De alguna manera la pregunta de Jesucristo continúa en vigencia, interpelando a cada hombre para que decida de que lado va a estar, que actitud va asumir. Una pregunta que interroga dónde estoy yo ubicado yo en el mapa de la sensibilidad humana.
Abreviaciones
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El doctor Mario Pereyra ha autorizado a Ministerios PM a publicar sus comentarios de la Escuela Sabática en Ministerios PM
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