Dr Mario Pereyra

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PREDICCIONES DEL FIN”
 

SEGÚN LOS TEXTOS DE MARCOS 13:1 AL 36

Lección 10

Para el 4 de Junio del 2005

 

 

 

“Nuestra cultura está mostrando signos inequívocos
de la proximidad de su fin”.

Ernesto Sábato (2000, 138)


LA CULTURA DE LA IMPOSTURA

“Jesús empezó a decirles: ‘Mirad que no os engañe nadie.
Vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo:
‘Yo soy’, y engañaran a muchos’.”

Marcos 13:5-6 (BJ)

En el camino hacia la cruz, no sólo Jesús tuvo que afrontar la oposición y el debate, también se ocupó de alertar a sus discípulos, de aquellos tiempos y de todos los tiempos, acerca de los acontecimientos del futuro, especialmente los relacionados con la venida del Hijo del Hom-bre y las señales que le precederían. Ahora, una nueva pregunta interpela al Maestro —pero no proveniente de los adversarios sino de los mismos discípulos—, fue la pregunta acerca del fin de la historia. Ese fin era un punto trazado con fiereza por los profetas de la antigüedad, un punto donde confluían la frustración y la esperanza, asentado con una prosa austera y solemne, de la cual emergía una visión apocalíptica de justicia y castigos eternos. En cambio, el relato de Mar-cos, pone en boca de Jesucristo las intervenciones poderosas de Dios en la historia, seguido del final triunfante del pueblo de los santos, en un contexto de conflictos, donde es necesario estar alerta a los engaños y astucias del enemigo.

En el sermón profético, Jesús lanzó una mirada esclarecedora sobre el fin de los tiempos. En ese discurso previó que el fenómeno de la falsedad sería moneda corriente, un mal pandémico que atacaría toda la sociedad (Mat.24:4-5, 11-12, 23-28). Especialmente advirtió la falta de habilidad de la gente para captar lo fraudulento y corrupto, buscando más bien trivializar el significado pervertido de los hechos y las palabras. San Pablo, amplió esta idea en otra profecía notable (ver 2 Tes.2:1-12), que anuncia la venida de un fuerte y amplio movimiento —llamado el Anticristo—, que lanzaría una campaña mundial de prodigios mentirosos y de toda suerte de engaños para seducir a sus víctimas, que con toda docilidad aceptaran las patrañas cautivadoras. Millones quedarán atrapados en ese pegajoso ungüento del mal en el cual se enviscan los protagonistas del simulacro y de quienes participan en él.

No podemos sustraernos a la realidad que estamos viendo en una sociedad infectada por los males anunciados por las profecías. Actualmente domina la infidelidad, la impostura y la falsedad, en sus formas más variadas. Los medios de comunicación masiva, especialmente los basados en la imagen, como la televisión, la Internet y el cine, han promovido e instalado la idea que el mundo es una suerte de gran teatro, donde las conductas de fingimiento y dramatización son las llaves del éxito. En Argentina se ha acuñado el término “trucho” para referirse a toda suerte de objetos falsos con apariencia de auténticos. Hay relojes que parecen de excelente calidad, con marcas reconocidas, que son una burda imitación; igual sucede con vestimentas de marca, zapatillas deportivas, perfumes, electrodomésticos, computadoras y otros implementos por el estilo, todos “truchos”. Hay que estar muy advertido para no sufrir el engaño de adquirir algo falso como verdadero.
 

n el libro sobre la posmodernidad y las profecías (2000, 24-25), escribimos: “Los modelos de simulación son infinitos, en la política, en las ventas, en la moda, en la cosmética, en todas las cosas que nos hacen aparecer diferentes de lo que son. Quizás, la imagen que vendemos cada uno sea una de las formas más comunes. Tenemos caretas para cada ocasión, para una fiesta, en el trabajo, para el aula, con nuestras amistades, en público, sólo cuando estamos en casa nos mostramos tal como somos, aunque también es frecuente simular ante los hijos y, especialmente frente el cónyuge. Ahora, el simulacro produce una disociación entre lo que se muestra y la realidad, entre el ser y el aparecer. Abre una brecha insuperable, que distancia lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. De ese espacio surge la incertidumbre y la sospecha; emerge la corrupción y las deslealtades. Al perderse la confianza y la transparencia en los actos se abre la caja de Pandora de donde salen todos los males del mundo”.

Entre esos males que sobrevuelan nuestras cabezas, buscando anidar en ella, está el problema de confundir lo verdadero con lo falso, no sólo en el ámbito del consumo, sino, lo que es más grave, en la estafa que podemos sufrir en las relaciones interpersonales y en las creencias. Es habitual padecer el engaño de los impostores y de los falsos oropeles de ciertas personas e instituciones. Abundan los discursos llenos de fraude, grandilocuentes y sensacionalistas, no sólo de los políticos y comerciantes, sino de los amigos y los representantes de la moral y la religión. Lo falaz nos circunda y acosa. Ahora, bien, si es tan importante saber distinguir lo verdadero a la hora de adquirir una mercadería o un bien cualquiera, mucho más valiosa es la capacidad para descubrir lo auténtico y saber quienes son los que nos mienten y quienes nos hablan con verdad. Alcanzar el mérito de desenmascarar los embaucadores, entre la copiosa mitomanía autorreferencial, permite encontrar el rostro olvidado de la certeza.

Ahora, ¿cómo distinguir la verdad y no ser víctima del fraude? En respuesta a esta inquietud, declara San Juan: “Queridos hermanos, no crean ustedes a todos los que dicen estar inspirados por Dios, sino pónganlos a prueba, a ver si el espíritu que hay en ellos es de Dios o no. Porque el mundo está lleno de mentirosos que dicen hablar de parte de Dios. De esta manera pueden ustedes saber quién tiene el Espíritu de Dios: todo el que reconoce que Jesucristo vino como hombre verdadero, tiene el Espíritu de Dios. El que no reconoce así a Jesús, no tiene el Espíritu de Dios” (1 Juan 4:1-3; DHH). También el apóstol Pablo exhorta a no dejarse embaucar por los impostores sino examinar todas las cosas en forma cuidadosa para descubrir la verdad (1 Tes. 5: 21).

Las profecías coinciden en anunciar que sobrevendrán tiempos peligrosos, cuando la falsedad y la hipocresía progresarán hasta grados inverosímiles, atentando contra los valores más no-bles de la naturaleza humana. Se prevé la inexorable pulverización de la certeza, alterándose el sentido de las palabras, adquiriendo hegemonía las apariencias, imperando las supercherías, como un cáncer en crecimiento que carcomerá la sana moral y las auténticas enseñanzas de Dios. Por eso se necesita más que nunca, arraigarse al firme fundamento de la Palabra de Dios para no ser arrastrados por los profetas de la impostura, que predican bonanzas y paraísos terrenales. Por eso Elena de White declara que: “Todos menos los que estén protegidos por el poder de Dios y la fe en su Palabra, se verán envueltos en ese engaño. Los hombres se están dejando adormecer en una seguridad fatal, y sólo despertarán cuando la ira de Dios se derrame sobre la tierra”(1976, 165).

 

COMO LOS DOLORES DEL ALUMBRAMIENTO

"Cuando una mujer va a dar a luz, se aflige porque le ha llegado la hora; pero después que nace la criatura, se olvida del dolor a causa de la alegría de que haya nacido un niño en el mundo. Así también, ustedes se afligen ahora; pero yo volveré a verlos, y entonces su corazón se llenará de alegría, una alegría que nadie les podrá quitar".
San Juan 16: 21-22

 

Las visiones apocalípticas de los autores seculares y aún algunos bíblicos, son cataclísmicas, cargadas de terribles tragedias y de una violencia inusitada, donde el fuego y la destrucción se ensañan sobre la tierra y sus habitantes sin ninguna pizca de piedad. Es una óptica que avizora un planeta saturado por la conflagración, víctima del juicio final, donde los malvados reciben su castigo eterno y los justos el premio de la vida. Esa perspectiva provoca terror y un intenso sentimiento de paranoia, el pensamiento de la persecución devastadora. ¡Cuán diferente es la versión de Jesucristo acerca del fin! Los vaticinios apocalípticos del Maestro, si bien admite una escalada del mal y la virulencia de las persecuciones, tiene un mensaje tranquilizador, afirma: “no os preocupéis” (13:11). El Espíritu Santo estará con vosotros y os asistirá en esos momentos críticos, dando las palabras convenientes a pronunciar ante los tribunales e interrogatorios (vs.11-13). El discurso de Jesús pone énfasis en la liberación más que en las torturas, que todo transcurrirá apresuradamente y en la necesidad de estar alerta para no ser sorprendidos (vs.30,33-36).

Cuando Jesús tiene que comparar esos momentos difíciles que se vivirán en el futuro utiliza una metáfora sugestiva y conmovedora. Dijo que serán como “los dolores del alumbramiento” (v.8). Esa figura encantadora, de un valor primordial, es muy rica y significativa. El mismo Maestro lo explicó en otras circunstancias, al comentar: "Cuando una mujer va a dar a luz, se aflige porque le ha llegado la hora; pero después que nace la criatura, se olvida del dolor a causa de la alegría de que haya nacido un niño en el mundo (Juan 16:21). El dolor existe en la experiencia de la parturienta, es un hecho real muy agudo, pero esos sufrimientos no son definitivos, son transitorios; dan apertura a otra realidad permanente, la experiencia prodigiosa e insuperable de la paternidad, de recibir el regalo más extraordinario que podamos abrazar en esta vida, esa explosión de frescura y movimiento que constituye la vida rebosante de un bebé. Hay que entender que Jesús quiere decirnos: “no te asustes con los acontecimientos del fin; el Espíritu Santo te ayudará a sobrellevarlos. Más bien, piensa en las maravillas de la nueva vida que se avecina. Eso es lo realmente importante, no los sufrimientos del trance del alumbramiento”.

Es de hacer notar, que la figura de la parturienta, es una de las más destacadas metáforas bíblicas de la esperanza (ver Psicología de la esperanza, pág. 123) y constituye el esbozo de una teoría de la felicidad. Esas palabras dichas en el sermón profético y repetidas luego en ocasión de anunciar su muerte, el alejamiento de la tierra y el retorno por segunda vez (S. Juan 14:1-3), enseña a confiar en el futuro y a vivir en la expectativa del regalo de la nueva vida que se avecina, igual como hacen los futuros padres que hacen planes por adelantado y disfrutan del hijo que esperan. Los discípulos estaban en duelo a causa de la separación. Habían convivido con el Maestro durante más de tres años y ahora los abandonaba. Sufrían la pérdida y el distanciamiento. La esperanza "bienaventurada" (Tito 2:13) escuchada de la boca del Señor, fue el regalo que mantuvo latiendo la esperanza y los ayudó a enfrentar las oposiciones y soportar las aflicciones de las persecuciones. Esas palabras fueron en sí mismas un nuevo alumbramiento de fe y alegría, que disipó las sombras de la angustia.

Lo opuesto a la alegría es la tristeza. La tristeza es un sentimiento de vacío doloroso. Se siente triste el solo, el perdido, el deprimido, el que no tiene esperanza. Es un estado carenciado, de falta de recursos de vida. Pero cuando desde el pozo de la desesperación la mente vuelve a Dios, la semilla de la vida brota y fructifica. Entonces la alegría nace del seno sufrimiento. Aparece como un acto creativo, una maravilla de la acción de Dios. El vacío existencial se convierte en plenitud. La persona se realiza. Se impone una nueva arquitectura del ser. Se produce el triunfo de la existencia. P. Tillich (1973, 177), declaraba que “sólo la plena realización de lo que realmente somos puede procurarnos alegría. La alegría no es más que la conciencia de habernos realizado plenamente según nuestro centro personal y en armonía con nuestro verdadero ser”.

Jesús propuso la fe en una resolución beatífica de la historia que puso término al delirio paranoide y la proliferación de equívocos que podrían intoxicar la atmósfera de la iglesia con una idea desatinada acerca del fin. El temor en torno al fin amenaza con volverse insoportable cuan-do se pierde la visión en la asistencia del Espíritu Santo y en la esperanza que trasciende todas las realidades conocidas, como algo del orden de la belleza y del júbilo. Por lo tanto, es necesario afirmar la certidumbre en la inevitabilidad del fin, admitiendo que el tiempo es incapaz de detenerse, para afirmar el ser futuro que permanecerá para siempre, libre de la acción corrosiva de todo tipo de mal. En las orillas del fin de los siglos, esperamos que se anuncie la fiesta de la vida, abiertos a la captación comprensiva de la realidad que se avizora, para saludar anticipadamente las riquezas inimaginables de los valores más nobles de la naturaleza humana.


¡VELAD!

“Yo amo a Jesús que nos dijo:
Cielo y tierra pasarán.
Cuando Cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?
¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad”

Antonio Machado (1984, 134).

El discurso escatológico de Jesucristo que narra Marcos exhorta continuamente a perseverar (v.13), “estad sobre aviso” (v.23), “estad atentos y vigilad” (v.33) y especialmente a “velad“ (vs.33-36). Todas esas amonestaciones son paralelas al término joanino, de ser paciente. Haremos un breve comentario del mismo. El Dr. Ángel M. Rodríguez (2001, 116), considera que la palabra griega que traduce “paciencia” en el texto apocalíptico es `upomonë (?p?µ???), que sig-nifica “permanecer debajo”. Rodríguez afirma que el término “parece expresar dos ideas básicas. Primero, perseverar en el compromiso contraído, a pesar de las presiones contrarias” y segundo, “soportar”. La palabra paciencia proviene del verbo `upomenö, perseverar, que está compuesto por el prefijo “`upó” (que se traduce como “bajo de”, “debajo de”, “de”, etc.; es la idea de lo que está debajo, en la base de algo) y “menö”, que se traduce como “quedar” (v.gr., Lc.1:56; 9:4; Fil.1:25; Heb.12:27), “reposar” (v.gr., Mt.10:11; Jn.1:32), “morar” (v.gr., Jn.1:39) y el célebre término joanino, “permanecer”, que se repite tantas veces en Jn.15 (4,5,6,7,9,10,16) y 1 Jn. 2 (6,10,14,17,19,24,27,28), 3 (6,9,14,15,17,24) y 4 (12,13,15,16). Siguiendo el análisis de la semántica del término, “paciencia” en Juan, parecería significar el sostén que ayuda a permanecer o el fundamento del permanecer. Es de hacer notar que el Apóstol Juan usa por lo general “menö” –permanecer- en el evangelio y en las cartas (sólo una vez la usa en el Apocalipsis, como sinónimo de “que dure”, Ap.17:10), en tanto que en el Apocalipsis utiliza exclusivamente `upomonë, paciencia, nunca “menö”, permanecer. El término `upomonë lo utiliza el apóstol solamente en siete ocasiones en todo el Apocalipsis. ¿Será tal número de veces un símbolo de perfección? ¿En qué consiste?

 

LAS SIETE REFERENCIAS A LA “PACIENCIA” DEL APOCALIPSIS

1) 1:9: “Yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación, del reino y de la pa-ciencia, en Jesús...”

2) 2:2: “Conozco tu conducta: tus fatigas y tu paciencia; y que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y descubriste su engaño”

3) 2:3: “Tienes paciencia: y has sufrido por mi nombre sin desfallecer”

4) 2:19: “Conozco tu conducta: tu caridad, tu fe, tu espíritu de servicio, tu paciencia; tus obras últimas sobrepujan a las primeras”

5) 3:10: -“Ya que has guardado mi recomendación de ser paciente, también yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra”

6) 13:10: “El que a la cárcel, a la cárcel ha de ir; el que ha de morir a espada, a espada ha de morir. Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos”

7) 14:12: “Aquí se requiere la paciencia de los santos, de los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”

 

En la primera referencia el término aparece en el contexto de la vida de Juan, que la caracteriza como atravesada por la “tribulación”. La paciencia es una virtud, derivada de Jesús, que ayuda a enfrentar la persecución y mantenerse firme. Es posible que se asocie, en la mente de Juan, al discurso del Maestro de la “vid y los pámpanos” (Jn.15) presentado en la sobremesa de la última cena. Es el permanecer sobre el fundamento de la palabra de Cristo.

La segunda y tercera referencias son textos consecutivos que se presentan en el contexto de la “prueba”, pero ya no en la persecución que busca exterminar a los cristianos brutalmente por medio de la fuerza, sino en el afrontamiento del “engaño”, descubriendo las maquinaciones de aquellos que ingresan a la iglesia como aparentes discípulos sinceros, pero en el fondo son lobos rapaces cubiertos de piel de cordero, que intentan socavar la fe desde adentro. Es, pues, la paciencia, en este contexto, una virtud de ingenio o perspicacia para descubrir las formas sutiles del mal.

La cuarta referencia, forma parte del mensaje a la iglesia de Tiatira, donde el “Hijo de Dios” reconoce las virtudes de esa iglesia, entre ella la paciencia, pero tales virtudes han resultado insuficientes a la hora de descubrir el engaño seductor de “Jezabel”, un poder semejante a Babilonia, que recuerda a la tristemente célebre reina de Israel que realizó una política insidiosa y artera para destruir la creencia religiosa del pueblo e imponer el culto fenicio de Baal. En con-secuencia, también aquí como los textos anteriores, la paciencia aparece como una virtud intelec-tual que permite discriminar el bien del mal para no ser víctima del engaño.

La quinta referencia, tiene un sentido de preparación para la “hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero”. Está también en el contexto de enfrentar el mal, aunque no explicita de que carácter será el mismo. La sexta referencia es la de nuestro estudio sobre la bestia y, finalmente, la séptima emerge dentro del contexto del mensaje del tercer ángel, que forma parte del escenario escatológico en el cual se debe enfrentar a la bestia y sus engaños que persigue la adoración de todos los habitantes de la tierra.

En resumen, la paciencia, parece connotar en el pensamiento joanino apocalíptico, no sólo una virtud de coraje, destinada a soportar con valor la acción despótica del mal, como frecuentemente se la define, sino una habilidad intelectual para percibir con agudeza las estratagemas engañosas de Satanás y sus secuaces, particularmente la “bestia” leopardina. De paso, el felino no es un depredador de una violencia avasallante como puede ser un oso o un gorila furioso, sino un animal inteligente que estudia cuidadosamente a su víctima, avanzando con sigilo para sor-prenderla en el momento más inesperado. ¿Cómo se puede escapar de las garras de un leopardo? Pues, vigilando atentamente para no ser sorprendido. La paciencia, parece tener esa virtud de permanecer en la fe, pero sobre la base de un espíritu atento y vigilante, conocedor de las maquinaciones del mal para no ser atrapado por él. Es otra forma de apelar a “velar” como reclamara Jesucristo a sus discípulos en su sermón escatológico.
 


Referencias bibliográficas

  • Machado, A. (1984). Poesía. Seix Barral, Colombia.

  • Pereyra M. y Espinosa E. (2000). La posmodernidad desde la perspectiva profética. Editorial Bienestar Psicológico, Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina.

  • Rodríguez A.M. (2001). Grandes profecías apocalípticas. Guía de Estudio de la Biblia. ACES, Buenos Aires.

  • Sábato, E. (2000). La resistencia. Seix Barral, Barcelona.

  • Tillich, P. (1973). El Nuevo Ser. Ed.Ariel, Barcelona

  • Whita, E.G. de (1976). Maranatha, el Señor viene. A.C.E.S., Buenos Aires.


 Abreviación

  • BJ= Biblia de Jerusalén

 

El doctor Mario Pereyra ha autorizado a Ministerios PM a publicar sus comentarios de la Escuela Sabática en Ministerios PM

 

 

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